CUANDO EL PÁNICO SE CONTAGIA

Cada vez que intentas salir de tu zona de confort tu cerebro levanta todas las barreras posibles. Es su forma de quererte, aunque a veces parezca lo contrario. Te protege con exceso, te susurra peligros, te recuerda fracasos que no existieron e inventa otros posibles. Quiere que vuelvas a lo conocido, a lo repetido, a lo cómodo. Ese lugar pequeño donde no pasa nada… pero tampoco crece nada.

Y si lo compartes, el miedo se multiplica. Ya no es solo tu voz interna repitiendo “cuidado”. Se suman las de quienes te quieren bien, pero te imaginan débil. Personas que te sostienen pero también te frenan porque proyectan en ti sus propios temores, sus propios límites no cruzados. No te aconsejan desde tu capacidad sino desde la suya. No te protegen del riesgo, te protegen del movimiento.

El pánico se contagia rápido. Si no estás despierto acaba filtrándose en tus decisiones, apagando tu impulso inicial, saboteando el resultado. Después, como una sombra muy educada, confirma que no debiste intentarlo. La profecía se cumple. Pero no porque no pudieras, sino porque cediste al miedo que no era tuyo.

Hay antídotos. Buscar a quienes también se atreven, a quienes se equivocan creando en lugar de quedarse quietos mirando. Pero hay otro más poderoso aún: avanzar. Empezar aunque tiemble el pulso, aunque la mente grite que vuelvas atrás. Demostrarte que puedes antes de demostrar nada al mundo.

Porque los sueños no se discuten, se construyen. Paso a paso, fallo a fallo, con el miedo sentado al lado pero sin el volante en la mano.

A veces lo único que necesitas para que el pánico deje de contagiarse es convertirlo en acción. Y entonces, el miedo ya no manda. Solo acompaña.

CUANDO LA MODA VUELVE A SER LIBERTAD

Nuestra relación con la moda se ha vuelto tóxica cuando dejamos que ponga el foco en un solo tipo de cuerpo. Lo verdaderamente interesante de la moda nunca fue la perfección sino la creatividad. No es una talla lo que nos define sino la intención. Esa pierna que se ve, ese gesto de color o esa silueta inesperada hablan más de lo que queremos transmitir que de lo que queremos ocultar.

La moda no va de belleza sino de atracción. No va de delgadez sino de seguridad. No va de tapar debilidades sino de mostrar orgullo. Cuando nos reconciliamos con esa idea entendemos que vestir no es disfrazarnos de una versión aceptable sino mostrarnos con fuerza.

A veces creemos que usamos la ropa como terapia pero lo que realmente nos daña son esas compras impulsivas que terminan restando libertad. La creatividad se pierde entre prendas que no amamos y que solo sirven para llenar huecos emocionales. Así se crea un armario lleno de culpa y de distancia, un lugar que nos aísla de lo que somos en lugar de ayudarnos a expresarlo.

Cambiar nuestra relación con la ropa es cambiar la relación con nosotros mismos. Es dejar de pelear con el cuerpo y empezar a escucharlo. Es abandonar el juicio y recuperar la presencia. Son muchos años soportando una violencia silenciosa que ha debilitado nuestra seguridad. Por eso es urgente rebelarnos.

Es momento de apoyarnos, de mirarnos sin miedo y de volver a vestirnos con intención. Que la creatividad sea visible. Que nuestra fuerza se note. Que dejemos atrás las chaquetas negras que esconden y volvamos a elegir lo que nos sostiene. Porque cuando la moda recupera su libertad también lo hacemos nosotros.

CUANDO LA OTRA CARA DE LA MONEDA NOS SALVA

A pesar de que muchas veces no tenemos ningún dato sobre cómo irá algo,la mente se empeña en mostrarnos siempre la misma cara de la moneda. La gris. La pesada. La que nos recuerda lo que falta, lo que falló, lo que podría ir mal. Y sin darnos cuenta nos quedamos atrapados en ese lado, convencidos de que es toda la realidad. Pero ninguna moneda tiene una sola cara. Ningún pensamiento tampoco.

Quiero compartir con vosotros algo que hago a menudo. Cuando aparece una idea que oscurece el día, basta un gesto interior para recordarlo. Darle la vuelta. No para negar lo que duele, sino para ampliar el horizonte. 

