SALUD, DINERO Y AMOR

Salud, dinero y amor son las tres cosas que cantan que hay en la vida. A día de hoy sigue respondiendo al orden de prioridades que los españoles tenemos para una vida plena según el último estudio del Pew Research Center.

Sin embargo creo que el orden no es exactamente el idóneo y merece una reflexión. Creo que la salud depende tanto del amor como del dinero por lo tanto su cuidado depende más de nosotros de lo que creemos.

Que la soledad mata a más personas que cualquier evento o enfermedad por sí solo es la muestra de que el amor lo es todo aunque a veces el de la familia o el de los amigos lo damos por hecho y no lo valoramos con la decisiva importancia que tiene.

Que el dinero no da la felicidad aunque definitivamente ayuda hasta superar el nivel de subsistencia es algo a tener en cuenta pero insisto en que el amor- compañía supera con creces esa otra necesidad. Sentirse querido y apreciado es lo que los seres humanos ansiamos y lo que nos da salud y éxito.

Nos hemos vuelto cada vez más, no solo individualistas sino materialistas y egoístas creyendo que la panacea es la acumulación y nuestro bienestar personal. Lo que en realidad nos hace cada vez más miedosos. Lo que nos hará felices es dar y compartir.

No hace falta que los que tengas alrededor lo hagan. Esperar a que otro dé el primer paso no trabaja tu felicidad sino que da el control a los demás sobre tu comportamiento.

La búsqueda de la felicidad es un viaje, no un fin o una sola cosa. Comparte, disfruta, vive y haz felices a los que tienes cerca. Reorganiza tus prioridades para el viaje. Aunque no rimen igual, disfruta.

RENDIRSE NO ES UNA OPCIÓN

Hay quien se rinde y se baja pronto de las cosas. Empieza a pensar en todas las cosas que empeñó, en todo el esfuerzo que dedicó y se siente poco reconocido, nada apreciado y se encierra en sí mismo, haciéndose más vulnerable. Además se contagia.

Lo he visto y comprobado en numerosas ocasiones, sabiendo que justo al momento siguiente, con otra actitud, se hubiese abierto una oportunidad nueva. Yo misma lo he vivido.

Al principio creí que era parte de impaciencia, hija de la ira y de la cantidad de emociones negativas que esta produce y la cantidad de acciones en caliente que esta demanda.

Después comprobé que se suman otros muchos componentes que hacen que con malos consejeros y una situación estresante se produzca una voladura incontrolada en la que haces que parte de tu vida salte por los aires.

La vida está llena de dificultades y retos a los que todos nos enfrentamos antes o después. Desarrollar una capacidad que nos haga resistentes y persistentes es una necesidad que ayuda para poder, adaptándose, seguir adelante.

No supone ser inmune o impermeable a los traumas pero sí que consiste en la capacidad de recuperarse de las experiencias que nos cuestan y crecer.

Estoy segura de que no sería la misma persona si no hubiese trabajado esa capacidad durante años. Decía Shakespeare que no hay nada bueno o malo, que es el pensamiento el que lo hace así. Hagamos que el nuestro trabaje en nuestro favor.

VIVIR CON EMOCIONES

En nuestra educación tradicional hemos entendido que lo correcto era reducir nuestras emociones al ámbito privado.

Que la alegría o la tristeza invadiese otros espacios no era aceptado con normalidad. De hecho había que dejar todas las emociones en la entrada del trabajo y recogerlas a la salida como si hubiese taquillas o ropero al efecto.

La definición del hombre como un animal racional nos ha llevado a tener estas creencias, sin reparar en que compartimentar el cerebro o cortocircuitar las sensaciones que percibe nuestro cuerpo y que envía a nuestro cerebro es poco realista.

Una vez que entendemos que nuestra mente no tiene un interruptor que pausa el caudal de las emociones somos más conscientes de que muchas de las decisiones que tomamos son guiadas en gran parte por ellas.

Admitir esto hace que seamos más concienzudos a la hora de analizar las situaciones puesto que entendemos que serán afectadas de alguna forma por la tristeza, sorpresa, miedo, asco, alegría o ira que sintamos.

Incluso aprender a reconocerlas en nosotros mismos nos hará ser más conscientes de nuestro carácter y más poderosos con nuestro autocontrol.

Reducir la alegría y el amor al ámbito privado hace que seamos menos entregados y entusiastas en nuestro trabajo creyendo que por ser un castigo divino no es digno de ser disfrutado pero nada más lejos de la realidad.

Nada importante se hizo sin entusiasmo así que hagamos el firme propósito de llevar siempre con nosotros emociones positivas y como decía Tennessee Williams el entusiasmo, que es de las cosas más importantes en la vida.

DETERMINA TUS HÁBITOS

Tan importante como donde nacemos es de quien o de quienes nos rodeamos durante nuestra vida.

