Todo pasa por algo…

piedras

 

 

Después de muchos años todavía me pregunto que lleva a muchas personas a utilizar su energía, no para descubrir su potencial y mejorar su entorno, sino en destruir, criticar, atacar a otros, sus ideas o sus propias personas.

Es cierto que quien invierte en esto su tiempo produce varios efectos, primero muestra su propia debilidad, puesto que atacando cree que va a producir el mismo efecto que produciría en ellos. Además muestra sus armas al arrojar contra otros sus propias cuitas, decía Carl Jung que lo que no nos gusta de otros, en el fondo es algo que tenemos que revisar en nosotros, puesto que es algo que, en nosotros, no funciona. Y entre otros más, estas emociones negativas te hacen estancarte, volverte víctima, reactivo y no te dejan avanzar, ilusionarte y proponer. Vas pasos por detrás desde el principio, habiendo echado el ancla casi siempre en el pasado.

Sólo das información y aireas las miserias que puede haber detrás de ti, como detrás de cada ser humano que todavía no ha conocido la compasión, la empatía y otra forma de comunicarse que sea más asertiva y colaborativa. Manifiestas tus malos modos cuando el viento no te es favorable, lo que a la vez dice mucho de tu madurez.

Además pienso que los obstáculos que vamos encontrando en la vida, lejos de ser acontecimientos sólo, también son personas que nos enseñan sobre distintas cuestiones vitales. Bien podemos, con las piedras que lanzan, construir nuestros propios muros para elevarnos sobre ellos y ver más allá. No dejo de insistir en que cada uno de nosotros, lejos de ser tóxicos  por naturaleza, hemos, por nuestras experiencias, desarrollado distintas estrategias, que a veces no son las adecuadas para nosotros y nuestros objetivos, pero en cierto modo el hábito y la costumbre nos parece que no nos dejan más opción que el sufrimiento y la ira.

Quiero pediros que quien pueda, sea consciente y entienda que la mayoría de nosotros vive en su interior mil batallas de las que nada sabemos, aunque recibamos daños colaterales,  sea capaz  de ser paciente y empático, tanto, como para ir más allá de sus emociones negativas automáticas y salvándolas con una reflexión, ayude a que esas personas no repliquen su comportamiento allá donde van  y haciéndoles ver que a quien únicamente lastiman con ese proceder es a quien vivirá en su cuerpo para siempre, ellos mismos. Los demás, todo lo que harán será evitarles con cualquier excusa, pero quienes queramos ser diferentes seguiremos buscando esa fantástica persona que hay en su interior queriendo salir.

De acuerdo que es una gran gesta pero la satisfacción de saber controlarse uno mismo, poder pensar para elegir la respuesta y ver florecer a los demás, no tiene precio.No te rindas, si quieres ser distinto, no puedes actuar como los demás, no huyas, aprende y ayuda a aprender.

¡Todo y todos pasan por nuestra vida, por algo! 😉

“Destruye el muro entre el éxito y tú “

muro

 

Una de las cuestiones por las que perdemos más oportunidades de tener éxito en nuestra aventura vital es el miedo al rechazo.

 Todas esas conversaciones que mantenemos con nosotros mismos en nuestro interior, en  las que nos preguntamos y respondemos con malos augurios e insolentes pláticas. Ésas, son las que nos hacen no tener los suficientes arrestos para conseguir aquello que queremos y construyen  un muro alrededor de nosotros.

 Cuestiones como pedir un ascenso, aumento de sueldo, más responsabilidad, conseguir feedback, vender nuestros productos, tener más clientes, más amigos, mejores relaciones,  incluso conseguir que la pareja soñada nos preste atención, se hacen imposibles porque, principalmente, la persecución de estos objetivos se circunscribe sólo y exclusivamente  a nuestra mente y es sólo ahí donde  tiene lugar.

