TUS HÁBITOS HABLAN MÁS QUE TUS DECISIONES

Pensamos que tomamos decisiones solo cuando alguien nos plantea una elección clara. Pero la mayoría de las veces decidimos sin darnos cuenta. A través de lo que repetimos. De lo que hacemos cada día sin pensarlo.

Muchos de nuestros hábitos no los elegimos, los heredamos o los automatizamos. Los convertimos en parte de nuestra rutina sin cuestionarlos. Y sin embargo, cuando queremos cambiarlos, sentimos que no podemos. Que no tenemos fuerza de voluntad. Que no tenemos elección.

Eso es un sesgo cognitivo. Creer que el cambio requiere una gran revelación o un futuro perfecto es una trampa. Como decía Aristóteles, somos lo que hacemos repetidamente. No lo que decimos que queremos hacer.

Y repetir no necesita planificación, necesita práctica. Necesita revisar lo que ya hacemos en piloto automático y preguntarnos si nos está llevando donde queremos ir. Porque más de lo mismo solo produce más de lo mismo.

Cambiar un hábito no requiere cambiar tu vida entera. Solo empezar por un gesto. Por una mínima acción distinta. Una que puedas sostener. Una que tenga sentido para ti.

No estás condenado a lo que haces. Estás entrenado en ello. Y si has aprendido algo, puedes desaprenderlo. Puedes practicar una versión de ti más coherente con lo que sueñas.

Busca ayuda si lo necesitas. Merece la pena salir del bucle. Porque vivir en automático no es vivir, es repetir. Y tú mereces algo más que eso.

CONECTADOS, NO ENCHUFADOS

En España, demasiadas veces, los gobiernos no los elige la ciudadanía, los pone la corrupción. No importa tanto la ilusión que generen, ni los proyectos que prometan. Lo que marca el ritmo son los pactos ocultos, los favores devueltos, los nombres heredados.

Es triste, sí. Triste que nadie ilusione, que ni siquiera parezca capaz de abordar los problemas que cada vez nos apremian más: la vivienda, la precariedad, la salud mental, la sostenibilidad, la justicia.

Nos hemos acostumbrado al nepotismo, al enchufismo y a todos esos “ismos” que convierten el interés público en algo privado y cada vez más personal, más de unos pocos. Quien gobierna no representa: ocupa. Y quien no forma parte de esa red de influencias queda fuera, aunque valga más.

No pensé mucho el lema de campaña, siempre lo tuve claro: “Conectados, no enchufados”. Y dos años después, sigue más vigente que nunca, tristemente. Porque el objetivo no es unirnos, sino separarnos. No es escucharnos, sino enfrentarnos. Cuanto más desconectados estemos unos de otros, más fácil será manejarnos.

Nos quieren más enfadados que implicados, más sospechosos que solidarios. Porque en el río revuelto de la desconfianza y la apatía, los mismos de siempre siguen pescando el poder.

Pero aún podemos cambiar el rumbo. Volver a conectarnos de verdad. Entre nosotros, con las ideas, con lo que importa. Porque una sociedad enchufada a la esperanza y no al privilegio… aún es posible.

ELIGE BIEN TU 50%

Una vez leí que el gobierno chino a los mejores expedientes universitarios les contrataba para pensar sobre cómo mejorar el futuro del país, me pareció tan interesante que desde entonces he intentado que se pudiese hacer aquí sin mucho éxito la verdad.

Pensar en el futuro de tu país debería ser un acto honorífico de esperanza. Un ejercicio de imaginación en el que proyectar nuestra mejor versión y al que acercarnos con pasos conscientes. Pero muchas veces, al imaginar lo que viene, lo hacemos desde el miedo. Nos vemos fallando, perdiendo, quedándonos atrás.

¿Por qué pudiendo elegir vernos exitosos pudiendo tener de inicio al menos  un 50% de razón, preferimos anticipar el fracaso? Porque el cerebro prefiere lo conocido, incluso si duele. Porque anticipar lo malo parece protegernos de la decepción. Porque crecer da vértigo.

El problema es que imaginar un futuro oscuro no nos prepara, nos paraliza. Esa visión pesimista moldea nuestras decisiones, debilita nuestras habilidades, limita nuestras capacidades. Nos hace pequeños en lugar de hacernos fuertes.

Cuando dejamos de pensar en el futuro dejamos de construirlo. Actuamos sin dirección. Nos conformamos con sobrevivir en lugar de diseñar. Son los chinos también los que han replicado para sus escolares, una estación espacial en Marte y les animan a encontrar innovaciones  divirtiéndose en ella. 