Ver la otra cara de la moneda no es un pensamiento mágico, es una perspectiva distinta, una útil herramienta.Es preguntarte qué más puede ser verdad además de lo que te estás contando. Es permitir que la mente busque alternativas en lugar de hundirse en un único relato. Mirar el otro porcentaje que evitamos. 

La creatividad empieza ahí, en ese giro pequeño que lo cambia todo. Cada vez que transformas un “y si sale mal” en un “y si sale bien”, tu cerebro activa nuevas rutas, reduce el estado de alerta y abre espacio a la calma. Ese giro contrario no es autoengaño, es equilibrio. Es recordar que tu mente, igual que la moneda, siempre tiene dos lados.

A veces basta imaginar esa moneda girando en el aire para sentir que la rigidez se afloja. Porque mientras gira, todo es posible. Mientras gira, la historia no está escrita. Palabra de emprendedora. 

Es importante detener la rumiación, permitiendo que el cerebro encuentre soluciones creativas en lugar de repetir viejos miedos. Cada pensamiento tiene otra cara, tan real como la primera. Solo hay que atreverse a mirarla. Tú, ¿te atreves? 

CUANDO NO ESCUCHAMOS, NOS PERDEMOS

Para alguien que quiere sacar sus propias conclusiones  escuchando todas las versiones el mundo se han convertido en un infierno. Primero para separar los hechos de lo inventado y después no desesperar entre la guerra entre unos y otros, sin reparar en cuestiones de sentido común.

Aún así todos  vivimos  rodeados de información y opiniones. Nos cruzamos con ideas distintas a las nuestras cada día. Y sin embargo, cada vez escuchamos menos. No porque no tengamos oídos, sino porque nos cuesta aceptar que podríamos estar equivocados.

Este fenómeno se llama sesgo de confirmación, esa tendencia del cerebro a buscar, procesar y recordar solo aquello que refuerza lo que ya creemos. En el fondo, ignoramos lo que desafía nuestras ideas, no porque no sea cierto, sino porque resulta incómodo.

En un mundo tan polarizado, esto se vuelve un peligro real ser objeto de burdas manipulaciones para que todo siga igual. Si no somos capaces de escuchar a quienes piensan diferente, si nos cerramos al diálogo, lo único que conseguimos es encerrarnos en burbujas que no reflejan el mundo, sino solo nuestros miedos y certezas.

Ocurre que cuando escuchamos un argumento contrario, nuestro cerebro entra en “modo defensa”. El área encargada del razonamiento lógico se desconecta y activa el sistema límbico, el de las emociones. Lo tomamos como un ataque personal. Pero si aprendemos a reconocer este mecanismo y calmarnos, recuperamos la capacidad de razonar con apertura.

Escuchar de verdad no significa ceder. Significa aprender. Porque incluso si no cambiamos de opinión, entender al otro nos hace más fuertes, más sabios y más humanos.

Aunque hoy no hay sido el mejor día, la próxima vez que sientas rechazo automático ante una idea u opinión diferente, respira. Escucha. Pregunta. Ahí empieza el pensamiento crítico. Ahí empieza el verdadero liderazgo de uno mismo. 

CAMBIAR EL MUNDO COMPARTIENDO ARMARIO

Hoy Día de la Mujer Emprendedora quiero contaros mi nueva aventura

Siempre he querido cambiar el mundo desde las ideas y las decisiones, primero a través del coaching después también desde la política. Ayudar a las personas a pensar mejor a elegir mejor y a liderar mejor ha sido siempre mi manera de hacerlo.

Ahora siento que también puedo cambiar el mundo desde algo tan cotidiano como la ropa cambiando la forma en que consumimos moda y la forma en que nos conectamos entre nosotras.

He creado Closet Connection, un armario compartido por suscripción para mujeres que quieren experimentar con prendas especiales sin llenar el armario ni vaciar la cartera

Probar estilos nuevos, sentirse distintas sin compras impulsivas ni perchas llenas de culpa. 

Y empieza hoy. Si lo sigo pensando me quedo en la zona de confort y mi ilusión de conectar personas se queda en teoría. Prefiero probar en pequeño aprender rápido y hacerlo acompañada

Busco tres mujeres que quieran ser la avanzadilla de este proyecto piloto compartir propósito estilo y ganas de hablarle al mundo sin tener que usar palabras compartiendo armario conmigo

Si te vibra escríbeme por mensaje privado y te cuento. 