Hay personas que siempre suman, animan y te hacen creer en ti mismo y otras que solo ven la parte quejosa y triste de cualquier evento que ocurra en ella y a pesar de no ser su intención, acaban con la poca esperanza que te queda para seguir.

Personas que son capaces de levantarse a pesar de todo y de todos sin rendirse, ni lamentarse y encima insuflarte ánimo. Otras que cualquier eventualidad les hace desfallecer y sentirse víctima, no solo de un mal momento sino de una racha implacable.

Ser de una u otra forma, de alguna manera es un hábito. Ya no recordamos cuándo decidimos ser así, qué experiencias vivimos o qué objetivos queríamos conseguir cuando creímos que esa estrategia sería la mejor y de repente nos convertimos en ello.

Todos los días es una nueva oportunidad para ser quien tú quieres ser. No será fácil aunque es posible. Piensa en esa persona con la que te gusta estar y en los rasgos que te gustan de su personalidad y conviértete en ella.

Entre quien eres hoy y quien puedes ser después de un tiempo cambiando de hábitos media determinación y entrenamiento. Todos queremos estar rodeados de gente inspiradora y positiva pero también podemos serlo.

UN INTERESANTE DESACUERDO

Comparto con Popper que la existencia del desacuerdo es parte indispensable del conocimiento y que es fundamental en el seno de las organizaciones para crecer.

Si no existe debate interno en cuanto al fondo y a la forma de las cuestiones que interesan a sus componentes, las personas no se involucran y su desafección acaba siendo un reclamo para quienes desde fuera pretenden dinamitarlas.

Por eso encuentro francamente definitivo que los cauces tecnológicos y físicos para este intercambio de opiniones y pareceres sea una realidad accesible para llegar a conclusiones que se compartan, respeten y lleven a cabo.

No es lo mismo que existan distintas posiciones en liza y que se escuche a todos, a que te tengan que dar la razón o a qué se haga y diga lo que una persona o varias sin ser argumentadas, ni estén alineadas, ni sean mayoritarias. El acuerdo debe ser un equilibrio compartido por las partes con el compromiso de aportar y crecer.

La inmadurez que resulta de quien sigue insistiendo en sus planteamientos estáticos personales creyéndose poseedor de la razón, a pesar de dañar su propia organización, no tiene cabida en tiempos en los que el dinamismo y el cambio son continuos y siempre existe información que nos puede mejorar la posición .

Incluso cuando alguien es experto en el caso, escuchar y enriquecer su propuesta con las ideas y propuestas de los demás puede llevarnos a que la innovación y el avance sea más productivo y útil.

Decía Lippmann que donde todos piensan igual, nadie piensa. Que este pensamiento sea la base para avanzar y no para dinamitar, depende de todos.

UN EQUIPO ESTRELLADO

Cristiano Ronaldo y Messi y sus respectivos equipos han protagonizado, en los últimos tiempos, dos de las revoluciones principales de nuestra Liga de fútbol. Algo que me ha hecho reflexionar sobre dos cuestiones.

Cuántas estrellas puede soportar un equipo y cuánto puede este soportarlas. Ambas respuestas son aplicables a cualquiera que quiera que funcione tanto un equipo como una organización.

Estas preguntas surgen principalmente por la dicotomía entre individuo/ equipo. Y si lo que debería ser colaboración se convierte en una continua competición en la que las estrellas dejan poco espacio a los demás. Prefieren brillar en solitario en lugar de repartir juego y motivar a los demás, involucrándoles y haciéndoles sentirse importantes.

Algún entrenador de éxito exige que el equipo y el jugador que mete un gol, agradezcan y reconozcan tanto que le dio el pase como al que lo marcó para así tener en cuenta cómo se gestan los grandes logros.

Cuando alguien cosecha éxitos partido tras partido, empieza a creer que es imprescindible. Su ego le precede y a veces permitir más de uno hace que aquello no funcione. Este creerá que el equipo le necesita. Que no podrán prescindir de él y que, ahora o nunca, tiene que aprovechar esa oportunidad, ya sea económica o deportivamente en su favor.

Sin embargo ese es el mismo momento en el que la propia organización, el propio Club, no puede permitirse pulsos más allá de lo razonable. El efecto que produce en el resto del equipo por agravio comparativo y el desafío a la organización se sostienen lo imprescindible para que el aficionado crea que se hizo lo que se pudo.

Las organizaciones que crean incentivos e incluyen en la misión y en la visión la importancia de la colaboración, del equipo y el honor de pertenecer a él aseguran el éxito de tener un “Dream team” que pueda ganar cualquier “All-star”.

La importancia además de tener un buen entrenador que entienda esta parte del juego y reciba permanente feedback del equipo es imprescindible. Piense en cualquier organización empresarial o familiar que quiera que funcione y tome nota.

