Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

TÚ, ¿CONSTRUYES?

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Lástima que a veces no podamos ver desde fuera que nuestra insistencia se torna en intransigencia y nuestra razón queda escondida en una actitud pueril cuando, en lugar de proponer, argumentar y aprender del resultado lo reducimos todo a ganar o  perder.

Entonces, es cuando sale nuestro primitivo que busca que nuestro ego salga lo menos maltrecho de la situación, en lugar de cediendo y reconociendo nuestro error , impulsándonos a avanzar hacia una posición de no retorno, pese a que se lleve por delante el buen ambiente creado, la confianza ganada o todo el trabajo anterior. Lo importante es controlar a ese niño que llevamos dentro y con el que no has sabido negociar, que además te pone entre la espada y la pared, aconsejándote mal, diciéndote que retirarse o rectificar, lejos de ser de personas sabias es de débiles sin criterio.

De personas de este tipo estamos sobrados de ejemplos, jefes, políticos, compañeros, amigos… que prefieren seguir hacia delante en sus propuestas, caiga quien caiga para no tener que asumir que quizá los demás tengan razón y admitir su falibilidad como seres humanos. Si a esto le sumamos la falta de interés por los demás, ser de los que sólo critican, destruyen y nada proponen, compondremos el sistema que premia este tipo de personas frente a la coherencia, la empatía y el esfuerzo en construir.

Da igual lo que se lleven por delante para demostrar su impostada fuerza puesto que lo único que queda al ventestato es, no sólo su falta de seguridad para saber reconocer errores, sino su falta de empatía para pensar por un momento en, a quiénes embarcan en su lucha contra los molinos y en qué situación quedará su credibilidad y su posición para futuras negociaciones y consensos.

Aunque siempre abusan de los que siguen adelante a pesar de estas tretas, y consiguen que alguna vez, dando pena sean readmitidos en el juego, aunque eso sí, jamás en una posición igual. Una vez menoscabada la confianza y habiendo quedado claro que la organización o el equipo poco importa es cuestión a corto plazo que prescindan de él.

Siempre he pensado que juntos se llega mucho más lejos, que construir es la única satisfacción, al mismo tiempo que destruir y criticar sin más, te lleva al gris tan oscuro que tu mente jamás vuelve a ser la misma sin un arduo trabajo. Todos juntos somos mejores, ¿para qué echarlo por la borda?

El camino del líder, de yo a nosotros

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Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.

A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.

Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.

Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.

Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.

Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:

  • Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
  • Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
  • Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
  • Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
  • Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
  • Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
  • Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.

La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.

 

 

¿QUÉ TIPO DE PERSONA ERES TÚ?

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Seguro que en multitud de ocasiones has pensado en los motivos por los que no asciendes en el trabajo y alguno de tus compañeros sí. Te dejo una interesante historia para que reflexiones sobre el tipo de persona en la que te ves reflejado y para que establezcas un plan que te acerque cada día a tus objetivos.

ASCENDER POR RESULTADOS
   Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que no haber recibido nunca una amonestación. Cierto día, buscó al gerente para hacerle un reclamo:
   —Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace solo seis meses y ya ha sido promovido a supervisor.
   —¡Ajá! —contestó el gerente. Y mostrando cierta preocupación le dijo—: Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas.
   Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.
   —Bien, ¿qué averiguaste?
   —Señor, tienen naranjas para la venta.
   —¿Y cuánto cuestan?
   —¡Ah! No pregunté.
   —Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
   —Tampoco pregunté eso.
   —¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
   —No lo sé, señor, pero creo que…
   —Bueno, siéntate un momento.
   El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta. El gerente le preguntó:
   —Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?
   —Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen bananos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 150 pesos el kilo; el banano, a 220 pesos la mano; el mango, a 90 pesos el kilo; la papaya y el melón, a 280 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidades, nos darán un descuento de diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
   —Muchas gracias, Fernando. Espera un momento.
   Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí:
   —Juan, ¿qué me decías?
   —Nada, señor… eso es todo. Con su permiso
Cuando pienses en qué tipo de persona eres, reflexiona sobre todo sobre:
  • ¿Qué tipo de persona contratarías tú?
  • ¿Cómo afrontas tus tareas?
  • ¿Esperas órdenes o tomas la iniciativa?
  • ¿Propones mejoras o ejecutas sin estar de acuerdo?
  • ¿Cuestionas todo o analizas para mejorar y proponer?
  • ¿Cómo puedes mejorar tus habilidades?
  • ¿A quién beneficia tu comportamiento actual?
  • ¿En quién o quiénes piensas cuando actúas?
  • Si tuvieses un empresa, ¿te contratarías a tí mismo? ¿para qué puesto?

Seguro que has comprobado que cuando uno arriesga su dinero, ¡no todo vale! 😉

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

El rincón de pensar

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Utilizo mucho el verbo pensar, dar vueltas a los temas, reflexionar sobre ellos, ver distintas perspectivas, relacionar unas cuestiones con otras y adoptar distintas visiones y soluciones, me ha hecho más creativa, comprensiva y resolutiva.

Desde hace algún tiempo, observo que en muchas personas este verbo es tabú, molesto, puesto que implica, no sólo volver sobre lo mismo, una y otra vez, sino que esas cuestiones son todas negativas y les producen sensaciones físicas que detestan, complicando el concepto.

Es cierto que ahora, mandar a los niños al rincón de pensar cuando hacen algo no deseable, tampoco ayuda mucho para las nuevas generaciones, puesto que es fácilmente asociado con que pensar es un castigo, en lugar de una recompensa.

Muchos de nosotros cuando nos enfrentamos al mundo de nuestros pensamientos, no lo hacemos con gusto, puesto que muchos de ellos, no son precisamente agradables y estar a solas con nosotros mismos supone una tortura que aliviamos con ruidosos sustitutos como la televisión o camuflamos con todo tipo de productos relajantes o ansiolíticos.

Por muy raro que os parezca, estos pensamientos son fabricados, guardados y liberados por nosotros mismos. La gran diferencia es que los archivamos sin hacerlo conscientemente y los liberamos y usamos cuando nuestra mente cree que estamos en situaciones similares.

Quienes llevan tiempo practicando meditación o mindfulness son, quienes poco a poco a través de la consciencia y la concentración, van desentrañando su sistema de pensamiento para poder hacerlo trabajar para ellos mismos en lugar de rechazarlo y reconocerlo como un instrumento de tortura.

