EL REY Y LA DANZA DE BAMBÚ 

Había una vez, en un reino lejano, un sabio rey que deseaba fortalecer su gobierno. Observaba con preocupación cómo sus ministros y generales competían entre sí, desgastando la energía del reino en disputas internas. Un día, el rey reunió a todos en el jardín real y les entregó a cada uno un trozo de bambú.

—Hoy aprenderán una lección que cambiará el destino de nuestro reino —dijo el rey mientras les pedía que intentaran romper su pedazo de bambú.

Cada uno lo hizo fácilmente. El rey, entonces, juntó todos los trozos de bambú en un haz y los ató con una cuerda.

—Ahora intenten romperlos juntos —ordenó.

Uno tras otro, los ministros y generales fracasaron. La fuerza combinada del bambú era inquebrantable.

El rey sonrió y les explicó:

—Cuando cada uno actúa por separado, son como esos trozos de bambú: fáciles de quebrar. Pero cuando se unen en propósito, son inquebrantables. En este reino, no necesitamos competencia interna, sino colaboración. No se trata de ser el más fuerte individualmente, sino de cómo todos juntos podemos sumar nuestras fortalezas para crear algo que nadie pueda romper.

Desde ese día, los ministros y generales trabajaron como un equipo, enfocándose en sus talentos y aportando al bienestar del reino. Los campos prosperaron, el comercio floreció y el pueblo vivió en paz.

¿Os suena de algo? En la vida y las organizaciones, no se trata de demostrar quién es más fuerte, sino de construir un propósito común donde cada miembro suma su fortaleza. El éxito duradero no se logra compitiendo, sino colaborando. Como en el haz de bambú, la verdadera fortaleza está en la unión. Hasta que no comprendamos esto, nada cambiará… 

DEL GRINCH AL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD 

A pesar de que cada vez empezamos la Navidad con más anticipación es ahora cuando se acercan las fechas señaladas, cuando muchas personas se debaten entre sentirse más como el Grinch que como un espíritu festivo.

Si realmente te vas a dejar llevar por los tópicos deja de leer tranquilo, todos tenemos derecho a no cambiar y amargarnos la vida tontamente. Aunque aún estás a tiempo de planificar darle la vuelta y no seguir los polarizados estereotipos a favor y en contra y reconectar con tu propia magia de estas fechas.   

Has pensado alguna vez en cambiar tu perspectiva, en pensar diferente. La Navidad no se trata de centrarse en lo que falta o en quién falta, ni en lo que “debería ser” sino en pequeños momentos de agradecimiento que puedes poner en marcha con una llamada, un abrazo o simplemente sonreír más y  romper barreras como la del mal humor.

Salir de ti mismo y tus pensamientos y hacer algo por alguien más lo puede cambiar todo. El espíritu navideño crece cuando pensamos menos en lo que nos molesta y más en cómo alegrar el día a los demás. Regala tu tiempo preparando algo casero, ayudando a alguien que lo necesite, o dejando una bonita nota de gratitud. Descubrirás que dar es la mejor forma de recibir.

No pierdas la oportunidad de crear tu propia tradición, de hacer de este tiempo algo que realmente cuente en tu vida. Si las antiguas rutinas no te emocionan o te emocionan demasiado y para mal, inventa nuevas. Una noche de películas, un paseo con luces navideñas o escribir deseos para el año nuevo. La clave está en disfrutar a tu manera.

El cambio empieza por ti. Con pequeños gestos, pasarás del “¡Bah, humbug!” al “¡Feliz Navidad!” sin darte cuenta.

¿DESDE DÓNDE LIDERAS?

¿Por qué sigues a tu líder? ¿Por miedo, interés o porque compartes sus principios? Esta pregunta no solo deben hacérsela los demás, también quienes lideramos o aspiramos a liderar. Las respuestas suelen resumirse en tres tipos de liderazgo.

Los que lideran desde el miedo, quienes confían en el control, las represalias o la exclusión para mantener a su equipo “en línea”. Aunque parece eficiente, este enfoque desgasta a las personas y les hace perder conexión y confianza, dejando un vacío insostenible.

Otros lideran desde el interés, fomentando un sistema de conveniencia. En estos entornos, se recompensa a quienes buscan beneficios personales y posiciones privilegiadas, sacrificando valores más profundos. Este tipo de liderazgo también carece de propósito, dejando a los equipos sin inspiración ni una meta trascendental.

Por último, está el liderazgo basado en principios. Este no busca resultados inmediatos, sino construir algo que trascienda. Es el poder de un propósito común, de valores compartidos que alinean a las personas hacia un fin que vale la pena. Es liderar con integridad, creando un legado que perdure.