Acaba de empezar Closet Connection!! 🚀

LA CUESTA ABAJO DEL SISTEMA

La decadencia de un sistema se hace evidente cuando los propios actores principales no solo no lo respetan, sino que como ellos mismos dicen “les importa tres pepinos en vinagre”, por decirlo de manera educada y probiótica.

Abrir cualquier periódico o escuchar los cinco primeros minutos de un telediario basta para que, a diestra y siniestra, se sienta el mismo desapego y la misma vergüenza, a partes iguales.

Ya vivimos momentos en nuestra historia en los que el buenismo inútil y la corrupción terminaron en una dictadura. Hoy, el hartazgo y los sainetes hacen que incluso eso parezca, a algunos, oportuno, aunque solo pensarlo de forma reflexiva ya debería abrirnos las carnes.

La solución ya no pasa por otros partidos con otras caras. Porque el sistema termina captando a los que quieren vivir de la política y expulsando a muchos de los que llegan a servir desde ella.

Esto necesita un cambio que no lo reconozca ni la madre de aquel. Que impida que una posición jerárquica lo domine todo para no hacer nada. Y que ahora, con la digitalización, permita que esté todo en manos de todos.

Una mirada honesta entre lo que nos dirige y lo que nos entretiene da buena cuenta de que esta cuesta abajo no se salva como se nos tiene acostumbrados. Ni llamando a un teléfono, ni enviando un mensaje. Porque no es que cuatro años sean eternos para votar.

Es que ya no queremos que esté solo en sus manos.

CUANDO EL MUNDO  ES DE LAS MENTES FLEXIBLES 

Cada día sentimos que el suelo se mueve un poco bajo los pies. La tecnología avanza, las certezas se deshacen y el futuro parece más una pregunta que una respuesta. En un mundo así, aferrarse a lo de siempre solo genera miedo. Lo que verdaderamente nos sostiene es la capacidad de adaptarnos, de ser flexibles, de abrir la mente sin rompernos por dentro.

Quienes cuidan de una familia, quienes lideran un equipo o quienes sostienen una organización ya no pueden hacerlo dando órdenes o pretendiendo tener el control absoluto. Hoy el liderazgo se parece más a acompañar que a dirigir, más a escuchar que a mandar, más a sumar miradas que a imponer una sola.

La creatividad es una aliada, no un adorno. Es la manera de transformar la incertidumbre en posibilidad. La colaboración es la nueva fuerza. No porque suene bien, sino porque nadie puede con todo solo. Y la participación es la energía que hace que las ideas cobren vida. Con la información al alcance de cualquiera, el poder dejó de estar en saber más que los demás y pasó a estar en saber construir juntos.

El futuro no se dominará desde la rigidez, sino desde la capacidad de movernos con él. Ser flexibles no es ceder, es crecer. Adaptarnos no es renunciar, es elegir seguir avanzando.

Practicar la flexibilidad mental reduce el estrés y mejora la capacidad de tomar decisiones creativas. El cerebro se expande cuando dejamos de proteger certezas y empezamos a explorar posibilidades. En un mundo incierto, esa es la verdadera fortaleza.

EL CÍRCULO DE LAS TAZAS ROTAS

En un pueblo rodeado de colinas, cinco mujeres que habían compartido la infancia, la juventud y los silencios de la madurez, decidieron reunirse cada jueves para tomar té.

Eran diferentes: una hablaba sin parar, otra escuchaba con profundidad. Una se había casado joven, otra nunca, otra había amado en secreto. Y aunque sus vidas tomaron caminos distintos, algo las unía más allá del tiempo: el deseo de no quedarse solas por dentro.

Cada una llevaba su propia taza. Un día, la de Lina cayó y se rompió.

—Lo siento —dijo avergonzada—, soy tan torpe últimamente…

Eva, sin decir nada, se levantó, recogió los pedazos y los guardó.

—Vamos a repararla con oro —dijo al día siguiente—. Como hacen los japoneses. Así recordaremos que las cicatrices bien acompañadas se convierten en arte.

Desde ese día, cada vez que una hablaba de su miedo, su duelo o su duda, las demás no intentaban resolverlo. Solo sostenían la taza.