Nuestro hábito se puede cambiar y es importante enseñar a nuestros pequeños a hacerlo.Visualizar escenarios positivos activa redes cerebrales asociadas a la motivación, la planificación y la acción. No se trata de ingenuidad sino de entrenar la mente para trabajar a favor, no en contra.

Ayúdales a imaginar  quién puedes llegar a ser. Escríbelo. Visualízalo. Hazlo hábito. Porque el futuro no se adivina, se entrena. Y pensar bien de uno mismo no es vanidad, es compromiso. Con tu presente y con todo lo que aún puedes llegar a ser.

LA DANZA DE LAS SARDINAS

En las profundidades del océano, donde la luz apenas alcanza, vivía un enorme banco de sardinas. Cada día nadaban juntas en un movimiento armónico, formando figuras imposibles en el agua: espirales, olas, remolinos que desorientaban a los depredadores y dejaban asombrados incluso a los tiburones.

Pero dentro del banco, había tensión. Algunas sardinas jóvenes querían nadar más rápido, otras decían que debían formar nuevas figuras, y unas pocas pensaban que debían romper la formación y buscar su propio camino.

—¿Por qué debemos movernos siempre en grupo? —preguntó una.

—¿Y quién decide hacia dónde vamos? —reclamó otra.

Entonces, una vieja sardina, de escamas desgastadas pero mirada profunda, se detuvo en medio del banco.

—No somos muchas sardinas nadando juntas —dijo—. Somos un solo cuerpo en movimiento. No hay una líder fija. A veces una va al frente, a veces otra. El liderazgo aquí no se impone: se intercambia, se escucha, se adapta.

Las sardinas se miraron en silencio. Comprendieron que su fuerza no venía de una orden rígida ni de un pez imponente al frente, sino de la coordinación, la confianza mutua y la flexibilidad para liderar y seguir según lo necesitara el momento.

Desde ese día, dejaron de discutir y volvieron a nadar como una sola mente con miles de cuerpos. Y aunque ninguna sardina era la jefa, todas eran esenciales.

Os dejo este interesante cuento con bien de Omega3 para vuestra reflexión sobre el liderazgo verdadero, en el que a veces se guía, a veces se sigue. Lo importante es moverse en armonía hacia un propósito común.

¿TIENES UN FUTURISTA CERCA ?

Células madre para hacer carne comestible, para que vuelvan a crecer los dientes, sangre sintética que sirve a todos los grupos sanguíneos… Vivimos tiempos que se mueven más rápido que nuestra capacidad de asimilar. Cambios tecnológicos, sociales, climáticos y laborales que antes tardaban décadas hoy ocurren en meses. Y sin embargo, no todos miramos hacia el futuro con los mismos ojos.

Están quienes se bloquean, se aterran, prefieren no pensar en lo que viene y si hablas de su sector se ponen a la defensiva. Como si negar el futuro pudiese detenerlo. Lo comprendo, tanta incertidumbre asusta, y no todos crecimos en entornos que entrenaran la flexibilidad o la curiosidad como una fortaleza. Todo lo contrario mantenerse y no cambiar era digno de admirar.

Pero también existimos otros. Los que miramos hacia adelante con curiosidad, hambre de aprender, con ganas de adaptarse, con fe en que el cambio no siempre es una amenaza, sino una oportunidad. Personas que no necesitamos tenerlo todo claro para seguir avanzando. Que probamos, nos equivocamos, y lo volvemos a intentar.

La gran pregunta es: ¿estamos desarrollando las habilidades que este mundo en transformación necesita? Curiosidad, pensamiento crítico, adaptación, escucha activa, visión de futuro… ¿Tenemos cerca personas que nos animan a ejercitarlas? ¿Las promovemos en nuestros equipos, en nuestras familias, en nosotros mismos?

Porque estar rodeados de gente que no teme al futuro nos cambia el presente. Nos empuja, nos activa, nos enseña que lo desconocido no es sinónimo de peligro, sino de posibilidad. Y eso, si se entrena y se contagia, puede convertirse en una cultura compartida.

Quizá no podamos predecir el futuro. Pero sí podemos prepararnos juntos mejor para abrazarlo. Y esa, ya es una forma de construirlo. No lo dejemos en manos de los demás. El coraje de hacerlo también nos transformará. Empieza hoy, piensa en cómo será tu mundo en 10 años.

LO HUMANO NO SE DELEGA

En nuestro país y por desgracia, en muchas otras democracias modernas se ha instalado una práctica perversa, cuando aparece una urgencia humana, las instituciones discuten de quién es la competencia.Mientras tanto, las personas esperan. O sobreviven y desesperan con la ayuda. O mueren. La crisis de responsabilidad es tan bestial que avergüenza a cualquiera escucharles echar balones fuera. 

