¿Cuentas cuentos?

cuentos

 

A veces no prestamos mucha atención  a cómo interiorizamos las experiencias que vivimos, las generalizaciones, comparaciones, distorsiones y eliminaciones que hacemos. Incluso pocas veces somos conscientes de dónde y cómo ponemos nuestro foco en los diferentes aspectos de los hechos que nos ocurren.

Vivir con el piloto automático en modo operativo tiene estas consecuencias, cuando vamos a recuperar muchas de estas experiencias en forma de historias no conseguimos que sea un relato evocador que nos impulse, sino que consigue arrastrarnos por el  inútil fango de la vergüenza, la pena, la culpa o la melancolía.

Que nuestra memoria  registra y guarda los hechos de forma que no se ciñe a la “realidad” de lo ocurrido o de lo vivido en ese momento, parece ser ya un denominador común de la comunidad científica pero si entendemos cómo las emociones que sentimos imprimen cambios en los recuerdos, podemos ser conscientes de la importancia que nuestras historias y cómo las contamos tendrá en nuestra vida.

La búsqueda de lo mejor de las personas y del mundo en el que llevamos a cabo nuestra existencia nos puede dar una pista de cómo podemos acercarnos a relatos que nos hagan seguir hacia delante perseverando o que por el contrario, sean el lastre que miramos con  desesperación a diario. De nosotros depende.

Si en lugar de desenvolver nuestra historia cotidiana en ambientes de crítica, negación y espirales negativas, si  en lugar de castigarnos a diario con las cuatro cosas de siempre que hemos magnificado hasta hacerlas señas de identidad que nos desaniman permanentemente, conseguimos articular historias de descubrimiento, logros, virtudes y fortalezas, con las que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos, de nuestra familia, de nuestra organización. Lo habremos logrado.

Y no sólo eso, además de conseguir este efecto interior, cuando hablemos con otras personas haremos el mismo resumen negativo, imprimiendo en los demás el mismo sentimiento, con lo cual a duras penas alguien se sentirá encantado de pertenecer a tu familia, de ser tu amigo o de trabajar en tu organización.

Piensa en la energía de la que puedes impregnar tu vida y las de los que están a tu alrededor si consigues que tu historia personal y la de tu organización sea potenciadora, brinda un núcleo positivo del que partir y moviliza cambios positivos  en todos.

El arte de apreciar lo que tienes es una estrategia reservada a quienes quieren ser felices, extrayendo lo mejor de nuestras vidas y experiencias  “Valorar lo mejor de lo que es”.

Muchas personas cuando les hablo de esto, piensan lo  primero que es mentirse,  pero acaso no es mentirse decir que has tenido un día aciago cuando lo único que se te estropeó fue el móvil o perdiste el tren.  Qué es lo que nos hace pensar que sólo lo negativo es digno de relevancia y lo únicamente cierto. ¿Nuestro hábito de compartir tristezas y no alegrías?

Hazte un favor y pregúntate esto acercar de ti, de tu organización o   de tu familia y construye una nueva historia que inspire. Demuéstrate que eres un ser extraordinario.

  • Piensa en un momento, en una experiencia, en tu  (casa, empresa) en la que te sintieses, vieses, comprometido y vivo. ¿qué hizo que la experiencia fuese increíble? ¿qué ocurrió?
  • ¿Qué valoras más en ti, en tu trabajo, en tu organización?
  • ¿Cuáles son vuestras mejores prácticas ?
  • ¿ Qué necesitas para creer en ti, en tu familia, en tu organización?

Empieza a escribir tu historia real. Déjate de cuentos.

Foto:elsemanario

 

¿Un mal día?

 

anochecer

Comenzábamos el mes con la publicación en Journal of Neuroscience de un estudio  que concluye que “ el cerebro edita los recuerdos constantemente” reconstruyendo cada información como un puzle formado por experiencias antiguas y recientes.

Si algo quedaba claro es que “la memoria está diseñada para cambiar, no reproducir los hechos, con lo que cualquiera de nosotros no somos testigos fiables”.

“La memoria tiene que estar al día puesto que nos ayuda a toma decisiones en un momento concreto” y esto hace que edite cada escena para que encaje en nuestro presente.

Estas claves me hacen pensar en cómo almacenamos nuestros días.

Cuando muchos vuelven a casa o se encuentran con alguien en su regreso, en muchas ocasiones se puede oir un resumen del tipo “He tenido un día aciago, me levanté esta mañana, perdí el tren, llegué tarde y he tenido que salir más tarde para concluir el trabajo, encima ayer se me perdió el móvil, así que mi semana está siendo horrible, es que tengo muy mala suerte”.

