Todo pasa por algo…

piedras

 

 

Después de muchos años todavía me pregunto que lleva a muchas personas a utilizar su energía, no para descubrir su potencial y mejorar su entorno, sino en destruir, criticar, atacar a otros, sus ideas o sus propias personas.

Es cierto que quien invierte en esto su tiempo produce varios efectos, primero muestra su propia debilidad, puesto que atacando cree que va a producir el mismo efecto que produciría en ellos. Además muestra sus armas al arrojar contra otros sus propias cuitas, decía Carl Jung que lo que no nos gusta de otros, en el fondo es algo que tenemos que revisar en nosotros, puesto que es algo que, en nosotros, no funciona. Y entre otros más, estas emociones negativas te hacen estancarte, volverte víctima, reactivo y no te dejan avanzar, ilusionarte y proponer. Vas pasos por detrás desde el principio, habiendo echado el ancla casi siempre en el pasado.

Sólo das información y aireas las miserias que puede haber detrás de ti, como detrás de cada ser humano que todavía no ha conocido la compasión, la empatía y otra forma de comunicarse que sea más asertiva y colaborativa. Manifiestas tus malos modos cuando el viento no te es favorable, lo que a la vez dice mucho de tu madurez.

Además pienso que los obstáculos que vamos encontrando en la vida, lejos de ser acontecimientos sólo, también son personas que nos enseñan sobre distintas cuestiones vitales. Bien podemos, con las piedras que lanzan, construir nuestros propios muros para elevarnos sobre ellos y ver más allá. No dejo de insistir en que cada uno de nosotros, lejos de ser tóxicos  por naturaleza, hemos, por nuestras experiencias, desarrollado distintas estrategias, que a veces no son las adecuadas para nosotros y nuestros objetivos, pero en cierto modo el hábito y la costumbre nos parece que no nos dejan más opción que el sufrimiento y la ira.

Quiero pediros que quien pueda, sea consciente y entienda que la mayoría de nosotros vive en su interior mil batallas de las que nada sabemos, aunque recibamos daños colaterales,  sea capaz  de ser paciente y empático, tanto, como para ir más allá de sus emociones negativas automáticas y salvándolas con una reflexión, ayude a que esas personas no repliquen su comportamiento allá donde van  y haciéndoles ver que a quien únicamente lastiman con ese proceder es a quien vivirá en su cuerpo para siempre, ellos mismos. Los demás, todo lo que harán será evitarles con cualquier excusa, pero quienes queramos ser diferentes seguiremos buscando esa fantástica persona que hay en su interior queriendo salir.

De acuerdo que es una gran gesta pero la satisfacción de saber controlarse uno mismo, poder pensar para elegir la respuesta y ver florecer a los demás, no tiene precio.No te rindas, si quieres ser distinto, no puedes actuar como los demás, no huyas, aprende y ayuda a aprender.

¡Todo y todos pasan por nuestra vida, por algo! 😉

“Destruye el muro entre el éxito y tú “

muro

 

Una de las cuestiones por las que perdemos más oportunidades de tener éxito en nuestra aventura vital es el miedo al rechazo.

 Todas esas conversaciones que mantenemos con nosotros mismos en nuestro interior, en  las que nos preguntamos y respondemos con malos augurios e insolentes pláticas. Ésas, son las que nos hacen no tener los suficientes arrestos para conseguir aquello que queremos y construyen  un muro alrededor de nosotros.

 Cuestiones como pedir un ascenso, aumento de sueldo, más responsabilidad, conseguir feedback, vender nuestros productos, tener más clientes, más amigos, mejores relaciones,  incluso conseguir que la pareja soñada nos preste atención, se hacen imposibles porque, principalmente, la persecución de estos objetivos se circunscribe sólo y exclusivamente  a nuestra mente y es sólo ahí donde  tiene lugar.

 En nuestra mente es donde imaginamos, cual quijotes, que nuestras peticiones se convierten en grandes gigantes que nos miran amenazantes con la intención de amedrentarnos y en nuestro caso consiguen, que con la “certeza” de no poder lograrlo sigamos nuestra anodina existencia acomodándonos a lo que “nos viene dado”, con el consiguiente castigo mental.

Si repasamos muchas de las historias de éxito y resiliencia  de grandes héroes cotidianos, uno de sus consejos principales es acostumbrarse a que no puedes gustar a todo el mundo,  a que las personas rechazan tu petición o tu producto por muchas otras cuestiones que no tienen que ver contigo y perseverar, hacerte fuerte y no rendirte, es el músculo que más te interesa fortalecer.

Si tú piensas por ejemplo en la última persona a la que le dijiste que no, seguramente comprobarás que apenas la conocías, que ni siquiera la escuchaste, seguro que para no tener que plantearte su propuesta o que una vez que te trasladó la oferta,  no te interesó por diferentes opciones tanto emocionales, no estabas de humor o dispuesto para esas cuestiones en ese momento, como prosaicas, no tenías dinero.

En primer lugar tendrás que trazar un plan para hacer que esas conversaciones pendientes tengan lugar fuera de ti, con la persona o personas que te interesen, dejando bien claro lo que quieres transmitir y asegurándote que la persona a quien te diriges, ha entendido lo que querías exponer.

A partir de ahí, habiendo puesto todo tu empeño, tu cuota de control sobre la respuesta disminuirá y entonces tendrás que estar preparado para cualquier respuesta, positiva o negativa o simplemente otra que no has contemplado. 

Si no eres capaz de ser resiliente y de transformar esas negativas en aprendizajes y deslindarlas de tu propia persona acabarás admitiendo que todas ellas son una colección que te recuerda tus propios fracasos y empezarás a minar tu autoestima cuestionándote a ti mismo.

 Puedo contar mi propia experiencia, cuando fruto de un aprendizaje sobre el trabajo de los voluntarios en las campañas electorales norteamericanas que iban a casa de los posibles votantes para pedirles el voto y explicarles sus propuestas, nosotros  decidimos hacerlo en nuestro municipio.

 Lo que empezó siendo una tortura mental por el miedo a que ni siquiera nos abriesen la puerta, se convirtió en un genial aprendizaje que me hizo perder el miedo al rechazo y empeñarme en lo que quiero. Siempre he pensado que el ejemplo era mi mejor aliado así que era mi responsabilidad comandar la expedición.

 Hubo quien no nos abrió la puerta, quien nos abrió y no nos atendió, quien sí lo hizo muy amablemente, que fue la gran mayoría, quien nos trasladó sus negativas opiniones sobre los políticos, quien nos culpó de todos los males de la Humanidad, pero aún así, conseguimos visitar casi 5000 hogares.

Si en el primer momento que me hubiesen dicho que no, lo hubiese dejado, me hubiese rendido, habría empezado a cuestionarme a mí misma. No hacerlo me ha permitido tener esa perspectiva ganadora que valora la perseverancia porque a lo mejor no era el momento, no estaban de humor, no tenían tiempo para eso, asumimos mensajes que no eran para nosotros, era una forma de mostrar su disconformidad con la política. Miles de cuestiones que no tenían nada que ver con lo que soy.

A partir de entonces para mí sólo cuenta no rendirme. soy consciente de que cualquier paso atrás es construir mi muro. Ahora sé que el fracaso sólo está en la mente de quien no hace nada y permanece en la mente del que tampoco aprende nada de él.

“Usa altavoz”

altavoz

 

 

Aunque el lunes es un día en el que apetece hablar más de lo entretenidos que hemos pasado el fin de semana que de reuniones y estrategias para afrontarlas, sí que sé que es el mejor día para que os hable de ésta y así os pueda ser de utilidad practicarla.

