¿CUMPLES TUS PROMESAS? 

Cumplir las promesas que nos hacemos a nosotros mismos no es solo un acto de disciplina, sino de integridad personal y reprogramación cerebral. 

Andrew Huberman, experto en neurociencia, explica que cada vez que cumplimos un compromiso con nosotros mismos, activamos el sistema de dopamina en el cerebro, lo que genera una sensación de logro y refuerza el circuito de recompensa. Esto no solo nos motiva a seguir adelante, sino que literalmente fortalece nuestras conexiones neuronales, facilitando que el hábito se repita.

Cuando no cumplimos nuestras promesas, nuestro cerebro aprende a asociar intención con inacción, debilitando nuestra autoconfianza. Pero al hacerlo, incluso en pequeños pasos, reprogramamos el cerebro para esperar resultados positivos al actuar. Es como entrenar un músculo: cada vez que completas un compromiso, por pequeño que sea, fortaleces tu capacidad para confiar en ti mismo y seguir creciendo.

Empieza hoy con algo manejable: prométete algo simple, como caminar 10 minutos, leer dos páginas de un libro o beber más agua. Al cumplirlo, tu cerebro libera dopamina, motivándote a seguir construyendo hábitos positivos.

La próxima vez que te hagas una promesa, recuerda: estás remodelando tu cerebro para ser más fuerte, confiado y enfocado. Como diría Huberman, el progreso no se mide en grandes saltos, sino en la consistencia diaria. ¿Qué pequeña promesa puedes cumplir hoy para construir tu mejor versión? Tu cerebro está listo para transformarse contigo.

A MÍ NO ME PASARÁ 

El sesgo de invulnerabilidad, esa creencia de “a mí no me pasará”, es un fenómeno común en situaciones de emergencia. Durante la pandemia de COVID-19, muchos políticos y personas ignoraron las advertencias iniciales, subestimando el riesgo. 

Lo mismo ocurre en fenómenos como la DANA, cuando, pese a las alertas de la AEMET, que recogieron incluso en Japón, algunos no creen que sea importante advertir a su población sobre el peligro  dejándoles tomar decisiones imprudentes, como cruzar zonas inundadas.

Este sesgo puede ser entendible en los ciudadanos, pero no en las administraciones. Según el experto en gestión de riesgos, Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, “la mente humana tiende a minimizar los riesgos hasta que los percibe como inminentes”. 

Sin embargo, las autoridades tienen el deber de actuar antes de que esto ocurra, anticipándose a los peligros con infraestructura, planes de evacuación y mensajes contundentes y no se lo exigimos. 

La desconexión entre las advertencias y las acciones genera tragedias evitables. “Los desastres no se producen por la emergencia en sí, sino por la falta de preparación” como advierten los especialistas. Esto demuestra que un aviso, por sí solo, no basta si no está respaldado por medidas efectivas y claras.

Superar este desafío exige trabajo conjunto. Los ciudadanos debemos educarnos y confiar en las fuentes oficiales algo que ahora mismo es casi imposible. Las administraciones, por su parte, deben comunicar con precisión y ejecutar planes preventivos sólidos.

No podemos esperar que ocurra otra desgracia para prepararnos, no somos invencibles y establecer una coordinación nacional efectiva es esencial. Una base de voluntarios con su habilidades, maquinaria disponible, expertos y planes establecidos con datos actualizados y simulacros. 

Como dijo Benjamin Franklin: “Un gramo de prevención vale más que un kilo de curas”. Porque no somos invencibles y a veces lo material es insalvable pero está claro que juntos podemos evitar el desastre irreparable de perder vidas humanas. 

¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?

Cuando somos pequeños una de las preguntas que más escuchamos es ¿qué quieres ser de mayor? Una pregunta que en principio puede parecer inocente pero que entraña una creencia que nos puede afectar en el futuro.

Uno de los mayores retos en el camino hacia el éxito personal y profesional es aprender a separar lo que somos de lo que hacemos. Cuando nuestra identidad está completamente atada a nuestro trabajo o logros, cada crítica, error o fracaso se siente como un ataque directo a nuestra esencia. Esto nos lleva a tomarnos todo de manera personal, dificultando el aprendizaje y el crecimiento.

Pero, ¿qué ocurre si cambiamos la perspectiva? Lo que hacemos, nuestro oficio, nuestra carrera, proyectos o roles, son una extensión de nosotros, pero no nos define por completo. Somos mucho más que resultados. Somos nuestras intenciones, valores, relaciones y el impacto que generamos más allá de lo que hacemos.