Esto que leído y condensado parece incluso absurdo es lo que muchos cuentan como los grandes hitos de un día que, comparado con las 24 horas que respiró, para empezar, se pueden valorar como pequeñeces.

De nosotros depende que estas trivialidades constituyan nuestro día a día y por extensión califiquen nuestra vida. Si creyesemos  cierto que es “en lo que nos concentramos, lo creamos” seguro no haríamos estas negativas narraciones vitales.

Si unimos estas dos cuestiones, memoria y narrativa, podemos concluir  la importancia del Principio de Construcionista del Diálogo Apreciativo  atribuido a David Cooperrider, que consiste en, el concepto de que a través de nuestras conversaciones construimos y creamos nuestra realidad; cuando  a través del significado que damos a las palabras continuamente reinventamos nuestro pasado, presente y futuro e influimos decididamente en nuestros miedos, esperanzas, en general, en nuestro potencial.

Esta teoría significa que podemos crear y cambiar nuestras situaciones en parte a través de las preguntas que nos hacemos y enmarcando de nuevo los hechos, narrándolos  con otra perspectiva que nos haga brillar, superarnos, verlo como haberes y no debes.

Recuerda por un momento,

  • ¿Cómo hablas de lo que recuerdas que te ocurrió?, ¿crees que puedes cambiar la narración, el lenguaje, los verbos,  para que forme parte de tu vida de otra manera que trabaje el aprendizaje y la motivación?
  • Si fueras el actor que está detrás de esa narración, ¿cómo te sentirías?
  • Con ese tipo de narración ¿Eres capaz de adelantar tu futuro?

Lo que tú mismo te cuentes o cómo lo hagas será lo que te impulse o te lastre, si sabes que científicamente, no te puedes fiar de tu memoria y que cambias los hechos a tu antojo para adecuarlos a tu estado interno del momento, ¿qué te va a hacer recordar esto para que escribas tu guión a tu gusto ?

 ¿Cómo vas a invertir tu historia para multiplicar las posibilidades de mañana?

Ponte a ello ¡Ya!

Nunca digas, nunca jamás

never

Esta cultura nuestra,en la que nos socializamos, si algo nos graba a fuego es  ver dificultades, carencias o defectos en todo aquello sobre lo que ponemos el foco de atención.

Nos acostumbramos a aplicar tan sólo nuestra experiencia y lo que pensamos, como si fuera un remedio para todo, a cualquier aflicción, sin darnos cuenta de que estamos mediatizados por lo poco que vemos, leemos, escribimos y por cómo lo contamos.Sólo hacer esto nos mantiene siempre dentro de los mismos límites y nos impide crecer, innovar, ir más allá

Si a cualquiera de nosotros, nos invitan a pensar tres minutos para definir los rasgos fundamentales de la cultura de nuestra empresa, organización o familia. Aunque tengamos más y mejores cosas que decir, no desaprovechamos el momento para dar unas grandes pinceladas de lo que, a nuestro entender, debemos corregir, en la mayoría, lo que no tenemos, será lo fundamental. No sólo eso, incluso  si tuviésemos que partir de algo para mejorar, sería de esa lista de faltas.

Parece como si algún tipo de maldición se pudiese cerner  sobre nosotros si descarnadamente afirmamos que coincide con nuestros valores, que comparte nuestra misión, que nos gusta. Al segundo siguiente añadiríamos coletillas como “de momento” o “hasta ahora”. Qué  nos ocurre cuando hay que  apreciar  lo que uno tiene…

Qué conseguimos añadiendo a todas las frases “siempre” cuando de lo que vamos a hablar es algo que queremos corregir o “nunca” cuando queremos que sea el hábito. Reflexiona sobre estas palabras, es cierto, que siempre o que nunca. Piensa, cuántas veces, muchas, pocas. Cuantifica, quizá sean sólo una o dos.Que posibilidad de cambio hay en  un comportamiento  que se lleva a cabo siempre, y  nunca…

Qué nos hace ver un” problema” en cada cuestión. Sobre todo el lenguaje. No ser consciente de que almacenamos las cosas con las palabras que nos dirigimos. Por lo tanto, sólo comenzar a detectar qué palabras son nuestras habituales será un paso decidido en la buena dirección.

