¿Me perdonas?

sorry

Son las palabras mágicas para que lo que pudiendo ser la explosión de una olla a presión se convierta en levantar una simple tapadera. Casi todos tenemos claro lo que implica pedir perdón, y su utilidad, sin embargo o no lo hacemos o lo hacemos menos de lo que conviene.

Entre las muchas habilidades que se desgranan debe tener un líder de un equipo, de una formación o cualquiera de nosotros si queremos desarrollarnos personalmente la más importante es, ser capaz de pedir disculpas o perdón como prefiráis, además de la más útil, aunque reparamos poco en ello y le damos una mínima importancia.

Cuando admitimos que hemos errado en algo y nos disculpamos por ello producimos varios efectos que, a largo plazo, nos benefician con respecto a nuestras relaciones tanto en el trabajo como en casa.
Por un lado les demostramos que nos importan y por eso tenemos en cuenta lo que les hemos provocado, disculpándonos por ello, en segundo lugar reconocemos un error y eso aumenta considerablemente el ambiente de confianza en el equipo y además demostramos que estamos dispuestos a mejorar comenzando por admitirlo.

Lo que ocurre en muchas ocasiones, es que la emoción nos embarga y no nos deja ver más allá, los beneficios, y sí nos estanca en sentimientos de humillación, vergüenza y nos enreda en ese estúpido orgullo que nos complicará la vida.

Si no conseguimos hacer esto es prácticamente imposible que avancemos en nuestro desarrollo puesto que es una cuestión básica con efectos mágicos que nos pone en una situación de partida excepcional. Seguramente en casa, damos por hecho que se sobreentiende que lo lamentamos y no lo volveremos a hacer, aunque obviar las palabras, también acaba minando las relaciones familiares.

A veces partimos incluso del malentendido amor de una madre, que seguramente será la única que nos aguante todo y con la que menos nos disculpemos, siendo la que más merece nuestras constantes peticiones de perdón. Pero si esperas que esta estrategia te sirva ahí fuera, estás muy equivocado. Madre no hay más que una. ¿Qué te parece empezar el entrenamiento por ella?

No podemos cambiar lo que hemos hecho en el pasado pero sí podemos empezar cada minuto un nuevo futuro en el que las disculpas sean un modo de admitir que los demás y cómo se sienten nos importa.

Declarando que la interdependencia es una realidad para poder sobrevivir en las mejores condiciones y que necesitas a los demás te hará acreedor del favor de muchos que hasta ahora no podían contigo. La situación después de unas disculpas es totalmente diferente. ¡Pruébalo!

Eso sí, no te expliques, ni te justifiques, demuestra que te importa y sé lo más escueto posible. Un “perdóname” o “te pido disculpas” resolverá más que todas las excusas y razones del mundo.

No necesitas más.

¿Cuándo empiezas? 😉

“Perdón es una palabra que no es nada, pero que lleva dentro semillas de milagros”.

Alejandro Casona

2 comentarios en “¿Me perdonas?

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