Cuando no hacemos esta distinción porque no tenemos claro que sean cuestiones diferentes, cada tropiezo puede convertirse en una carga emocional innecesaria, afectando nuestra confianza y capacidad para avanzar.

Por el contrario, cuando entendemos que nuestro valor como personas no depende de los resultados, somos capaces de recibir críticas como oportunidades, y de gestionar los fracasos como aprendizajes, no como reflejos de nuestra valía.

Te invito a reflexionar con otra pregunta quién eres cuando no estás trabajando y así cuando te pregunten qué quieres ser de mayor, la respuesta será otra.

¿ESTAMOS BIEN RODEADOS?

En el ámbito de la política y de la vida, rodearse de personas que desafíen nuestras ideas es uno de los actos de valentía más poderosos. A menudo, es fácil caer en la trampa de los “sí” constantes y de las voces que, por comodidad, interés o lealtad, simplemente nos dan la razón. 

Sin embargo en estos entornos homogéneos, donde solo oímos lo que queremos escuchar, terminan limitando nuestra visión y frenando nuestro crecimiento. Aunque podría asegurar que a mí principalmente, aburriendo. 

Voy a jornadas esperando escuchar el pensamiento de alguien, una novedad interesante, una idea que me rete y compruebo que rumiamos lo mismo desde años, después de estar dos horas escuchando agradecimientos políticos y mítines sobre promesas que no llegan a realidad, apenas quedan unos minutos o unas pocas personas para escuchar lo interesante. 

En estos círculos no nos rodeamos de personas que aportan perspectivas diversas, ni creamos espacios de aprendizaje y de autodescubrimiento. Estas personas, suelen ser siempre las mismas, están ahí para hacer eco de las mismas viejas ideas, sin aportar algo valioso, para cuestionar, y para ayudarnos a ver más allá de nuestras certezas. 

En política, la capacidad de escuchar y valorar opiniones contrarias es fundamental para evitar el sesgo y enriquecer nuestras decisiones. Estas voces que retan nos ofrecen algo precioso: la oportunidad de ver el panorama completo y de considerar alternativas que quizás habíamos pasado por alto.

Piensa en de quiénes te rodeas, si de personas que te reten aunque no siempre sea fácil. Es de las decisiones más inteligentes que puedes tomar para expandir tu visión, crecer y, sobre todo, para ser un líder verdaderamente comprometido con la pluralidad y la verdad.

LAS JERARQUÍAS EN UN MUNDO INCIERTO

Hace años que llevo luchando por hacer mucho más planas las organizaciones porque creo que el conocimiento y las habilidades de las personas necesitan confianza, autonomía y responsabilidad para poder desarrollarse de la mejor forma.En un mundo complejo e incierto las antiguas  jerarquías son inefectivas. 

El primer problema que me he encontrado lo plantean quienes llevan años para alcanzar los primeros puestos, en muchos casos, sin ni siquiera un para qué. Los problemas que enfrentamos son tan complejos y cambiantes que no pueden depender solo de un “jefe” que dé órdenes desde la cima, como hemos comprobado. 

Siempre he Imaginado un equipo donde cada miembro se sienta parte de los resultados. Un equipo donde todos puedan proponer ideas y tomar decisiones. Ir mas allá incluso de delegar tareas, confiando en las fortalezas de cada persona y permitiendo que explore y encuentren soluciones. 

Para ello he propuesto otras metodologías como Scrum, Design Thinking o Lean, que promueven pequeños equipos que prueben y ajusten pero requieren tiempo suficiente para superar las resistencias de los que adoran el obsoleto modelo de “jefe”. 

Los líderes efectivos ya no son los que solo controlan, sino los que inspiran, delegan y empoderan. Saben que las mejores soluciones no siempre provienen de ellos mismos, sino de quienes están cerca de la acción y ven los problemas desde distintas perspectivas. Plantéate si quieres dar espacio a tu equipo para aprender y crecer o prefieres quedarte sin talento. 

LA AMABILIDAD CONSCIENTE

La amabilidad es una de las fuerzas más subestimadas y poderosas que tenemos. A menudo pensamos en ella como algo sencillo o “extra”, algo que hacemos solo cuando tenemos tiempo o energía de sobra o con quien nos interesa. Pero la realidad es que la amabilidad no solo transforma a quien la recibe, sino que también tiene un profundo impacto en quien la practica. Estudios en neurociencia emocional demuestran que el simple acto de ser amable libera oxitocina y endorfinas en el cerebro, reduciendo el estrés y fomentando una sensación de bienestar. Recordemos en el “Día de la Amabilidad” que practicarla es, en cierto modo, una medicina emocional.