 En nuestra mente es donde imaginamos, cual quijotes, que nuestras peticiones se convierten en grandes gigantes que nos miran amenazantes con la intención de amedrentarnos y en nuestro caso consiguen, que con la “certeza” de no poder lograrlo sigamos nuestra anodina existencia acomodándonos a lo que “nos viene dado”, con el consiguiente castigo mental.

Si repasamos muchas de las historias de éxito y resiliencia  de grandes héroes cotidianos, uno de sus consejos principales es acostumbrarse a que no puedes gustar a todo el mundo,  a que las personas rechazan tu petición o tu producto por muchas otras cuestiones que no tienen que ver contigo y perseverar, hacerte fuerte y no rendirte, es el músculo que más te interesa fortalecer.

Si tú piensas por ejemplo en la última persona a la que le dijiste que no, seguramente comprobarás que apenas la conocías, que ni siquiera la escuchaste, seguro que para no tener que plantearte su propuesta o que una vez que te trasladó la oferta,  no te interesó por diferentes opciones tanto emocionales, no estabas de humor o dispuesto para esas cuestiones en ese momento, como prosaicas, no tenías dinero.

En primer lugar tendrás que trazar un plan para hacer que esas conversaciones pendientes tengan lugar fuera de ti, con la persona o personas que te interesen, dejando bien claro lo que quieres transmitir y asegurándote que la persona a quien te diriges, ha entendido lo que querías exponer.

A partir de ahí, habiendo puesto todo tu empeño, tu cuota de control sobre la respuesta disminuirá y entonces tendrás que estar preparado para cualquier respuesta, positiva o negativa o simplemente otra que no has contemplado. 

Si no eres capaz de ser resiliente y de transformar esas negativas en aprendizajes y deslindarlas de tu propia persona acabarás admitiendo que todas ellas son una colección que te recuerda tus propios fracasos y empezarás a minar tu autoestima cuestionándote a ti mismo.

 Puedo contar mi propia experiencia, cuando fruto de un aprendizaje sobre el trabajo de los voluntarios en las campañas electorales norteamericanas que iban a casa de los posibles votantes para pedirles el voto y explicarles sus propuestas, nosotros  decidimos hacerlo en nuestro municipio.

 Lo que empezó siendo una tortura mental por el miedo a que ni siquiera nos abriesen la puerta, se convirtió en un genial aprendizaje que me hizo perder el miedo al rechazo y empeñarme en lo que quiero. Siempre he pensado que el ejemplo era mi mejor aliado así que era mi responsabilidad comandar la expedición.

 Hubo quien no nos abrió la puerta, quien nos abrió y no nos atendió, quien sí lo hizo muy amablemente, que fue la gran mayoría, quien nos trasladó sus negativas opiniones sobre los políticos, quien nos culpó de todos los males de la Humanidad, pero aún así, conseguimos visitar casi 5000 hogares.

Si en el primer momento que me hubiesen dicho que no, lo hubiese dejado, me hubiese rendido, habría empezado a cuestionarme a mí misma. No hacerlo me ha permitido tener esa perspectiva ganadora que valora la perseverancia porque a lo mejor no era el momento, no estaban de humor, no tenían tiempo para eso, asumimos mensajes que no eran para nosotros, era una forma de mostrar su disconformidad con la política. Miles de cuestiones que no tenían nada que ver con lo que soy.

A partir de entonces para mí sólo cuenta no rendirme. soy consciente de que cualquier paso atrás es construir mi muro. Ahora sé que el fracaso sólo está en la mente de quien no hace nada y permanece en la mente del que tampoco aprende nada de él.

“Usa altavoz”

altavoz

 

 

Aunque el lunes es un día en el que apetece hablar más de lo entretenidos que hemos pasado el fin de semana que de reuniones y estrategias para afrontarlas, sí que sé que es el mejor día para que os hable de ésta y así os pueda ser de utilidad practicarla.