Ningún tiempo pasado fue mejor

Las encuestas no son más que fotos fijas de estados dinámicos de ánimo y de opinión. Cada vez que se publica una, a continuación se suceden incesantemente las interesadas lecturas por parte de las diferentes parroquias.

Hay que manifestarse radicalmente a favor o en contra para no desentonar con la polarización reinante, eliminar a quien nos viene bien, resaltar el dato con la relación causa- efecto que nos conviene o denostar a quien nos parece, todo es uno.

Al margen de la supuesta cocina que lleven y que nos preguntemos si fue antes el huevo o la gallina, hay datos que me preocupan cada vez más.

Parece que alimentar la polarización es
una gracieta de la que participar es condición indispensable aunque a mí me parezca una de
las cuestiones más graves que pueden plantear partidos que en otros momentos trabajaban
por mejorar la convivencia y que ahora son incapaces de mantenerse al margen de este fenómeno.

Más del 50 % del discurso de algunos líderes en absoluto tiene que ver con plantear medidas
para asumir responsabilidad sobre la crisis sanitaria y económica que vivimos y sin embargo sí lo es para avivar el fuego de la división con invectivas contra el enemigo para reunir su rebaño.

Además de contra el político, cada extremo contra su molino, unos contra los ricos y otros contra los inmigrantes, lo importante es mover el miedo para rentabilizarlo en votos con facilidad.

Hay dos noticias hoy que sumadas me ponen los pelos de punta, la subida que experimentan tanto en España, como en Francia, los extremos en concreto los de la derecha. Señalando que en el caso francés, la mitad de los obreros tienen la intención de votar a candidatos de la extrema derecha en las presidenciales del próximo otoño.

Mientras el mundo va hacia las sociedades diversas y abiertas, precedido por la interconexión de la economía sin atisbarse vuelta atrás en ningún caso, hay partidos políticos que todavía no dudan en alabar medidas autárquicas perjudicando preocupante y principalmente a aquellos que pretende proteger, veáse los resultados BREXIT. Verlo con normalidad, es ya un problema.

En lugar de hacer que el eje urbano-rural deje de contraponerse para equilibrarse con inversiones y opciones vitales acordes con los nuevos tiempos de teletrabajo, se potencia la división modernidad-tradición como si volver hacia atrás fuese una opción beneficiosa.

Es una pena que todo esto ocurra cuando los Fondos Europeos pueden ser el motor de esa nivelación tan necesaria como motivadora del trabajo conjunto y no tratar que todo salte por los aires envueltos en la ilusión mental de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Algo que no prueba ningún dato pero si pregona el populismo de ambos extremos.

DE LA NECESIDAD DE PEDIR AYUDA

No es nada nuevo que el ser humano es la ley del mínimo esfuerzo. Para cualquier cosa que hacemos elegimos el camino que suponemos nos consumirá menos energía.

Por eso no es fácil que cambiemos de hábitos que hemos automatizado, ni de creencias que hemos heredado. Todo para que nuestro sistema tenga su indicativo de batería en un alto porcentaje.

Si a esto le sumamos que nuestra concentración ahora es mínima, imagínense el análisis de los temas que se suceden a velocidad de vértigo en la actualidad. Superficial es poco. Es más, estoy segura de que solo leemos y escuchamos lo que nos interesa para nuestra posición. Por lo que albergar esperanzas de cambio es una quimera.

La cuestión es que hay personas cuyas creencias, pensamientos y estrategias no son demasiado ecológicas para ellos. Es decir, no les acercan para nada a sus objetivos y en algunos casos incluso no dimensionarlas bien hacen que trabajen en su contra indisponiendo a su entorno contra ellos.

Si no somos capaces de darnos cuenta por nosotros mismos y tampoco tenemos una persona de confianza cercana que nos pueda advertir, probablemente acabaremos cometiendo errores sin ni siquiera darnos cuenta.

La humildad que requiere pedir opinión sobre nuestro comportamiento a quienes nos pueden ayudar no está al alcance de quien no soporta sentirse vulnerable pero a veces es la única forma de crecer.

Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

Reflexión del día/ Daily dose

“El liderazgo se practica no tanto con palabras como con actitud y acciones”

Harold S. Geren

  • ¿Cómo es tu liderazgo?
  • ¿Haces lo que dices?
  • ¿Dices otras cosa diferente a la que haces ?
  • ¿Cómo crees que se tiene la actitud correcta?
  • ¿En qué se parece a la tuya?
  • ¿Cómo puedes a partir de hoy pasar a la acción? 😉

El camino del líder, de yo a nosotros

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Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.

A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.

Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.

Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.

Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.

Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:

  • Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
  • Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
  • Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
  • Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
  • Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
  • Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
  • Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.

La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.

 

 

¿QUÉ TIPO DE PERSONA ERES TÚ?