El primer paso para que estos pensamientos tóxicos empiecen a dejar de serlo es observarlos. Detectar cuando se producen, qué acciones o recuerdos los liberan y qué sensaciones corporales  producen.

Cuando queremos acabar con estos pensamientos, no son ellos en sí, los que importan, porque más adelante te darás cuenta de que son absolutamente falsos, no importa lo que son, o lo que sientes, sino lo que haces con ellos.
La mayoría de las veces cambiaremos de actividad y dejaremos de observarnos para no reconocerlos y trabajarlos. Para no acabar perdido en tus pensamientos y agredido por ellos.
Si prefieres no rendirte y empezar a trabajar para que tus pensamientos jueguen en tu favor, prueba estos pasos:

Busca tu “rincón de pensar”
Siéntate cinco minutos, sin distracciones, fuera móvil.
Ten cerca un papel para anotar
Enfócate en tu respiración, nota como inspiras y espiras.
Observa los pensamientos que surgen en tu mente, entonces recuerda que estás pensando.
Apunta dos palabras relacionadas con cada pensamiento.
No trates de controlarlos o cambiarlos, simplemente cuando te des cuenta vuelve a observar tu respiración.

Con este ejercicio te darás cuenta de todo lo que piensas en sólo cinco minutos, de lo repetitivo o variado que puede llegar a ser.
Lo importante es hacer este ejercicio con constancia para empezar a ser consciente de lo que piensas, si no lo ves o sientes, no lo puedes cambiar.
En unas semanas continuaremos con el siguiente.

Recuerda que para conseguir cualquier meta la regularidad es la llave.
¡Buen trabajo!

Lo haces o no lo haces pero no lo intentes

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Muchas veces, haciendo depender nuestro destino de cuestiones externas y pensando  que es fruto, más del azar que de lo que nosotros podamos hacer o decir, eludimos la responsabilidad sobre, las decisiones que podemos tomar,  las herramientas que podemos usar y  la actitud que podemos adoptar, rindiéndonos antes, incluso, de haber empezado el camino.

Observando el “éxito” de los demás, es más fácil decirnos a nosotros mismos que nos faltan habilidades y capacidades, que reconocer que no estamos dispuestos a hacer ninguna inversión o esfuerzo para cambiar algo o hacer realidad el sueño.

Una de las acciones más fructíferas que podemos realizar, mejorar y perfeccionar es nuestro uso de lenguaje, qué cosas decimos y cómo lo hacemos para almacenarlas en nuestra mente.

¿Quién no ha escuchado a alguien hablando de lo “ilusionante” de su futuro en condicional? “Me gustaría estudiar chino, querría levantarme antes,  sería genial ser más paciente…”. Cualquier deseo que manifestemos en condicional, lo vemos tan lejos que lo “condicionamos” mentalmente por si no encontramos las ganas, la motivación para hacerlo y no queremos decepcionarnos admitiendo un posible fracaso, permitiéndonos no invertir un ápice de energía.

Por si condicionarlo, no fuese suficiente, generalizamos con el lenguaje también lo negativo, para hacerlo tan pesado que mentalmente no nos apetezca retomarlo más. Eso lo hacemos, por ejemplo, con los devastadores “ siempre” y “ nunca”. Sobre todo  cuando a lo que nos referimos con ellos, seguramente, ha sucedido muchas menos veces de las que creemos.
“Siempre que he tratado de dejar de fumar, a los pocos meses he vuelto”. Seguramente te hará pensar que lo hiciste muchas más veces de las que han sido en realidad pero es tan impactante la frase, que la bandera blanca de rendición salta antes de incluso acabarla, considerándote un fracasado, algo que extrapolas a otros muchos ámbitos de tu vida sin apenas darte cuenta.

El otro extremo, “nunca”, es tan demoledor como éste, “nunca he conseguido hablar bien inglés, nunca voy al gimnasio más de un mes, nunca consigo controlar mi ira, …”. Si lo piensas esto no es del todo cierto. Si no, haz la prueba.

Dibuja en un papel una línea larga que pueda representar los años de vida que puedes llegar a tener, sé optimista, fíjate la esperanza de vida de tu país, por ejemplo. Ahora dibuja en proporción dónde te encuentras en este momento y  cuándo y cuánto tiempo ha ocurrido eso que generalizas. De verdad, ¿es siempre?, ¿nunca?

Como entiendo que instalarse todas estas alarmas en nuestro lenguaje no es fácil y queréis empezar ya. Solo recordaros la frase del maestro Yoda  para hacer intensivo el entreno “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

Así que no te digas una vez más que lo vas a intentar porque no va a funcionar. ¡Buen trabajo!

Carnaval, ¿te quiero?

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Seguro que no has pensado en que esto te pueda ayudar. Entiendo, que suena raro al principio. Sin embargo sé que después de reflexionar sobre ello, lo verás de modo diferente.

Aunque hasta ahora no lo hayas dado importancia, lo que piensas sobre ello,  lo que haces, es algo que refleja muy bien tu personalidad y que si  consigues sobreponerte  y dominarlo, en determinadas ocasiones, te puede aportar una gran victoria personal. Ese algo que, si tienes en demasía, puede ser un freno para tu proyección, que sin embargo puedes trabajar, es tu sentido del ridículo.

Por ejemplo, disfrazándote. A algunos les parece una actividad reservada a quienes les gusta  poner sal gorda a la vida, a otros les parece poco serio, hay a quienes verse feo o ridículo, les espanta nada más pensarlo. Sin embargo a otros, cualquier ocasión les parece estupenda para pasar de ser, desde una bailarina de ballet a alguien de la familia Potato y lo hacen entusiasmados.

Dándoles vueltas al tema, podemos pensar, entre otras miles de razones, que quienes se niegan a hacer este tipo de prácticas, suele ser porque realmente les importa demasiado lo que los demás piensan de la imagen que transmiten y que, de ninguna manera, pasarán por ser el centro de atención para ser el hazmerreír de los demás.Sin reparar en cuán pocas veces podemos ser causa de hacer pasar a los demás un buen rato.