Una de las cuestiones que más me impactó, de mi primer encuentro con el alemán,  fue la posición de los verbos conjugados en las frases, había que esperar al final o casi de la misma para saber qué hacía el sujeto. Eso que en principio me parecía una complicación, acabó teniendo una parte positiva para mí, para el desarrollo de las conversaciones. La necesidad de escuchar toda la frase, evitaba que fueses interrumpido en los preliminares de tu intervención.

En castellano, sin embargo es casi lo primero que decimos, de esta forma intervenir para modificar, agregar, suponer, lo que otros van a decir o hacer, es una debilidad que, a veces, hace imposibles nuestras reuniones.

Ya sean en los “Consejos de Administración Familiares” o en las reuniones de trabajo, no dejar que las personas hablen con tranquilidad, exponiendo sus argumentos y relacionando temas, es algo bastante cotidiano.

Impide que escuchemos lo que quiere transmitirnos la persona y por lo tanto, evita enriquecer nuestras ideas, además muestra poco respeto por nuestro interlocutor y sus reflexiones. Puede que además coarte la iniciativa de personas para proponer, o que las indisponga frente a nuestra posición por defecto de forma. Tiene tantas implicaciones negativas que verdaderamente hacer un esfuerzo para que esto no ocurra, puede ser definitivo en nuestras estrategias para optimizar el tiempo y el talento.

Lo que hoy os propongo es acordar un “Objeto-altavoz” para cada reunión. Puede ser cualquier cosa que tengamos e identifiquemos como tal, un bolígrafo, un objeto  decorativo, etc. Puede ser siempre el mismo o cambiar si conviene por logística. Este objeto va a tener un poder vinculado a su posesión y es la escucha de todos los demás sin interrupciones. Representa el derecho a expresarse con libertad,eso sí, respetando también el tiempo de los demás. Las instrucciones de uso podéis establecerlas antes, si es necesario que todos intervengan o no, si se puede hablar o pasar, si se puede coger aleatoriamente o si se requiere alguna otra acotación previa.

Esta estrategia permite, ser conscientes al ver el objeto de que escuchar con atención evitará muchos malentendidos, entrenará la paciencia del equipo, el respeto y  la empatía con quien está hablando. Hará que todo el mundo pueda tener su espacio para expresarse, sin miedo a ser interrumpido con opiniones y apostillas  y concentrará la atención de todos en la reunión.

Seguro que si estáis concentrados y conscientes, la reunión durará mucho menos y la productividad será mucho mayor.

Prueba, ¿qué te cuesta?, y si sale bien 😉

“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.” William George Ward

 

¿Qué das por hecho?

ordenes

 

 

Una de las cuestiones que más inversión de tiempo y de dinero conllevan en muchas de nuestras empresas es “dar por hecho” cosas.

Damos por hecho que todo el mundo conoce y comprende la misión y la visión de la empresa, lo que significa cada palabra, lo que conlleva y lo tiene presente.

Damos por hecho que las personas han entendido los objetivos y comprenden en qué consisten y  qué  se espera de ellos.

 Damos por hecho que, con escasa indicaciones, las personas harán el trabajo conforme a nuestras expectativas, que saben cómo hacerlo.

 Damos por hecho que tienen los conocimientos y las habilidades que se esperan para desempeñarlo.

 Damos por hecho tantas cosas que todavía usamos las viejas frases de “hazlo como siempre”, “esto ya sabes cómo hacerlo”, “sabes lo que esperamos de ti”  y  todavía creemos que tendrá inmediata respuesta afirmativa, sin que incluso el interlocutor se atreva a preguntar qué o cómo por no estar a la altura.

 La cuestión es cómo nos comportamos ante una orden que nos está clara o que no tiene suficiente detalle como para que se lleve a cabo cumpliendo lo esperado.

 La confusión tiene dos direcciones y comportamientos paradógicos : una, al que ordena le resulta más fácil e invierte menos tiempo al principio y el que recibe la instrucción por miedo o vergüenza no es capaz de preguntar para asegurase de que ha entendido lo que le piden o resolver alguna duda que tenga, por lo tanto lo hace como él cree. Esto se multiplica en estrés cuando el empleado en novel.

 Este proceso lleva a un sinfín de acciones negativas empezando por el feedback cuando se entrega, o no está bien confeccionado, o no en el plazo que se quería o no como tú querías. Entonces comienza un proceso en que las dos personas entran  en un bucle en el que piensan mal el uno del otro, culpándose mutuamente de lo que consideran un fracaso sin autoría propia. Eso enturbia el trabajo, la relación y consigue incrementar la rotación en ese departamento o con ese manager.

Si deseas que esto no ocurra así puedes establecer un procedimiento que comience por clarificar qué, cómo, cuándo y dónde debe estar efectuado el trabajo con el detenimiento necesario.

En primer lugar puedes conseguir que la persona que trabaja contigo sea capaz de dibujar mentalmente lo que necesita ser hecho, con todo tipo de detalles. Explicándole qué es lo que hace ese trabajo importante para la compañía. Puedes preguntarle si tiene alguna cuestión acerca de ello y escuchar con atención, esto te dará muchas pistas de los obstáculos que ve de entrada y podrás ayudarle. Si es una persona que lleva tiempo en la empresa puedes pedirle su punto de vista y sugerencias.

En segundo lugar, puedes comprobar qué ha entendido la persona, hazle un resumen de todo lo que le has transmitido y pídele el suyo propio  para chequear su grado de comprensión, cada persona según nuestras experiencias pasadas ponemos el foco en algo diferente que puede no ser coincidente.

 Y finalmente proporciona feedback con regularidad y no sólo negativo, sobre todo cuando se llega nuevo a un sitio o se desempeña una tarea nueva, que se encuentre apoyo en los jefes y los compañeros es algo muy agradecido e  inolvidable. No pienses en, si a ti te lo hicieron o no. Sé su entrenador, alguien proactivo y hazlo sin más.

Todo este proceso puede durar ¿cuánto?,¿diez minutos?

¿Configuras tu semáforo?

semaforo

 

Imagina que un semáforo dirigiese tu vida. Como en el elemento de circulación, las órdenes por las que te puedes regir son rojo, ámbar y verde. Como para circular, rojo significa detenerse, ámbar precaución o detenerse  y verde avanzar.

 Si ya te has situado en este elemento y detenido a pensar su funcionamiento, seguro que ya has reparado en que existe o debe existir un centro en cada ciudad en el que se regula y configura  la duración de cada luz del  semáforo en función del tráfico que hay en cada intersección.

Ahora ponte en la situación que en que tú mismo regulas el semáforo de tu vida. Puedes pensar por un minuto, ¿ en qué posición pasa la  mayor parte del tiempo tu mente?

Puedes ser de las personas cuya amígdala refiere un cerebro  que responde a una alerta continua, es decir, vives en modo supervivencia, con ese mecanismo de  la antigüedad, tiempo en que este tipo de cerebro era necesario para mantenerse vivo con las constantes amenazas de la propia la naturaleza. Tu mente continúa en este modo, de manera que se alarma por cualquier suceso que entiende es una amenaza y por ende te considera en peligro. Poniendo en marcha  cortisol, la hormona del estrés y  el sistema parasimpático,  haciéndote sentirte mal  y produciéndote una reacción excesiva  independientemente de la importancia del hecho. De debates entre un constante amarillo y un intermitente rojo. Imagina, ¿qué puede producir esto en tu cuerpo y mente?

Puede que tu amígdala te alerte igualmente de estos peligros pero tú estés alerta y no te produzca esta reacción. Es decir circules entre verde y ámbar.