Una de las cuestiones que más me impactó, de mi primer encuentro con el alemán,  fue la posición de los verbos conjugados en las frases, había que esperar al final o casi de la misma para saber qué hacía el sujeto. Eso que en principio me parecía una complicación, acabó teniendo una parte positiva para mí, para el desarrollo de las conversaciones. La necesidad de escuchar toda la frase, evitaba que fueses interrumpido en los preliminares de tu intervención.

En castellano, sin embargo es casi lo primero que decimos, de esta forma intervenir para modificar, agregar, suponer, lo que otros van a decir o hacer, es una debilidad que, a veces, hace imposibles nuestras reuniones.

Ya sean en los “Consejos de Administración Familiares” o en las reuniones de trabajo, no dejar que las personas hablen con tranquilidad, exponiendo sus argumentos y relacionando temas, es algo bastante cotidiano.

Impide que escuchemos lo que quiere transmitirnos la persona y por lo tanto, evita enriquecer nuestras ideas, además muestra poco respeto por nuestro interlocutor y sus reflexiones. Puede que además coarte la iniciativa de personas para proponer, o que las indisponga frente a nuestra posición por defecto de forma. Tiene tantas implicaciones negativas que verdaderamente hacer un esfuerzo para que esto no ocurra, puede ser definitivo en nuestras estrategias para optimizar el tiempo y el talento.

Lo que hoy os propongo es acordar un “Objeto-altavoz” para cada reunión. Puede ser cualquier cosa que tengamos e identifiquemos como tal, un bolígrafo, un objeto  decorativo, etc. Puede ser siempre el mismo o cambiar si conviene por logística. Este objeto va a tener un poder vinculado a su posesión y es la escucha de todos los demás sin interrupciones. Representa el derecho a expresarse con libertad,eso sí, respetando también el tiempo de los demás. Las instrucciones de uso podéis establecerlas antes, si es necesario que todos intervengan o no, si se puede hablar o pasar, si se puede coger aleatoriamente o si se requiere alguna otra acotación previa.

Esta estrategia permite, ser conscientes al ver el objeto de que escuchar con atención evitará muchos malentendidos, entrenará la paciencia del equipo, el respeto y  la empatía con quien está hablando. Hará que todo el mundo pueda tener su espacio para expresarse, sin miedo a ser interrumpido con opiniones y apostillas  y concentrará la atención de todos en la reunión.

Seguro que si estáis concentrados y conscientes, la reunión durará mucho menos y la productividad será mucho mayor.

Prueba, ¿qué te cuesta?, y si sale bien 😉

“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.” William George Ward

 

¿Qué das por hecho?

ordenes

 

 

Una de las cuestiones que más inversión de tiempo y de dinero conllevan en muchas de nuestras empresas es “dar por hecho” cosas.

Damos por hecho que todo el mundo conoce y comprende la misión y la visión de la empresa, lo que significa cada palabra, lo que conlleva y lo tiene presente.

Damos por hecho que las personas han entendido los objetivos y comprenden en qué consisten y  qué  se espera de ellos.

 Damos por hecho que, con escasa indicaciones, las personas harán el trabajo conforme a nuestras expectativas, que saben cómo hacerlo.

 Damos por hecho que tienen los conocimientos y las habilidades que se esperan para desempeñarlo.

 Damos por hecho tantas cosas que todavía usamos las viejas frases de “hazlo como siempre”, “esto ya sabes cómo hacerlo”, “sabes lo que esperamos de ti”  y  todavía creemos que tendrá inmediata respuesta afirmativa, sin que incluso el interlocutor se atreva a preguntar qué o cómo por no estar a la altura.

 La cuestión es cómo nos comportamos ante una orden que nos está clara o que no tiene suficiente detalle como para que se lleve a cabo cumpliendo lo esperado.

 La confusión tiene dos direcciones y comportamientos paradógicos : una, al que ordena le resulta más fácil e invierte menos tiempo al principio y el que recibe la instrucción por miedo o vergüenza no es capaz de preguntar para asegurase de que ha entendido lo que le piden o resolver alguna duda que tenga, por lo tanto lo hace como él cree. Esto se multiplica en estrés cuando el empleado en novel.