La amabilidad nos conecta, y en un mundo donde las interacciones son cada vez más digitales y menos personales, este poder de conexión es invaluable. Un acto amable, por pequeño que sea, tiene un efecto dominó. Imagínate una sonrisa sincera, un cómo estás real o ayudar a alguien que lo necesita puede cambiar la perspectiva de una persona y crear una cadena de amabilidad que llega mucho más lejos de lo que imaginamos. Ser proactivo y no esperar a que lo sean los demás tiene recompensa.

Te propongo una práctica sencilla para incorporar la amabilidad en tu día a día, cada mañana, establece la intención de hacer un acto de amabilidad consciente. No tiene que ser algo grande, un pequeño gesto cuenta. Puede ser escribir un mensaje de agradecimiento, ofrecer ayuda, o simplemente sonreír a alguien que te cruzas. Lo importante es hacerlo con plena intención, recordando que estás contribuyendo a crear una energía positiva.

Al final del día, dedica un momento a reflexionar sobre ese acto de amabilidad: ¿cómo te hizo sentir? ¿Cómo crees que impactó a la otra persona? Haz que esta práctica se convierte en un hábito y notarás cómo, poco a poco, la amabilidad transforma tu visión del mundo y fortalece tus relaciones. Practicar la amabilidad es regalarle al mundo y a ti mismo, un poco más de paz.
¿Se necesita o no?

DE FRASCOS, PIEDRAS Y ARENA

Hace tiempo que aunque lo trabajo con otras personas no reflexiono sobre ello y es una fantástica forma de parar y poner en su sitio  muchas cosas. Anímate y explora.

Imagina un frasco de cristal vacío frente a ti. A un lado, tienes piedras grandes, al otro, algunos cantos rodados, y finalmente, arena fina. Este frasco representa tu vida, y cada elemento tiene un significado. Las piedras grandes simbolizan tus prioridades más importantes: la salud, la familia, el crecimiento personal y tus objetivos más profundos. Los cantos representan cosas que son valiosas pero no esenciales, como proyectos, compromisos y aficiones. La arena, en cambio, son las pequeñas distracciones diarias y tareas menores que muchas veces ocupan nuestro tiempo.

Ahora, imagina que empiezas llenando el frasco con la arena. Pronto verás que no queda espacio para los cantos, y menos aún para las piedras grandes. Si llenas tu vida primero con lo superficial, las cosas verdaderamente importantes quedan fuera. Pero, ¿qué pasa si lo haces al revés? 

Es Stephen Covey quien nos invita a reflexionar con esta metáfora sobre la manera en que priorizamos. En nuestra vida diaria, a menudo perdemos el foco en lo que realmente importa, dejando que las pequeñas cosas ocupen nuestra atención. Pero este ejercicio visual nos recuerda que, cuando damos prioridad a nuestras piedras grandes, todo lo demás puede encontrar su lugar.

Define ahora cuáles son tus “piedras” y asegúrate de darles el espacio que merecen. Empieza a llenar tu frasco bien, poniendo tus verdaderas prioridades primero y espera que lo demás se acomode. 

LA SOPA DE LOS MIL SABORES

Quiero empezar la semana con un cuento que nos ayude a reflexionar sobre nuestra manera de vivir y afrontar lo que nos ocurre.

“En un pequeño pueblo rodeado de montañas, había una vieja tradición: cada año, en la noche más fría del invierno, los habitantes se reunían en la plaza para preparar “La Sopa de los Mil Sabores”. Todos traían un ingrediente, y así, entre las manos de cada vecino y el calor del fuego, se cocinaba una sopa para compartir entre todos.

Pero ese año, las cosas eran distintas. La sequía había agotado las cosechas y muchos hogares apenas tenían para comer. Algunos murmuraban que no valía la pena hacer la sopa, que ya nadie tenía nada que ofrecer. Otros pensaban que era mejor guardar lo poco que tenían para su propia familia. Así, uno a uno, los habitantes comenzaron a cerrar las puertas y ventanas de sus casas, apagando las luces para que nadie supiera que estaban en casa.

Sin embargo, Lucía, una niña de diez años, decidió que la tradición no se podía perder. Esa noche salió a la plaza con un trozo de zanahoria, lo único que su familia había podido darle. Colocó la pequeña zanahoria en el caldero vacío y encendió el fuego. Esperó, sola, bajo el frío, mirando cómo el agua burbujeaba suavemente alrededor del diminuto trozo de zanahoria.