Y puede que no sólo la hayas acostumbrado a vivir en alerta roja o amarilla sino que hayas conseguido a través de tu entrenamiento consciente pasar al verde y vivir tranquila, con algún amarillo que reflexionas con tu recursos y experiencias para volver al verde.

Hay quienes esperando un milagro, sólo quieren utilizar esta estrategia en los momentos en que ya han sido invadidos por el estrés, y claramente,  no funciona. Cambiar tus hábitos de pensamiento no lleva unas pocas semanas. Imagina todo el tiempo que has empleado en configurar el semáforo con el que “circulas” hasta ahora.

La buena noticia es que no tienes por qué seguir utilizando esas pautas que te mantienen a la defensiva, en guardia, alerta, estresado, que te consume ingente energía y te deja exhausto.

Dos cuestiones que la neurociencia ha puesto a tu disposición, tras conocer la plasticidad del cerebro sano hasta que mueres son la meditación, que entre otra cuestiones te ralentiza el diálogo interior, te “desenchufa” y te enfoca y el entrenamiento del pensamiento para no pasar por alto las experiencias placenteras y positivas, rememorándolas conscientemente a lo largo del día.

De ti depende ¿configuras tu semáforo?, ¿o piensas que seguir en rojo es inocuo?

Armarse de paciencia

paciencia

 

Las dos armas más poderosas son la paciencia y el tiempo” no sé si Tolstoi tenía toda la razón o parte, pero hay veces que haberla trabajado tiene sus réditos, uno no se rinde fácilmente.

Para cualquiera de nosotros vociferar, culpar a alguien, enfadarse con el sistema, con quien te atiende o incluso con algún objeto cercano o instrumental, cuando algo no va como queremos, es una de las primeras reacciones. Además de fastidiarse el resto del día

Seguramente habrás visto a algún deportista ensañarse con su raqueta, con su balón o con su útil de trabajo. A los demás con el teléfono, el ordenador, el ascensor o cualquier cosa que no trabaje a la velocidad de nuestras expectativas.

A lo mejor has cambiado de película en el cine o visitar algo, o  has dejado de adquirir aquello que querías simplemente porque había que esperar cola y no te era grato perder su tiempo allí.  Seguramente en algunos casos lo que ibas a adquirir tampoco era tan interesante o tan necesario pero… te diste cuenta de cómo la ira se apoderaba de usted durante la espera.

Yo he tenido mi  último entrenamiento esta mañana, tratando de enviar una solicitud telemática  a la Administración, he hablado por teléfono, he chateado en numerosas ocasiones y no he conseguido mi objetivo… de momento, registrar mi solicitud. La incidencia ha quedado registrada pero yo también he podido registrar mis emociones y pensamientos a lo largo del proceso y gestionarlas sin alterarme y sin culpar a nadie más que a mí del asunto.

Aunque lo podía considerar una pérdida de tiempo, a lo largo del proceso he aprendido algunas comprobaciones que ignoraba y he trabajado cómo mantener  mi paz interior y saber desconectar de esto para pasar a otro asunto.

Querer las cosas y tenerlas ya, es algo a lo que nos hemos acostumbrado a la velocidad del rayo, uno de los múltiples eslóganes “on line” que podemos  leer “ Cómpralo por la mañana y estrénalo por la tarde”.

Vivimos tan rápido que consumimos a la misma velocidad, apenas nos deleitamos con la cantidad de cosas magníficas que nos pasan a diario, no les damos apenas importancia y no sólo eso sino que cualquier atasco en nuestro camino, hace que nuestro día sea calificado como aciago. Da igual si es de la impresora, de tráfico, la tardanza de un compañero, alguien que no nos coge el teléfono cuando llamamos, todo nos pone de los pelos.

Si trabajas tu interior te darás cuenta de que esto te ocurre cada vez con menos asiduidad y tu paz interior aumenta si no es hora de que te pongas en marcha y ejercites tu paciencia.

Mantener la constancia a pesar de la dificultad, la oposición o la adversidad no sólo te  satisfará personalmente al haber vencido a tu “yo inmediato” sino que formará parte seguro de tu éxito.

Aquí te dejo unos curiosos e interesantes ejercicios :  http://es.wikihow.com/desarrollar-la-paciencia

Oooooohmmm!!! 😉

Foto:wikihow

¿Quieres ganar la partida?

ajedrez

 

LA PARTIDA DE AJEDREZ 

 Al sultán le gustaba mucho jugar al ajedrez con Delkak, pero cada vez que este último le daba jaque mate, sentía una violenta cólera. 

 “¡Así seas condenado!” le gritaba. 

 Tomaba las piezas del tablero y se las lanzaba a la cabeza. 

 “¡Toma! ¡Ahí tienes al rey!” decía. 

 Delkak, con mucha paciencia, esperaba el socorro de Dios. Un día, el sultán le ordenó que jugara una partida y Delkak se puso a temblar como si se encontrase desnudo sobre el hielo. El sultán perdió de nuevo. Cuando llegó el momento fatal, Delkak se refugió en un rincón de la habitación y se ocultó detrás de seis capas de edredones para protegerse del lanzamiento de las piezas. 

 “¿Qué haces?” le preguntó el sultán. 

 Desde debajo de los edredones, Delkak le respondió: 

 “¡Dos veces condenado seas! Cuando tu cólera se desborda, nadie se atreve a decir la verdad. Eres tú quien ha perdido la partida, pero, en realidad soy yo el que sufre el jaque mate por tus golpes y me veo obligado a protegerme bajo los 

edredones para decirte:  ¡Condenado seas!” 

Si te sientes reflejado en este cuento sufí y utilizas la ira para defenderte y conseguir tus propósitos sin darte cuenta de que en realidad sólo te estás provocando sufrimiento a ti mismo. No te des por vencido, este hábito de dejarte llevar por ella, lo puedes modificar.

 

Muchos problemas físicos y cuestiones como alergias y dolores son muchas veces la manifestación de no liberar estas emociones negativas que nos provoca nuestra mente.

También la ira es muchas veces manifestación  de miedo, a cambiar, a madurar, a envejecer, y nos dejamos llevar por esta energía negativa sin darnos siquiera cuenta del tiempo  tan precioso que con ello perdemos y el estado interno en el que nos quedamos después.

Tanto cuando la expresamos y  exteriorizamos como cuando la ocultamos y reprimimos la ira crece y crece y se fortalece, se convierte en un hábito, en una respuesta automática.  Se manifiesta en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

El pensamiento budista nos invita a abrazar este dolor, este miedo de manera que seamos conscientes de que es éste y no otras cuestiones externas, la semilla de nuestra ira.

Reconocerlo es un paso que nos lleva a la disposición de no herirnos inútilmente ni a nosotros ni a los demás, de poder pedir perdón sin que ello nos cueste, sabiendo que somos nosotros mismos los que padeceremos si no lo hacemos.

El budismo ofrece la práctica de los Cinco Recordatorios que  invito a probar.

  1. Mi naturaleza es la de envejecer. No puedo huir de la vejez.
  2. Mi naturaleza es la de enfermar. No puedo huir de la enfermedad.
  3. Mi naturaleza es la de morir. No puedo huir de la muerte.
  4. La naturaleza de todas las cosas y personas es la del cambio. No hay manera de evitar separarme de ellas. Nada puedo conservar. Vine al mundo con las manos vacías y lo abandonaré del mismo modo.
  5. Mis acciones son las únicas y verdaderas pertenencias que tengo. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son el suelo en el que me apoyo

 

Esta práctica  acompañada  de una respiración profunda consciente te ayuda a cuidar tu ira. Inspirando eres consciente de todo tu cuerpo al igual que expirando.