 Este proceso lleva a un sinfín de acciones negativas empezando por el feedback cuando se entrega, o no está bien confeccionado, o no en el plazo que se quería o no como tú querías. Entonces comienza un proceso en que las dos personas entran  en un bucle en el que piensan mal el uno del otro, culpándose mutuamente de lo que consideran un fracaso sin autoría propia. Eso enturbia el trabajo, la relación y consigue incrementar la rotación en ese departamento o con ese manager.

Si deseas que esto no ocurra así puedes establecer un procedimiento que comience por clarificar qué, cómo, cuándo y dónde debe estar efectuado el trabajo con el detenimiento necesario.

En primer lugar puedes conseguir que la persona que trabaja contigo sea capaz de dibujar mentalmente lo que necesita ser hecho, con todo tipo de detalles. Explicándole qué es lo que hace ese trabajo importante para la compañía. Puedes preguntarle si tiene alguna cuestión acerca de ello y escuchar con atención, esto te dará muchas pistas de los obstáculos que ve de entrada y podrás ayudarle. Si es una persona que lleva tiempo en la empresa puedes pedirle su punto de vista y sugerencias.

En segundo lugar, puedes comprobar qué ha entendido la persona, hazle un resumen de todo lo que le has transmitido y pídele el suyo propio  para chequear su grado de comprensión, cada persona según nuestras experiencias pasadas ponemos el foco en algo diferente que puede no ser coincidente.

 Y finalmente proporciona feedback con regularidad y no sólo negativo, sobre todo cuando se llega nuevo a un sitio o se desempeña una tarea nueva, que se encuentre apoyo en los jefes y los compañeros es algo muy agradecido e  inolvidable. No pienses en, si a ti te lo hicieron o no. Sé su entrenador, alguien proactivo y hazlo sin más.

Todo este proceso puede durar ¿cuánto?,¿diez minutos?

¿Configuras tu semáforo?

semaforo

 

Imagina que un semáforo dirigiese tu vida. Como en el elemento de circulación, las órdenes por las que te puedes regir son rojo, ámbar y verde. Como para circular, rojo significa detenerse, ámbar precaución o detenerse  y verde avanzar.

 Si ya te has situado en este elemento y detenido a pensar su funcionamiento, seguro que ya has reparado en que existe o debe existir un centro en cada ciudad en el que se regula y configura  la duración de cada luz del  semáforo en función del tráfico que hay en cada intersección.

Ahora ponte en la situación que en que tú mismo regulas el semáforo de tu vida. Puedes pensar por un minuto, ¿ en qué posición pasa la  mayor parte del tiempo tu mente?

Puedes ser de las personas cuya amígdala refiere un cerebro  que responde a una alerta continua, es decir, vives en modo supervivencia, con ese mecanismo de  la antigüedad, tiempo en que este tipo de cerebro era necesario para mantenerse vivo con las constantes amenazas de la propia la naturaleza. Tu mente continúa en este modo, de manera que se alarma por cualquier suceso que entiende es una amenaza y por ende te considera en peligro. Poniendo en marcha  cortisol, la hormona del estrés y  el sistema parasimpático,  haciéndote sentirte mal  y produciéndote una reacción excesiva  independientemente de la importancia del hecho. De debates entre un constante amarillo y un intermitente rojo. Imagina, ¿qué puede producir esto en tu cuerpo y mente?

Puede que tu amígdala te alerte igualmente de estos peligros pero tú estés alerta y no te produzca esta reacción. Es decir circules entre verde y ámbar.

Y puede que no sólo la hayas acostumbrado a vivir en alerta roja o amarilla sino que hayas conseguido a través de tu entrenamiento consciente pasar al verde y vivir tranquila, con algún amarillo que reflexionas con tu recursos y experiencias para volver al verde.