Y así, en cada encuentro, las grietas se volvían doradas. No porque desaparecieran, sino porque eran compartidas.

Con el tiempo, las reuniones se volvieron sagradas. Nadie juzgaba, nadie exigía. Solo se escuchaba, se reía, se lloraba y se tejía la red invisible del cuidado mutuo.

Porque entendieron que, en la vejez, la amistad no es un lujo.

Es el lugar donde el alma respira.

Os dejo esta reflexión sobre la importancia de las relaciones de calidad cuando vamos siendo más mayores. Las tazas se rompen. Pero las que se reparan entre amigas… sostienen más vida que las nuevas.

Conectar no es hablar mucho, es estar de verdad.

CUANDO EL SILENCIO TAMBIÉN PRODUCE

Esperas que desesperan, cámaras apagadas, intervenciones eternas, horarios imposibles y aportaciones de paso. Así se siente a veces el trabajo digital, ese que prometía libertad, productividad y equilibrio, y que sin embargo muchas veces termina agotando más que antes. Si lo que buscábamos era flexibilidad y calidad de vida, no podemos quedarnos a medias ni seguir reproduciendo el mismo modelo presencial, solo que a través de una pantalla.

Hoy tenemos herramientas que permiten que la sincronía sea asíncrona, o lo que es lo mismo, que no todo deba ocurrir al mismo tiempo para ser útil. Porque el eterno debate entre búhos y alondras, quienes piensan mejor de noche o de mañana, nunca tendrá solución. Los bostezos de unos son la lucidez de otros, y no todos brillamos al mismo ritmo.

Hay quien reacciona rápido y lanza ideas por minuto, y quien necesita reposarlas sin presión para poder aportar con claridad. Y en medio, las cámaras apagadas, las multitareas disfrazadas de atención y la sensación de que todo ocurre sin verdadera conexión.

Quizá haya que empezar a aceptar que no siempre estar “en línea” es estar presentes. Que una respuesta tardía no es desinterés, sino respeto por el propio ritmo. Que el silencio no es vacío, sino tiempo fértil.

Nuestro cerebro necesita pausas para integrar la información. Las redes neuronales que crean ideas nuevas se activan justo cuando no hacemos nada. Así que la próxima vez que alguien te deje en leído, tal vez esté pensando mejor.

¿APAGAS O APOYAS?

Hay momentos en los que alguien nos comparte una idea nueva, una ilusión o un proyecto y, sin querer, algo en nosotros se encoge. En lugar de subirnos a la ola del entusiasmo, sentimos una mezcla de incomodidad, prudencia o incluso envidia disimulada. Respondemos con nuestros miedos, con cautela o con un silencio que enfría el momento. Sin darnos cuenta, apagamos una chispa que no nos pertenecía, pero que podríamos haber ayudado a encender.

Nuestro cerebro explica esto con  una tendencia natural a proteger el estatus quo. Lo nuevo activa el centro del miedo, y despierta sesgos como el de confirmación, que nos lleva a buscar razones para no salir de lo que conocemos, o el de comparación, que nos hace medir el éxito ajeno con nuestra propia vara. A veces lo que rechazamos no es la idea del otro, sino la incomodidad de ver reflejado un deseo no cumplido.

Pero apoyar no exige compartir el entusiasmo, basta con reconocerlo. Preguntar, interesarse, dejar que la curiosidad venza al juicio. La empatía es una forma de acompañar sin apropiarse, y la curiosidad, una manera de celebrar sin envidia.

Cada vez que alguien nos habla con brillo en los ojos tenemos una elección silenciosa. Podemos apagar o podemos apoyar. Elegir lo segundo no solo alimenta al otro, también fortalece nuestras propias redes neuronales de cooperación y conexión. Porque cuando celebramos la luz ajena, algo en nosotros también se enciende.

LAS HUELLAS DE NEFERU

Hace miles de años, en las orillas del Nilo, vivía Neferu, una joven escriba al servicio del templo de Thoth. Cada día, al salir el sol, copiaba con esmero las enseñanzas sagradas en papiros, pero en su corazón crecía una sombra: sentía que nadie valoraba su trabajo. Los sacerdotes no la miraban, los discípulos pasaban de largo y su nombre nunca era pronunciado en los rituales.

Un día, molesta y triste, decidió dejar de escribir.