Si todavía no lideras pero quieres hacerlo, empieza reflexionando y entrena. Pregúntate, ¿desde dónde quieres liderar? Entrena tus habilidades para ser alguien que inspire y movilice a otros, no desde el control o la conveniencia, sino desde los principios que conducen al cambio duradero.

LAS CONEXIONES QUE TRANSFORMAN NUESTRA REALIDAD 

Hace tiempo que vi “Her” y la tristeza que me produjo no tiene nada que ver con el optimismo con el que veo avanzar el mundo digital, si conseguimos potenciar nuestras habilidades humanas, tanto las sociales como las físicas.

He visto este vídeo de uso del tiempo en muchos post y he querido reflexionar sobre él y entender que en la era digital, nuestras conexiones han trascendido las barreras físicas para convertirse en algo cotidiano. 

En España, el tiempo promedio diario dedicado a Internet alcanza las 5 horas y 42 minutos, con algunos grupos, superando las 7 horas, gran parte de ellas en redes sociales. 

Las actividades más comunes online reflejan nuestras prioridades que sigue siendo la conexión y la comunicación por eso el 91,8% utiliza aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp para mantenerse conectado con amigos y familia. Un 80,5% opta por el correo electrónico para comunicaciones más formales, mientras que un 77% accede a noticias y medios digitales para informarse. Además, un 63,2% interactúa en redes sociales, mientras que más de la mitad de la población compra en línea. Estas cifras demuestran cómo nos adaptamos a la tecnología para fortalecer relaciones y facilitar nuestra rutina diaria.

Sin embargo, creo que el tiempo online también plantea desafíos, para mí el fundamental es el sedentarismo. Aquí es donde yo veo  la tecnología puede ser una aliada transformadora. 

Incorporar dispositivos que no requieren mirar constantemente una pantalla o permanecer inmóviles como en “Her”, relojes inteligentes o gafas inteligentes y otros dispositivos conectados nos permitirán movernos mientras seguimos conectados, permitiendo equilibrar el uso de la tecnología con el bienestar físico, nuestro gran desafío, la comodidad tecnológica. 

Internet no es solo un lugar donde pasamos tiempo es un espacio donde construimos nuestra realidad. Hoy, con el apoyo de la tecnología, podemos conectar cuerpo y mente mientras seguimos cerca de quienes amamos y del mundo que nos rodea. ¿Cómo usas tú tu tiempo online para construir una vida más activa y equilibrada? ¿Qué opinas del vídeo? 

EL PODER DEL ABDOMEN

Estaba hoy en mi clase de yoga concentrada en mi kriya para fortalecer el abdomen y pensé en lo poco que reflexionamos sobre nuestro cuerpo. Los que practican yoga o Pilates saben de lo que hablo cuando al hacer cada ejercicio escuchan constantemente “abdomen contraído” convirtiéndolo en una superación constante.

El abdomen no es solo el centro físico de nuestro cuerpo es también el origen de nuestra fuerza interior. En yoga, el tercer chakra, Manipura, se encuentra en esta región, asociado con el poder personal, la determinación y la voluntad. La ciencia moderna comienza a revelar lo que los antiguos yoguis intuían, la fuerza de voluntad se puede entrenar, igual que cualquier músculo.

Curiosamente, muchas prácticas de yoga, como la respiración controlada y los ejercicios de core, no solo trabajan el cuerpo, sino que también refuerzan nuestra capacidad mental de persistir frente a retos. Lo que la neurociencia refuerza dando la importancia que se merecen esas pequeñas victorias personales.

Cuando fortalecemos el abdomen activamos un punto energético que alimenta nuestra confianza y determinación. La ciencia lo respalda, un cuerpo fuerte y alineado mejora nuestra postura y, con ella, nuestra percepción de poder personal.

Imagina que tu fuerza de voluntad reside en esa zona de tu cuerpo y es un fuego. Cada decisión consciente, cada repetición física y cada respiración profunda avivan esa llama.

Entrena tu cuerpo y mente conscientemente , porque y si ese centro energético y cerebral pudiese transformar obstáculos en oportunidades. La voluntad no es solo un don, es una habilidad que se cultiva desde ese centro. Y si todo estuviese en tu abdomen.

QUERIDA YO,

¿Alguna vez te has escrito una carta a ti mismo?

Pues si no lo has hecho todavía quiero que sepas que te permite reflexionar, agradecer y conectar contigo desde la honestidad. Descubres todo lo que has superado, lo que te hace fuerte y lo mucho que mereces tu propio reconocimiento. 

Es un regalo que te ayuda a aclarar pensamientos, celebrar tus logros y motivarte para lo que está por venir. Te ayuda a cuidarte y celebrarte. Y así lo he hecho. 