No importa si hablamos de personas sin hogar refugiadas en aeropuertos, de incendios, inundaciones, de emergencias sin resolver y sin avisar, de menores no acompañados, de mujeres en riesgo o de ancianos con dependencia severa. El patrón se repite, unos dicen que es competencia municipal, otros que es de la Comunidad Autónoma, otros del Estado. Y en esa danza de trámites y silencios, la realidad sigue avanzando y los políticos siguen. Todo lo contrario a lo que significa poner a las personas primero, eso que cacarean en campaña.

Cuando una vida está en peligro, no hay tiempo para firmar convenios. Hay que actuar.No podemos seguir permitiendo que las soluciones dependan del organigrama institucional. No podemos tolerar que una persona con una necesidad urgente de atención de emergencia, de salubridad, médica, refugio o apoyo psicológico reciba como respuesta: “Eso no me corresponde”.

Por eso debe nacer un grito y una indignación colectiva para que lo humano no se delegue y si no pueden cooperar voluntariamente que sea obligatorio por ley y desde alguna posición dirigida y supervisada por ciudadanos elegidos por sorteo. 

Pedimos protocolos de acción conjunta, mecanismos de intervención directa, y sobre todo, una transformación ética que ya alarma, pasar de la excusa al compromiso. Porque gobernar no es administrar lo posible. Es responder a lo necesario. Para eso pagamos impuestos y seguimos con  el anacrónico formato estado-nación. 

Cuando la política no responde, la ciudadanía debe despertar. Y lo hará. Porque esta vez no se trata mas que de humanidad. Porque ellos fueron los que voluntariamente nos prometieron acabar con los problemas, no crear y resolver otros distintos y ficticios. O forman parte de la solución, o sobran. 

LA REBELIÓN DE LA OVEJA NEGRA 

Algunos dicen que mis escritos son largos. Y puede que lo sean. Pero es que las ideas necesitan espacio. Las reflexiones no caben en eslóganes ni en frases diseñadas para acumular “likes”. De hecho, tanta letra evita la mayoría de likes aunque espero y deseo que no de lectura. Argumentar es tomarse el tiempo de pensar, de conectar, de matizar.

Vivimos tiempos de pereza argumental. Entre la falta de paciencia y la pérdida de capacidad lectora, en gran parte creo, fruto de no entrenar la atención, hemos ido abandonando el pensamiento crítico, ese que incomoda porque obliga a dudar, a preguntar, a tener que entenderlo, a no conformarse con lo primero que nos dicen.

Nos han acostumbrado al trazo grueso, donde todo entra, lo que conviene, lo que manipula, lo que polariza. Porque lo complejo cansa, y lo simple moviliza. Quienes solo quieren nuestra voluntad, no nuestra opinión ni nuestra conciencia, prefieren no concretar, no sea que descubramos que lo que dicen no se sostiene si se mira de cerca.

Cada vez nos quieren más uniformes, más rebaño, más redil. Pero a mí, lo confieso, cada vez me enorgullece más ir contracorriente. Me gusta ser la oveja negra que se detiene a pensar cuando todas las demás corren. Porque el que piensa, elige. Y el que elige, incomoda.

Si defender lo complejo, lo argumentado y lo libre me convierte en rara, bienvenida la rareza.

Porque no quiero tener razón. Quiero tener argumentos. Y por eso respeto que todo el mundo pueda expresar su opinión y emulo a Voltaire pero no respeto todas las opiniones porque algunas no son respetables y todo eso, hoy, parece casi un acto de rebeldía.

MELODY, UNA FUERZA VALIENTE  QUE CONTAGIA

No sé si Melody ganará Eurovisión. Lo que sí sé es que ya ha conquistado muchos corazones, entre ellos el mío. Porque hay algo en su forma de estar, de insistir, de entregarse, que va mucho más allá de una canción y que sí ha demostrado. 

Melody es la constancia y el entusiasmo auténtico a pesar de todo y de todos. Ambos siguen siendo una fórmula poderosa. Que se puede trabajar duro, con ilusión, sin caer en divismos, y aún así brillar. O quizá precisamente por eso.

Tiene talento, personalidad y carácter incansable, pero lo que más admiro en ella es su inasequibilidad al desaliento. No se da por vencida, no se acomoda, no se excusa. Cada paso que da lo hace con una voz y una energía que contagian y una sonrisa que abre caminos.

Canta sobre desamores, sobre resistencia y dolor, pero ella se comporta como todo lo contrario a lo que canta, entera, vital, luminosa. Como quien sabe que todo camino de rosas tiene también sus espinas, y aún así vale la pena recorrerlo.