Si os dais cuenta, incluso en las películas los grandes premios, son los que se llevan quienes caracterizados a peor, exhiben sin complejos todo tipo de imperfecciones en sus personajes. También hay algunas culturas que exacerban este sentimiento, siendo la vergüenza y que se rían de uno, a veces “delito de lesa majestad”. Sin embargo otras, en las que en su educación, mantienen el día del pijama para ir a clase, ir con la ropa al revés o disfrazados muy a menudo, tienen esta habilidad harto trabajada y son capaces de reírse de sí mismos con mayor naturalidad.

Además cuenta con la creatividad que puedes desarrollar buscando el mejor atuendo para tu personaje, reciclando cosas del baúl o haciéndolas tú mismo. Incluso, aunque cuentes con las críticas de que ha sido poco el esfuerzo, solo con comprarlo y vestirlo, trabajarás más habilidades de las que crees.

Muchos de nosotros necesitamos el anonimato de las masas o  alguna  ayuda extra para poder mostrarle al mundo que su opinión, nos puede importar en mayor o menor medida pero que somos capaces de sobreponernos, confiar en nosotros mismos, tirar de autoestima y salir a la calle con llamativas pelucas y estridentes colores.

Pocas ocasiones tenemos para trabajar nuestro sentido del ridículo adrede como en esta época. La oportunidad para entrenar ese sentimiento que te atrapa cada vez que te expones a los demás con tan buen humor, es única, para no desaprovecharla. Familiarizate con esas sensaciones de miedo y ansiedad en entornos donde te sientas seguro y pueda ser divertido.

Como nos preguntamos siempre, ¿qué es lo peor que nos podría suceder?

Parece al principio que puede ser algo inadecuado, poco serio, que puede afectar a quien eres pero, piénsalo un momento. Y si esto te ayudase a dar un gran paso en ese avance para que las circunstancias externas te diesen un poco igual y te atrevieses a hacer, a decir, a pedir, a preguntar muchas más cosas.

Y si este entreno, sirviese para que poco a poco fueses haciendo y diciendo lo que quieres sin esperar la aprobación de nadie. Y si cada vez fueses un poco más libre, ¿no sería maravilloso ese pequeño- gran azoramiento tras esa máscara o bajo esa peluca?

No dejes que todos estos “y si” carcoman tu mente. No evites estas situaciones, afróntalas cuanto antes y gana en seguridad y confianza.

 Ten unos segundos de coraje y demuéstrate que puedes vencer tus miedos con humor.

¿Y si acompañas a Georgie Dann? ¡no será genial!  😉

¿Has decidido que quieres crear tu futuro?

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A veces cuando imaginamos nuestro futuro lo hacemos con tintes dramáticos, oscuros, poniéndonos en las peores situaciones y con los finales más aterradores.

Es en esas situaciones, cuando nos damos cuenta de la nula diferencia que encuentra nuestra mente entre lo real y lo imaginario cuando nos empeñamos en ello.

Si esto es posible, si esas pesadillas y malos augurios nos producen nerviosismo, ansiedad y todos sus síntomas, ¿qué nos impide utilizar este mecanismo para que juegue a nuestro favor?

Si pensamos en la célebre frase de Drucker: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo” ¿Cómo podemos crear nuestro futuro?

Hace poco leía la historia de un gran orador que nació en un pequeño pueblo, y su gran meta en la vida, desde que era muy joven y acompañaba a su padre al campo, había sido precisamente eso, hablar bien en público.  Pasaba horas enteras ensayando frente a encinas y piedras a modo de interesados espectadores, haciendo que incluso el sonido de las ramas de los árboles se asemejase al aplauso del gran público. Cuando hubo crecido, llevaba tantas horas de vuelo que el objetivo que se había trazado y que entonces, a todas luces era inimaginable, tomaba forma por momentos, colocándole en esa zona en la que los sueños empiezan a tornarse en realidad.

Seguro que en algún momento has pensado ser el protagonista de una historia similar cuando has visto a ese cantante, a ese político, a ese abogado, actor, ingeniero y has pensado en ser él y a pesar de haber disfrutado intensamente esos segundos, no te has atrevido a recrearlos mucho tiempo más.

Si hay algo que realmente te ha producido esos segundos de felicidad, merece la pena mantener esa intención y ponerla en marcha. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Hace algunos años quizás alguien pudiese pensar que estabas loco, ahora loco es quien piensa que no tiene oportunidades de ser y de hacer muchas cosas que quiere y está determinado a hacer a lo largo de  su trayectoria vital.

Si realmente estás decidido a ser el protagonista de tu futuro y a utilizar sabiamente tu cabeza, prueba estos pasos:

  • Crea la idea en tu mente. Tu mente la grabará y a partir de esa alerta comenzará a construir.
  • Piensa en tu idea muy a menudo. Lo grabarás una y otra vez, así será más fácil actuar.
  • No pares. Imagina resultados. Recaba todas las habilidades y capacidades que tienes y necesitas para llevarlo a cabo.
  • Los obstáculos comienzan a destruirse con la fuerza de tu meta. Tus neuronas trabajan creciendo en la idea.
  • Repítelo una y otra vez. Tus neuronas se conectarán entre sí aumentando las autopistas de tu mente.

Si eres capaz de construir ese ciclo, que se alimenta una y otra vez con la ilusión y el entusiasmo, serás capaz de llevarlo a cabo.

Esa intención es la fuerza de la creación.

A partir de aquí, ¡tú decides!

¿Cómo es tu imagen de ti mismo?

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He de confesar que hasta hace unos años todos mis retos pasaban por construir una férrea fuerza de voluntad sobre la que descansaban horas y horas de esfuerzo que también he de reconocer, tenían su recompensa.

Sin embargo desde que mi curiosidad por el desarrollo personal comenzó a crecer, empecé a investigar y a relacionar conceptos, añadiéndole a la práctica, información y refuerzo científico para mejorar mi estrategia, entonces empecé a utilizar la autoimagen o la visualización, menos esfuerzo, mejor resultado.

A partir de entonces entendí que la imaginación bien utilizada es una herramienta poderosa para impulsar objetivos y retos  y no sólo una máquina de magnificar malos augurios y acrecentar  miedos.

Dedicar al menos 30 segundos cada día a visualizar quien quieres ser, produce un increíble entusiasmo y una decidida disposición a poner todo de tu parte para conseguirlo.