Al pasar unos minutos, don Emilio, el panadero, que la observaba desde su ventana, se sintió conmovido. Cogió un pequeño trozo de pan duro y se acercó a la plaza, colocándolo en el caldero. Después llegó Marta, que traía una pizca de sal. Luego, Felipe, el pescador, con una espina de pescado que había guardado. Poco a poco, otros comenzaron a salir de sus casas, cada uno con lo poco que podía ofrecer: un pedacito de cebolla, una papa pequeña, un puñado de arroz. Cada ingrediente parecía insignificante por sí solo, pero al mezclarse en el caldero, la sopa comenzó a llenarse de colores y aromas.

Al cabo de unas horas, todos los vecinos estaban allí, mirando el caldero, sonriendo unos a otros. Nadie sabía cómo, pero aquella sopa, hecha con los restos de todos, había adquirido un sabor increíble, cálido y reconfortante, como si cada uno de los habitantes hubiera puesto en ella un pedacito de su propio corazón.

Aquella noche, al compartir la sopa de los mil sabores, el pueblo recordó una lección que nunca más olvidarían: en tiempos de escasez, el verdadero valor no está en lo que uno tiene, sino en lo que uno está dispuesto a dar. Porque la generosidad no se mide en cantidad, sino en intención, y cuando se comparte con empatía, incluso lo poco puede convertirse en un banquete.”

Espero que hayamos aprendido algo y sigamos haciendo sopa entre todos. 

VALENCIA: ¿DOMINÓ O CERILLA?

El ejemplo de Valencia merece muchas reflexiones, una de ellas es ¿qué es lo que realmente cuenta en la vida?

Si escuchamos a muchos de los valencianos que lo han perdido todo, lo único que realmente lloran es a sus seres queridos desaparecidos o fallecidos. Eso, nos tiene que hacer pensar si los valoramos lo suficiente en el día a día y sin que se requiera una llamada desesperada, les decimos lo felices que nos hacen y lo mucho que les queremos.

Si escuchamos a quienes el lodo ha invadido sus casas, dejándolas inhabitables y enterrando todos sus recuerdos, lo que gritan es ayuda, no estar solos, necesitan seres humanos ayudando a otros, algo que se está volviendo extrañamente extraordinario. Aunque algunos miremos con razón a la Administración y al uso de sus impuestos, tener manos y humanos cerca peleando altruistamente por sacar adelante nuestras vidas es un impulso motivante y una energía impagable.

Haciendo esta reflexión he pensado en dos metáforas que simbolizan mucho nuestro comportamiento en estas situaciones. Quizá dejarlo en las dos opciones de las imágenes es simplificar mucho las cosas pero ayuda.

Una es convertirse en una cerilla que incendia todo lo que toca, relaciones personales, relaciones laborales, redes sociales, con conversaciones, palabras, gestos y comentarios que prenden mechas que no sabemos cómo apagar aunque tampoco nos importa que todo se reduzca a cenizas.

Dos convertirse en una pieza de domino que elige ponerse en su sitio, ocupando el lugar necesario en cada momento, pensando en cómo se diseñó la figura y que espera que el efecto dominó sea un éxito de todos para lo que pone todo de su parte aún sabiendo que no fue solo su idea o su criterio.

Esta elección que parece fácil cuando la leemos no está tan clara cuando pensamos en nuestro comportamiento aunque sé seguro que al final lo que cuenta es a las personas a las que has ayudado y a las que has hecho mejores. Todo lo demás habrá que dejarlo aquí.

LA TRAMPA DEL RECONOCIMIENTO

La vida pública actual, impulsada por la necesidad de estar en redes sociales y medios, nos invita constantemente a buscar la validación externa entre likes y reels. Sin preguntarnos qué ocurre cuando construimos nuestro valor sobre las opiniones de otros y no tenemos nuestro propio propósito.

Sin pensar en cómo perdemos nuestro equilibrio interno y nos desconectamos de valores más profundos como la integridad, la empatía y el servicio a los demás sintiendo un vacío que llenamos con más necesidad.

Esta necesidad desesperada de atención que al conseguirla, nos hace creernos indestructibles, se multiplica entre la lucha por atención, por premios y polémicas aunque no solo deteriora nuestra credibilidad, sino que mina la confianza que otros depositan en nosotros. Al final, terminamos construyendo relaciones superficiales de aprovechamiento humano y realzando figuras que son a todas luces histriónicas e inútiles.

No advertimos que estamos colaborando también con nuestro comportamiento a que el verdadero peligro se manifieste, cuando el reconocimiento importa más que los principios, sacrificamos el bienestar colectivo y perdemos el propósito compartido.

La alternativa es clara, aunque menos popular. En lugar de buscar protagonismo, debemos redirigir nuestras energías hacia metas comunes y hacia el servicio a los demás. Cuando trabajamos en silencio para contribuir al bien de quienes nos rodean, no solo fortalecemos nuestra propia esencia, sino que cultivamos lazos sólidos basados en la confianza y la autenticidad.