Reconcíliate contigo mismo y tus miedos para poder ser feliz.

En lugar de “tranquilízate”, tu mantra es “Respira consciente”.

¡Buen fin de semana! 😉

 

¡¡Seguro que vences ganes o pierdas tu partida!! 😉

“¡Desactívate!”

desactivar

 

Cuando sentimos que la ira nos invade,  para la mayoría de nosotros es tarde para dar marcha atrás, parar ese ataque, analizar los riesgos, minimizar los daños y solos, calmarnos.

Cierto es que a diario no hacemos más que consumir ira, desde que nos levantamos, gracias a los distintos medios de comunicación podemos  hacerlo solos, desde primera hora de la mañana, con una avalancha de noticias que no mantendrán  precisamente nuestra paz interior.

Pero ya no sólo son los telediarios con su concentración de desgracias por segundo, y su fácil relación causa efecto para encontrar el blanco de nuestras iras. Desde hace ya un tiempo esto se ha trasladado a todos los ámbitos, cualquier programa o conversación que se precie en audiencia, al margen del contenido, fútbol, política o relaciones humanas, mantiene a sus espectadores a base de gritos, acusaciones, insultos y demás combustible altamente inflamable.

Defiendo con ahínco la libertad de todos para leer, ver y escuchar  lo que cada uno decida  a su antojo, aunque  antes  realmente creía que esto no afectaba gran cosa a la persona, ahora ya sé que sí. Dudo, no sé si es uno antes así y se ve reflejado en ellos con lo cual el mal de muchos hace el consuelo o es al contrario y es consumir eso sin rebozo lo que nos hace acabarnos mimetizando. Lo que sí tengo claro es que esa retroalimentación no es gratis, ni inocua y menos para quienes la protagonizan, quedando más que patentes los estragos.

Cualquiera de nosotros ha podido comprobar como estando de buen humor y positivo tras una conversación con alguien, nuestro  humor y nuestro interior han tornado hacia un malestar continuo que acabó seguramente en bronca.

Y es que no es cuestión baladí, consumir ira, por cualquiera de los cinco sentidos, es cierto que genera más, que más tarde o más temprano expresarás.

Por eso ser conscientes de lo que esta actividad nos proporciona es fundamental para protegernos de la agresión que el enfado supone contra nosotros mismos y  conseguir mantenernos al margen.

Muchos de nosotros nos miramos en los espejos o en el reflejo de los cristales para ver cosas de nuestra  imagen, nuestro pelo, lo que vestimos, nuestra cara,  sin apenas reparar en nuestro gesto. Sé consciente, cuando la ira nos posee los músculos faciales se tensan, los ojos se inyectan en sangre y parece que fuésemos a  estallar.

Estoy segura de que si nos viésemos en ese momento, para lo que puedes utilizar un espejito o cualquier lugar donde te reflejes y fuésemos conscientes de ese horrible gesto, seríamos capaces de respirar las veces necesarias  -inspirando  en cuatro segundos, manteniendo la respiración dos y exhalando en cinco- para volver a nuestro estado ideal, nuestra paz interior.

Las manifestaciones de la ira o cólera son : mal genio, fastidio, furia, resentimiento, indignación, irritabilidad, violencia, odio, hostilidad, animadversión e  impaciencia.

¡¡DESACTIVATE!!

¿Cuentas cuentos?

cuentos

 

A veces no prestamos mucha atención  a cómo interiorizamos las experiencias que vivimos, las generalizaciones, comparaciones, distorsiones y eliminaciones que hacemos. Incluso pocas veces somos conscientes de dónde y cómo ponemos nuestro foco en los diferentes aspectos de los hechos que nos ocurren.

Vivir con el piloto automático en modo operativo tiene estas consecuencias, cuando vamos a recuperar muchas de estas experiencias en forma de historias no conseguimos que sea un relato evocador que nos impulse, sino que consigue arrastrarnos por el  inútil fango de la vergüenza, la pena, la culpa o la melancolía.

Que nuestra memoria  registra y guarda los hechos de forma que no se ciñe a la “realidad” de lo ocurrido o de lo vivido en ese momento, parece ser ya un denominador común de la comunidad científica pero si entendemos cómo las emociones que sentimos imprimen cambios en los recuerdos, podemos ser conscientes de la importancia que nuestras historias y cómo las contamos tendrá en nuestra vida.

La búsqueda de lo mejor de las personas y del mundo en el que llevamos a cabo nuestra existencia nos puede dar una pista de cómo podemos acercarnos a relatos que nos hagan seguir hacia delante perseverando o que por el contrario, sean el lastre que miramos con  desesperación a diario. De nosotros depende.

Si en lugar de desenvolver nuestra historia cotidiana en ambientes de crítica, negación y espirales negativas, si  en lugar de castigarnos a diario con las cuatro cosas de siempre que hemos magnificado hasta hacerlas señas de identidad que nos desaniman permanentemente, conseguimos articular historias de descubrimiento, logros, virtudes y fortalezas, con las que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos, de nuestra familia, de nuestra organización. Lo habremos logrado.

Y no sólo eso, además de conseguir este efecto interior, cuando hablemos con otras personas haremos el mismo resumen negativo, imprimiendo en los demás el mismo sentimiento, con lo cual a duras penas alguien se sentirá encantado de pertenecer a tu familia, de ser tu amigo o de trabajar en tu organización.

Piensa en la energía de la que puedes impregnar tu vida y las de los que están a tu alrededor si consigues que tu historia personal y la de tu organización sea potenciadora, brinda un núcleo positivo del que partir y moviliza cambios positivos  en todos.

El arte de apreciar lo que tienes es una estrategia reservada a quienes quieren ser felices, extrayendo lo mejor de nuestras vidas y experiencias  “Valorar lo mejor de lo que es”.

Muchas personas cuando les hablo de esto, piensan lo  primero que es mentirse,  pero acaso no es mentirse decir que has tenido un día aciago cuando lo único que se te estropeó fue el móvil o perdiste el tren.  Qué es lo que nos hace pensar que sólo lo negativo es digno de relevancia y lo únicamente cierto. ¿Nuestro hábito de compartir tristezas y no alegrías?

Hazte un favor y pregúntate esto acercar de ti, de tu organización o   de tu familia y construye una nueva historia que inspire. Demuéstrate que eres un ser extraordinario.

  • Piensa en un momento, en una experiencia, en tu  (casa, empresa) en la que te sintieses, vieses, comprometido y vivo. ¿qué hizo que la experiencia fuese increíble? ¿qué ocurrió?
  • ¿Qué valoras más en ti, en tu trabajo, en tu organización?
  • ¿Cuáles son vuestras mejores prácticas ?
  • ¿ Qué necesitas para creer en ti, en tu familia, en tu organización?

Empieza a escribir tu historia real. Déjate de cuentos.

Foto:elsemanario

 

¿De qué eres aprendiz?

aprender

 

“No es cierto que hayamos entrado en la era del conocimiento. Hemos entrado en la era del aprendizaje. Si no aprendemos continuamente quedaremos marginados”

José Antonio Marina

Entre los valores a los que doy más importancia en mi vida, el aprendizaje es uno de ellos, el tiempo y la experiencia me han hecho reflexionar mucho sobre este concepto y reconstruir  y repensar varias veces mi relación con él.

Mi interacción temprana con las nuevas tecnologías me ha hecho tener con el aprendizaje una relación con dos perspectivas una la  facilidad de acceso a todo tipo de formación e información, en muy poco tiempo y la constancia de la gran cantidad de recursos, algunos de gran calidad a mi disposición, que han generado en mí, tanto entusiasmo como una cierta ansiedad por lo inabarcable de la cuestión.