Hay quienes esperando un milagro, sólo quieren utilizar esta estrategia en los momentos en que ya han sido invadidos por el estrés, y claramente,  no funciona. Cambiar tus hábitos de pensamiento no lleva unas pocas semanas. Imagina todo el tiempo que has empleado en configurar el semáforo con el que “circulas” hasta ahora.

La buena noticia es que no tienes por qué seguir utilizando esas pautas que te mantienen a la defensiva, en guardia, alerta, estresado, que te consume ingente energía y te deja exhausto.

Dos cuestiones que la neurociencia ha puesto a tu disposición, tras conocer la plasticidad del cerebro sano hasta que mueres son la meditación, que entre otra cuestiones te ralentiza el diálogo interior, te “desenchufa” y te enfoca y el entrenamiento del pensamiento para no pasar por alto las experiencias placenteras y positivas, rememorándolas conscientemente a lo largo del día.

De ti depende ¿configuras tu semáforo?, ¿o piensas que seguir en rojo es inocuo?

Armarse de paciencia

paciencia

 

Las dos armas más poderosas son la paciencia y el tiempo” no sé si Tolstoi tenía toda la razón o parte, pero hay veces que haberla trabajado tiene sus réditos, uno no se rinde fácilmente.

Para cualquiera de nosotros vociferar, culpar a alguien, enfadarse con el sistema, con quien te atiende o incluso con algún objeto cercano o instrumental, cuando algo no va como queremos, es una de las primeras reacciones. Además de fastidiarse el resto del día

Seguramente habrás visto a algún deportista ensañarse con su raqueta, con su balón o con su útil de trabajo. A los demás con el teléfono, el ordenador, el ascensor o cualquier cosa que no trabaje a la velocidad de nuestras expectativas.

A lo mejor has cambiado de película en el cine o visitar algo, o  has dejado de adquirir aquello que querías simplemente porque había que esperar cola y no te era grato perder su tiempo allí.  Seguramente en algunos casos lo que ibas a adquirir tampoco era tan interesante o tan necesario pero… te diste cuenta de cómo la ira se apoderaba de usted durante la espera.

Yo he tenido mi  último entrenamiento esta mañana, tratando de enviar una solicitud telemática  a la Administración, he hablado por teléfono, he chateado en numerosas ocasiones y no he conseguido mi objetivo… de momento, registrar mi solicitud. La incidencia ha quedado registrada pero yo también he podido registrar mis emociones y pensamientos a lo largo del proceso y gestionarlas sin alterarme y sin culpar a nadie más que a mí del asunto.

Aunque lo podía considerar una pérdida de tiempo, a lo largo del proceso he aprendido algunas comprobaciones que ignoraba y he trabajado cómo mantener  mi paz interior y saber desconectar de esto para pasar a otro asunto.

Querer las cosas y tenerlas ya, es algo a lo que nos hemos acostumbrado a la velocidad del rayo, uno de los múltiples eslóganes “on line” que podemos  leer “ Cómpralo por la mañana y estrénalo por la tarde”.

Vivimos tan rápido que consumimos a la misma velocidad, apenas nos deleitamos con la cantidad de cosas magníficas que nos pasan a diario, no les damos apenas importancia y no sólo eso sino que cualquier atasco en nuestro camino, hace que nuestro día sea calificado como aciago. Da igual si es de la impresora, de tráfico, la tardanza de un compañero, alguien que no nos coge el teléfono cuando llamamos, todo nos pone de los pelos.

Si trabajas tu interior te darás cuenta de que esto te ocurre cada vez con menos asiduidad y tu paz interior aumenta si no es hora de que te pongas en marcha y ejercites tu paciencia.

Mantener la constancia a pesar de la dificultad, la oposición o la adversidad no sólo te  satisfará personalmente al haber vencido a tu “yo inmediato” sino que formará parte seguro de tu éxito.

