Seguro que te ha pasado y no hace tanto. Estás contando una experiencia y, antes de que termines, alguien interrumpe con un “pues yo” seguido de su propia historia. No importa si hablabas de un viaje, un problema o una anécdota graciosa, en un segundo, nos asaltamos los unos a los otros y el foco deja de estar en ti y la conversación gira completamente hacia la otra persona.
Esta necesidad de hablar de nosotros mismos está profundamente arraigada en el cerebro. Un estudio de la Universidad de Harvard demostró que compartir experiencias propias activa los circuitos de recompensa, los mismos que responden a la comida o el dinero. En otras palabras, nos da placer. Pero somos conscientes de lo que este placer causa en los demás, veamos.
Cuando interrumpimos con un “pues yo”, no solo desviamos la conversación, sino que enviamos el mensaje de que lo nuestro es más importante. En lugar de conectar, nos desconectamos.
Os propongo hoy un ejercicio sencillo para evitarlo. Practica la regla de los tres “y luego”. Cuando alguien te cuente algo, en vez de responder inmediatamente con tu experiencia, haz tres preguntas seguidas que profundicen en lo que te están contando:
• “¿Y luego qué pasó?”
• “¿Y cómo te sentiste?”
• “¿Y qué aprendiste de eso?”
Esta técnica no solo mejora la calidad de la conversación, sino que también fortalece los lazos. Escuchar genuinamente es un acto de generosidad que, además, nos ayuda a aprender del otro.
La próxima vez que sientas el impulso de decir “pues yo”, respira y devuelve la atención. Verás cómo cambia la conversación… y la relación.





