Esta visión tiene que estar llena de detalles y se rememorada continuamente para hacerla cada día más potente. Debiendo superar a todos esos mensajes negativos que nos decimos a nosotros mismos a diario, sin cuestionarnos.

Muchos deportistas lo hacen para visualizarse en sus encuentros y  partidos, en los que fijan los detalles en su imagen física, recordándose con la  ropa exacta, en el campo que se va a celebrar, dando los golpes o tiros que van a ejecutar, con cuanto más detalle mejor.

Un simple pensamiento, cualquier día, ya te auguro que no servirá para mucho. Seguro que si lo asemejas a que sueñes despierto, te es más fácil hacerlo y recordarlo.

Ya claro me puedes decir que después si no lo consigues el golpe es más duro, pero está demostrado por neurocientíficos( puedes ver el video al final del post) que ser optimista en nuestras expectativas, lejos de perjudicarnos, nos ayuda a ser más felices que en el caso contrario y  que a pesar de que somos conscientes de que podrían no llevarse a cabo, el efecto en nuestro ánimo y en nuestra vida es el mismo que si fueran realidad. Imaginad el poder de los pensamientos.

En lugar de dejar salir automáticamente todas esas imágenes y pensamientos negativos, nada potenciadores, podemos comenzar nuestro entrenamiento de autoimagen para conseguir el efecto contrario.

Por ejemplo si tienes que hacer una presentación piensa en dónde va a ser, cómo te vas a mover, a  hablar,  cuál va ser tu imagen, y visualízate teniendo éxito, sintiéndote orgulloso de tu presentación. Esto es un pequeño detalle para un evento pero lo puedes hacer para todos los ámbitos de tu vida.

Es esencial que tú mismo te veas capaz de llegar donde tú quieres, porque esa fortaleza que se construye desde el interior, será la que te acerque más a tu objetivo, si te acostumbras a verte en esa situación, lógicamente te será más fácil creer en ti mismo para llevarlo a cabo.

Tú actúas como la persona que crees que eres, sino entrenas una visión entusiasta, no serás capaz de motivarte y quitarte de encima tus limitaciones. Y con esta sencilla práctica de manera regular podrás ir avanzando cada día un poco más hacia tu meta.

 

Maneja tu propia imagen o seguramente será algo externo lo que te maneje a ti.

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¿Rendimiento o potencial?

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Cuando nuestro trabajo pasa de desempeñar tareas a liderar equipos, el cambio de entorno y de habilidades necesarias cambia demasiado para llevarse a cabo sin ayuda o una profunda reflexión sobre las personas.

De unas simples cifras que admiten sin quejarse todo tipo de formatos, colores y encajes para representar la marcha de la compañía, nuestro foco debe desconectar el zoom para que a estos números se añadan todas las personas que están inmersas en ese proyecto y  quepan en la escena que debemos liderar.

En el caso de las personas, hablamos de mentes totalmente diferentes que se unen con su variedad y sus matices para enriquecer el trabajo. Esto implica que nuestro esfuerzo ya no va dirigido a nuestras habilidades y su demostración en exclusiva, sino que potenciar las de los demás y hacer que trabajen para el resto es un gran y nuevo reto.

Intentar que todos se ciñan a tu forma de trabajar y a tu ritmo puede parecer efectivo al principio pero a lo largo del tiempo te darás cuenta que esa estrategia te ha servido para dejarte muchas personas en el camino que por miedo a no encajar, callan sus debilidades escondiéndose en una postura a la defensiva.

En el momento en el que tomas los mandos de un equipo puedes tomar esa decisión y ser lo que comúnmente todos conocemos como “un jefe” aunque ese modelo no lo situemos entre nuestro preferidos o puedes pensar cómo sacar el máximo potencial de tu equipo para que todos y cada uno de ellos se sientan útiles e integrados.

Prestando atención a las personas que trabajan contigo, conociéndolas al máximo e interesándote por ellas en todas sus facetas, podrás observar y reconocer qué cuestiones motivan y alientan a esa persona y cómo puede poco a poco  conseguir dar lo mejor de sí misma.

La mayoría de nosotros tenemos bloqueos antiguos que nos impiden mostrar muchas de nuestras habilidades y precisamente estableciendo espacios de confianza para poder asumir libremente las carencias que vayan surgiendo y poder pedir ayuda sin temer juicios o represalias, será un buen caldo de cultivo para crecer.

Para ser un verdadero líder una de las cuestiones que a mi juicio son básicas es la de creer que todas las personas tienen un potencial escondido que sólo necesita consciencia y responsabilidad para que salga a la luz. Siempre es más fácil que florezca con riego y fertilizantes que con críticas y juicios. Si tienes a tu equipo etiquetado en cajas de rendimiento, ¿qué oportunidad tienen de salir de ellas?

No estoy hablando de que parezca, sino de que sepas, que todas las personas en situaciones de peligro son capaces de cosas extraordinarias, que en su trabajo diario en el que sufren estrés y presión, están funcionando a un 40% de su potencial, lo bien que hacen otras cosas fuera de su lugar de trabajo y lo orgullosas que están de ellas. Ten por seguro que también  lo pueden hacer en sus lugares de trabajo si se da el entorno proclive. Piensa en ti.

Con un jefe al uso, cada persona intentará no salir de su zona de confort, desarrollar cada vez mejor la tarea para la que está contratada, sin crear, sin innovar, sin construir. Sin embargo dedicando tiempo y energía a construir tu equipo, todo ese tiempo empleado será un avance para cualquier proyecto futuro. Incluso si el equipo cambia de integrantes siempre quedará esa impronta de la que todo el mundo está orgulloso y es lo primero que transmitimos al exterior.

Que tu líder, crea en ti, te lo demuestre, te haga sentirte importante, que tus ideas cuentan, que eres alguien en el equipo, que prefiere que pienses a que sigas sus órdenes, tiene un decisivo reflejo en tu productividad y en tu rendimiento.

De acuerdo que el cambio requiere una inversión de energía y  tiempo, pero un alto porcentaje está en tu mano, sólo piensa ¿qué quieres ser un jefe o un líder?   

Tu huella positiva

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¿En qué nos ayuda tomarnos demasiado en serio la vida?

Parece que en determinados momentos, sobre algunos temas y dependiendo de con quién estés y  lo que hagas, la vida debe tomarse a palo seco, con seriedad, sin sentido del humor.