Aquí te dejo unos curiosos e interesantes ejercicios :  http://es.wikihow.com/desarrollar-la-paciencia

Oooooohmmm!!! 😉

Foto:wikihow

¿Quieres ganar la partida?

ajedrez

 

LA PARTIDA DE AJEDREZ 

 Al sultán le gustaba mucho jugar al ajedrez con Delkak, pero cada vez que este último le daba jaque mate, sentía una violenta cólera. 

 “¡Así seas condenado!” le gritaba. 

 Tomaba las piezas del tablero y se las lanzaba a la cabeza. 

 “¡Toma! ¡Ahí tienes al rey!” decía. 

 Delkak, con mucha paciencia, esperaba el socorro de Dios. Un día, el sultán le ordenó que jugara una partida y Delkak se puso a temblar como si se encontrase desnudo sobre el hielo. El sultán perdió de nuevo. Cuando llegó el momento fatal, Delkak se refugió en un rincón de la habitación y se ocultó detrás de seis capas de edredones para protegerse del lanzamiento de las piezas. 

 “¿Qué haces?” le preguntó el sultán. 

 Desde debajo de los edredones, Delkak le respondió: 

 “¡Dos veces condenado seas! Cuando tu cólera se desborda, nadie se atreve a decir la verdad. Eres tú quien ha perdido la partida, pero, en realidad soy yo el que sufre el jaque mate por tus golpes y me veo obligado a protegerme bajo los 

edredones para decirte:  ¡Condenado seas!” 

Si te sientes reflejado en este cuento sufí y utilizas la ira para defenderte y conseguir tus propósitos sin darte cuenta de que en realidad sólo te estás provocando sufrimiento a ti mismo. No te des por vencido, este hábito de dejarte llevar por ella, lo puedes modificar.

 

Muchos problemas físicos y cuestiones como alergias y dolores son muchas veces la manifestación de no liberar estas emociones negativas que nos provoca nuestra mente.

También la ira es muchas veces manifestación  de miedo, a cambiar, a madurar, a envejecer, y nos dejamos llevar por esta energía negativa sin darnos siquiera cuenta del tiempo  tan precioso que con ello perdemos y el estado interno en el que nos quedamos después.

Tanto cuando la expresamos y  exteriorizamos como cuando la ocultamos y reprimimos la ira crece y crece y se fortalece, se convierte en un hábito, en una respuesta automática.  Se manifiesta en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

El pensamiento budista nos invita a abrazar este dolor, este miedo de manera que seamos conscientes de que es éste y no otras cuestiones externas, la semilla de nuestra ira.

Reconocerlo es un paso que nos lleva a la disposición de no herirnos inútilmente ni a nosotros ni a los demás, de poder pedir perdón sin que ello nos cueste, sabiendo que somos nosotros mismos los que padeceremos si no lo hacemos.

El budismo ofrece la práctica de los Cinco Recordatorios que  invito a probar.

  1. Mi naturaleza es la de envejecer. No puedo huir de la vejez.
  2. Mi naturaleza es la de enfermar. No puedo huir de la enfermedad.
  3. Mi naturaleza es la de morir. No puedo huir de la muerte.
  4. La naturaleza de todas las cosas y personas es la del cambio. No hay manera de evitar separarme de ellas. Nada puedo conservar. Vine al mundo con las manos vacías y lo abandonaré del mismo modo.
  5. Mis acciones son las únicas y verdaderas pertenencias que tengo. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son el suelo en el que me apoyo

 

Esta práctica  acompañada  de una respiración profunda consciente te ayuda a cuidar tu ira. Inspirando eres consciente de todo tu cuerpo al igual que expirando.

Reconcíliate contigo mismo y tus miedos para poder ser feliz.

En lugar de “tranquilízate”, tu mantra es “Respira consciente”.

¡Buen fin de semana! 😉

 

¡¡Seguro que vences ganes o pierdas tu partida!! 😉