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Seguro que en multitud de ocasiones has pensado en los motivos por los que no asciendes en el trabajo y alguno de tus compañeros sí. Te dejo una interesante historia para que reflexiones sobre el tipo de persona en la que te ves reflejado y para que establezcas un plan que te acerque cada día a tus objetivos.

ASCENDER POR RESULTADOS
   Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que no haber recibido nunca una amonestación. Cierto día, buscó al gerente para hacerle un reclamo:
   —Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace solo seis meses y ya ha sido promovido a supervisor.
   —¡Ajá! —contestó el gerente. Y mostrando cierta preocupación le dijo—: Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas.
   Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.
   —Bien, ¿qué averiguaste?
   —Señor, tienen naranjas para la venta.
   —¿Y cuánto cuestan?
   —¡Ah! No pregunté.
   —Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
   —Tampoco pregunté eso.
   —¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
   —No lo sé, señor, pero creo que…
   —Bueno, siéntate un momento.
   El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta. El gerente le preguntó:
   —Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?
   —Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen bananos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 150 pesos el kilo; el banano, a 220 pesos la mano; el mango, a 90 pesos el kilo; la papaya y el melón, a 280 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidades, nos darán un descuento de diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
   —Muchas gracias, Fernando. Espera un momento.
   Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí:
   —Juan, ¿qué me decías?
   —Nada, señor… eso es todo. Con su permiso
Cuando pienses en qué tipo de persona eres, reflexiona sobre todo sobre:
  • ¿Qué tipo de persona contratarías tú?
  • ¿Cómo afrontas tus tareas?
  • ¿Esperas órdenes o tomas la iniciativa?
  • ¿Propones mejoras o ejecutas sin estar de acuerdo?
  • ¿Cuestionas todo o analizas para mejorar y proponer?
  • ¿Cómo puedes mejorar tus habilidades?
  • ¿A quién beneficia tu comportamiento actual?
  • ¿En quién o quiénes piensas cuando actúas?
  • Si tuvieses un empresa, ¿te contratarías a tí mismo? ¿para qué puesto?

Seguro que has comprobado que cuando uno arriesga su dinero, ¡no todo vale! 😉

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de «felicidad», la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

¡Hazte el imprescindible!

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Comienzas diciendo “prefiero hacerlo yo” y acabas lamentando que no puedan hacer nada si ti.

A veces ese comienzo es fruto de la necesidad de hacerte imprescindible, de demostrar que tú  lo haces mejor que nadie o que tus ideas son las mejores, que lideras el proyecto y acabas cargando con un montón de trabajos y tareas fruto de tu propia y equivocada estrategia.

A veces es querer colgarse todas las medallas y recibir todos los agradecimientos y reconocimientos lo que te lleva a actuar así  y acabas comprobando que, a pesar de merecerlos, no está asegurado que los recibas.

Si queremos avanzar y expandir el desarrollo y las habilidades de las personas en nuestro entorno, y no frustrarlas, tendremos que tener la suficiente seguridad en nosotros mismos para no necesitar ser el constante centro de atención  y la enorme paciencia para que el aprendizaje de los demás llegue a ser efectivo.

Quienes están seguros de sí mismos, no tienen  problemas en delegar, enseñar, pedir ayuda, compartir ideas, información y reconocer que no saben muchas cosas. Entendiendo que esto último, es el primer  paso imprescindible para comenzar a saber. Saber que no sabes.

Seguro que en tu casa, en tu trabajo, con tus amigos puedes excusarte  con distintas cuestiones como “si yo no lo hago, nadie lo hace”, “lo hace sin ganas”, “lo hace mal a propósito”, “dudo que  sea capaz de hacerlo, “y si lo hace mejor que yo”. Un montón de razones para no empezar a delegar.

Aunque parezca que no hacerlo te va a encumbrar, lo que acabará haciendo es sepultarte bajo un montón de tareas que habrás asumido y anunciado que eres el único en quien se puede confiar para hacerlo.

Si nada puede funcionar sin ti, quiere decir que tendrás que estar siempre en funcionamiento para que se lleve a cabo y no sólo eso, sino que habrás enseñado a los demás a no ser proactivos y a no tener iniciativa, más que a seguir las órdenes que dictas con sus consiguientes instrucciones.

Si de verdad apuestas por quienes tienes alrededor, delegar hará no sólo que tengan que trabajar su potencial, sino que incrementen la confianza en ellos mismos y se sientan capaces de ir más allá de sus límites.

Delegar es expandir. Confiar en una relación ya sea personal, de trabajo o familiar.

Tres cuestiones fundamentales en la delegación son la transparencia, que la relación se base en la verdad. La capacidad que se adquiere reconociendo las necesidades de conocimientos para aumentar la competencia y la química que se establece cuando a la otra persona le queda claro tu interés por ella y su desarrollo.