El verdadero impacto no viene de ser vistos, reconocidos y recompensados personalmente sino de ser efectivos en mejorar la vida de los demás. Solo así encontraremos una satisfacción genuina y duradera sin empeñar tanta energía como gastamos. Como decía Stephen Covey, la verdadera grandeza nace del respeto a los principios y de nuestro compromiso con el crecimiento y la felicidad compartidos.

DECISIONES DE EMERGENCIA 

Al margen de que por supuesto el análisis y la propuesta en los casos de emergencia, deben hacerse con base en el criterio de profesionales expertos, la decisión final suele estar en manos de personas que, en muchos casos, nunca han afrontado nada parecido anteriormente. 

Saber cómo reaccionar en estas situaciones y cómo ser útil debería formar parte del curriculum escolar como así ocurre en muchos otros países. Tan útil como esto sería que los gobiernos se esforzasen en recabar datos, hoy al alcance de todos y que su análisis y evaluación formasen parte habitual de las políticas y decisiones y además fueran accesibles en tiempo real a todos los ciudadanos. 

Tomar decisiones bajo presión no es fácil, pero si nunca has estado en una situación similar es difícil hacerlo si no lo has entrenado antes. La neurociencia nos muestra que nuestro cerebro puede entrenarse para responder mejor en situaciones de emergencia a través de la práctica y el fortalecimiento de habilidades específicas. 

Algunas de las cosas que podemos hacer es practicar  la visualización, aunque hay quienes no creen que sea útil, si tenemos en cuenta que nuestro cerebro no distingue entre realidad y ficción y por eso sudamos y se nos acelera el corazón cuando pensamos en algo que nos asusta, no te cuesta nada probar, piensa en situaciones difíciles y visualízate tomando decisiones rápidas y seguras. Este ejercicio fortalece las redes neuronales relacionadas con la toma de decisiones y reduce el estrés cuando enfrentas el momento real.

Define tus prioridades y establece pasos a seguir para que sepas qué acometer en situaciones de emergencia, el cerebro tiende a bloquearse. Si has trabajado previamente en identificar tus prioridades, tendrás claridad sobre qué es lo más importante, lo cual facilita una respuesta más efectiva.

Desarrolla tu control emocional ya que el cerebro bajo presión tiende a actuar impulsivamente. Practicar técnicas de respiración y mindfulness con regularidad puede ayudarte a mantener la calma, permitiéndote pensar con claridad y decidir mejor en situaciones de alta tensión.

La clave está en practicar estas habilidades cuando todo está en calma. Al hacerlo, estarás creando un “músculo mental” que te permitirá reaccionar de forma rápida y eficaz cuando más lo necesites. 

La neurociencia nos enseña que cada paso cuenta, cada pequeña práctica fortalece la capacidad de decisión en momentos críticos.

¡Entrena hoy para los desafíos de mañana!

EMBARRADOS

Es una metáfora tan real y desgraciada como indignante de nuestros políticos que se ha hecho patente en Paiporta. Esa es la situación en la que la actual “alta política” lleva atorada los últimos años, basada en tirarse barro mutua e inútilmente en las Instituciones y fomentar el odio personal provocando situaciones como esta. 

Si ya quedó claro durante la pandemia que la responsabilidad  y las soluciones no eran su fuerte pero sí echar balones fuera con conflictos de competencias, esta DANA ha sido lo que ha puesto el foco en que vamos a peor. Tomándonos el pelo como siempre, sin evaluar nada, ni sacar conclusiones, enredados en procedimientos de distintas administraciones, distintos partidos, todo trufado de oportunismo y rancio bipartidismo. 

La imagen que nos hacen dar es la de un país salvaje, sin recursos, sin desarrollar, con gobiernos fallidos a los que en lugar de informar y advertir, solo se les ocurre suspender cosas contratadas, con el perjuicio para los contratados para que, en su incapacidad más flagrante, parezca que hacen algo o arrogarse recogidas de alimentos que ya están haciendo otros. 

Eso es a lo que llegan con nuestros impuestos en una emergencia. El verdadero ejército de solidaridad que emociona ver es el que cruza las pasarelas cargados con cubos y cepillos dejando patente la empatía ante la falta de la maquinaria pesada adecuada  y la organizada ayuda necesaria. 