Cada paso parece ser tan trascendental y todo tan serio que cualquier atisbo de sorna o chanza se señala como algo extemporáneo, irresponsable y a erradicar.

Quiero compartir a modo de ejemplo  mi experiencia , lo que años de dedicación política seria, en busca de la justicia, hicieron conmigo y con mi entorno.

Desde que recuerdo, siempre mi comunidad y mi alrededor han sido para mí, una preocupación constante. El cambio y el progreso, una obsesión por colaborar en conseguir un mundo cada vez mejor para más personas. Si el fin era y sigue siendo loable lo que ahora, con el tiempo vislumbré, no tan adecuado, fue el método.

Con mis años de ciencia conseguí dar demasiada importancia a los datos y a los números, que pensé como reza el Principito ”gustaban a los mayores”. Porcentajes, comparaciones, reglas, progresiones, de todo para intentar hacer ver a los demás si todo en lo que invertían y adeudaban era digno de tal esfuerzo económico. Conseguí agotar mi vital visión optimista.

Con la justicia como uno de los valores principales en mi escala y haciéndolo erróneamente depender en gran parte de mí, la lucha era diaria, intestina, agotadora y fútil.

Todo mi esfuerzo en presentar un panorama sistémico y relacionado con todo tipo de argumentos, era entendido como un tótum revolútum que según quién, había que abordar fragmentado, “como se había hecho siempre”. Nunca llegué a entender cómo se puede hacer tal cosa y después argüir “daños colaterales”.

Recordando todos mis desvelos por conseguir el cambio empujando con mis datos desde fuera, ahora creo que si no me hubiese tomado todo tan en serio y hubiese conseguido no escorar, por mi impotencia, mi sentido del humor, hubiese conseguido más.

Mis descripciones apocalípticas trufadas de datos, que por desgracia se han hecho realidad, no conseguían más resultado que el rechazo frontal de las personas. Leyendo a Goleman he descubierto el porqué.

“Centrarnos en lo negativo desemboca en el desaliento y la falta de compromiso. Y es que en el momento en que se ponen en marcha los centros neuronales que se ocupan del estrés, nuestro centro de interés pasa a ser el mismo estrés y el modo de aliviarlo”

Realmente necesitaba un cambio de visión de 180·, una visión más positiva, que ilusionase, en aquellos momentos creo que era incapaz de hacerlo. Esto que yo viví hace años ahora compruebo que lo experimentan muchas más personas.

Esta sensación negativa que consigue captar tu atención permanentemente tiene un valor motivado limitado puesto que  lo primero que persigue la mente es el modo de cambiar ese estado y se acaba ignorando. Produciendo el efecto contrario.

“La negatividad-explica Goleman- circunscribe nuestra atención a un rango muy limitado, aquello que nos perturba”. De hecho afirma que la mejor receta para la depresión consiste en centrar la atención en los aspectos negativos de la experiencia.

Pero no sólo conseguí hacerme eso a mí misma, cerrando  mi mente a las nuevas oportunidades y soluciones, sino que a base de debatir y pensar y repensar conseguí trasladarlo a mi entorno, haciendo crecer en ellos el sentimiento de que si no se preocupaban y compartían mi visión, estaban haciendo un flaco favor a la sociedad.

Años después he descubierto que “las emociones positivas abren el foco de la atención, permitiéndonos  captarlo todo. Es cierto que cuando contemplamos las cosas con una actitud positiva, nuestra percepción cambia”. Incluso como asegura la psicóloga Bárbara Fredickson “cuando nos sentimos bien nuestra conciencia se expande desde nuestro foco egocéntrico habitual, centrado en el  “mí”, hasta un foco más inclusivo y cordial centrado en el “nosotros”.

A partir de entonces pude resetearme de nuevo, volver a cargar mis programas de serie, mi pasión por las personas y mi creencia en que todos podemos ser y hacer cosas extraordinarias. Comprendí la importancia de centrarme en las fortalezas de las personas, de los temas, de todo y avanzar desde allí.

Movilizando nuevas ideas, planes, personas. Alentando la práctica y el aprendizaje conseguí en poco tiempo estar en forma de nuevo. Entiendo que la supervivencia pasa por tener en cuenta lo negativo pero ahora las proporciones entre esto y lo positivo están en mí,  mucho más equilibradas.

Si yo lo he conseguido, tú también  puedes.

¿Quieres comenzar tu viaje?

El traje nuevo del jefe

traje

Conoce usted a  un  CEO, Jefe, Alcalde, Presidente, en definitiva alguien que tenga poder y lo ejerza en una organización o incluso lo es. ¿Ha pensado alguna vez cuál es una de  las cuestiones  más importante a las que se enfrenta?¿ha reflexionado sobre la información que le llega de los demás y el porqué?

 Hace tiempo que escucho y leo sobre los problemas que surgen en las organizaciones desde el punto de vista de los empleados y que tienen como punto de inicio la información que se les filtra a los prebostes.

Mientras rumiaba este tema, esta semana, han caído en mis manos varios documentos que me han ayudado en la reflexión. El primero de ellos ha sido un artículo en la revista TIME titulado  “The biggest problem with being a CEO” , que os dejo y el segundo un capítulo del libro “Focus” de Daniel Goleman  “Vernos como los demás nos ven”.

Automáticamente de su lectura recordé el fantástico cuento de Andersen, que para mí refleja estupendamente la cuestión “El traje nuevo del emperador”.

Algunos de los argumentos, con respecto a la posición, que leí, han sido:

“Es común para los CEO rodearse de personas que filtran la información negativa”.

“El presidente de una compañía ya sea grande o pequeña está aislado por su posición” Peter Drucker

Una de las soluciones propuestas por Drucker, sobre  de la que éste más tarde se volvió escéptico era “dejar el despacho y mezclarse con la organización  para ver con sus propios ojos que ocurría”, acabó desestimando esto y considerándolo una pérdida de tiempo, puesto que “inducía a una falsa sensación de seguridad”  creyendo que la información que obtenían es toda la que existía y no la que, intencionadamente, les proporcionan.

Algunas de las ideas propuestas a partir de aquí, son :

“No sólo tolerar el disenso dentro de la organización sino recompensarlo”, algo que expone incluso con respecto a recompensar el fracaso Jean Claude Biver, CEO de Hublot.

