Esa es la cuestión

problema

Problema, en cuanto oímos esta palabra, ¿qué archivos  sacamos de nuestra mente? Para empezar, buscamos en las emociones negativas, después, consideramos la búsqueda de un culpable, que no sólo acarree  la responsabilidad sino que admita que inherente a esta culpa, ha de ser el primero que debe restituir la situación a la inmediatamente anterior.

En lugar de pensar en colaborar, en buscar una solución, conseguimos tener a todos los interlocutores  a la defensiva, y a nadie buscando opciones.

Y si en lugar de denominarlo así y sacar esos archivos, buscásemos otro nombre como referencia,  que volcase otros ficheros más deseables: asunto, cuestión a resolver, reto, desafío, tarea mejorable, incidente…usemos la riqueza de la lengua castellana, seguro que se nos ocurren múltiples ideas. ¿A qué suena diferente?

No sólo eso, parafraseando a Steven Covey, la mayoría de las veces “el problema está en el modo en que vemos el problema”. Podemos estar insistiendo en los mismos procesos durante meses y no encontrar solución, sin cambiar de enfoque.

Cuando valoramos una situación que requiere nuestra atención, lo que solemos hacer es ir directamente  al contenido, a los hechos, circunstancias y personas que están implicadas, hacia fuera. Sin embargo no valoramos la percepción interior  que nosotros tenemos del mismo, todos los “a priori» con los que nos enfrentamos a la solución y que influyen tanto en el proceso como en las posibilidades de éxito.

Sobre nuestros familiares, empleados, compañeros, jefes, tenemos una serie de creencias y de etiquetas puestas desde hace años, que nos influyen y les influyen, cercenándonos las opciones, reproduciendo tópicos  limitantes que nos derivan a desenlaces ya conocidos.

Se atribuye  a Einstein la cita referente a que si quieres resultados distintos no  puedes seguir haciendo lo mismo, se refería al mismo nivel de pensamiento. Ayuda para ampliar la perspectiva te impulsará, introducir elementos nuevos en el análisis  que produzcan un cambio en tu interior, en tu mirada.

Cuando te enfrentes  a una situación por resolver, comienza por:

  • Denominarlo de una manera sugerente,  como reto
  • Utiliza la primera persona del plural, no busques culpables
  • Consigue un ambiente en el que la mayoría se encuentre cómoda para opinar
  • Empieza desde cero, “sin a priori» sobre el tema o las personas.
  • Concéntrate en las virtudes de los que te rodean y parte de ellas, olvida sus defectos.
  • Entrena hasta conseguir  comprender e integrar esto en tu vida

Si crees en las personas se nota, lo notan y su predisposición hacia ti y hacia la cuestión cambian.

No existe remedio más mágico que tu cambio de actitud. Si tú cambias, las cosas cambian.

A qué Shakespeare no escribió  “Ser o no ser, ese es el problema” 😉

Foto:optimismodigital

Elogios sinceros

elogio

Si fuésemos realmente conscientes del poder de las palabras y de lo mucho que podemos conseguir con las personas, escogiéndolas cuidadosamente, no sólo la vida sería más agradable, sino que nuestras capacidades y habilidades rebasarían con mucho, los límites que nos autoimponemos y marcamos en los demás.

Si pensamos en decirle a alguien algo para corregir o señalar  un defecto o algún comportamiento no muy bueno, encontramos cantidad ingente de personas dispuestas a hacerlo y que por el contrario piensan que decir lo que está o se hace bien no merece la pena, porque es lo normal.

Ahora que lo has leído qué piensas. ¿Crees que partiendo exclusivamente de lo negativo es la mejor forma de  inspirar y motivar a alguien a hacer algo mejor?

Muchas personas también piensan que decir lo bueno es ser pelota, adular, pero entre un elogio sincero y motivador y unas palabras artificiales, genéricas y sin otra intención que dorar la píldora, hay un largo trecho.

Piensa en ti mismo, imagina que un día has trabajado mucho algo, una tarea, un discurso, una idea y llega alguien y te dice “esta idea está muy currada” o “es muy innovadora” ¿es o no una inyección motivadora? Imagina lo mismo con una comida, una jugada en un deporte, un estilismo o una intervención en una reunión…

¿Qué es lo que nos hace pensar que unas palabras agradables de recompensa no son naturales?¿ Quizá las pocas veces que las decimos? ¿Quizá las pocas veces que las recibimos? ¿Cómo podemos tener el propósito de ser felices y hacer felices a los demás sin tener esta importante cuestión en cuenta? ¿Cómo puede saber alguien si está haciendo las cosas bien o no?