Esa noche, soñó que caminaba por un templo vacío, y en sus paredes no había ni una sola palabra. Un anciano de barba blanca le habló:

—Cuando las palabras del alma dejan de fluir, la sabiduría se convierte en polvo. No escribes para ser vista, Neferu. Escribes para que otros vean.

—Pero nadie agradece —dijo ella.

El anciano sonrió.

—¿Tú lo haces?

Al despertar, Neferu salió al alba y comenzó a agradecer. Al barquero que cruzaba el río. A la mujer que limpiaba el templo. Al anciano que barría la entrada. Y también a sí misma, por no rendirse.

Con cada agradecimiento, sentía cómo algo dentro de ella se encendía.

Semanas después, alguien dejó flores en su escritorio. Luego un joven discípulo se le acercó:

—Gracias por escribir lo que leí anoche. Me dio esperanza.

Y entonces comprendió: el agradecimiento no es una respuesta… es una siembra.

La gratitud que das hoy es la luz que vuelve a ti cuando más lo necesitas.

Os dejo este cuento para reflexionar sobre la importancia de Agradecer es una forma de escribir belleza en los corazones, incluso cuando nadie mira. ¿ Tú lo haces? 

Pues que sepas que, quien agradece… florece.

¡LEVANTA LA CABEZA!

Vivimos con la mirada hundida en una pantalla. Bajamos la cabeza cientos de veces al día para revisar el móvil, responder mensajes o distraernos del silencio. Pero ese gesto, tan cotidiano y aparentemente inocente, está cambiando no solo nuestra postura, sino también nuestra forma de sentirnos.

Cuando inclinamos el cuello hacia abajo, el peso que soporta se multiplica. Lo que pesa unos cinco kilos en posición neutra puede llegar a ejercer una presión de más de veintisiete kilos sobre las cervicales. Los músculos del cuello, la mandíbula y la espalda se tensan, los hombros se encogen y el rostro se relaja hacia abajo, proyectando cansancio o tristeza incluso cuando no la sentimos. Con el tiempo, esa posición constante puede generar lo que los fisioterapeutas llaman text neck, el cuello del móvil, acompañado de dolores de cabeza, rigidez y pérdida de movilidad.

Pero más allá del cuerpo, hay algo más sutil. La postura comunica y moldea el estado emocional. Mirar hacia abajo reduce la confianza, el contacto visual y la capacidad de conexión. Nuestro cerebro interpreta esa posición como señal de sumisión o abatimiento y responde activando circuitos relacionados con la tristeza o la falta de energía.

Levantar la cabeza no es solo cuidar la postura, es un acto simbólico. Significa mirar el mundo, respirar más profundo y recordar que hay vida más allá de la pantalla.

Si necesitas ponerte una alarma o anclar esta alerta con algún movimiento, hazlo. Si consigues elevar la mirada y abrir el pecho estimulas el nervio vago y la liberación de dopamina, mejorando la concentración, el ánimo y la percepción de bienestar.

CUANDO EL YO NO TIENE FRENOS

Vivimos tiempos en los que la palabra “responsabilidad” parece haberse diluido entre excusas, impulsos y emociones momentáneas. Decimos lo que pensamos sin pensar en lo que decimos, actuamos guiados por deseos inmediatos y justificamos todo en nombre de la autenticidad o la libertad personal. Pero sin responsabilidad, la libertad se vuelve puro instinto.

Cuando solo tenemos en cuenta nuestro propio punto de vista, el mundo es más pequeño . La empatía se vuelve selectiva, y el compromiso con la verdad o con el bien común se debilita. Lo vemos cada día en redes, en la política o en la vida cotidiana, personas que critican sin medida, que culpan al entorno o que defienden lo indefendible según quién sea el protagonista.

El gran riesgo social de esta falta de responsabilidad es la pérdida de confianza. Una comunidad que deja de exigir coherencia, de llamar a las cosas por su nombre, se fragmenta. Sin responsabilidad, no hay diálogo real, ni justicia, ni progreso. Solo ruido, polarización y autoindulgencia.

Asumir la responsabilidad de lo que decimos y hacemos no nos limita, nos dignifica. Nos convierte en adultos morales, no en espectadores del caos. Tal vez el cambio empiece por algo tan simple como preguntarnos antes de hablar si nuestras palabras construyen o destruyen.