Quizá no gane Eurovisión. Pero está ganando algo aún más valioso, la admiración de quienes sabemos reconocer la verdad, la autenticidad y el verdadero esfuerzo cuando se sube a un escenario.

Habrá quien diga que es naïf por seguir creyendo, cansina por insistir pero solo lo duden los que nunca lo  consiguieron. Gracias, Melody, por recordarnos que el entusiasmo es una forma de resistencia. Y por contagiarnos las ganas de seguir intentándolo, cada día, como tú. No te pudieron poner mejor nombre. 

CUANDO LO EXCEPCIONAL DEBERÍA SER LO NORMAL

José Mujica, expresidente de Uruguay, ha sido admirado en todo el mundo por su austeridad, su cercanía y su coherencia entre lo que dice y lo que hace. No importa la ideología: su estilo de vida sencillo, su forma de hablar sin adornos y su honestidad emocional despiertan respeto incluso entre quienes no comparten sus ideas.

Pero ahí está el problema: admiramos a Mujica como si fuera un milagro, cuando debería ser el estándar. Nos emociona su renuncia a los privilegios, su casa modesta, su forma de mirar de frente y su rechazo a los excesos del poder, porque nos hemos acostumbrado a lo contrario. A políticos que confunden representar con acumular, liderar con imponerse y servir con servirse.

Mujica no fue perfecto. Ni quiso parecerlo. Pero puso el listón en el lugar más difícil: el de la humanidad en la política, el de no dejar de ser persona por ocupar un cargo.

Y quizá eso sea lo que más necesitamos hoy: menos grandilocuencia y más coherencia; menos espectáculo y más decencia básica. Que lo admirable no sea lo raro. Que lo digno no sea lo anecdótico.

Porque si nos seguimos sorprendiendo por lo que simplemente es honesto, entonces algo está muy roto. Y tocará arreglarlo no con héroes, sino con ciudadanos que ya no acepten que lo excepcional sea la excepción.

DE LA BUTACA AL COMPROMISO

No es lo mismo ser parte del público que formar parte de la sociedad civil. El público observa. Aplaude o critica desde la distancia. La sociedad civil se implica. Se organiza. Propone. Construye. Mientras el público espera que algo pase, la sociedad civil hace que pase.

Vivimos en un tiempo donde cualquiera puede opinar pero pocos están dispuestos a involucrarse. Donde arriesgar el prestigio es casi un acto heroico. Exponerse, decir lo que se piensa, actuar con coherencia, se ha vuelto peligroso. Y aun así, sigue siendo imprescindible.

Tocqueville lo llamó envidia democrática. Ese malestar colectivo que nos lleva a criticar a quien brilla, a quien asume responsabilidades, a quien se atreve a destacar. En esa cultura del igualitarismo superficial, se castiga más al que lo intenta que al que se mantiene al margen.

Hay quien llega a la política orgulloso de no tener pasado. Como si no haber pertenecido a ninguna causa fuera prueba de neutralidad. Pero no haber estado nunca del lado de quienes sueñan, proponen o resisten, no es limpieza. Es ausencia.

Comprometerse es entender que la conexión entre lo personal y lo político es real. Que el poder de organizarse transforma. Que hay un deber cívico en moverse cuando el sistema hace aguas. Que no se trata de tener todas las respuestas, sino de no quedarse en silencio.

Cambiar el mundo empieza dejando la butaca. Y sí, arriesgar el prestigio puede costar caro. Pero callar siempre sale más caro cuando lo que está en juego es el futuro de todos.

LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL COTILLEO

En una mis  series policiacas  favoritas el protagonista cerraba un capítulo con esta contundente frase : “al ojo del microscopio todos tenemos miserias”. Lo que  no anticipó es que esa perspectiva y foco, iban a ser la tónica general. 

Como liberal convencida, me horroriza comprobar cómo la intimidad se ha convertido en el ariete definitivo de la política y de la sociedad. En lugar de debatir ideas, propuestas o resultados, se amenaza con vídeos, audios, capturas, mensajes, y cualquier otra pieza de vida privada que sirva para torcer voluntades sin necesidad de pensar ni dialogar.

Lo que debería ser un acuerdo público, transparente y evaluable se sustituye por una extorsión emocional encubierta, donde el precio no es un argumento sino un silencio forzado. ¿Dónde queda la democracia si lo que importa no es el por qué de una decisión, sino el miedo a que salga a la luz lo que no debería importar?

Estamos alimentando una sociedad de cotillas institucionalizados, con programas ad hoc, financiados en muchos casos con dinero público, donde lo que interesa no es la eficacia de una política, sino la vida sexual, romántica o emocional de las personas. Donde salir del armario deja de ser un acto libre y valiente para convertirse en un empujón con intereses cruzados.