William James dijo “el principio más profundo del carácter humano es ser apreciado”. ¡Aprecia!

Un importante hombre de negocios hablando sobre el éxito de su empresa dijo: “Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la mejor forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del pareció y del aliento”,“no hay nada que mate tanto las ambiciones de una personas como la crítica de sus superiores. Yo jamás critico a nadie. Creo que se debe dar a una persona incentivo para que trabaje. Por eso siempre estoy deseoso de ensalzar, pero soy remiso para encontrar defectos. Si algo me gusta soy caluroso en mi aprobación y generoso en mis elogios.” (D.Carnegie)

Las personas comunes, que no son líderes, hacen precisamente lo contrario, vociferan y airean los defectos de las personas y si les gusta algo, simplemente no dicen nada.  Y lo que es peor, además de sufrir esto en sus carnes, ni siquiera dudan en cambiarlo y copian el modelo sin más.

Si nunca lo has hecho al principio te costará. Busca elogios sinceros que hacer y empieza a hacerlos a menudo. Pronto se convertirá en algo habitual que no sólo agradecerán los demás, a ti también te cambiará la vida.

Recuerda que decir cosas negativas es muy fácil y tiene demasiada competencia.¡No es tu negocio! 😉

Foto:pagina22

¿Qué te pre-ocupa?

preocuparse

En cuanto has puesto los pies en tu casa y en tu trabajo, tras las vacaciones, todas esas cuestiones que habías dejado apartadas, han vuelto de golpe a tu mente.

Preocuparte que había sido una actividad a la que le habías dedicado poco tiempo, ahora te consume gran parte del día.

Volviste a escuchar y a leer noticias sobre economía, enfermedades, sucesos, por tu configuración obviaste todas las que no significan una amenaza para ti y con las que te quedan, imaginas escenarios a cual más aciago.

Preocuparse es una actividad desde cualquier punto de vista absurda pero que en nuestra cultura, si no le dedicas el tiempo suficiente parece que no te ocupas de los demás, o de los temas, que no te importan, que  eres un irresponsable mayúsculo que vive del azar o de las rentas de los demás.

Párate a pensar, en algún momento, ¿ alguna de las cosas que ocurrieron en tu pasado más reciente, se solucionó por preocuparte?

¿Cuánto tiempo le dedicaste a un montón de pensamientos absurdos que te derivaban a la peor de las situaciones para nada?

Aún en el peor de los casos, anticipando todo ese mal augurio, lo único que conseguirás es fastidiarte  días sin motivo.

Parece no muy razonable que pudiendo elegir escenarios mucho más agradables, te pongas siempre negativo y lo que es peor, que esto te incapacite para ver oportunidades u otras soluciones.

En muchos casos en los que la preocupación te inmoviliza estás eludiendo otra cuestión que te es incómoda de llevar a cabo o resolver,  y  utilizas la preocupación como excusa para no hacer nada. Piénsalo, busca que hay detrás de esa constante.

La preocupación también es la excusa perfecta para justificar otros comportamientos que de otra forma, querrías cambiar: fumar, comer…

La preocupación también te afecta físicamente con muchas dolencias añadidas: dolores de cabeza, espalda, úlceras…¿te vas a empezar a cuidar?

Además la preocupación  te impide el cambio.

Algunas estrategias para evitarla que puedes entrenar:

Pregúntate:

  •  ¿De qué me evado al malgastar mi tiempo en preocupaciones?
  • ¿Habrá algo que llegue a cambiar como resultado de mi preocupación?
  • ¿Qué es lo peor que me puede pasar y qué probabilidades hay de que ocurra?

Deja unos minutos al final del día para preocuparte, específicos y utiliza sólo éstos.

Preocúpate por algo por lo que jamás lo harías, algo trivial,  y comprobarás lo absurdo de la actividad.

Párate y dile a alguien : ” Míreme estoy a punto de preocuparme”

Dyer dice que el mejor antídoto contra la preocupación es la acción, así que ¡¡ponte en marcha yaaaaa!!