Recuerda a Stamateas cuando dice: “Delegar es señal de buena estima, saber pedir ayuda fortalece. Es una señal de crecimiento: yo hago una tarea que mañana ya no llevaré a cabo. Y es una señal de que tenemos la capacidad de desatar el potencial en otro.”

Busca la tarea, a la persona capacitada, no delegues la responsabilidad y revisa cada cierto tiempo los avances.

Da igual si consiste en estudiar solos, hacer tareas domésticas, proyectos laborales, empieza a delegar y evita llegar a ese nivel de saturación que trabajará en contra de tu desarrollo y de la ecología de tu entorno.

Delegar es imprescindible para tu éxito.

 

foto:tupropiojefe.com

Debates improductivos

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No puedo dejar pasar la ocasión de una nueva campaña electoral para hacer una reflexión sobre los atávicos e improductivos métodos que seguimos utilizando en los debates entre candidatos, para convencernos o unos a otros, o al votante, en el mejor de los casos, o mejor dicho, para sólo vencer al adversario.

 En realidad no distan mucho de las estrategias que utilizamos en las discusiones laborales, familiares y entre amigos, por lo que tener razón es, en las discusiones, nuestra finalidad absoluta.

 Quiero aportar este texto del genial Freddy Koffman en su libro “Metamanagment” porque es la mejor forma que he encontrado para explicar el proceso:

 “Exponer en forma improductiva

El modo tradicional de exponer está basado en la guerra y en los deportes competitivos. La conversación es un juego de suma cero, mi triunfo es la derrota de mi oponente y viceversa. No hay espacio para trabajar juntos, cambiar las reglas, disolver restricciones, inventar nuevas opciones o crear valor. La estrategia principal es quitarle poder al otro. De la misma forma, la estrategia principal del otro es quitarle poder a uno. Ya que sólo hay una cantidad fija de «razón», cuanta más uno tenga, menos tendrá el otro y cuánta más tenga el otro, menos tendrá uno. En una conversación así, la manera de obtener poder (razón) es argumentar por la idea propia y socavar las ideas de los demás.

En realidad, lo que está en juego no es la razón, sino la autoestima y la imagen pública de los interlocutores contrincantes. Cada uno cree que su valor personal aumenta cuando «gana» y disminuye cuando «pierde»; por lo tanto, no hay posibilidad de cooperar. La premisa en la mente de quienes operan de acuerdo con este modelo es: «Necesito prevalecer para demostrarle al mundo que tengo razón y que, en consecuencia, soy valioso.

Tengo todos los datos necesarios y mis opiniones son las únicas razonables. Mis conclusiones son ineludibles, ya que mi lógica es perfecta. He considerado todas las posibilidades y he elegido la mejor. Cualquiera que esté en desacuerdo conmigo está en contra del objetivo y tiene intenciones ocultas. Mi trabajo es convencer a los demás de que actúen en la forma correcta (la que yo propongo), de modo tal que todos reconozcan que soy yo quien tiene razón». Este modelo afirma que sólo es posible ganar individualmente. La conversación es una contienda para probar quién vale más (es más inteligente, tiene más poder, está más informado, etc.).

Algunas estrategias del exponer improductivo son:

  • presentar opiniones como si fueran hechos comprobados;
  • no explicar ni revelar razonamientos que justifiquen la opinión;
  • no dar ejemplos ni ilustrar en forma práctica el significado de la opinión;
  • no exponer dudas ni revelar áreas de inseguridad o ignorancia;
  • evitar preguntas y objeciones;
  • argumentar que la opinión propia es la única razonable;
  • hablar más que escuchar, interrumpir a los demás;
  • demoler los argumentos de los otros.
  • impiden que los demás comprendan la posición de uno;
  • dañan los vínculos entre las personas;
  • dificultan el descubrimiento y la resolución de los problemas sistémicos;
  • crean resentimiento y resignación;
  • destruyen la efectividad colectiva;
  • generan una severa desventaja competitiva para la organización.”

Quienes  hayan acudido a algún debate o discusión,  sido telespectador u oyente podrán comprobar cómo siguen esta escaleta al dedillo.

Para hablar de temas que requieren sosiego, perspectiva y reflexión se utilizan un par de minutos en los que dónde miras, tu tono de voz, tu posición, y lo determinante que parezcas son los ingredientes para que tu parroquia te aplauda diciendo que has ganado.

 Da igual si no has entendido lo que la otra persona quiso decir, si tienes la suficiente habilidad para interpretarlo fuera de tu modo de pensar, si puedes leer entre líneas el mensaje, si a lo mejor convendría repreguntar para asegurar, da exactamente igual. Lo importante es lo que parezca y no lo que sea para poder exportar viralmente, en función del número de tus seguidores, tu versión del combate en la red.

Como es cuestión de tener la razón y de autoestima personal, y la ciudad y sus ciudadanos no tienen mucho que ver, lo importante es como vendas el resultado.