Todo esto ocurre cuando se activa la corteza prefrontal, el área del cerebro vinculada al juicio ético y la autorregulación. Al ejercitarla con coherencia, fortalecemos tanto nuestra madurez emocional como nuestra capacidad de convivencia.

LAS DOS  PALABRAS ESENCIALES QUE TE CREAN

A veces reparamos poco en que solo dos palabras pueden cambiarlo todo. Yo soy. Con ellas construimos nuestro mundo interior y damos forma a la manera en que nos mostramos ante los demás. Cada vez que las pronunciamos, el cerebro registra una identidad, refuerza una emoción y da instrucciones al cuerpo para comportarse de acuerdo con esa idea. Por eso es tan importante cuidar lo que decimos después.

Cuando repetimos frases como yo soy torpe, yo soy despistado, yo soy incapaz, estamos grabando un patrón neuronal que termina convirtiéndose en hábito. La mente no distingue entre lo real y lo repetido, lo que afirmamos con frecuencia se vuelve familiar y por tanto, creencia, y la creencia moldea nuestra conducta. Si además vivimos en entornos negativos, esas etiquetas se refuerzan aún más y terminamos atrapados en una versión reducida de nosotros mismos.

El lenguaje crea realidad. Si aprendemos a usarlo a nuestro favor, podemos empezar a cambiarla. Sustituir un yo soy un desastre por yo estoy aprendiendo, o un yo soy nervioso por yo estoy entrenando mi calma, no es autoengaño, es neuroeducación. Es enseñarle al cerebro una nueva posibilidad.

Cada yo soy es una semilla en tu identidad. Decide con cuáles quieres poblar tu jardín mental. Porque cada palabra que eliges es un acto de creación, y cada pensamiento repetido una forma de destino.

Acostúmbrate a las  afirmaciones positivas, activa el sistema de recompensa del cerebro y refuerza las conexiones asociadas a la confianza y la motivación. Cambiar el lenguaje cambia literalmente tu mente y cuerpo. Si dices algo malo de ti cuando lo repitan los demás siempre podrán decir que así te definiste tú. 

EL HOMBRE QUE NO MIRABA ATRÁS

En un antiguo reino de Oriente, vivía un hombre llamado Hao, famoso por su inteligencia… y por su orgullo. Siempre tenía razón. Aunque se equivocara, encontraba formas elegantes de justificar sus errores. Nunca pedía perdón, porque creía que hacerlo lo haría parecer débil.

Un día, mientras caminaba por un estrecho sendero de montaña, tropezó con un anciano que cargaba leña. Hao cayó al suelo, se levantó furioso y gritó:

—¡Deberías mirar por dónde vas!

El anciano, sereno, le respondió:

—Tal vez fui torpe… pero tú venías tan centrado en ti mismo, que no viste nada más.

Hao se alejó refunfuñando, sin mirar atrás.

Días después, se perdió en una espesa niebla. Dio vueltas y vueltas sin encontrar salida. Entonces, escuchó una voz familiar: era el anciano. Había seguido las huellas de Hao, sabiendo que no volvería por donde vino, pues los que no reconocen su error, nunca regresan sobre sus pasos.

El anciano lo guió hasta la salida sin decir nada más.

Al llegar, Hao se giró y, por primera vez, inclinó la cabeza.

—Gracias. Me equivoqué. Perdón.

El anciano sonrió:

—A veces, el camino más sabio no es el que avanza… sino el que se atreve a volver atrás.

Desde ese día, Hao siguió siendo sabio, pero más aún por saber cuándo callar, cuándo pedir perdón… y cuándo dejar de tener razón para tener paz.

Os dejo un magnífico cuento para pensar en todas esas veces que  no reconocemos un error porque creemos que nos hace más fuertes cuando volver   sobre nuestros  pasos no es retroceder, es aprender a ver.

EL PODER DE CREAR

Pocas cosas me han provocado tanta emoción como la creatividad. Es una energía que me empuja a mirar el mundo con ojos nuevos, a conectar ideas que parecían no tener relación y a descubrir belleza en los lugares más insospechados. Admito que me ha vuelto adicta a la curiosidad, al cambio y a la novedad, pero a cambio me ha regalado algo inigualable, esos momentos “ajá” en los que el corazón se acelera, los ojos brillan, todo encaja y el alma sonríe.