Y con ello arrastramos sesgos de todo tipo: homofobia, machismo, clasismo, edadismo, racismo. Porque no todo escándalo es igual si lo protagoniza un hombre o una mujer, un joven o un mayor, un político o una activista. El castigo moral no es parejo, ni tampoco el eco que se le da.

En pleno siglo XXI, en la era digital, seguimos sin una legislación efectiva que proteja la intimidad. Y eso, en un mundo donde todo viaja más rápido que la pólvora, es una bomba de racimo emocional, política y social. Porque por donde pasa, nada crece, solo queda miedo, manipulación y silencio.

Y el silencio, en democracia, no es neutral: es una renuncia peligrosa.Todos tenemos derecho a tener una intimidad protegida del cotilleo delincuente cutre y de cualquiera que cree poder amenazar con su propio teléfono. 

LEÓN XIV: EL VERDADERO LÍDER DEL MUNDO LIBRE

Es significativo que el día que se conmemora una  guerra se insista en todo un discurso en la paz. Cuando el mundo polariza tanto que lo quiere inocular en cualquier lugar, la unidad sea lo relevante y cuando se criminaliza a los inmigrantes se elija a un misionero que tiende puentes y acoge es una declaración de intenciones. Y que sea norteamericano, la tercer ley de Newton. 

Ha elegido llamarse León XIV, un nombre que resuena con fuerza, pero no por imposición, sino por valentía tranquila, por el deseo de cuidar, de escuchar, de sostener. En sus primeras palabras, no hubo ambigüedad: la palabra más repetida fue “tutti”, todos. Le siguieron paz, amor, diálogo, encuentro, construir puentes.

Un mensaje claro para un mundo roto, fragmentado, donde cada uno parece hablar solo consigo mismo. Y me emociona aún más porque es agustino, como el colegio en el que estudié en Talavera. Mis compañeras recuerdan su visita, cercana, sencilla. Hoy esa cercanía se proyecta desde Roma y yo recuerdo las palabras de San Agustín que tantas veces  leí y me sigue inspirando:” Conócete, acéptate, supérate”

No es común ver a alguien tan joven al frente de una institución tan antigua. Pero ahí está, con la fuerza del que no quiere imponer, sino inspirar. En tiempos donde el ruido vende más que la serenidad, su elección parece un acto de fe en que otra forma de liderazgo es posible: más humano, más sabio, más comprometido y siendo experto en derecho, más prudente seguro. 

León XIV no viene a rugir, viene a convocar. A recordarnos que aunque las reformas siguen siendo necesarias, estas son un camino compartido. Debiendo ser la Iglesia no un bastión de poder, sino hogar para el que busca sentido, consuelo o esperanza.

Quizá sea pronto para hablar de legado. Pero no para reconocer el gesto, el símbolo y la dirección. Y todo eso —como su nombre, su historia y sus palabras— apunta a una sola cosa: tutti. 

HASTA LA FUMATA BLANCA

Viendo el telediario hoy quizá deberíamos inspirar nuestra política patria en los que mejor entendieron que los grandes acuerdos necesitan presión, tiempo y encierro. En la Capilla Sixtina, nadie sale hasta que hay Papa. No se negocia en los pasillos, no se delega, no se huye. Se debate hasta llegar a los dos tercios. Se pacta de verdad.

Y si aún queda alguien que piense que eso no es aplicable a la política actual, que recuerde el cónclave más largo de la historia. Viterbo, 1268. Duró 33 meses. Tan estancados estaban, que en 1270 les quitaron el techo, cortaron la comida y los dejaron solo con pan, agua y vino. Finalmente, con solo 16 cardenales agotados, lograron un acuerdo. Eligieron a Gregorio X, quien instauró formalmente el cónclave como sistema.

Si eso no genera consenso, me refiero por supuesto al vino, nada lo hará. En política internacional hubo algo parecido. Kofi Annan lo llamaba “la estrategia del ascensor”. Encerrar a las partes en conflicto hasta que encontraran una salida común. Sin teléfono, sin prensa, sin portazos teatrales. Solo personas mirándose a los ojos hasta que llegara una decisión compartida.

Los Parlamentos modernos requieren tanta celeridad y talento  que necesitan menos espectáculo y más encierro con propósito. Que no se levanten hasta que haya acuerdo. Que se miren a los ojos sin cámaras, escapatoria ni titulares. Que recuerden que representar no es posar, ni perorar, es construir juntos.

