¿Un mal día?

 

anochecer

Comenzábamos el mes con la publicación en Journal of Neuroscience de un estudio  que concluye que “ el cerebro edita los recuerdos constantemente” reconstruyendo cada información como un puzle formado por experiencias antiguas y recientes.

Si algo quedaba claro es que «la memoria está diseñada para cambiar, no reproducir los hechos, con lo que cualquiera de nosotros no somos testigos fiables».

«La memoria tiene que estar al día puesto que nos ayuda a toma decisiones en un momento concreto» y esto hace que edite cada escena para que encaje en nuestro presente.

Estas claves me hacen pensar en cómo almacenamos nuestros días.

Cuando muchos vuelven a casa o se encuentran con alguien en su regreso, en muchas ocasiones se puede oir un resumen del tipo “He tenido un día aciago, me levanté esta mañana, perdí el tren, llegué tarde y he tenido que salir más tarde para concluir el trabajo, encima ayer se me perdió el móvil, así que mi semana está siendo horrible, es que tengo muy mala suerte”.

Esto que leído y condensado parece incluso absurdo es lo que muchos cuentan como los grandes hitos de un día que, comparado con las 24 horas que respiró, para empezar, se pueden valorar como pequeñeces.

De nosotros depende que estas trivialidades constituyan nuestro día a día y por extensión califiquen nuestra vida. Si creyesemos  cierto que es “en lo que nos concentramos, lo creamos” seguro no haríamos estas negativas narraciones vitales.

Si unimos estas dos cuestiones, memoria y narrativa, podemos concluir  la importancia del Principio de Construcionista del Diálogo Apreciativo  atribuido a David Cooperrider, que consiste en, el concepto de que a través de nuestras conversaciones construimos y creamos nuestra realidad; cuando  a través del significado que damos a las palabras continuamente reinventamos nuestro pasado, presente y futuro e influimos decididamente en nuestros miedos, esperanzas, en general, en nuestro potencial.

Esta teoría significa que podemos crear y cambiar nuestras situaciones en parte a través de las preguntas que nos hacemos y enmarcando de nuevo los hechos, narrándolos  con otra perspectiva que nos haga brillar, superarnos, verlo como haberes y no debes.

Recuerda por un momento,

  • ¿Cómo hablas de lo que recuerdas que te ocurrió?, ¿crees que puedes cambiar la narración, el lenguaje, los verbos,  para que forme parte de tu vida de otra manera que trabaje el aprendizaje y la motivación?
  • Si fueras el actor que está detrás de esa narración, ¿cómo te sentirías?
  • Con ese tipo de narración ¿Eres capaz de adelantar tu futuro?

Lo que tú mismo te cuentes o cómo lo hagas será lo que te impulse o te lastre, si sabes que científicamente, no te puedes fiar de tu memoria y que cambias los hechos a tu antojo para adecuarlos a tu estado interno del momento, ¿qué te va a hacer recordar esto para que escribas tu guión a tu gusto ?

 ¿Cómo vas a invertir tu historia para multiplicar las posibilidades de mañana?

Ponte a ello ¡Ya!

¡¡Muchas gracias!!

agradecer

Llevo años leyendo e investigando sobre la felicidad, índices, ingredientes, entrenamientos, informes, libros, videos… y de todos ellos he extraído una idea común e indispensable, que he puesto en práctica  “mostrar gratitud”.

 Podemos ser o estar agradecidos por lo que somos, por lo que tenemos, por las oportunidades que se nos presentan, por quienes nos rodean, por nuestro estado físico, psíquico, espiritual, por todo lo que nos ocurre en la vida, de lo que aprendemos, por lo que no, por lo que disfrutamos, por la familia, los amigos, los conocidos, los que nos inspiran, por las cosas sencillas y al mismo tiempo increíbles, respirar, movernos, ver, sentir, disfrutar, divertirnos… tenemos tantas cosas que agradecer y por las que sentirnos felices que hacer hincapié en lo que no nos gusta o en lo que no tenemos, no deja de ser un paradoja.

Desde hace tiempo creo firmemente en que la felicidad se entrena, al contrario que algunas personas que la esperan como inspiración y desesperan, la dividen en momentos dulces o la atribuyen a causas externas, yo sé que la felicidad necesita un entrenamiento diario para automatizar acciones nuevas y pensamientos positivos y que al tiempo, da sus frutos.

 Dentro de este ejercicio el agradecimiento forma parte de toda caja de herramientas para ser feliz y habiéndolo constatado en numerosos documentos me propuse hacer algo, en ese sentido, diferente.

Siempre he considerado que como dice una amiga mía que peina canas “educación y buenos modales, abren puertas principales” por lo tanto “gracias” y “por favor” forman parte de mi vocabulario habitual, pero no se trataba de eso, mi propósito consistía en hacer algo diferente que además incluyera salir de mi zona de confort.

 Llegó mi inspiración y me decidí a escribir una carta de agradecimiento a los seis miembros de mi familia, a los más cercanos, a los que forman parte de mi vida y que adoro.

 En  esa carta pensé en detallar todo lo que específicamente le agradezco a cada uno, que no deja de ser una parte de ellos que he incorporado en mi persona desde hace tiempo. Tras pensar detenidamente en cada uno de ellos, descubrí que me reconozco en todos y he aglutinado y trabajado  a lo largo de estos años las  habilidades y capacidades que en ellos admiro.

Agradecerles todo lo que he aprendido de ellos y me han aportado, ha significado una antes y una después en mi vida, no porque no se lo hubiese dicho antes en numerosas ocasiones sino porque el condensarlo todo en una carta personal produjo en mí, increíbles emociones.

 Confieso que no lloro casi nada, algo que en cualquier caso no me produce ni orgullo, ni preocupación, aunque reconozco que la impotencia antes las injusticias me sobrepasa ya sea real o figurada, pero lo que no recuerdo que me hubiese ocurrido nunca había sido llorar de alegría,  mal compañero de viaje el afán de control, pero con sólo pensar lo que asociaba  a  cada uno, una extraña sensación de alegría, acompañada de un montón de lágrimas brotaron de mi interior.

Decidí que el mejor regalo que les podía hacer el día de mi cumpleaños era entregarles la carta, y así lo hice, ayer, celebrando que pudimos estar todos juntos les entregué mi misiva, que curiosamente produjo en ellos el mismo efecto.

 Ahora puedo afirmar “ser agradecido, mostrar gratitud,  conduce a la felicidad”.

Os dejo algún dato más del Happiness Institute  que avala  que, sin duda, merece la pena serlo:

  • La personas agradecidas son más generosas con su ayuda a los demás, de media aportan un 20% más de tiempo y de dinero.
  • Las personas agradecidas tienen lazos más fuertes con sus comunidades.
  • Son un 13% menos proclives a las peleas y un 20% más susceptibles de concluir la  enseñanza básica.
  • Los adolescentes agradecidos son menos proclives a empezar a fumar
  • La gratitud se relaciona con la edad: por cada 10 años se incrementa en un 5%
  • Se tienen mejores relaciones con los otros y somos mejor aceptados.
  • Se tiene un 10% menos de estrés, se está en mejor forma física y la presión sanguínea es más baja en un 12%.
  • Paradójicamente el país que muestra más la gratitud es África

Y sobre todo lo más positivo que esta acción, mostrar gratitud, puede hacer por ti es darte 7 años más de vida.

¡¡¡ Muchas Gracias!!! Feliz «finde»!!!!