Querida yo,

Hace unos días fue tu cumpleaños, y no quiero dejar pasar más tiempo para escribirte estas palabras y agradecerte todo lo que eres, en lo que te has convertido con lo que has vivido y todo lo que has aprendido hasta ahora.

Gracias por cada paso dado, incluso aquellos que parecían titubear y arriesgar sin expectativa alguna, sabiendo que era lo que debías hacer. Por cada decisión, valiente aunque no estuviese segura. Todo esto te ha traído hasta este momento. 

Has vivido momentos de alegría que llenaron tu corazón, pero también duros retos que te enseñaron lecciones valiosas. Cada experiencia te ha construido, y hoy eres más fuerte, más sabia y, sobre todo, más consciente de lo que realmente importa.

Mira a tu alrededor recuerda que es un privilegio poder contar con personas que te quieren y que hoy se han tomado un momento para felicitarte. Cada mensaje, cada palabra, es un recordatorio de que no estás sola en este viaje. Agradece por ellos, por los momentos compartidos y por todo lo que está por venir.

Hoy también es un día para celebrar la vida misma. Lo importante que es estar aquí, respirar, sumar un año más. Hay tanto aún por vivir, por aprender, por descubrir. El entusiasmo por lo que viene es el motor que te impulsa, y hoy estás lista para recibirlo todo, con el corazón abierto y agradecido.

Así que sonríe, agradece y celebra tus 50 que a veces parecen media vida y otras cinco minutos. No solo el 4 fue tu día, lo son todos y no hay mejor regalo que vivirlos plenamente, abrazando cada instante, cuidándote y cuidando y dando gracias por estar aquí.

Feliz cumpleaños Aruca. ¡Te lo mereces!

GRACIAS A TODOS  POR VUESTROS BUENOS DESEOS ❤️

¿CUÁL VA A SER TU “ACCIÓN ESPEJO”? 

“No enseñes a otros con palabras, sino con hechos. decía Epicteto. Quienes hemos vivido con un estoico militante como era mi padre sabemos que el ejemplo es la única forma de liderar. 

El liderazgo no se define por las palabras, sino por las acciones. Cuando diriges algo, ya sea un equipo, una empresa o incluso tu familia, el ejemplo que das tiene un impacto mucho más profundo que cualquier discurso inspirador. 

Tus acciones son el mensaje más claro que puedes enviar. Si buscas compromiso, muéstralo. Si quieres trabajo en equipo, foméntalo con tus propias actitudes. Como líder, eres el reflejo de los valores que deseas ver en los demás y muchos escuchamos solo para comprobar si hay coherencia en la acción. 

Las personas no siguen a quienes predican desde la distancia, sino a quienes están en el terreno, viviendo las mismas experiencias. Ser coherente entre lo que dices y haces no solo genera respeto, sino que inspira confianza y motiva a los demás a dar lo mejor de sí mismos. es definitivamente un signo de madurez, algo que escasea. 

Te propongo una práctica creativa. Elige un día de la semana para realizar una “acción espejo”. Piensa en un comportamiento que te gustaría ver en tu equipo o en las personas que lideras y encárgate de modelarlo ese día de forma intencional. Por ejemplo, si quieres que tu equipo colabore más, busca formas de colaborar tú con ellos. Si quieres que se cuiden, sal a caminar o come saludablemente con ellos.

La coherencia y el ejemplo crean un círculo virtuoso. Recuerda, no se trata de ser perfecto, sino auténtico y comprometido. Liderar con el ejemplo transforma no solo a los demás, sino también a ti mismo. Suma otra victoria sobre ti mismo. 

LA MALENTENDIDA LEALTAD POLITICA 

La lealtad es uno de los valores más nobles, pero también uno de los más malinterpretados, especialmente en la política donde se exige siempre a nivel personal con el líder o el partido. 

Para un político, la lealtad no debe confundirse con obediencia ciega o sumisión a intereses partidistas. La verdadera lealtad reside en el compromiso con los ciudadanos, quienes depositan su confianza esperando que sus necesidades y derechos sean priorizados por encima de cualquier otra consideración.

Ser leal al partido puede ser importante en tanto que el partido representa una visión compartida de progreso, pero cuando las prioridades del partido o sus dirigentes entran en conflicto con el bienestar de la ciudadanía, un político debe tener claro dónde recae su verdadera responsabilidad. El ciudadano debe estar en el centro de toda decisión, porque es su vida y futuro lo que está en juego.

La lealtad, en su esencia, consiste en actuar con integridad y coherencia, incluso cuando hacerlo sea incómodo o implique riesgos personales. Un político leal no es aquel que sigue órdenes sin cuestionarlas, sino aquel que defiende con valentía los intereses de quienes lo eligieron. Esto puede significar desafiar al propio partido cuando sus decisiones se alejan del bien común.