No hace falta quitar el techo ni dejarles sin comer. Bastaría con exigirles que se queden hasta que haya fumata blanca. Y si no, que aprendan lo que cuesta el silencio productivo. Porque si incluso en el siglo XIII lograron ponerse de acuerdo, hoy, con tantos asesores, dispositivos, calefacción , copas y café, también podrían, o quizá es la televisión la cuestión o que percibiesen el sueldo a resultado…

ENTRENAR LA INCERTIDUMBRE

En la película Cónclave, de rabiosa actualidad, hay un momento en que el Decano habla del discurso de la certidumbre. Esa necesidad humana de aferrarse a lo seguro, a lo previsible, a lo que ya conocemos, aunque esté agotado. La tentación de buscar líderes que lo tengan todo claro, aunque mientan de forma elegante.

Pero el mundo real no funciona así. La incertidumbre es la norma, no la excepción. Y cuanto más intentamos negarla, más nos bloquea, más nos frustra, más nos agota. Porque nadie puede prometer certezas sin pagar un precio alto en flexibilidad, conciencia o verdad.

La globalización y la tecnología han acelerado esta realidad. Vivimos conectados, en tiempo real, a acontecimientos que se multiplican y cambian antes de que podamos procesarlos. Lo que ayer parecía seguro, hoy ya no sirve. Las reglas del juego se transforman y los mapas caducan.

Por eso, el futuro no lo liderarán quienes prometan seguridades imposibles, sino quienes se entrenen para navegar la incertidumbre con inteligencia emocional, pensamiento crítico y capacidad de adaptación. Es decir, todo lo contrario de lo que ahora buscamos.

A eso me dedico. A acompañar a personas y organizaciones a desarrollar las habilidades que no se improvisan. Las que permiten navegar el futuro, tomar decisiones con dudas, moverse sin mapa, aprender en medio del caos y construir confianza cuando todo tiembla.

La certidumbre suena bien, pero a menudo es solo una forma elegante de evitar el vértigo. La incertidumbre, en cambio, es la realidad desnuda que solo se vuelve oportunidad cuando dejamos de temerla y empezamos a entrenarla.

CUANDO APUNTAS CON EL DEDO

Buscar culpables se ha convertido en un aburrido hábito social. Ante cualquier error, cualquier incomodidad o cualquier fracaso, lo primero que hacemos es señalar. Al jefe, al gobierno, al compañero, al azar. Es un gesto rápido que alivia, pero no transforma.

Mi experiencia ha sido muchas veces solitaria. En muchos momentos, habría sido fácil culpar al entorno, a las circunstancias, a los que no estuvieron. Pero, incluso en esa soledad, me mantuve firme a algo que me enseñó mi padre desde pequeña, a buscar soluciones. No se señala, se actúa. No se culpa, se responde. No se huye, se asume.

Culpar desvía el foco de lo que sí podemos cambiar, de lo que nos toca mirar de frente. Alimenta sesgos, nos acomoda en relatos donde todo lo malo viene de fuera, y así evitamos hacernos preguntas que duelen.

Traicionar esa enseñanza sería traicionarme a mí misma. Sería alta traición a mis valores, a mi aprendizaje, a esa semilla de responsabilidad que él sembró en mí con el ejemplo, no con palabras.

Y luego está el karma, esa forma en la que la vida acaba poniéndote en el lugar exacto que tanto criticabas. Porque, cuando uno vive apuntando con el dedo, tarde o temprano la vida te pone al otro lado.

Ser responsable no es cargar con todo, es dejar de huir. Y en esa elección se esconde una libertad que no depende de nadie más. Porque solo quien no necesita culpables está preparado para cambiar su historia.

Cuando sientas la tentación de culpar a alguien por lo que estás viviendo, hazte esta pregunta antes, ¿qué parte de esto depende de mí, aunque sea un uno por ciento?

Esa pequeña porción puede ser el inicio de un cambio enorme. No para cargar con todo, sino para recuperar poder. Porque la responsabilidad no pesa cuando se convierte en motor.

ÁLEX MÁRQUEZ: ROMPIENDO EL SÍNDROME DEL PRÍNCIPE CARLOS.

No puedo dejar pasar lo que Álex hizo el domingo en Jerez, no solo ganó una carrera. Ganó la paciencia, la fe silenciosa de quienes caminan durante años a la sombra esperando su momento sin saber si alguna vez llegará.

Hubo quienes en la caída de Marc, dejaron las esperanzas y la ilusión en el camino sin medir las ganas de alguien que ve el camino libre para su propia adrenalina. No contaban con el impulso cocido a fuego lento. 