La segunda perspectiva que me ha mostrado la tecnología es la importancia de saber admitir y decir “no lo sé” para poder partir de esa base cuanto antes y empezar a construir. Esta enseñanza que comenzó tras buscar el botón de inicio, hace casi treinta años de distintos dispositivos,  puso en marcha el mecanismo que ha hecho que siempre sienta esa necesidad de aprender, preguntar sin miedo, ni vergüenza por muy estúpida o básica que pareciese la pregunta.

Quienes no admiten esta posibilidad y se estancan en un conocimiento basado en unos pocos años y repetido a la enésima potencia, nunca entenderán que con las mismas herramientas y modos de proceder, siempre acabará produciendo resultados similares.

Además todo y todos serán motivos para sentirse atacados por el  miedo y la inseguridad, cuando oigan la palabra reinventarse o vean o escuchen a otros, acercarse con curiosidad y ganas a trabajos y tareas que pueden ser concomitantes con los suyos. Estas dudas y esos miedos no les dejarán en paz.

Reconocer que no se sabe, forma parte de la persona que quiere aprender  y no implica, como algunos creen, vulnerabilidad alguna, acaso ¿existe la posibilidad de saberlo todo?. ¿Quién es quien dice lo que se debería o no saber?, quizá sólo quien supiese de todo.

A veces sólo pensar en el agónico esfuerzo que llevan a cabo quienes hacen depender el aprender sólo de ellos mismos, para no reconocerlo ante los demás, me asombro.

La necesidad y la motivación, son tuyas pero son los demás con sus libros, conferencias, talleres, cursos, mentoring, coaching, masters, quienes ponen a nuestra disposición lo necesario para aprender.

Recuerda cualquier tarea que ahora te resulte rutinaria, como conducir o algún deporte que practiques pasaste seguro por las cuatro fases del aprendizaje,  de la incompetencia inconsciente, “no sé lo que no sé”, al estado de competencia inconsciente, a ese estado de fluir, en el que hemos interiorizado la habilidad hasta hacerla automática.

Aprender requiere altas dosis de seguridad personal para reconocer que no se sabe, se tenga la edad que se tenga, para  pedir ayuda, solicitar la opinión de los demás respecto de nuestro desempeño  y escuchar más de lo que hablamos.

 

Si ya sabes decir “no lo sé” y todo esto  estás dispuesto a entrenarlo, ya eres un hombre o una mujer de tu tiempo.

“Yo no creo mucho en un hombre que no es más sabio hoy de lo que era ayer”Abraham Lincoln  ¿Ytú?

¿Me perdonas?

sorry

Son las palabras mágicas para que lo que pudiendo ser la explosión de una olla a presión se convierta en levantar una simple tapadera. Casi todos tenemos claro lo que implica pedir perdón, y su utilidad, sin embargo o no lo hacemos o lo hacemos menos de lo que conviene.

Entre las muchas habilidades que se desgranan debe tener un líder de un equipo, de una formación o cualquiera de nosotros si queremos desarrollarnos personalmente la más importante es, ser capaz de pedir disculpas o perdón como prefiráis, además de la más útil, aunque reparamos poco en ello y le damos una mínima importancia.

Cuando admitimos que hemos errado en algo y nos disculpamos por ello producimos varios efectos que, a largo plazo, nos benefician con respecto a nuestras relaciones tanto en el trabajo como en casa.
Por un lado les demostramos que nos importan y por eso tenemos en cuenta lo que les hemos provocado, disculpándonos por ello, en segundo lugar reconocemos un error y eso aumenta considerablemente el ambiente de confianza en el equipo y además demostramos que estamos dispuestos a mejorar comenzando por admitirlo.

Lo que ocurre en muchas ocasiones, es que la emoción nos embarga y no nos deja ver más allá, los beneficios, y sí nos estanca en sentimientos de humillación, vergüenza y nos enreda en ese estúpido orgullo que nos complicará la vida.

Si no conseguimos hacer esto es prácticamente imposible que avancemos en nuestro desarrollo puesto que es una cuestión básica con efectos mágicos que nos pone en una situación de partida excepcional. Seguramente en casa, damos por hecho que se sobreentiende que lo lamentamos y no lo volveremos a hacer, aunque obviar las palabras, también acaba minando las relaciones familiares.

A veces partimos incluso del malentendido amor de una madre, que seguramente será la única que nos aguante todo y con la que menos nos disculpemos, siendo la que más merece nuestras constantes peticiones de perdón. Pero si esperas que esta estrategia te sirva ahí fuera, estás muy equivocado. Madre no hay más que una. ¿Qué te parece empezar el entrenamiento por ella?

No podemos cambiar lo que hemos hecho en el pasado pero sí podemos empezar cada minuto un nuevo futuro en el que las disculpas sean un modo de admitir que los demás y cómo se sienten nos importa.

Declarando que la interdependencia es una realidad para poder sobrevivir en las mejores condiciones y que necesitas a los demás te hará acreedor del favor de muchos que hasta ahora no podían contigo. La situación después de unas disculpas es totalmente diferente. ¡Pruébalo!

Eso sí, no te expliques, ni te justifiques, demuestra que te importa y sé lo más escueto posible. Un “perdóname” o “te pido disculpas” resolverá más que todas las excusas y razones del mundo.

No necesitas más.

¿Cuándo empiezas? 😉

“Perdón es una palabra que no es nada, pero que lleva dentro semillas de milagros”.

Alejandro Casona

Emociones incómodas

 

emoticonos

 

Habéis pensado  alguna  vez en cómo reaccionáis  cuando veis o escucháis a alguien que os transmite que está sintiendo  una emoción negativa, dolor, miedo, vergüenza, enfado…

Sin mala intención a veces he querido quitarle hierro o animarle, pensando en la incomodidad que me producía no saber qué hacer,  sin tener en cuenta que, a lo mejor, esa no era la mejor manera de ayudar a que se deshiciese de esa emoción. Quizá  se haya  sentido incomprendida por mí  cuando he minimizado o relativizado lo que estaba sintiendo. Lo que para ella era real.

A veces lo hacemos porque realmente no sabemos cómo manejar emociones de este tipo, de las que hacen sufrir a los que queremos y pensamos que evitando darlas mucha importancia o demasiado de sí, desaparecerán, o incluso la necesidad de hacer algo por ellas nos deja en manos de un sinfín de consejos y recetas. ¿por qué será que nos cuesta tanto sólo escuchar?

En otras ocasiones,  nuestra resiliencia adquirida, nuestra experiencia, nos hacen verlo  desde nuestra perspectiva, con nuestras herramientas,  nos decimos que esas luchas no tienen importancia. Para nosotros, ya quedan mucho tiempo atrás y también pensamos que ellos debían haberlas superado, pero ¿es justo?, ¿es sano?, ¿ayuda?

En el caso de los niños, el libro  “ How to talk so kids will listen and Listen so Kids will talk” de Adele Faber  y Elaine Mazlish plantea unas  propuestas que se derivan de sus investigaciones y  pasan por cuestiones que merecen mi reflexión y creo que podrían extrapolarse al mundo adulto.