En última instancia, la lealtad no es un vínculo con una institución o un líder, sino con los valores que sostienen una democracia: la justicia, la transparencia y el servicio al bien colectivo. Solo cuando un político entiende esta verdad, puede considerarse verdaderamente leal.

Hay muchos políticos que son incapaces de mantener su lealtad con los ciudadanos, con la verdad, con sus compromisos y con el bien común. Priorizan su persona y confunden la Administración con su empresa particular en la que piensan perpetuarse a cualquier precio sin asumir riesgo alguno y justificando cualquier cuestión porque como ellos dicen “hace mucho frío fuera”. Pues ya saben, para todos los demás “ Winter is coming”.

REVISA TUS ENLACES MENTALES

En la búsqueda de mejorar nuestras vidas, a menudo nos encontramos con consejos simplistas sobre la formación de hábitos. Con mis reflexiones y búsquedas, mi intención es ayudar y divulgar información actualizada que sea útil.

Como las recientes investigaciones de la Universidad de Surrey que revelan que los hábitos son más complejos de lo que se pensaba. Lejos de ser acciones automáticas inquebrantables, los hábitos son enlaces mentales entre situaciones y respuestas que compiten con otras fuerzas internas, como intenciones y emociones, para influir en nuestro comportamiento.

Imagina que has establecido el hábito de correr cada mañana. Un día, el clima frío te desanima y decides quedarte en casa. Este ejemplo ilustra cómo otros impulsos pueden anular nuestros hábitos, demostrando que la formación de un hábito no garantiza su mantenimiento constante.

Para fortalecer nuevos comportamientos, es esencial no solo formar hábitos, sino también desarrollar estrategias efectivas y planes de contingencia, un plan B para superar interrupciones. Es decir, prever otros escenarios.

Por ejemplo, si tu objetivo es desayunar saludablemente, tener opciones rápidas y nutritivas disponibles puede ayudarte a mantener el rumbo incluso en días ajetreados.

Al enfrentar hábitos no deseados, considera métodos como evitar los desencadenantes, dificultar la realización del comportamiento o reemplazar el hábito negativo por uno positivo. Estas tácticas pueden reducir la probabilidad de que los comportamientos indeseados ocurran automáticamente.

Comprender la verdadera naturaleza de los hábitos nos ayuda para tomar decisiones más conscientes y efectivas en nuestro camino hacia el cambio personal. Al reconocer que los hábitos son solo una parte de la ecuación, podemos diseñar estrategias más sólidas para alcanzar nuestros objetivos y mantener el progreso a largo plazo y afrontar mejor nuestros propósitos de año nuevo.

25 NOVIEMBRE

Hoy, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, enfrentamos una tragedia desgarradora, el asesinato de una joven de 15 años a manos de su exnovio de 17. Este hecho me sacude y creo que nos obliga a reflexionar sobre la urgencia de abordar la violencia de género entre los jóvenes, quienes son particularmente vulnerables a los estereotipos y las conductas tóxicas en las relaciones.

Estudios recientes, como el Barómetro Juventud y Género 2023, revelan datos tan alarmantes como tristes, un 20% de los jóvenes niega la existencia de la violencia de género, mientras que un 15% justifica comportamientos como insultar o agredir a la pareja.

Estos números evidencian no solo una desconexión con el problema, sino también una peligrosa normalización de conductas abusivas. Ante esta realidad, es imprescindible que reforcemos la educación en torno al amor saludable y la autonomía emocional.

La solución comienza con una necesidad, la educación emocional desde edades tempranas, enseñando a los jóvenes a identificar y gestionar sus emociones, además de reconocer señales de relaciones tóxicas. A través de campañas dinámicas en redes sociales, donde todos pasamos gran parte de nuestro tiempo. Tenemos la obligación de promover mensajes que desmitifiquen el amor posesivo y refuercen la importancia del respeto y la libertad en las relaciones.

Es crucial también generar espacios de diálogo, donde los adolescentes puedan expresar sus experiencias y miedos, aprendiendo a construir vínculos basados en la igualdad.

En momentos como este, el drama sigue siendo el efecto de la polarización política. Una lucha que requiere todo nuestro esfuerzo y energía no puede ser una guerra ideológica, ni de lenguaje sino un debate de medidas y soluciones, de prueba y error.

Es obligado el esfuerzo común por garantizar que la juventud crezca libre, segura y consciente de que el amor nunca debe ser control o posesión, sino respeto mutuo y libertad y un pacto de todas las mujeres para que esto sea una realidad.

¿CUMPLES TUS PROMESAS? 

Cumplir las promesas que nos hacemos a nosotros mismos no es solo un acto de disciplina, sino de integridad personal y reprogramación cerebral. 