Si nuestro lenguaje no  nos faculta para buscar más soluciones, para utilizar nuestra imaginación de la mejor manera y lo usamos para torturarnos y decirnos “no irás a pensar  bien  y si luego todo va mal” o “siempre sale mal”. Nos boicoteamos a nosotros mismos constantemente.

Si  al menos,  almacenas la experiencia  apreciando lo bueno,  durante el lapso de tiempo que resta hasta el evento, estarás bien, eso significará que lo podrás encarar mejor, que no habrás minado tu autoestima y tus nervios con todo tipo de elucubraciones.

Es cierto, que para nuestras entrenadas mentes es más fácil recurrir a agoreros pensamientos que a otros más útiles.  Pero no puedes hacer que tu sistema de alarma se mantenga en el nivel  DEF CON 1, no llegarás a diferenciar una simple eventualidad de una catástrofe. Utilizarás la misma energía en ambos casos y todo se convertirá en un “problema” que alertará tu sistema.

Te propongo que esta semana analices los efectos de “siempre” y “nunca” en tus frases. La mayoría de las veces hacen daño. Desterrémoslas.

Generalizar  es “siempre” un error. Entrenas y te atreves a no hacerlo.

¡¡¡Vilma, ábreme la puerta!!!

vilma

Adivino que, como yo, has empleado mucha de tu energía en el “cambio” de otros. Has insistido hasta la saciedad, primero por, lo que tú creías que eran, “las buenas” y  harto de no obtener  resultados, “por las malas”.

Dime que con algunos lo has intentado miles de veces…y no cambian. Les has dado oportunidades, se lo has dicho de todas formas… Estás tan cansado, que  todo lo que te propongan, ya lo has probado.

Has conseguido incluso, que la otra persona, con su sola presencia te soliviante. Es verle y dolerte el estómago, cambiarte el gesto, tensarse tu cuerpo. No quieres reconocer que te has rendido, que no le soportas y  no piensas dedicarle un minuto más.

Bienvenido al, por defecto, modo habitual de cambio.

Seguro, que si piensas en ti mismo, comprobarás  que la puerta del cambio, sólo  se abre desde dentro, con lo cual, por mucho que llamen y  empujen desde fuera, el esfuerzo será en balde. Algo tendrá que moverse dentro de ti para que lo hagas.

Quiere eso decir que el cambio no es posible. No. Sólo quiere decir que las personas no van a ser como nosotros queramos si no ven en ese cambio el cumplimiento de algún deseo, sueño u objetivo. Y que nosotros con nuestro empecinamiento, consejitos y reprimendas, no conseguiremos nada, a no ser, que nuestro discurso sea el idóneo.

Piensa por un momento en alguna ocasión en la que alguien te haya influido para cambiar. Quizá  te mostró una nueva opción, matiz, una nueva perspectiva, algún elemento que te amplió tu visión. Quizá te descubrió recursos  que existían, en los que no habías reparado o te resaltó habilidades que tú nunca hubieses visto. Quizá confió en ti para que hicieses cosas que tú no te hubieses atrevido solo.

Te invito a que hagas una lista de esas personas, mínimo tres, quienes más han influido en tu vida, en este sentido. Recuerda y apunta al lado, los momentos decisivos en que te ayudaron, qué te dijeron.
No continúes leyendo  hasta que no la hayas terminado.

Seguramente esa lista te haya recordado las claves a las que todos asociamos estos momentos, cuando nos sentimos invencibles, orgullosos de nosotros mismos, agradecidos.

Estas emociones que te embargan son las que producen los Potenciadores de Estados Positivos. Estos no parten de lo negativo, esto ya lo recuerda nuestra mente por defecto, como ayuda a la supervivencia. Son las palabras que alguien nos dedica reseñando lo mejor de nosotros.

Mi “yo ideal” parte de mis fortalezas  porque de otra manera, con todo perdido, no me importará quedarme en la casilla de salida, sin hacer nada, pensando en la futilidad de  ese esfuerzo.

Si tenéis cerca a alguien que creéis que necesita un  cambio, no luchéis contra él, cambiad de actitud, mostradle el camino  fácil.Comenzar a apreciar lo que hace bien por mínimo  que sea y habréis prendido, en él, la llama de la superación. También conseguiréis, si lo hacéis bien, estar en su lista.

Será un proceso que requerirá constancia y tendrá momentos de alarma, retroceso y vuelta a empezar, pero si alguien cree en ti, potencia tus fortalezas y te abre un gran abanico de posibilidades, seguro que tienes más posibilidades de no rendirte y quien empujaba la puerta, agradecido, reservará su energía.

Quieres estar en alguna lista?