El objetivo no es entender a los demás sino abatir, rebatir, combatir, aplastar. Todo muy constructivo, ¿verdad?

Lo que a nadie le importa es cómo quedan esas maltrechas autoestimas y egos, tocados para futuros acuerdos, colaboraciones y conversaciones que vayan más allá de sus limitadas personas y se remitan a proyectos y colaboraciones.

 Tener la razón se convierte en un asunto de estado como si las trayectorias vitales de los que debaten fuesen una recopilación de la infinita casuística vital. Como si sus visiones fuesen tan magníficas y completas que merecen no sólo estandarización, sino exportación e imposición.

No nos escuchamos cómo hablamos, generalizamos opiniones personales como si fuesen dogmas para tener razón. Hablamos en imperativo, de nuestra realidad como la única, somos autocomplacientes y excesivamente críticos con lo demás y sus observaciones. Nos  oponemos sin ni siquiera escuchar, es más, a veces tenemos tan interiorizada la etiqueta de que “es el enemigo” que su sola presencia nos impide escucharle como automatismo y sólo pensamos en responder.

Sé que con los ánimos tan encendidos es prácticamente imposible entender que éste no es el camino ahora, a escasos días de las elecciones nadie ve otra estrategia y además a nadie le interesa.

Pero yo me comprometo, en mi vida personal a cambiar y  a seguir los consejos de Koffman, comenzando por observar como  mínimo estos planteamientos :

Pensar es infinitamente más veloz que hablar. Es imposible revelar todo lo que se piensa. Por eso es necesario encontrar formas operativas de compartir datos, razonamientos, perspectivas, intenciones, objetivos y preocupaciones. Lo primero es determinar en qué circunstancias vale la pena profundizar y hacer explícitos los razonamientos. Explicar todo lo que uno dice, en todo momento, haría imposible conversar. No explicar nada, en ninguna situación, hace imposible comprender.

“Exponer con humildad y respeto considerando las posiciones alternativas no debilita el argumento; lo re-orienta desde el control unilateral hacia el aprendizaje mutuo. En vez de operar sosteniendo que «yo estoy en lo correcto y los demás están equivocados», el exponer productivo se basa en creer que «yo veo la situación desde mi perspectiva limitada y sujeta a error”. Por eso quiero exponer mis observaciones, pensamientos, preocupaciones, intereses, y conocer las reacciones de los demás, juntos podemos crear un resultado más efectivo».

¿Te atreves a crecer? 😉

El viaje del líder

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El liderazgo para mí se resume en esta frase de Albert Einstein “Sólo una vida puesta al servicio de los demás merece ser vivida”.

 A partir del día en que decides aceptar este compromiso, pones en marcha una nueva aventura, iniciando un emocionante viaje.

Este viaje, significa una expedición a lugares poco transitados  como son el diálogo, la propuesta, el debate, el consenso y la cercanía,  necesitas elegir los compañeros ideales, unos auténticos probadores de fortuna, inasequibles al desánimo y el desaliento, perseverantes y grandes defensores del proyecto.

Estas personas deben decidir dar ese paso al frente contigo y  ser líderes en su comunidad. Sabiendo que un magnífico liderazgo es un gran servicio. Recordad si no a los grandes líderes que recuerda con agradecimiento la Historia.

 Soy firme creyente de que el líder además de que nace también se hace y rehace.

No confundamos liderazgo con lo que algunos llaman éxito. Un líder no es el que quiere estar en la cima, ni en una posición de poder, ni quien valiéndose de su autoridad es capaz de tener seguidores.

El mejor lugar para un líder es en el que mejor pueda servir a los demás y añadirles valor, por lo tanto cada uno con sus habilidades y capacidades ha decidido sumar. Pero líderes somos todos y cada uno de nosotros, con una misión común: servir a los demás. Comprometidos con hacer cosas diferentes para ser diferentes. Ayudar a crecer a los demás. Aprender a servir y tener esa misión más allá de nosotros. Cada uno de nosotros será multiplicador, en otro caso restaremos y no seremos más que más de lo mismo.

Queremos hacernos valiosos para otros a través del estudio, de la práctica a la humildad. Inspirando confianza a través de nuestros actos y sobre todo de nuestra actitud.

Queremos llenar nuestras maletas con cosas diferentes que nos sean útiles para nuestro viaje:

Necesitamos otras gafas de líder para poder ver como ven quienes están preocupados por los demás, quienes piensan en el bien común y en mejorar su entorno.

Necesitamos distintos sombreros de los que hemos utilizado hasta ahora, quitarnos el negro el de lo negativo, que parte de la crítica, el  enfado y el nerviosismo de quienes no se ven parte de las soluciones  futuras sino víctimas del entorno y de lo que nos separa y ponernos el naranja, y usar el que nos une, el que parte de la propuesta, del diálogo, del mínimo común denominador, el que hace ver posibilidades en las dificultades y oportunidades y retos en lugar de problemas.