  • Cuando alguien siente emociones negativas  no ayudamos : negándolas ( en realidad tú no te sientes así), ignorándolas (cambiando de tema) o moralizando ( tú lo que tienes que hacer es…)
  • Tampoco preguntando el porqué de la emoción, esta cuestión, además de anclarnos a ella y volverla a sentir, nos hace indagar en justificaciones y mentir. Muchas veces, cuando nos sentimos así, creemos que el motivo, tampoco ayudará a que nuestro interlocutor nos comprenda. Es mejor que le pongamos algún ejemplo de cuando nosotros también nos hemos sentido parecido y simplemente reconozcamos el sentimiento en la otra persona, ayudándola a ponerle nombre: enfado, vergüenza, temor…
  • No es necesario estar de acuerdo o dar la razón, sólo escuchar, preguntar y entender cómo se siente  para que la persona exteriorice la emoción. Aunque no lo consigamos, nuestro interés en ayudar quedará patente.
  • Prueba a ver si la persona puede cambiar lo que repite,  “ le odio” o “ soy imbécil” por algo más concreto y que suene diferente.
  • Sobre todo y lo más importante, no aconsejes, tu experiencia  puede no ser de ayuda, porque procede de tu proceso interno y además privas a la otra persona de encontrar sus propias soluciones, y de construir sus propias herramientas a partir de sus propios aprendizajes para que los utilice en  el futuro.
  • La próxima vez que sea la persona la que decida si tiene importancia o no. Sólo acompáñala en su camino y ESCUCHA.

Tu tormenta perfecta

tormenta

Puede ser éste el momento idóneo para que pares y pienses qué está haciendo ahora mismo tu mente, cómo está, relajada, trabajando, no para…

Dentro de ese trabajo, observa los pensamientos que baraja y se suceden cómo son positivos, negativos, de dónde proceden.

Muchas de estas preguntas que no te planteas a menudo te hacen confundir lo que piensas con lo que eres y por lo tanto te invalidan para poder ser un mero observador y cambiarlos o simplemente poderlos mirar desde otra posición.

Seguro que haces o al menos ves a tu alrededor la cantidad de personas que lejos de hacer este ejercicio y complementarlo con una meditación diaria que conduzca a la serenidad mental o se valga de alguna ayuda profesional para la reflexión, comienzan a intuir que todo lo que les ocurre es por la falta de algo, en muchas ocasiones es material, más dinero, coches, cenas, viajes, en otras, de hacer, a lo que te dedicas, lo mucho que  cambiaría todo si hubieses estudiado, o hubieses estudiado otra cosa, o tuvieses otro trabajo o en otra compañía. Todos esos anhelos son fruto en muchas ocasiones de la falta de introspección y de conciencia sobre cómo se fraguan nuestros propios pensamientos.

Buscamos fuera, en lo que hacemos, en lo que tenemos, para que nos configure lo que somos. Buscamos fuera, lo que realmente sólo podemos encontrar dentro de nosotros. Algo que aunque en principio dé miedo indagar, cuando conseguimos abordar, como dicen mis “coachees”: “se colocan muchas cosas”. De repente el hilo que mantenía nuestros nervios a flor de piel, nuestro cuerpo contraído, a la defensiva y en guardia de repente se corta. Es tal la fuerza interior que te aporta ver realmente quien eres y de dónde vienen todos esos obstáculos mentales que de pronto empiezas a vivir.

A disfrutar de todas esas pequeñas cosas que ocurren continuamente a tu alrededor y que esos temores que te creas, te impiden.

Da igual cómo seas físicamente, dónde vivas, tu situación económica, a lo que te dediques, lo mucho o poco que tengas. Lo que piensas puede hacerte feliz si eres consciente o totalmente infeliz si te entregas a esas emociones negativas sin pensar.

Mientras decides si quieres paz y tranquilidad o seguir escondiéndote tras un frenético frenesí para no pensar, te dejo una práctica genial de Matthieu Ricard que seguro te ayudará cuando te sientas invadido por emociones negativas:

“Imagina una gran tormenta en el océano con olas tan grandes como edificios de varias plantas. Cada ola es más monstruosa que la anterior. Todas están a punto de engullir tu barco, tu vida pende de los altos muros de agua que levantan frente a ti, desafiantes, atemorizándote.
Ahora imagínate observando esa tormenta desde un avión, a mucha altura. Desde esa perspectiva las olas parecen un delicado mosaico que se extiende a lo largo de una gran superficie en el agua. Desde esa altura, en el silencio del espacio, tus ojos sólo aciertan a divisar esos patrones mudos, mientras tu mente está sumida en ese claro y luminoso cielo.”

Los pensamientos negativos de miedo, ira u obsesión parecen reales pero en realidad son fabricados por tu mente. De repente hacen su aparición y de repente desaparecen.

¿Por qué permanecer en el barco  de la ansiedad pudiendo hacer que tu mente vuele tan alto que considere que esas emociones tienen muchas menos fuerza de la que les atribuyes?

No revivas tu tormenta perfecta. ¡Sobrevuela y cambia de perspectiva!

¡Buen fin de semana!

 

¿Tú bien, todo bien?

 

ok

 

Imagina que partieses de la nada y tuvieses que construir tu vida. Piensa en  que todo lo que vas a necesitar tiene que estar en  una lista. Una lista,  con todos y todo lo indispensable para que puedas llegar al punto en el que estás. Todo es todo, desde lo más básico y necesario.

 

Una vez la hayas confeccionado, establece dentro de ella  prioridades, pon en el primer lugar lo más importante en tu vida. Por favor, haz esto antes de seguir leyendo.

 

Mira tu lista. Repásala para que nada, ni nadie se te olvide. Haz otro ejercicio de visualización y piensa en  que lo que no incluyas, en ella, desaparecerá en los siguientes cinco minutos.

 

¿Qué hay en tu lista en primer lugar?

 

Si no estás tú, tienes algo sobre lo que reflexionar.

 

Si recuerdas el libro del Dr. Thomas A. Hardy “ I´m ok, you´re ok”, ( yo bien, tú bien) el simple título te dará muchas pistas. A pesar de que es un libro antiguo, en él explica cuatro posiciones ante la vida que nos pueden ser útiles para analizar y situarnos:

  1. Yo no estoy bien, Tú estás bien (I’m Not OK, You’re OK )
  2. Yo no estoy bien, Tú no estás bien (I’m Not OK, You’re Not OK)
  3. Yo estoy bien, Tú no estás bien ( I’m OK, You’re Not OK)
  4. Yo estoy bien, Tú estás bien (I’m OK, You’re OK)

 

Si eso no te da pista alguna piensa en ¿te quieres?, ¿te respetas?

Si no es así, pregúntate ¿cuál es la razón de anteponer a ti, a todos y todo lo demás?

¿Qué diferencias hay entre ser egoísta y  cuidarse y quererse  uno mismo?

¿Cómo puedes empezar a establecer las prioridades que te potencien?

¿Qué razones te han hecho posponer todo lo tuyo: tu cuidado, tu salud, tu bienestar?

¿Acaso, si no estás tú bien, puede ayudar a los demás a que estén bien?

Entre yo gano- tú pierdes, yo pierdo-tú ganas, los dos perdemos  y yo gano- tú ganas, ¿cuál es tu estrategia?, ¿te hace sentirte bien?

¿Cómo te vas a sentir en el momento en que decidas la estrategia que es mejor para ti y la pongas en marcha?

¿Has trazado un plan para pasar de tu actitud pasiva a una más asertiva, sin ser agresivo?

 

Echa un vistazo a los Valores que Elia Roca recoge de  Albert Ellis, seguro que te dan alguna pista:

”  Autoaceptación incondicional: cambiar exigencias por preferencias

 Tener un buen nivel de tolerancia ante las frustraciones: cambiar exigencias por preferencias con respecto a las cosas que no nos gustan de la vida y de las otras personas.