“Forjar cadenas de mando lo más cortas posibles, porque cada eslabón dobla el ruido y acorta el mensaje a la mitad “

Y finalmente  “salir completamente de la organización y ver lo que está ocurriendo en el mercado, hablar con tus clientes”

Lo que me llamó la atención de la información proporcionada por el artículo y  “The Drucker Institute”,  que complementa el libro de Goleman es el tipo de líder que se requiere, que no de jefe, que inspire la suficiente confianza como para que, lo que no va tan bien en la compañía o necesite atención le sea planteado sin miedos.

Ampliar la perspectiva con respecto a nuestra imagen, a cómo nos ven  los demás y lo que sabemos sobre nosotros mismos, evitando las generalizaciones, eliminaciones y distorsiones que se producen por  las opiniones, comentarios y actos, de unos pocos, es  fundamental para el CEO.

El poeta Robert Burns lo reflejó en unos versos:

¡Ah, si nos fuera dado el poder

de vernos como los demás nos ven!

De cuántos disparates y necedades nos libraríamos!

 Si estás en esta posición, quieres comenzar a trabajar esto y no sabes cómo, pide a alguien en quien confíes con toda la humildad y comprensión de la que seas capaz,  que te cuente tu propia vida. Empieza por escuchar cómo los demás te escuchan.

El autoconocimiento es la llave, y el coaching puede ser tu guía, una persona en  la que puedes confiar, un entorno seguro para tratar cuestiones que no quieres contar a nadie cercano, ni siquiera a tus familiares y que te va a hacer crecer.

 La valentía de no descartar lo negativo y menos halagador de nosotros mismos que sabemos debemos trabajar y entrenarlo con ahínco e interés es, a mi modo de entender, la clave para poder transmitir con naturalidad y claridad lo que queremos en nuestras organizaciones,. De otra forma,  seguiremos siendo “Emperador@s desnud@s”.

“Como si”

comosi

 

 

Cuando nos enfrenamos a la consecución de un objetivo o de una meta que sabemos que va a hacer la diferencia entre los que somos y lo que queremos ser o dónde estamos y dónde queremos estar, hay determinados obstáculos que se interponen en nuestro camino contra los que luchar.

 En nuestro proceso nuestra motivación para el cambio es definitiva y es lo que va a ser el motor de éste por lo tanto debemos evaluar este sistema para analizar si tenemos las creencias idóneas para llevar nuestro barco a buen puerto.

Enseguida aparecen creencias limitantes, de capacidad “yo no puedo”, de posibilidad “no es posible para mi” o de merecimiento “no me merezco”.

Robert Dilts propone cinco elementos, cinco creencias para analizarlas ya que las considera significativas en nuestro camino hacia el éxito de nuestro cambio:

  • Lo deseable del resultado. Debemos plantearnos si nuestro objetivo es deseable y merece la pena

  • Seguridad en que el objetivo es alcanzable. Saber que el objetivo es alcanzable.

  • Evaluación de los comportamientos que son necesarios para el resultado deseado. Si lo que hay que hacer es apropiado y ecológico para nosotros.

  • Creencia en la propia capacidad para llevarlos a cabo. Saber que tienes las capacidades necesarias.

  • Sentimiento de la propia valía y permiso para realizar los comportamientos que se requieren y llegar al lugar deseado. Tener la responsabilidad y saber que te lo mereces

Una vez tengas estas creencias evaluadas cada una de ellas del 1 al 5, te puedes plantear tu hoja de ruta para alcanzarlas.

Analizando tus propios recursos para afrontarlos o  buscando la ayuda de una coach para fortalecer el éxito en la consecución de tu meta, ya sea este objetivo referente a tu estado psíquico, físico, laboral, personal, etc.

Si quieres comenzar a ver más posibilidades ampliando tu marco de referencia en ese cambio, utiliza “como si”, te ayudará a crear contraejemplos y alternativas.

Dentro de este marco Milton Erickson repite que “puedes imaginar y dominar lo que quieras”.

Ensaya mentalmente estos pasos:

  • Actúa “como si” eso fueras capaz de hacerlo, ¿cómo sería?
  • Actúa “como si” ya hubieses tratado con esa objeción o interferencia ¿cómo responderías de forma diferente?

 

¿Por arte de magia?

magia

El efecto de la imprimación me ha hecho relacionar una serie de cuestiones en el último mes que han despertado mi interés.

Todo comenzó una tarde, navegando en Internet, a través de una web de documentales, puede asistir atónita al espectáculo del mago Dynamo. Aún siendo consciente de que la magia es un engaño, sus trucos son asombrosos  y bastante originales.

Tras este descubrimiento, y relacionándolo con mi interés por la neurociencia, investigué sobre la visual, que se ocupa de estas percepciones y de  desvelar las bases neuronales de la consciencia.

Relacionado con la magia encontré el libro “Los engaños de la mente “ de los neurocientíficos  Macknik y Martínez- Conde y me hice con él, lo tenía en la cola de lectura, otros hechos ha procedido a subirle varias posiciones en la lista, hasta comenzarlo hoy y del que, seguro, volveré a hablar.

 Estos hechos han sido, mi lectura de los “Cuentos didácticos” del gran psiquiatra e hipnotista Milton Erickson, y de la parte que dedica a “La magia, lo sobrenatural y la percepción extrasensorial”, en los que desvela varios trucos de de prestidigitación, videncia y adivinación. Un juego de magia que entusiasma a mis sobrinos, y nuestro intento por conseguir entretener las reuniones familiares con ingeniosos toques de varita, las películas que he visto últimamente relacionadas, “Luces rojas” y “Ahora me ves”, recordar “El Ilusionista” o “El gran truco” han  hecho que crezca en mí ,el interés por la PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL, la MAGIA y lo  SOBRENATURAL.

¿Qué puede compartir con vosotros una lega en la materia, que casi acaba de iniciarse en  el tema?

Pues una reflexión muy clara que he encontrado  dentro del Juramento de los Magos:

“Como mago, prometo no revelar jamás el secreto de ningún truco a alguien que no sea mago, a menos que esa persona también se comprometa a respetar el juramento de los magos. Prometo asimismo no realizar en público ningún truco sin haberlo practicado lo suficiente para llevarlo a cabo lo bastante bien como para mantener la ilusión de la magia

Y que comparte Erickson: “los fenómenos sobrenaturales y experiencias sensoriales se basan en poderes de observación sumamente desarrollados o bien en ilusiones o engaños”.