Andrew Huberman, experto en neurociencia, explica que cada vez que cumplimos un compromiso con nosotros mismos, activamos el sistema de dopamina en el cerebro, lo que genera una sensación de logro y refuerza el circuito de recompensa. Esto no solo nos motiva a seguir adelante, sino que literalmente fortalece nuestras conexiones neuronales, facilitando que el hábito se repita.

Cuando no cumplimos nuestras promesas, nuestro cerebro aprende a asociar intención con inacción, debilitando nuestra autoconfianza. Pero al hacerlo, incluso en pequeños pasos, reprogramamos el cerebro para esperar resultados positivos al actuar. Es como entrenar un músculo: cada vez que completas un compromiso, por pequeño que sea, fortaleces tu capacidad para confiar en ti mismo y seguir creciendo.

Empieza hoy con algo manejable: prométete algo simple, como caminar 10 minutos, leer dos páginas de un libro o beber más agua. Al cumplirlo, tu cerebro libera dopamina, motivándote a seguir construyendo hábitos positivos.

La próxima vez que te hagas una promesa, recuerda: estás remodelando tu cerebro para ser más fuerte, confiado y enfocado. Como diría Huberman, el progreso no se mide en grandes saltos, sino en la consistencia diaria. ¿Qué pequeña promesa puedes cumplir hoy para construir tu mejor versión? Tu cerebro está listo para transformarse contigo.

A MÍ NO ME PASARÁ 

El sesgo de invulnerabilidad, esa creencia de “a mí no me pasará”, es un fenómeno común en situaciones de emergencia. Durante la pandemia de COVID-19, muchos políticos y personas ignoraron las advertencias iniciales, subestimando el riesgo. 

Lo mismo ocurre en fenómenos como la DANA, cuando, pese a las alertas de la AEMET, que recogieron incluso en Japón, algunos no creen que sea importante advertir a su población sobre el peligro  dejándoles tomar decisiones imprudentes, como cruzar zonas inundadas.

Este sesgo puede ser entendible en los ciudadanos, pero no en las administraciones. Según el experto en gestión de riesgos, Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, “la mente humana tiende a minimizar los riesgos hasta que los percibe como inminentes”. 

Sin embargo, las autoridades tienen el deber de actuar antes de que esto ocurra, anticipándose a los peligros con infraestructura, planes de evacuación y mensajes contundentes y no se lo exigimos. 

La desconexión entre las advertencias y las acciones genera tragedias evitables. “Los desastres no se producen por la emergencia en sí, sino por la falta de preparación” como advierten los especialistas. Esto demuestra que un aviso, por sí solo, no basta si no está respaldado por medidas efectivas y claras.

Superar este desafío exige trabajo conjunto. Los ciudadanos debemos educarnos y confiar en las fuentes oficiales algo que ahora mismo es casi imposible. Las administraciones, por su parte, deben comunicar con precisión y ejecutar planes preventivos sólidos.

No podemos esperar que ocurra otra desgracia para prepararnos, no somos invencibles y establecer una coordinación nacional efectiva es esencial. Una base de voluntarios con su habilidades, maquinaria disponible, expertos y planes establecidos con datos actualizados y simulacros. 

Como dijo Benjamin Franklin: “Un gramo de prevención vale más que un kilo de curas”. Porque no somos invencibles y a veces lo material es insalvable pero está claro que juntos podemos evitar el desastre irreparable de perder vidas humanas. 

¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?

Cuando somos pequeños una de las preguntas que más escuchamos es ¿qué quieres ser de mayor? Una pregunta que en principio puede parecer inocente pero que entraña una creencia que nos puede afectar en el futuro.

Uno de los mayores retos en el camino hacia el éxito personal y profesional es aprender a separar lo que somos de lo que hacemos. Cuando nuestra identidad está completamente atada a nuestro trabajo o logros, cada crítica, error o fracaso se siente como un ataque directo a nuestra esencia. Esto nos lleva a tomarnos todo de manera personal, dificultando el aprendizaje y el crecimiento.

Pero, ¿qué ocurre si cambiamos la perspectiva? Lo que hacemos, nuestro oficio, nuestra carrera, proyectos o roles, son una extensión de nosotros, pero no nos define por completo. Somos mucho más que resultados. Somos nuestras intenciones, valores, relaciones y el impacto que generamos más allá de lo que hacemos.

Cuando no hacemos esta distinción porque no tenemos claro que sean cuestiones diferentes, cada tropiezo puede convertirse en una carga emocional innecesaria, afectando nuestra confianza y capacidad para avanzar.

Por el contrario, cuando entendemos que nuestro valor como personas no depende de los resultados, somos capaces de recibir críticas como oportunidades, y de gestionar los fracasos como aprendizajes, no como reflejos de nuestra valía.