Me interesa cualquier campo, porque todos pueden dialogar entre sí. Políticas públicas, ciencia, moda, decoración, desarrollo personal, tecnología…Todo sirve para llenar ese baúl interior que se convierte en un laboratorio de ideas vivas. Sin embargo, esta efervescencia también necesita su contrapunto, el silencio. Es en el silencio que creo a veces, es donde las piezas se ordenan y las intuiciones se transforman en claridad. Meditar también me ayuda a frenar la divagación y a separar el ruido de la esencia.

La creatividad me emociona tanto que he decidido compartirla, acompañar a otros a reencontrarse con ese poder innato que todos tenemos. Lo domesticamos para encajar en una sociedad que no siempre lo valora, pero sigue ahí, esperando ser despertado.

Pensar no es dar vueltas a lo mismo. Eso es rumiar. Crear es expandir, explorar y conectar. Para ello necesitamos un entorno que inspire y una mente abierta. Si quieres empezar, mira tu contexto, revisa tus espacios y las personas que te rodean. A veces, cambiar el aire es el primer paso para volver a crear.

EL RESPETO QUE NOS SOSTIENE

Escuchando su discurso en los premios Princesa de Asturias hace poco me volvió a cautivar la forma que tiene de provocarnos. Pero comprobé el efecto que tuvo mencionar liberalismo y capitalismo. Esto evitó que una parte de la sociedad se diera por aludida con el relato y siguiese con su sesgo de confirmación sin atender a nada más.

Siendo de defensora de la libertad podría haberme ocurrido lo mismo y  sin embargo, como otras veces, me hizo reflexionar sobre la esencia de la misma. 

Es cierto que vivimos en un tiempo en el que opinar parece más importante que escuchar y en el que confundimos libertad con decirlo todo, sin pausa ni filtro. Sin embargo, Byung-Chul Han nos recuerda algo esencial y casi olvidado, el respeto no es una formalidad, es un pilar que sostiene nuestra humanidad. Y hoy está en riesgo.

Sobre todo porque aunque es algo que no depende de nosotros, ya que quien no nos quiera respetar encontrará la manera de no hacerlo, es la base de nuestra sociedad. 

El respeto no significa estar de acuerdo ni compartir visión. Significa reconocer al otro como alguien completo, distinto, con un mundo interno que merece ser mirado con delicadeza. Han advierte que la hiperexposición y el deseo constante de mostrarlo todo, explicarlo todo y validarlo todo ha vaciado el espacio sagrado donde el respeto crece, donde algunos nos sentimos cómodos, en el silencio, la intimidad, la pausa, la escucha. 

Cuando todo se convierte en espectáculo, dejamos de ver al otro como un ser humano y empezamos a verlo como contenido, opinión o amenaza. Consumimos personas.

Defender el respeto se ha convertido casi en un acto de rebeldía. Implica bajar el volumen del ego y subir el de la presencia. Implica hablar menos de uno mismo y preguntarle más al otro. Implica sostener la diferencia sin querer moldearla.

Empieza en lo cotidiano. En cómo te diriges a quien piensa distinto. En cómo hablas cuando nadie te escucha. En cómo reaccionas cuando no tienes razón. Esa pequeña ética personal es el cemento de cualquier convivencia sana.

Si quieres contribuir a un mundo más humano, no necesitas grandes gestos. Basta con mirar a los demás con dignidad y recordar que ninguna transformación profunda es posible sin respeto. Date por aludido con sus palabras. Haz del mundo un lugar mejor. 

Querida Jacinta,

Ahora que lo moderno es la diferencia de edad, nosotras fuimos pioneras en que esos cuarenta años que nos separaban fuesen lo más interesante de nuestra relación de amistad.

No puedo recordar ni un momento  contigo que no fuese entre risas y carcajadas porque como tú decías, eras única. Este próximo 4 de Noviembre celebrarías tu cumpleaños con esas momentos y cervezas que le ponían salsa a nuestros aperitivos y a nuestro inmenso cariño.

Recuerdo todos y cada uno de esos momentos en los que te ponías el mundo por montera tanto en inglés como en francés y eran incontables las anécdotas de tu vida. Cuando esos “Fantasmas de Goya” te dieron la oportunidad de mostrar tu talento para el cine y el orgullos de ir a verla juntas. 