 El denominador común es el esfuerzo en la práctica y la perseverancia que los magos trabajan para poder llevar a cabo sus trucos e ilusionar al público. Dice Erickson acerca del tema y es el colofón de mi reflexión de hoy que lo que ocurre es que “Es verdaderamente sorprendente lo que la gente puede hacer. Sólo que no sabe que lo puede hacer”

Te has preguntado alguna vez:

¿Qué es magia para ti?

¿Para qué quieres utilizar la magia?

¿Qué sabes hacer bien y te apasiona, que trabajándolo puedes llegar a ser un virtuoso?

¿Cuánto tiempo estás dispuesto a emplear en ello?

¿Cuándo piensas empezar?

Si empiezas hoy, en un año estarás más cerca de tu objetivo, como por arte de magia

foto: imaginateframa

El otro

el otro

Alguien con quien trabajáis, o de vuestra familia, pareja, hijo, pandilla…cuando pensáis en él o en ella, pensáis en conflicto, en que siempre dice algo inoportuno, se comporta de manera que te molesta, le culpabilizas de la mayor parte de tu desasosiego, es más, estás pensando en alejarte de todo lo que quieres porque ya no aguantas más.

Quizá siempre has utilizado las mimas técnicas y tácticas  con esta persona, muchas veces has escrutado su comportamiento en busca de señales que confirmen tu teoría de que vive por y para fastidiarte, que se crece en ese conflicto y que tú no puedes hacer nada más.

Si recuerdas a Einstein que decía que no se puede resolver el mismo problema con el mismo nivel de pensamiento, podrás comprobar que tu estrategia no conseguirás más que hacer un surco en esa relación y ya simplemente con recordar su nombre o ver su cara, los archivos que te irritan saldrán uno tras otro de las estanterías de tu mente.

 Leyendo sobre Talleres para la resolución de conflictos he encontrado un texto de Edward Kauffman sobre “Diplomacia ciudadana” que nos puede ayudar.Es una práctica para valientes puesto que tienes que proponérselo a la otra persona en conflicto para poder avanzar.

Se trata de llevar a cabo un ejercicio sobre “la imagen del Otro”, cada uno :

  • Escribe una descripción de sí mismo y de su relación con la otra persona (5 ó 10 puntos)
  • Hace otra lista con cómo percibes a la otra persona y su comportamiento
  • Cuando tengáis estas listas compartidlas, si puede oírlo una tercera persona, algún familiar, compañero o amigo que os pueda ayudar, mejor, la simple comparación y escucharlo os dará dos ideas que os harán más consciente de la situación: es más fácil juzgar a los demás y su comportamiento que observar el nuestro y la comparación os habrá mostrado diferencias trascendentes y te planteará nuevos interrogantes.
  • Autodiagnóstico: preguntaos  cómo os ven los demás y escribid por qué puede ser así, compartidlo con otra persona con la que tengas confianza y dejadles que os pregunten. Intercambiar opiniones sobre esto, os abrirá vuestra perspectiva y os enseñará cómo vuestro comportamiento también puede ser interpretado de una manera muy diferente por la otra persona.

Si lo habéis propuesto, comenzado y utilizado bolígrafo y papel tenéis la actitud ideal para enfrentaros a este reto, si sin embargo lo has leído pensando que quien tiene que cambiar es él o ella, no albergues muchas esperanzas de éxito.

Resolver los problemas que surgen de las percepciones y modificar sus puntos negativos es el objetivo, si no te esfuerzas, no lo conseguirás, tu actitud hacia todo, es definitiva.

Si hacéis el ejercicio y no encontráis algo diferente que hacer y tus puntos negativos sobrepasan con creces los positivos, al menos tendrás una visión más crítica de tus percepciones y de tus posibilidades en ese conflicto. Si no lo ves como un reto, te habrás rendido y serás víctima de tu propia elección.

Tú decides

Esa es la cuestión

problema

Problema, en cuanto oímos esta palabra, ¿qué archivos  sacamos de nuestra mente? Para empezar, buscamos en las emociones negativas, después, consideramos la búsqueda de un culpable, que no sólo acarree  la responsabilidad sino que admita que inherente a esta culpa, ha de ser el primero que debe restituir la situación a la inmediatamente anterior.

En lugar de pensar en colaborar, en buscar una solución, conseguimos tener a todos los interlocutores  a la defensiva, y a nadie buscando opciones.

Y si en lugar de denominarlo así y sacar esos archivos, buscásemos otro nombre como referencia,  que volcase otros ficheros más deseables: asunto, cuestión a resolver, reto, desafío, tarea mejorable, incidente…usemos la riqueza de la lengua castellana, seguro que se nos ocurren múltiples ideas. ¿A qué suena diferente?

No sólo eso, parafraseando a Steven Covey, la mayoría de las veces “el problema está en el modo en que vemos el problema”. Podemos estar insistiendo en los mismos procesos durante meses y no encontrar solución, sin cambiar de enfoque.

Cuando valoramos una situación que requiere nuestra atención, lo que solemos hacer es ir directamente  al contenido, a los hechos, circunstancias y personas que están implicadas, hacia fuera. Sin embargo no valoramos la percepción interior  que nosotros tenemos del mismo, todos los “a priori” con los que nos enfrentamos a la solución y que influyen tanto en el proceso como en las posibilidades de éxito.

Sobre nuestros familiares, empleados, compañeros, jefes, tenemos una serie de creencias y de etiquetas puestas desde hace años, que nos influyen y les influyen, cercenándonos las opciones, reproduciendo tópicos  limitantes que nos derivan a desenlaces ya conocidos.

Se atribuye  a Einstein la cita referente a que si quieres resultados distintos no  puedes seguir haciendo lo mismo, se refería al mismo nivel de pensamiento. Ayuda para ampliar la perspectiva te impulsará, introducir elementos nuevos en el análisis  que produzcan un cambio en tu interior, en tu mirada.