Te invito a reflexionar con otra pregunta quién eres cuando no estás trabajando y así cuando te pregunten qué quieres ser de mayor, la respuesta será otra.

¿ESTAMOS BIEN RODEADOS?

En el ámbito de la política y de la vida, rodearse de personas que desafíen nuestras ideas es uno de los actos de valentía más poderosos. A menudo, es fácil caer en la trampa de los “sí” constantes y de las voces que, por comodidad, interés o lealtad, simplemente nos dan la razón. 

Sin embargo en estos entornos homogéneos, donde solo oímos lo que queremos escuchar, terminan limitando nuestra visión y frenando nuestro crecimiento. Aunque podría asegurar que a mí principalmente, aburriendo. 

Voy a jornadas esperando escuchar el pensamiento de alguien, una novedad interesante, una idea que me rete y compruebo que rumiamos lo mismo desde años, después de estar dos horas escuchando agradecimientos políticos y mítines sobre promesas que no llegan a realidad, apenas quedan unos minutos o unas pocas personas para escuchar lo interesante. 

En estos círculos no nos rodeamos de personas que aportan perspectivas diversas, ni creamos espacios de aprendizaje y de autodescubrimiento. Estas personas, suelen ser siempre las mismas, están ahí para hacer eco de las mismas viejas ideas, sin aportar algo valioso, para cuestionar, y para ayudarnos a ver más allá de nuestras certezas. 

En política, la capacidad de escuchar y valorar opiniones contrarias es fundamental para evitar el sesgo y enriquecer nuestras decisiones. Estas voces que retan nos ofrecen algo precioso: la oportunidad de ver el panorama completo y de considerar alternativas que quizás habíamos pasado por alto.

Piensa en de quiénes te rodeas, si de personas que te reten aunque no siempre sea fácil. Es de las decisiones más inteligentes que puedes tomar para expandir tu visión, crecer y, sobre todo, para ser un líder verdaderamente comprometido con la pluralidad y la verdad.

LAS JERARQUÍAS EN UN MUNDO INCIERTO

Hace años que llevo luchando por hacer mucho más planas las organizaciones porque creo que el conocimiento y las habilidades de las personas necesitan confianza, autonomía y responsabilidad para poder desarrollarse de la mejor forma.En un mundo complejo e incierto las antiguas  jerarquías son inefectivas. 

El primer problema que me he encontrado lo plantean quienes llevan años para alcanzar los primeros puestos, en muchos casos, sin ni siquiera un para qué. Los problemas que enfrentamos son tan complejos y cambiantes que no pueden depender solo de un “jefe” que dé órdenes desde la cima, como hemos comprobado. 

Siempre he Imaginado un equipo donde cada miembro se sienta parte de los resultados. Un equipo donde todos puedan proponer ideas y tomar decisiones. Ir mas allá incluso de delegar tareas, confiando en las fortalezas de cada persona y permitiendo que explore y encuentren soluciones. 

Para ello he propuesto otras metodologías como Scrum, Design Thinking o Lean, que promueven pequeños equipos que prueben y ajusten pero requieren tiempo suficiente para superar las resistencias de los que adoran el obsoleto modelo de “jefe”. 

Los líderes efectivos ya no son los que solo controlan, sino los que inspiran, delegan y empoderan. Saben que las mejores soluciones no siempre provienen de ellos mismos, sino de quienes están cerca de la acción y ven los problemas desde distintas perspectivas. Plantéate si quieres dar espacio a tu equipo para aprender y crecer o prefieres quedarte sin talento. 

LA AMABILIDAD CONSCIENTE

La amabilidad es una de las fuerzas más subestimadas y poderosas que tenemos. A menudo pensamos en ella como algo sencillo o “extra”, algo que hacemos solo cuando tenemos tiempo o energía de sobra o con quien nos interesa. Pero la realidad es que la amabilidad no solo transforma a quien la recibe, sino que también tiene un profundo impacto en quien la practica. Estudios en neurociencia emocional demuestran que el simple acto de ser amable libera oxitocina y endorfinas en el cerebro, reduciendo el estrés y fomentando una sensación de bienestar. Recordemos en el “Día de la Amabilidad” que practicarla es, en cierto modo, una medicina emocional.

La amabilidad nos conecta, y en un mundo donde las interacciones son cada vez más digitales y menos personales, este poder de conexión es invaluable. Un acto amable, por pequeño que sea, tiene un efecto dominó. Imagínate una sonrisa sincera, un cómo estás real o ayudar a alguien que lo necesita puede cambiar la perspectiva de una persona y crear una cadena de amabilidad que llega mucho más lejos de lo que imaginamos. Ser proactivo y no esperar a que lo sean los demás tiene recompensa.