Todos esos relatos de tus viajes y bailes, los  consejos que me dabas y los  numeritos que no dudabas en montar para que todo me fuese bien, llenándome de cariño y de cuidado.

Recuerdo todos esos días de pandemia en que las videollamadas nos tenían unidas y tranquilas, más cerca que nunca. Todos esos momentos en los que estábamos al lado la una de la otra para querernos y ayudarnos.

Me quedo con lo que mejor aprendí de ti amiga y es la importancia de la alegría, lo luminoso que está el mundo cuando corre alrededor  y lo poco que tiene que ver con la situación personal y sí con una forma de ver la vida.

Siempre seguirás conmigo segura de que nos volveremos a ver. 

LO QUE NO DECIMOS A TIEMPO

La cantidad de veces que pensamos en alguien con cariño y dejamos pasar el momento. Recordamos una risa, una mirada, un consejo o un gesto que nos marcó y sin embargo no lo decimos. No enviamos ese mensaje, no hacemos esa llamada, no dejamos ese comentario ni constancia de que en algún rincón de nuestra memoria esa persona está. 

Curiosamente, cuando algo nos molesta, cuando algo falla, entonces sí encontramos las palabras. Decimos lo que no nos gusta, lo que haríamos distinto, lo que el otro no hizo bien. Pero creo que la diferencia la marca la costumbre de decir lo contrario. De reconocer, de agradecer, de recordar en voz alta.

Hacer del mundo un lugar mejor no empieza en los grandes discursos ni en los planes perfectos. Empieza con un mensaje sencillo que diga “me acordé de ti” o “me hiciste bien”. Esa frase puede cambiarle el día a alguien, incluso la vida.

Salir del yo y mirar al otro con aprecio genuino transforma más de lo que parece. Cuando expresamos gratitud, agrandamos nuestro mundo, y liberamos las hormonas del bienestar y del vínculo. Así que cada palabra amable no solo mejora el ánimo de quien la recibe, también reconfigura nuestra mente hacia una versión más empática y luminosa.

No esperes a los reencuentros o a los finales para decir lo que sientes. Hazlo hoy, mientras aún puedes. Quizá para el otro sea un detalle pequeño, pero para ti será una forma de recordar que amar y agradecer, también se dice.

LA BANDERA QUE NO DEBERÍA SER PIRATA

Hace poco hablando con una de mis sobris sobre las distintas generaciones y cómo ha sido su compromiso político y social en cada momento me encontré con una imagen que me detuvo, una bandera negra con una calavera que lleva un sombrero de paja ondeando entre un grupo de jóvenes en manifestación. 

Busqué esa imagen que me llevó directo al universo manga  japonés reconozco que poco conocido por mí. Pero también comprobé  que ese símbolo ya no es solo ficción.

Para muchas personas de la generación Z la bandera de los “Sombrero de Paja” no es un accesorio . Es un emblema vivo de libertad, de insurgencia incluso. En lugares tan distintos como Marruecos, Madagascar, Japón, Indonesia, Nepal o Filipinas, jóvenes han llevado esa enseña para protestar contra la corrupción, la opresión y un futuro que consideran heredado sin participación.  

La historia del manga lo explica bien  y a todos nos suena, un gobierno mundial corrupto, poblaciones oprimidas, piratas que luchan por un sueño y por los más débiles.   Segundo porque ese símbolo llega limpio de ideologías tradicionales, no es un partido, no es un sindicato, sino una calavera-sombrero que todos reconocen y que muchos sienten que representa algo personal.

Y tercero porque vivimos en un mundo tan globalizado que los íconos viajan más rápido que los discursos. Una serie japonesa vista de niño puede convertirse en bandera de protesta en Asia y luego inspirar algo parecido en otro continente.  

Pero aquí viene lo interesante para mí  y es que los jóvenes, están tomando las calles para acabar con eso gobiernos y sistemas  corruptos , inútiles e injustos que nos les proporcionan esperanza alguna en su futuro. 

Que lejos de verse solo su ombligo se alinean entorno a una bandera que significa algo diferente, nuevo y  útil que no se queda en su país. Es una ironía ver cómo cuando el mundo está dirigido en su mayor parte por seniors nacidos en los cuarenta. 

Ellos no quieren participar de cuotas diversas  floreo en sistemas que perpetúan  el status quo en un mundo que no les gusta.  ¿Quiénes son los piratas?