Necesitamos variedad de calzados para como dicen los indios caminar en los mocasines de otros para poder juzgarles y en nuestro caso para poder entenderles y servirles eficazmente. Tener la suficiente empatía para poder acercarnos a las personas y conectar con sus tribulaciones, con sus necesidades y formar parte de sus soluciones.

En este viaje nuestro destino es incierto. Tenemos que decidir todos los días cual va a ser nuestra ruta y de qué disponemos para que todos la hagamos en las mejores condiciones. Pero lo haremos contagiando alegría y disfrutando del viaje que supone vivir.

En esta experiencia hemos decidimos transitar juntos, lo que nos hará estar más que preparados para la nueva era a nivel mundial que vislumbra  complejidad e  incertidumbre, con entusiasmo, responsabilidad y trabajo pero sobre todo juntos.

Siendo conscientes de que “Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”.

Juntos para comprender que solos podemos ir más rápido pero que juntos iremos más lejos.

Juntos para apoyarnos entre nosotros, ayudarnos a crecer y alentar nuestras fortalezas y sueños.

Juntos para conseguir la humildad que requiere  servir a todos, querer escuchar, planear, , entender, negociar, cooperar, , innovar, anticipar…

Juntos para poder con nuestros principales barreras, el miedo al cambio, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro.

Juntos para demostrar que hay otra forma de hacer las cosas, que partir de la unión, del diálogo.

Juntos para renacer como líderes que ven en cualquier reto una forma de sacar lo mejor de nosotros mismos y de aprender, y de mejorar continuamente.

Juntos para no sobrerreaccionar  ante conductas negativas, ni críticas, ni debilidades. La clave está en nosotros, en el ejemplo que demos y en la actitud con la que convirtamos las dificultades en posibilidades.

 Juntos para entender que los principios  valores que compartimos serán la brújula del  cambio que pedimos.

Que ocurra o no, depende de nosotros.

 Comenzamos este viaje juntos, imaginando nuestra misión como reto haciendo que nos sintamos parte y miembros de ella, para construirla, para mejorarla, para usar la red que tejeremos por si alguno del equipo necesitamos hacer uso de ella  para  levantarnos alguna vez.

Soñamos con un equipo, en el que la pasión de sus miembros sean las personas y sepan escucharlas para entender y ayudar poniendo por encima de sus intereses personales el servicio a los demás. Para ello leeremos, miraremos, observaremos, irradiaremos energía positiva.

Soñamos con ser nuestras mejores versiones, autoexigirnos, ser capaces de destapar el talento también en los demás, de admitir que no lo sabemos todo, que cualquier persona puede sumar  y que tenemos esa disposición que hace a los líderes,  que siempre están listos para  aprender. De retroalimentar nuestra acción  política con las opiniones de nuestros ciudadanos.

 Soñamos con que las personas que conformamos el proyecto seamos capaces de mirarnos en el espejo cada día concentradas en dar lo mejor de nosotros mismos. Sabiendo que para ser diferentes, debemos hacer cosas diferentes.  Luchando contra los hábitos y costumbres que nos limitan y empequeñecen.

Soñamos con tener la suficiente curiosidad para anticipar distintos escenarios futuros, estar conectados y preparados siempre para la acción. Teniendo el suficiente equilibrio entre realismo y optimismo que nos haga ser creativos y formar parte de las soluciones y no de los problemas.

Soñamos con líderes que inspiremos por nuestra creencia en nosotros, individualmente, como personas, juntos, como ciudad, como país, líderes no  que  nos desesperen. Seamos ejemplares en la dedicación y en el comportamiento que pedimos a los demás.

 Si hemos llegado hasta aquí  es porque hemos entendido que si no cooperamos juntos no tenemos futuro y que las cosas suceden con inversión no sólo con deseos

 ¿Estás por lo tanto dispuesto  a invertir tus habilidades y capacidades y  horas de tu tiempo sobre la base de tus principios y valores para hacer algo tan altruista como es  compartir con los demás ese tiempo tan preciado de nuestras familias porque crees que servir a los demás es tu misión por encima de todo? Si tu respuesta es que sí, comienza tu viaje de líder.

Foto: juan.314.wordpress.com

Hacer equipo, cuestión de actitud

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Siempre hay opciones. Otra cuestión distinta es que no las veas, o no las busques o creas que las estrategias que has utilizado siempre son las que funcionan, independientemente de su contexto. Cuando te sumas a un equipo, que lleva tiempo en marcha, es el momento en el que decidirte por una u otra, te lanzará al éxito o al fracaso.