Te propongo una práctica sencilla para incorporar la amabilidad en tu día a día, cada mañana, establece la intención de hacer un acto de amabilidad consciente. No tiene que ser algo grande, un pequeño gesto cuenta. Puede ser escribir un mensaje de agradecimiento, ofrecer ayuda, o simplemente sonreír a alguien que te cruzas. Lo importante es hacerlo con plena intención, recordando que estás contribuyendo a crear una energía positiva.

Al final del día, dedica un momento a reflexionar sobre ese acto de amabilidad: ¿cómo te hizo sentir? ¿Cómo crees que impactó a la otra persona? Haz que esta práctica se convierte en un hábito y notarás cómo, poco a poco, la amabilidad transforma tu visión del mundo y fortalece tus relaciones. Practicar la amabilidad es regalarle al mundo y a ti mismo, un poco más de paz.
¿Se necesita o no?

DE FRASCOS, PIEDRAS Y ARENA

Hace tiempo que aunque lo trabajo con otras personas no reflexiono sobre ello y es una fantástica forma de parar y poner en su sitio  muchas cosas. Anímate y explora.

Imagina un frasco de cristal vacío frente a ti. A un lado, tienes piedras grandes, al otro, algunos cantos rodados, y finalmente, arena fina. Este frasco representa tu vida, y cada elemento tiene un significado. Las piedras grandes simbolizan tus prioridades más importantes: la salud, la familia, el crecimiento personal y tus objetivos más profundos. Los cantos representan cosas que son valiosas pero no esenciales, como proyectos, compromisos y aficiones. La arena, en cambio, son las pequeñas distracciones diarias y tareas menores que muchas veces ocupan nuestro tiempo.

Ahora, imagina que empiezas llenando el frasco con la arena. Pronto verás que no queda espacio para los cantos, y menos aún para las piedras grandes. Si llenas tu vida primero con lo superficial, las cosas verdaderamente importantes quedan fuera. Pero, ¿qué pasa si lo haces al revés? 

Es Stephen Covey quien nos invita a reflexionar con esta metáfora sobre la manera en que priorizamos. En nuestra vida diaria, a menudo perdemos el foco en lo que realmente importa, dejando que las pequeñas cosas ocupen nuestra atención. Pero este ejercicio visual nos recuerda que, cuando damos prioridad a nuestras piedras grandes, todo lo demás puede encontrar su lugar.

Define ahora cuáles son tus “piedras” y asegúrate de darles el espacio que merecen. Empieza a llenar tu frasco bien, poniendo tus verdaderas prioridades primero y espera que lo demás se acomode. 

LA SOPA DE LOS MIL SABORES

Quiero empezar la semana con un cuento que nos ayude a reflexionar sobre nuestra manera de vivir y afrontar lo que nos ocurre.

“En un pequeño pueblo rodeado de montañas, había una vieja tradición: cada año, en la noche más fría del invierno, los habitantes se reunían en la plaza para preparar “La Sopa de los Mil Sabores”. Todos traían un ingrediente, y así, entre las manos de cada vecino y el calor del fuego, se cocinaba una sopa para compartir entre todos.

Pero ese año, las cosas eran distintas. La sequía había agotado las cosechas y muchos hogares apenas tenían para comer. Algunos murmuraban que no valía la pena hacer la sopa, que ya nadie tenía nada que ofrecer. Otros pensaban que era mejor guardar lo poco que tenían para su propia familia. Así, uno a uno, los habitantes comenzaron a cerrar las puertas y ventanas de sus casas, apagando las luces para que nadie supiera que estaban en casa.

Sin embargo, Lucía, una niña de diez años, decidió que la tradición no se podía perder. Esa noche salió a la plaza con un trozo de zanahoria, lo único que su familia había podido darle. Colocó la pequeña zanahoria en el caldero vacío y encendió el fuego. Esperó, sola, bajo el frío, mirando cómo el agua burbujeaba suavemente alrededor del diminuto trozo de zanahoria.

Al pasar unos minutos, don Emilio, el panadero, que la observaba desde su ventana, se sintió conmovido. Cogió un pequeño trozo de pan duro y se acercó a la plaza, colocándolo en el caldero. Después llegó Marta, que traía una pizca de sal. Luego, Felipe, el pescador, con una espina de pescado que había guardado. Poco a poco, otros comenzaron a salir de sus casas, cada uno con lo poco que podía ofrecer: un pedacito de cebolla, una papa pequeña, un puñado de arroz. Cada ingrediente parecía insignificante por sí solo, pero al mezclarse en el caldero, la sopa comenzó a llenarse de colores y aromas.