Álex Márquez cruzó primero la meta rompiendo ese hechizo que amenaza a tantos el síndrome del príncipe Carlos, ese laberinto donde uno parece condenado a ser eterno heredero sin coronación viviendo siempre a un paso del triunfo que nunca termina de abrirse.

Pero Álex eligió forjarse en el trabajo en la constancia en los días en que solo quedaba creer. Cada vuelta, cada caída, cada segundo lugar fueron piedras que pulieron su carácter hasta convertirlo en algo irrompible.

Y no podía ser en otro lugar. España. Jerez. Con la pasión desbordada de la Nieto-Peluqui ese pequeño templo de la afición que Álex abrazó como se abraza a la vida llamándolo Patrimonio de la Humanidad. Con ese gesto arriesgado de saludar mientras aún temblaban las ruedas dijo más que mil discursos.

Ayer no solo celebramos una victoria. Celebramos el triunfo de quienes se hacen fuertes en el silencio de quienes no buscan el foco sino el propósito de quienes no rinden su alma a la prisa ni al desaliento.

Qué emocionante fue  ver cómo cada curva de hoy y sobre todo de esa última vuelta fue como una declaración, cada lágrima un testamento, cada saludo una promesa para todos los que seguimos peleando por que llegue nuestro momento, llegar a ser más que una sombra y encontrar nuestra propia línea de meta. ¡Enhorabuena Álex! 

EL COLMO ENERGÉTICO DE ESPAÑA 

EL colmo energético de España es que a las 12:30 de la mañana con un sol de justicia y unos Fondos Europeos que inundaron nuestras cuentas, no hayamos tenido placas solares suficientes en edificios públicos y viviendas para ser autónomos y no rayar la histeria con nuestros comportamientos.

Quién ha sido. No qué ha pasado, ni por qué. Esa es la respuesta que exigimos siempre, como si necesitáramos un culpable visible para aceptar la magnitud de un fallo que nos negamos a enfrentar, culparle, quemarle y a otra cosa. Como parece que hacemos con todo lo que nos acontece desde la pandemia. Lo de muerto el perro…

Hoy, a las 12 de la mañana, cuando España produce más energía solar de la que consume y hasta da para abastecer a Francia, el país entero ha ido a negro. Un apagón que puede que huela a “evento” y no a accidente,  pero que deja al descubierto una verdad incómoda la falta de previsión, responsabilidad y liderazgo de nuestras Administraciones respecto a nuestra autonomía energética. 

Alguien entiende que España, con la cantidad de Fondos Europeos recibidos, no lidere con contundencia el ranking de renovables. Alemania ha instalado 14,1 GW en 2023, España apenas 8,2 GW, seguida por Italia, Polonia y Países Bajos. Una segunda posición que, más que orgullo, deja un sabor amargo al ver todo el potencial perdido.

Después  de cuantiosas subvenciones y campañas de impulso a la autonomía energética, acabamos buscando bocatas, linternas, pilas y transistores como si estuviéramos en 1970. Cómo, tras décadas de discursos sobre innovación, seguimos sin tener todos los edificios públicos y colegios tapizados de placas solares y baterías, mientras nos preocupamos por el combustible de emergencia en hospitales y aeropuertos.

Y lo que corona este día, lo que resume en qué manos estamos, es el dato que parece una sátira: el Senado pudo seguir funcionando gracias a su alternativa energética. La prioridad ha quedado clara: mientras el país se apagaba, “la política  útil” seguía enchufada.

El colmo energético. A lo que se suma la alegría de los que lo predijeron  para mi sorpresa Y, quizás todo esto sea el colmo de nuestra resignación.

NI VOZ, NI CARA, NI COMPROMISO

En las últimas campañas electorales pude comprobar cómo algunos políticos les parecía innovador y efectivo que en lugar de hacer ellos su trabajo llamase a los votantes un bot. La tristeza de comprobar que había gente que creía que eran ellos y la emoción que sentían de haber recibido esa llamada me parecía el colmo en alguien debe dedicarse a la política con la transparencia y a la honradez por banderas. 

Les parecía innovador y hasta gracioso decidir que bastaba con prestarle su voz a un bot. Llamadas automáticas que imitan su voz, su entonación su ritmo su estilo. Como si el simple eco de su voz bastara para convencer a alguien de que les importa. Un timo en toda regla.

Mientras tanto en lugares como California ya se había legislado para exigir que se especifique claramente si quien llama es una persona o un robot. Porque incluso en la era de la inteligencia artificial sigue importando saber con quién estás hablando. La transparencia no es un detalle es un principio.

Cuando nosotros fundamos nuestro partido no nos escondíamos detrás de voces enlatadas. Éramos nosotros quienes cogíamos el teléfono y llamábamos, quienes salíamos a la calle y les visitábamos en sus casas, sabiendo que conectar y mirarles a los ojos no tenía simulación posible. No había atajos. Había convicción.