Cuando te enfrentes  a una situación por resolver, comienza por:

  • Denominarlo de una manera sugerente,  como reto
  • Utiliza la primera persona del plural, no busques culpables
  • Consigue un ambiente en el que la mayoría se encuentre cómoda para opinar
  • Empieza desde cero, “sin a priori” sobre el tema o las personas.
  • Concéntrate en las virtudes de los que te rodean y parte de ellas, olvida sus defectos.
  • Entrena hasta conseguir  comprender e integrar esto en tu vida

Si crees en las personas se nota, lo notan y su predisposición hacia ti y hacia la cuestión cambian.

No existe remedio más mágico que tu cambio de actitud. Si tú cambias, las cosas cambian.

A qué Shakespeare no escribió  “Ser o no ser, ese es el problema” 😉

Foto:optimismodigital

Elogios sinceros

elogio

Si fuésemos realmente conscientes del poder de las palabras y de lo mucho que podemos conseguir con las personas, escogiéndolas cuidadosamente, no sólo la vida sería más agradable, sino que nuestras capacidades y habilidades rebasarían con mucho, los límites que nos autoimponemos y marcamos en los demás.

Si pensamos en decirle a alguien algo para corregir o señalar  un defecto o algún comportamiento no muy bueno, encontramos cantidad ingente de personas dispuestas a hacerlo y que por el contrario piensan que decir lo que está o se hace bien no merece la pena, porque es lo normal.

Ahora que lo has leído qué piensas. ¿Crees que partiendo exclusivamente de lo negativo es la mejor forma de  inspirar y motivar a alguien a hacer algo mejor?

Muchas personas también piensan que decir lo bueno es ser pelota, adular, pero entre un elogio sincero y motivador y unas palabras artificiales, genéricas y sin otra intención que dorar la píldora, hay un largo trecho.

Piensa en ti mismo, imagina que un día has trabajado mucho algo, una tarea, un discurso, una idea y llega alguien y te dice “esta idea está muy currada” o “es muy innovadora” ¿es o no una inyección motivadora? Imagina lo mismo con una comida, una jugada en un deporte, un estilismo o una intervención en una reunión…

¿Qué es lo que nos hace pensar que unas palabras agradables de recompensa no son naturales?¿ Quizá las pocas veces que las decimos? ¿Quizá las pocas veces que las recibimos? ¿Cómo podemos tener el propósito de ser felices y hacer felices a los demás sin tener esta importante cuestión en cuenta? ¿Cómo puede saber alguien si está haciendo las cosas bien o no?

William James dijo “el principio más profundo del carácter humano es ser apreciado”. ¡Aprecia!

Un importante hombre de negocios hablando sobre el éxito de su empresa dijo: “Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la mejor forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del pareció y del aliento”,“no hay nada que mate tanto las ambiciones de una personas como la crítica de sus superiores. Yo jamás critico a nadie. Creo que se debe dar a una persona incentivo para que trabaje. Por eso siempre estoy deseoso de ensalzar, pero soy remiso para encontrar defectos. Si algo me gusta soy caluroso en mi aprobación y generoso en mis elogios.” (D.Carnegie)

Las personas comunes, que no son líderes, hacen precisamente lo contrario, vociferan y airean los defectos de las personas y si les gusta algo, simplemente no dicen nada.  Y lo que es peor, además de sufrir esto en sus carnes, ni siquiera dudan en cambiarlo y copian el modelo sin más.

Si nunca lo has hecho al principio te costará. Busca elogios sinceros que hacer y empieza a hacerlos a menudo. Pronto se convertirá en algo habitual que no sólo agradecerán los demás, a ti también te cambiará la vida.

Recuerda que decir cosas negativas es muy fácil y tiene demasiada competencia.¡No es tu negocio! 😉

Foto:pagina22

¿Qué te pre-ocupa?

preocuparse

En cuanto has puesto los pies en tu casa y en tu trabajo, tras las vacaciones, todas esas cuestiones que habías dejado apartadas, han vuelto de golpe a tu mente.

Preocuparte que había sido una actividad a la que le habías dedicado poco tiempo, ahora te consume gran parte del día.

Volviste a escuchar y a leer noticias sobre economía, enfermedades, sucesos, por tu configuración obviaste todas las que no significan una amenaza para ti y con las que te quedan, imaginas escenarios a cual más aciago.

Preocuparse es una actividad desde cualquier punto de vista absurda pero que en nuestra cultura, si no le dedicas el tiempo suficiente parece que no te ocupas de los demás, o de los temas, que no te importan, que  eres un irresponsable mayúsculo que vive del azar o de las rentas de los demás.

Párate a pensar, en algún momento, ¿ alguna de las cosas que ocurrieron en tu pasado más reciente, se solucionó por preocuparte?

¿Cuánto tiempo le dedicaste a un montón de pensamientos absurdos que te derivaban a la peor de las situaciones para nada?

Aún en el peor de los casos, anticipando todo ese mal augurio, lo único que conseguirás es fastidiarte  días sin motivo.

Parece no muy razonable que pudiendo elegir escenarios mucho más agradables, te pongas siempre negativo y lo que es peor, que esto te incapacite para ver oportunidades u otras soluciones.

En muchos casos en los que la preocupación te inmoviliza estás eludiendo otra cuestión que te es incómoda de llevar a cabo o resolver,  y  utilizas la preocupación como excusa para no hacer nada. Piénsalo, busca que hay detrás de esa constante.

La preocupación también es la excusa perfecta para justificar otros comportamientos que de otra forma, querrías cambiar: fumar, comer…

La preocupación también te afecta físicamente con muchas dolencias añadidas: dolores de cabeza, espalda, úlceras…¿te vas a empezar a cuidar?

Además la preocupación  te impide el cambio.

Algunas estrategias para evitarla que puedes entrenar:

Pregúntate:

  •  ¿De qué me evado al malgastar mi tiempo en preocupaciones?
  • ¿Habrá algo que llegue a cambiar como resultado de mi preocupación?
  • ¿Qué es lo peor que me puede pasar y qué probabilidades hay de que ocurra?

Deja unos minutos al final del día para preocuparte, específicos y utiliza sólo éstos.

Preocúpate por algo por lo que jamás lo harías, algo trivial,  y comprobarás lo absurdo de la actividad.

Párate y dile a alguien : ” Míreme estoy a punto de preocuparme”

Dyer dice que el mejor antídoto contra la preocupación es la acción, así que ¡¡ponte en marcha yaaaaa!!