Nadie puede legitimar la violencia a pesar de que la indignación, el hartazgo y la necesidad pueden hacer entender a los ojos de cualquiera que la desesperación y las rabia más absoluta, de haber perdido todo, haga perder también los nervios. Cualquier distopía sobre el fin del mundo parece hoy real al lado de personas que en pleno siglo XXI llevan cuatro días sin agua, comida o luz en una parte del país.

Por lo menos que aprendamos a ser exigentes con quienes nos gobiernan, a que nos informen como adultos, a que dividiendo la responsabilidad por partidos no hacemos nada y que esas visitas se hacen cuando toca o después de que lleguen los recursos o con botas de agua, pala en mano y pan y agua bajo el brazo. 

EL DOLOR DE LA IMPLACABLE NATURALEZA 

Mientras nos  creemos invencibles y nos da vergüenza mostrarnos vulnerables, la naturaleza refuerza nuestra propia fragilidad. Hoy, el dolor y la incertidumbre nos tocan a todos en España. 

Las recientes inundaciones causadas por la Daña que atraviesa nuestro país y la vida de muchas personas, nos ha dejado con el corazón roto. Las más de 72 vidas perdidas, familias enteras despojadas de sus hogares, recuerdos y seguridad en una noche aciaga.

Para cada persona que hoy sufre la ausencia de un ser querido, el peso de la incertidumbre o la desesperanza de verlo todo destruido, va nuestro pensamiento y reflexión hoy, nuestra empatía y solidaridad más sincera. 

Hoy nadie puede pensar en otra cosa más que en seguir estremecidos por las imágenes que repican en nuestra mente. Estas catástrofes naturales nos enfrentan a la fuerza implacable de la naturaleza y nos recuerdan lo vulnerables que somos ante su impredecibilidad. 

Las lluvias extremas y las inundaciones, cada vez más frecuentes y devastadoras, nos muestran cómo fenómenos que antes considerábamos aislados se vuelven comunes y más intensos. La naturaleza nos lanza una llamada de atención, obligándonos a reflexionar sobre nuestro futuro y el de las próximas generaciones. 

Hoy todos hemos llamado a amigos y familiares allí, estamos con ellos, estamos con quienes han perdido, con quienes buscan respuestas y apoyo en medio de la devastación. No están solos, como comunidad, como país, no solo debemos responder con ayuda, sino también con acciones que nos fortalezcan frente a un futuro incierto.

TUS DOS MINUTOS ATÓMICOS 

Hoy quiero reflexionar sobre un buen truco del libro “Hábitos Atómicos”, la “Regla de los Dos Minutos” . Esta consiste en comenzar con pequeños cambios para lograrlo. La idea es simple pero basada en nuestra neuroplasticidad,, cualquier hábito puede comenzar en tan solo dos minutos. 

El beneficio de empezar con algo pequeño está en reducir la resistencia neural, ya que las tareas simples y breves son menos intimidantes. Cuando asociamos una actividad a algo manejable, el cerebro genera una señal de recompensa que libera dopamina, nuestro “químico de la motivación”. 

Nuestro pequeño éxito refuerza el hábito, y nuestro cerebro comienza a buscar esa recompensa, incrementando la probabilidad de repetir la acción. Quieres: leer, comienza por leer una sola página. Salir a correr: ponte las zapatillas y sal a tu puerta. Al principio, se trata solo de “aparecer.”

Es un enfoque que nos recuerda que no necesitamos hacer todo de una vez para lograr grandes cosas. Cada pequeño paso cuenta y, con el tiempo, esos dos minutos se convertirán en cinco, luego en diez y, antes de que te des cuenta, el hábito estará integrado en tu vida. Así que hoy, comienza con dos minutos. Dale la oportunidad de crecer, y verás cómo el cambio se hace real.

Recuerda a Lao Tse :”Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.”

LAS ONDAS DEL ENTENDIMIENTO

Os dejo este cuento para comenzar la semana reflexionando sobre esas conversaciones difíciles que no abordamos.

Había una vez, en un pequeño pueblo a orillas de un río cristalino en las montañas de Japón, un sabio anciano llamado Haruto. Era conocido por su calma y su capacidad de escuchar a quienes lo buscaban, ya fueran jóvenes guerreros o ancianos comerciantes. Un día, dos hermanos, Akira y Daichi, llegaron hasta él con un dilema que los había distanciado.

Akira y Daichi trabajaban juntos cultivando arroz para la aldea, pero recientemente, Daichi había comenzado a llegar tarde y a cometer errores que afectaban la cosecha. Akira, molesto y frustrado, había decidido ignorar el comportamiento de su hermano, pensando que si no mencionaba el problema, desaparecería. Sin embargo, el silencio entre ellos creció como una sombra pesada, y ambos empezaron a sentir resentimiento y dolor.