La política se ha vuelto cómoda para muchos. Una política con políticos y sin ciudadanos a los que servir. Pendientes solo del discurso y el meme pretenden subcontratar el contacto y ahora también la presencia. Pero la pereza es un lujo que no se pueden permitir quienes dicen que quieren representar a los demás. Porque la democracia no se automatiza se construye con presencia escucha y compromiso.

Un robot puede simular una voz pero no puede entender la urgencia del paro la soledad de un anciano ni la esperanza de una madre. Para eso hay que estar. Con la voz con el cuerpo y con el alma. Porque si  te puede sustituir en campaña para obtener votos en poco tiempo te sustituirá en todos tus cometidos y entonces el peligro irá más allá. Pregúntate, si ni siquiera te molestas en escuchar ¿cómo vas a atreverte a decidir por otros?

LEER COMO ACTO DE LIBERTAD

Ya sabéis que aprendí a leer con cuatro años gracias a mi abuela maestra que tuvo la paciencia de enseñarme letra a letra como quien siembra sabiendo que daría cosecha. Y además crecí viendo cada noche a mi padre leer en silencio con la misma naturalidad con la que se respira.

No recuerdo un solo día en que no hubiera un libro cerca. En casa ya gracias de nuevo a mi padre, no había contradicción entre alimentarse del cuerpo y de la mente, ambas eran obligatorias. Aquella colección de estanterías llenas de mundos fue un refugio que no solo he cuidado con esmero sino que he ampliado y que hoy me hace profundamente feliz.

Leer me enseñó a pensar a hacer preguntas a dudar a entender que hay muchas formas de mirar el mismo hecho. En un mundo acelerado que nos lanza titulares sin pausa leer es detenerse. Es crear un espacio propio donde la información no nos arrastra con repetidos clics sino que se deja reposar y habitar.

Por eso escribo cada día. Aunque sea en textos breves aunque sean solo reflexiones. Porque creo que escribir y  pensar críticamente son músculos que se entrenan y que necesitan disciplina para estar alerta.

Leer sigue siendo un acto de libertad. Y escribir con honestidad un acto de compromiso. Ojalá cada línea que comparto ayude aunque sea un poco a pensar distinto a mirar más allá o a recordar que en medio del ruido aún quedan voces que invitan al silencio y la reflexión que nutre. Feliz día de leer! 😘

GUERRA O PAZ: LA FALSA ELECCIÓN

Nos siguen forzando a elegir entre guerra o paz, como si fuese una disyuntiva binaria, como si no existiera nada entre el conflicto total y la ingenuidad absoluta. Sabiendo que sigue siendo un corolario que titula Tolstoi, es una falsa dicotomía, una trampa narrativa que polariza un debate mucho más complejo y urgente.

No es lo mismo invertir en armamento para atacar que hacerlo desde la responsabilidad de proteger, que implica garantizar la seguridad, la estabilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. No se trata de querer la guerra, sino de entender que la paz necesita ser defendida, no solo deseada. Para muestra, Ucrania.

El problema es que seguimos mirando los conflictos con la lógica del pasado. Como si los tanques, los aviones y los grandes arsenales siguieran siendo los protagonistas. Pero hoy una impresora 3D, en el garaje de cualquier lugar del mundo, puede fabricar un dron con una carga explosiva capaz de destruir un carro de combate que cuesta millones de dólares. Las series como Homeland , no son una distopía.

Estamos en otra pantalla. Una donde la tecnología ha descentralizado el poder, donde las herramientas que nos salvaron del COVID —como esas mismas impresoras 3D— también pueden ser utilizadas para destruir. Como  también sirven para acabar con lo útil o lo vital.

Y en este nuevo escenario, no podemos delegar nuestra seguridad en manos ajenas, ni siquiera en las de Estados Unidos. La confianza estratégica no puede sustituir a la autonomía ni al pensamiento crítico. Lo que ayer era una alianza sólida, hoy puede ser una prioridad secundaria para otros.

Insistir en el corto plazo, en la política del titular, en el gasto sin reflexión o la paz sin previsión, es más dañino para nuestro futuro que cualquier otra inversión. Porque hoy, más que nunca, la clave no es elegir entre guerra o paz, sino entre responsabilidad y negación.

La seguridad ya no es cuestión de ejércitos, sino de visión. Y nos estamos quedando ciegos por miedo a abrir los ojos. Esto no puede recordarnos  a ese adagio churchiliano, “Hemos preferido el deshonor a la guerra. Tendremos el deshonor y también la guerra» .