Al cabo de unas horas, todos los vecinos estaban allí, mirando el caldero, sonriendo unos a otros. Nadie sabía cómo, pero aquella sopa, hecha con los restos de todos, había adquirido un sabor increíble, cálido y reconfortante, como si cada uno de los habitantes hubiera puesto en ella un pedacito de su propio corazón.

Aquella noche, al compartir la sopa de los mil sabores, el pueblo recordó una lección que nunca más olvidarían: en tiempos de escasez, el verdadero valor no está en lo que uno tiene, sino en lo que uno está dispuesto a dar. Porque la generosidad no se mide en cantidad, sino en intención, y cuando se comparte con empatía, incluso lo poco puede convertirse en un banquete.”

Espero que hayamos aprendido algo y sigamos haciendo sopa entre todos. 

VALENCIA: ¿DOMINÓ O CERILLA?

El ejemplo de Valencia merece muchas reflexiones, una de ellas es ¿qué es lo que realmente cuenta en la vida?

Si escuchamos a muchos de los valencianos que lo han perdido todo, lo único que realmente lloran es a sus seres queridos desaparecidos o fallecidos. Eso, nos tiene que hacer pensar si los valoramos lo suficiente en el día a día y sin que se requiera una llamada desesperada, les decimos lo felices que nos hacen y lo mucho que les queremos.

Si escuchamos a quienes el lodo ha invadido sus casas, dejándolas inhabitables y enterrando todos sus recuerdos, lo que gritan es ayuda, no estar solos, necesitan seres humanos ayudando a otros, algo que se está volviendo extrañamente extraordinario. Aunque algunos miremos con razón a la Administración y al uso de sus impuestos, tener manos y humanos cerca peleando altruistamente por sacar adelante nuestras vidas es un impulso motivante y una energía impagable.

Haciendo esta reflexión he pensado en dos metáforas que simbolizan mucho nuestro comportamiento en estas situaciones. Quizá dejarlo en las dos opciones de las imágenes es simplificar mucho las cosas pero ayuda.

Una es convertirse en una cerilla que incendia todo lo que toca, relaciones personales, relaciones laborales, redes sociales, con conversaciones, palabras, gestos y comentarios que prenden mechas que no sabemos cómo apagar aunque tampoco nos importa que todo se reduzca a cenizas.

Dos convertirse en una pieza de domino que elige ponerse en su sitio, ocupando el lugar necesario en cada momento, pensando en cómo se diseñó la figura y que espera que el efecto dominó sea un éxito de todos para lo que pone todo de su parte aún sabiendo que no fue solo su idea o su criterio.

Esta elección que parece fácil cuando la leemos no está tan clara cuando pensamos en nuestro comportamiento aunque sé seguro que al final lo que cuenta es a las personas a las que has ayudado y a las que has hecho mejores. Todo lo demás habrá que dejarlo aquí.

LA TRAMPA DEL RECONOCIMIENTO

La vida pública actual, impulsada por la necesidad de estar en redes sociales y medios, nos invita constantemente a buscar la validación externa entre likes y reels. Sin preguntarnos qué ocurre cuando construimos nuestro valor sobre las opiniones de otros y no tenemos nuestro propio propósito.

Sin pensar en cómo perdemos nuestro equilibrio interno y nos desconectamos de valores más profundos como la integridad, la empatía y el servicio a los demás sintiendo un vacío que llenamos con más necesidad.

Esta necesidad desesperada de atención que al conseguirla, nos hace creernos indestructibles, se multiplica entre la lucha por atención, por premios y polémicas aunque no solo deteriora nuestra credibilidad, sino que mina la confianza que otros depositan en nosotros. Al final, terminamos construyendo relaciones superficiales de aprovechamiento humano y realzando figuras que son a todas luces histriónicas e inútiles.

No advertimos que estamos colaborando también con nuestro comportamiento a que el verdadero peligro se manifieste, cuando el reconocimiento importa más que los principios, sacrificamos el bienestar colectivo y perdemos el propósito compartido.

La alternativa es clara, aunque menos popular. En lugar de buscar protagonismo, debemos redirigir nuestras energías hacia metas comunes y hacia el servicio a los demás. Cuando trabajamos en silencio para contribuir al bien de quienes nos rodean, no solo fortalecemos nuestra propia esencia, sino que cultivamos lazos sólidos basados en la confianza y la autenticidad.

El verdadero impacto no viene de ser vistos, reconocidos y recompensados personalmente sino de ser efectivos en mejorar la vida de los demás. Solo así encontraremos una satisfacción genuina y duradera sin empeñar tanta energía como gastamos. Como decía Stephen Covey, la verdadera grandeza nace del respeto a los principios y de nuestro compromiso con el crecimiento y la felicidad compartidos.