Al verlos tan distantes, Haruto les pidió que lo acompañaran hasta el río. Allí, les mostró una pequeña piedra y la arrojó al agua, provocando ondas que se expandían en todas direcciones. “Un pequeño conflicto no abordado”, dijo el anciano, “es como esta piedra: crea ondas que tocan todo a su alrededor. Si no conversamos y resolvemos, esas ondas se vuelven olas que pueden separarnos”.

Inspirados por las palabras de Haruto, los hermanos se miraron a los ojos y decidieron hablar abiertamente. Daichi confesó que había estado preocupado por su salud y se sentía abrumado, mientras que Akira, al entenderlo, le ofreció su apoyo. Con esa conversación, la tensión se desvaneció y la relación entre ellos se fortaleció.

Desde aquel día, Akira y Daichi aprendieron que enfrentar los problemas a tiempo era como calmar el río antes de que las olas crecieran.

EL TESORO ESCONDIDO DE LAS BIBLIOTECAS 

Una casa sin libros es como un cuerpo sin alma decía Cicerón y no puedo estar más de acuerdo. Tener un lugar al aire libre en que disfrutar de tranquilidad para deleitarse con un libro me parece un placer inigualable.

Las bibliotecas son como cofres del tesoro, esperando a que descubramos las joyas que guardan en su interior. A mí me gusta en la mía, sacar libros al azar y leer capítulos sobre todo de clásicos de los que siempre aprendes. 

Cada libro es una llave, una entrada a un mundo nuevo, a un pensamiento que conecta otro y se convierten en un viaje que no requiere más que nuestra disposición para abrirlo y leer.

Ahora que la información parece pasar tan rápido como el viento, las bibliotecas me parecen el colmo de la rebeldía. Nos invitan a detenernos, a sumergirnos en las profundidades del conocimiento, el valor de la paciencia y de la magia en sus páginas. 

Estar en una biblioteca es como caminar por un bosque lleno de árboles de sabiduría, cada libro es una rama que nos ofrece un fruto distinto. Y cuando sabemos leer con intención, no solo recogemos esos frutos, sino que los saboreamos, aprendiendo de cada uno de ellos.

En una época donde todo parece instantáneo, reivindiquemos las bibliotecas en su Día, las que  nos recuerdan el valor de saber leer y entender lo que leemos. Quien sabe leer, siempre lleva consigo un mapa vital. 

Solo desearía que cada libro viniese con tiempo extra para leerlo. Heredé la necesidad de leer y de saber. Además cada vez que cojo un libro hago mi pequeño homenaje a mi abuela Arita quien con mis cuatro añitos, me enseñó a leer. Hazles tu propio homenaje y visita o comienza una. 

VIVIR EN SOLEDAD

Nuestra forma de vivir está contribuyendo silenciosamente a un deterioro de la salud mental, marcado por decisiones que nos aíslan. Un dato preocupante es que el sentimiento de soledad incrementa según un estudio de la prestigiosa revista Nature un 31% el riesgo de demencia. 

Por eso es irónico que persigamos la desconexión intencionada de los demás. Creemos que contar experiencias en soledad nos hace más interesantes o nos desgasta menos. Sin embargo, esta desconexión es parte fundamental de los trastornos que enfrentamos hoy.

Parece que la desconexión entre causa y consecuencia nos hace creer que todo es cuestión de genética, dejando la ilusión de que no podemos hacer nada para evitarlo.

Preferimos veleros privados a cruceros, deportivos biplaza a coches familiares, casas en alquiler en lugar de hoteles. Cada vez más, elegimos lo individual sobre lo compartido, y esta tendencia ha convertido a nuestro país en uno de los que más personas viven solas. La soledad deja secuelas físicas y mentales, y todo para evitar la convivencia con otros.

El ideal de compartir, como el cohousing para mayores o el coliving para jóvenes, parece generar más incomodidad que interés. En cambio, nos encaminamos hacia una sociedad donde preferimos la compañía de un ejército de robots, como en la película “Her”, para leer nuestros mensajes o simplemente escucharnos, programados para evitar cualquier discusión.

Es momento de preguntarnos: ¿Estamos realmente diseñados para vivir en soledad o nos estamos alejando de lo que nos hace humanos?

NO CONFUNDAS RESISTENCIA CON VALOR

Decía Nietzsche que “el mayor engaño es engañarse a uno mismo” y es que a veces, las personas más difíciles de convencer somos nosotros mismos. Nos encontramos atrapados en situaciones personales o laborales que nos hacen daño, pero en lugar de enfrentarlas, nos decimos que seguimos ahí porque “no rendirse” es lo correcto. 