Visión del yo como potencial: tener claro que podemos aprender, desarrollar habilidades y mejorar

en muchas cuestiones.

Interés en uno mismo en primer lugar, combinado con interés por los demás.

Autorresponsabilizarnos de nuestros pensamientos, emociones y conductas.

Dirigir nuestra propia vida, sin pedir demasiado a los demás y sin dejamos manipular por ellos.

Ser tolerantes: reconocer el derecho a equivocarse, en uno mismo y en los demás.

Atrevemos a intentar lo que deseamos, sin quedar paralizados por el riesgo de “fracasar” o por el hedonismo inmediato (hacer sólo lo que nos apetece en el momento).

Comprometernos con actividades creativas o humanitarias, que nos ilusionen y que absorban una parte importante de nuestro tiempo y energía.

Procurar mantener una actitud racional, pensando en forma realista, científica, clara y flexible.

No tener reglas rígidas, estar abierto al cambio y aceptar la incertidumbre como una característica

de la realidad.

Reconocer que estamos determinados en parte, pero que también tenemos libertad para elegir.

 

 Como señalan McKay y Fanning los valores sanos son aquellos que: son flexibles (es decir, permiten excepciones y pueden cuestionarse y ponerse a prueba); son realistas (es decir, están basados en los hechos), y fomentan la felicidad y la autorrealización, a corto y largo plazo.”

 

¿Si tú bien, todo bien?

¡¡Buen fin de semana!!

¡¡Gracias por leer!!

 

 

¿ Qué excesos te afectan?

 

brujula

 

No puedo dejar pasar esta semana sin recomendaros el libro de  Augusto Cury , “El vendedor de sueños.” Hace tiempo que leí su “Padres brillantes, maestros fascinantes” y me  enamoré de la literatura de este psiquiatra brasileño, por cierto si tienes niños cerca o te interesa saber más sobre cómo acercarte a su mundo y ser su inspiración, léelo.

Hoy quiero compartir con vosotros algo que yo misma he notado en mi vida desde hace relativamente poco y que quiero transmitir a través de este pasaje del libro:

 “—Físicamente, vivimos más tiempo que en el pasado, pero la percepción del tiempo es mucho más rápida. Los meses corren, los años vuelan. Algunos están en la cumbre de su juventud psíquica, pero se miran y descubren que tienen setenta u ochenta años. Actualmente, tener ochenta años es como tener veinte. ¿A ustedes, qué excesos los han afectado? —preguntó a los oyentes.

Desconcertados, en un rapto de sinceridad, los oyentes repasaron su vida y expusieron aquello que los asfixiaba.

—Exceso de compromisos —dijeron algunos.

—Exceso de información —afirmaron otros.

—Exceso de presiones sociales, competencia, metas, cobros, necesidad de estar siempre al día —manifestaron unos cuantos.

Éramos la sociedad del exceso; incluido el exceso de locuras.

Bartolomé no se quedó atrás y también hizo su aportación.

—Exceso de bebida. —Y como nunca podía dejar a nadie fuera de un asunto, nos miró y dijo—: Exceso de ego, de pereza, de religiosidad.

Le dimos un par de pescozones cariñosos.

La gente empezó a darse cuenta de que los excesos habían invadido nuestra vida. Tenían la necesidad de comprar sueños. El hombre de labios y ojos hinchados quería vendérselos, al menos quería ofrecerles unos pocos.”

 

“—¿Qué podemos hacer para cambiar esta extraña vida saturada de tensiones? —preguntó, angustiado, un hombre de unos sesenta años.

—Recorten los excesos, aunque pierdan dinero y rebajen su estatus —contestó el maestro, lacónico y directo—. Si no quieren llegar a viejos reclamando una juventud que ya pasó, deben tener el coraje de hacer recortes. Y no hay recortes sin dolor.

Me quedé pensando. ¿Acaso él había tenido el coraje de hacer esos recortes en su vida, o sólo era uno de esos teóricos que hablan sobre lo que nunca han experimentado? ¿Puede una persona sin experiencia abrir la mente a otras personas? Él me hizo notar que el tiempo volaba para mí. Yo estaba hundido hasta el cuello en el lodo de los excesos. Exceso de clases, de preocupaciones, de pensamientos, de pesimismo, de exigencias, de dudas. Yo había creado «superbacterias» que infectaban mi psique.”

 

Hasta hace poco yo también era una persona saturada de excesos, impuestos por una dinámica de vida que sólo te hace pensar en ti, en tu tiempo disponible, en tus compromisos sociales, en tu agenda, en vivir cuántas más experiencias mejor, en tener un exceso de actividad. Esto era lo normal.

Cuando empecé a disponer de mi propio tiempo, mi vida cambió, ya no era esclava de llenar mi tiempo para buscar algo que hacer, para poderlo contar y seguir hacia otra actividad.

Hace poco leí que existe, algo que me entristeció de mis adoradas redes sociales, un trastorno al que llaman FOMO (Fear of Missing Out) “Miedo a perderse algo” que es fomentado por lo que colgamos en ellas y consiste en ver lo que están haciendo otros y lejos de ser un motivo de alegría que tus amigos estén pasándolo bien, empezar  a cuestionarte que tu vida es menos interesante. Una ansiedad social que manifiesta el miedo a la exclusión. ¿No es esto un exceso de locura?

Yo ya no deseo el mismo lunes que llegue el viernes para volver a la rueda y querer conscientemente que pasen rápido cinco días de la semana que suponen  una enorme proporción de mi vida. Ya no tengo que mostrar ni demostrar nada. Me he vencido.

Ya no tengo que castigar mi cuerpo y mi mente con largas jornadas maratonianas sentada en una silla, con el síndrome de la clase turista acechándome y acabar pagándolo, recompensándome con los más deliciosos manjares que podía o con una actividad frenética en mi tiempo de ocio.

Conseguí   introducir la meditación, la concentración, el mindfulness por ejemplo en la comida y ralenticé mi aceleración, dejé de engullir. Cuido mi cuerpo, no como el escaparate con el que debo impresionar a los demás, sino como el hogar en el que debo y deseo vivir la máxima cantidad de años, en las mejores condiciones y lo hago con la satisfacción del esfuerzo recompensado. Lo ejercito para mantenerlo a punto y lo alimento lo mejor que puedo, aún sigo dándome caprichos, pero ya no son excesos.

 Disfruto mucho más de mi familia, de mis amigos, de mis libros, de la música, de todas esas pequeñas cosas que me regala la vida cada minuto y por las que a diario agradezco vivir. Cada vez que inspiro, es una acción que me llena del momento que vivo, inspiro lo bueno que hay en todo y en todos. Sigo entrenando cada día para no retroceder.

 

Habréis oído miles de historias sobre personas que lo dejan todo, se van a vivir al campo, a la playa, son voluntarios, cooperantes, dejan sus fantásticos trabajos para poder, por fin, vivir. Estas personas son quienes no tienen miedo a perderse y desistieron de sus proyectos por los excesos.

“La vida, como apunta Cury, se extingue rápidamente en el paréntesis del tiempo”. Pactemos no insuflarle mayor aceleración.

Sé consciente y disfruta de lo que la vida pone a tu alcance en cada momento, no mires sólo al frente, amplía hacia los lados, arriba y abajo, enlentece tus días, siendo consciente de que son un regalo que no volverás a vivir. No corras.

 

¡¡Buen fin de semana!!

El traje nuevo del jefe

traje

Conoce usted a  un  CEO, Jefe, Alcalde, Presidente, en definitiva alguien que tenga poder y lo ejerza en una organización o incluso lo es. ¿Ha pensado alguna vez cuál es una de  las cuestiones  más importante a las que se enfrenta?¿ha reflexionado sobre la información que le llega de los demás y el porqué?