Nos mentimos diciendo que debemos aguantar, que es una prueba de fortaleza. Sin embargo, lo que realmente estamos haciendo es prolongar nuestro sufrimiento y permanecer en una zona de confort que nos perjudica, sobre todo la salud y más tarde la autoestima. 

He visto y trabajado muchas veces en los demás cómo este autoengaño limita y aún así también me lo he intentado hacer más de una vez. Algo que en lugar de hacernos más fuertes, nos mantiene estancados. Es urgente salir  de esa trampa mental

Reconociendo que es una mentira que te estás contando y estás justificando. Pregúntate si es  realmente valentía lo que te mantiene en esa situación o es miedo a lo desconocido.Reconoce el verdadero coste de quedarte y cómo afecta esto a tu salud y a tu bienestar.

Imagina y visualiza lo que quieres lograr fuera de tu zona de confort. Encuentra tu  motivación para el cambio.Este cambio no ocurre de un día para otro. Empieza con acciones pequeñas y asequibles que te acerquen a una salida y rodéate de apoyo. 

Busca el consejo de personas que te impulsen a avanzar y te desafíen a crecer.No confundas resistencia con valor. A veces, la verdadera fuerza está en decir “basta” y dar un paso hacia lo desconocido. Eso es lo que te llevará al crecimiento y a una vida más plena.

¿HAS SUPERADO TU SESGO DE SIMILITUD? 

Es triste comprobar cómo alguien pierde oportunidades, no solo de promoción sino de crecer y liderar por querer estar siempre con personas que piensen y sean parecidas sin caer en la cuenta de que lo que nosotros pensamos ya lo sabemos.

Gestionar equipos diversos es uno de los mayores retos y oportunidades para cualquier líder. Es normal sentir inclinación a rodearnos de personas que piensan como nosotros, que comparten nuestras experiencias y enfoques. Este sesgo, aunque humano, puede limitar nuestro crecimiento y el de nuestros equipos en cuanto a género, cultura, ideas, perspectivas y estilos de trabajo.

Caer en el  confort de la similitud acorta la óptica y  nos encierra en una zona de conformidad, donde las soluciones tienden a ser previsibles y los desafíos a la innovación se reducen. Es renunciar a la creatividad, ideas frescas y la capacidad de anticipar problemas desde ángulos que no habríamos considerado.

Superar el sesgo de similitud no es sencillo, pero es esencial. Así que como líderes, debemos buscar ayuda y aprender a crear  un entorno donde se valoren todas las voces, fomentando una cultura en la organización donde las diferencias no solo sean aceptadas, sino celebradas. 

Nuestras organizaciones no pueden renunciar a esa fortaleza, una fuente inagotable de aprendizaje y adaptación. Nuestra capacidad para liderar más allá de nuestras preferencias personales define el impacto real que podemos tener en nuestros equipos y organizaciones. No te acomodes,¡aprende! 

PENSAR DE PIE

Algunos de los coachees a los que he acompañado durante estos años acudían por una necesidad meditada de mejorar su comunicación y hablar en público.

Cierto es que muchas personas pierden magníficas oportunidades que tendrían si rechazasen tener una actitud derrotista y no se rindiesen antes de tomar la determinación tenaz de entrenarlo hasta hacerlo automático.

Desde pequeños, muchos lastramos la vergüenza y el trauma de incidentes que nos parecían bochornosos a la hora de levantarnos y hablar para preguntar, contestar o salir a la pizarra o de aquellas veces que muchos nos hemos quedado en blanco al comenzar. Algunos incluso siguen teniendo pesadillas por ello.

Además de trabajarlo con Programación Neurolingüística, entrenamos con muchas situaciones cotidianas que no aprovechamos lo más mínimo. Seguramente porque preferimos seguir en nuestra cómoda situación hasta que la oportunidad pasa de largo y nos deja hablándonos con dureza y un poco más pequeñitos.

Hoy te propongo un entrenamiento fácil. Lee los tres post anteriores de esta semana y prepara una pequeña opinión sobre cada uno de ellos. Tienes que pensar de pie, algo que seguramente no haces muy a menudo y después seguir con un pequeño discurso en voz alta, improvisado, con tu opinión.

Espontáneamente cuando se refiere a hablar, para cualquiera que se dedique a la comunicación, significa haberlo preparado hasta que parezca eso, espontáneo.

Si empiezas a hacerlo, a pensar de pie y a reflexionar en voz alta sobre cuestiones que leas o escuches te estarás, sin apenas darte cuenta, preparando para cualquier emergencia comunicativa que se te plantee antes de que vuelvas a perder esa interesante oportunidad.