 Hace tiempo que escucho y leo sobre los problemas que surgen en las organizaciones desde el punto de vista de los empleados y que tienen como punto de inicio la información que se les filtra a los prebostes.

Mientras rumiaba este tema, esta semana, han caído en mis manos varios documentos que me han ayudado en la reflexión. El primero de ellos ha sido un artículo en la revista TIME titulado  “The biggest problem with being a CEO” , que os dejo y el segundo un capítulo del libro “Focus” de Daniel Goleman  “Vernos como los demás nos ven”.

Automáticamente de su lectura recordé el fantástico cuento de Andersen, que para mí refleja estupendamente la cuestión “El traje nuevo del emperador”.

Algunos de los argumentos, con respecto a la posición, que leí, han sido:

“Es común para los CEO rodearse de personas que filtran la información negativa”.

“El presidente de una compañía ya sea grande o pequeña está aislado por su posición” Peter Drucker

Una de las soluciones propuestas por Drucker, sobre  de la que éste más tarde se volvió escéptico era “dejar el despacho y mezclarse con la organización  para ver con sus propios ojos que ocurría”, acabó desestimando esto y considerándolo una pérdida de tiempo, puesto que “inducía a una falsa sensación de seguridad”  creyendo que la información que obtenían es toda la que existía y no la que, intencionadamente, les proporcionan.

Algunas de las ideas propuestas a partir de aquí, son :

“No sólo tolerar el disenso dentro de la organización sino recompensarlo”, algo que expone incluso con respecto a recompensar el fracaso Jean Claude Biver, CEO de Hublot.

“Forjar cadenas de mando lo más cortas posibles, porque cada eslabón dobla el ruido y acorta el mensaje a la mitad “

Y finalmente  “salir completamente de la organización y ver lo que está ocurriendo en el mercado, hablar con tus clientes”

Lo que me llamó la atención de la información proporcionada por el artículo y  “The Drucker Institute”,  que complementa el libro de Goleman es el tipo de líder que se requiere, que no de jefe, que inspire la suficiente confianza como para que, lo que no va tan bien en la compañía o necesite atención le sea planteado sin miedos.

Ampliar la perspectiva con respecto a nuestra imagen, a cómo nos ven  los demás y lo que sabemos sobre nosotros mismos, evitando las generalizaciones, eliminaciones y distorsiones que se producen por  las opiniones, comentarios y actos, de unos pocos, es  fundamental para el CEO.

El poeta Robert Burns lo reflejó en unos versos:

¡Ah, si nos fuera dado el poder

de vernos como los demás nos ven!

De cuántos disparates y necedades nos libraríamos!

 Si estás en esta posición, quieres comenzar a trabajar esto y no sabes cómo, pide a alguien en quien confíes con toda la humildad y comprensión de la que seas capaz,  que te cuente tu propia vida. Empieza por escuchar cómo los demás te escuchan.

El autoconocimiento es la llave, y el coaching puede ser tu guía, una persona en  la que puedes confiar, un entorno seguro para tratar cuestiones que no quieres contar a nadie cercano, ni siquiera a tus familiares y que te va a hacer crecer.

 La valentía de no descartar lo negativo y menos halagador de nosotros mismos que sabemos debemos trabajar y entrenarlo con ahínco e interés es, a mi modo de entender, la clave para poder transmitir con naturalidad y claridad lo que queremos en nuestras organizaciones,. De otra forma,  seguiremos siendo “Emperador@s desnud@s”.

Agradar a todos

agradar

Al llegar por primera vez a un trabajo, a una pandilla, a cualquier organización o reunión social, una de nuestras preocupaciones puede ser conectar con todo el mundo y dejar que la mayoría tengan una buena sensación sobre nosotros.

Hacer esto en un corto espacio de tiempo y con un montón de objetivos móviles alrededor posiblemente sea más fácil que agradar y hacerse popular en nuestro entorno habitual  más cercano.

Un truco flash que pocas veces falla es ”interesarse por los demás en lugar de avasallarles con nuestros intereses y no dejar de hablar de nosotros”

Tratar desesperadamente de caer bien a todo el mundo, en todo momento es casi imposible pero sobre todo, en nuestros entornos laborales y de amistades puede tener efectos nada deseados para nosotros.

Puede producir una sensación de tensión y de estrés que apena nos deja ser nosotros mismos puesto que ponemos todo nuestro empeño y foco en los demás, en evitar sus críticas y ser objeto de sus halagos y reconocimiento,  lejos de sentirnos seguros, estaremos desempeñando una sucesión de papeles sin tener muy claro, si después de todo, va a funcionar. Por lo que saldremos de nuestro trabajo o nuestra reunión perdidos, derrotados y con una sensación artificial difícil de desprenderse de ella.

En el momento en que alguien nos dedique alguna opinión o crítica que no hayamos barajado o que para más inri hayamos trabajado para evitar, a nuestra sensación artificial se unirá la de un estrepitoso fracaso, que aumentará nuestro tiempo de recuperación.

Imaginaos si en vuestro círculo tenéis que hacer frente a unas cuantas personas, si ascendéis o ampliáis vuestros contactos, cómo se multiplicará el trabajo y como se dividirá vuestra fuerza mental y vuestra confianza en vosotros mismos.

Tampoco reparamos muchas veces en que las reacciones de los demás pueden parecer referirse a nuestro comportamiento o dirigirse a nosotros y sin embargo pueden proceder de una mala gestión de emociones de la propia persona, que trae consigo de otras cuestiones o experiencias y nos las lanza para, de alguna manera, sentirse aliviada.

¿Qué os parece ahora ir por la vida recogiendo las emociones negativas  de otros, responsabilizarnos de ellas, asumir culpas y encima querer agradar? ¿Cuánta energía diaria podemos dedicarle a todo esto y restársela a nuestros hobbies, pasiones y objetivos?

Quizá os suene o tengáis una  historia parecida a la que narra Dale Carnegie en uno de sus libros:

“Cuando el extinto Matthew C. Brush era presidente de la American International Corporation le pregunté si era sensible a las críticas. Me contestó así: “Sí, era muy sensible en otros tiempos. Tenía afán de que todos los empleados de la organización pensaran que era perfecto. Si no lo pensaban, me preocupaba. Trataba en primer lugar de agradar a la persona que me había atacado, pero el mismo hecho de entenderme con ella ponía a otros fuera de sí. Después, cuando trataba de arreglar cuentas con esa misma persona, me creaba otro par de moscardones. Finalmente, llegué a la conclusión de que cuanto más trataba de pacificar los espíritus más enemigos me creaba. Entonces me dije: ‘ Si consigues ser más que los demás, serás criticado. Acostúmbrate, pues, a la idea. Esto me ayudó enormemente. Desde entonces me fijé la norma de obrar como mejor sabia y podía y, a continuación, abrir el viejo paraguas y dejar que la lluvia de críticas cayera sobre él y no sobre mí”.

 Entre ser desagradable con la mayoría de las personas para reforzarte y querer agradar a todo el mundo, hay una infinidad de posibilidades.

Una persona mentalmente fuerte, trata a todo el mundo de forma apropiada  y justa, con amabilidad y tampoco se asusta si tiene que defender algo o dar su opinión contraria.

Pensar que las críticas no son más que las opiniones de otros, basadas en su experiencia o en sus vivencias y que no son tu realidad, te hace ser consciente de que “la llave de tu felicidad, no la puedes poner en el bolsillo de cualquiera”.