Un equipo de personas, es una selección, a veces natural, a veces elegida, de personas, cuyas fortalezas y debilidades son complementadas para conseguir acercarse lo más posible al objetivo, en menor tiempo, con menor esfuerzo y aunando el mayor número de perspectivas diferentes para poder aglutinar varios puntos de vista, sin enfocarse en una determinada óptica que pierde prismas.

Entrar en ese equipo puedes creerte que es cuestión de formación, cuestión de experiencia, de demostrar que eres mejor que los demás, de poner de relevancia las debilidades, a tu juicio, de quienes te rodean, cuestión de imponerse, de amenazar, de avasallar, de un montón de tradicionales estrategias que están en desuso en equipos plurales.

La entrada en un equipo es definitiva para que tú puedas ejercer la influencia en él para que te escuchen, te sigan, te ayuden y te respeten como líder y nada de esto tiene que ver con las estrategias antes mencionadas.

La influencia es una cuestión mucho más sutil, que tiene más que ver con la actitud que con otras cuestiones que parecen mucho más objetivas. Tiene que ver con sumar, con implicar, con hacer a los demás sentirse importantes, con resaltar sus fortalezas y ayudarles a crecer, con darle oportunidades en los ámbitos en los que sabes, porque lo has observado, que van a brillar, con contagiar ánimo, alegría y entusiasmo por lo que haces. Con no desdeñar o ridiculizar las ideas o propuestas de otros sino alentarlas para que sean un producto magnífico,  exhibiendo su autoría y no intentado que las medallas cuelguen sólo de tu pechera.

Todo esto que al leerlo parece obvio, también lo es a la vista de todo el mundo que te observa cuando entras en un grupo, sin empatía alguna, tratando de ser el más listo de la clase. Sin darte cuenta de que tus primeras frases mostrando tus fortalezas no serán más que una flagrante muestra de tus debilidades.

Todos tenemos algo que aportar en todos los ámbitos, TODOS. Te pueden parecer demasiado  jóvenes, demasiado mayores, demasiado formados, poco. La mayoría de las apreciaciones que haces sin pensar son fruto del miedo de no poder encajar o de creer, con lo que ves a simple vista, que eres superior.

Un equipo lo que de verdad necesita es cuestión de actitud, de conjunto, de sumar, de conseguir un clima de confianza en el que todos se sientan libres para poder hablar con franqueza y exponer su punto de vista sin críticas, ni vergüenza, sabiendo que todos tenemos un potencial que desarrollar fruto de experiencias vitales distintas que hacen que la solución aportada entre todos sea la suma de la partes y no la imposición de la mayoría o de quienes más levanten la voz.

Una actitud positiva e inclusiva provoca una cascada de pensamientos, eventos y resultados extraordinarios que son los que conforman el éxito de un equipo en el que todos dan su 100%.  En ti está la decisión de unirte o seguir con tus viejas estrategias blandiendo como injusticia tu verdadera incapacidad para adaptarte.

Dijo William James que “el gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Imagina qué efecto multiplicador tendrá cuando todos trabajemos en esta dirección.

Liderazgo simbólico

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“Haz lo que digo y no lo que hago”. Esta frase resume mucha de la filosofía que practicamos hoy en día y que  pone una vez más de manifiesto que somos el producto automático de la ley del mínimo esfuerzo.

Con nuestros «consejitos» pretendemos arreglar ese mundo que luego no recibe una acción nuestra consistente en esa dirección. Todos llenamos nuestro alrededor de deberías, tendrías y todo clase de condicionamientos graciosos. Sin prestar atención a lo que de verdad mueve el mundo que es el ejemplo.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.Albert Einstein. Y esta genialidad es mi reflexión de hoy unida al liderazgo.

Lo que a mi modo de entender hace a un líder no es que lo sea de manera innata, o que tenga muchos seguidores, o que su carisma sea desbordante. Lo que hace que un líder sea consistente, no una moda, ni un furor de unos días es que lo que hace, lo que dice y lo que piensa está en consonancia  y lo demuestra en cada cuestión que lleva a cabo, en la ACCIÓN.

Cuando pensamos en a quiénes de verdad consideramos líderes, la mayoría de los que presiden organizaciones, instituciones y empresas no nos merecen esa consideración.  Muchos pueden ser jefes pero no líderes. A un líder le pedimos mucho más para poder ponerlos cerca de Mandela, de Luther  King , de la Madre Teresa de Calcuta. Les pedimos que sea su propia vida y sus acciones las que por sí mismas inspiren la nuestra y hagan nacer en nosotros la necesidad de crecer en esa dirección. En la de pertenecer a esta sociedad más allá de nuestros propios intereses y expectativas.

Si  pensamos en alguno de los contemporáneos que algún día  pueden ser considerados  líderes , de repente saltan a mi mente tres interesantes figuras que para mí aportan savia nueva: el Papa Francisco, Mújica, expresidente de Uruguay y Bill Gates. En los tres casos su discurso ha sido rompedor en su ámbito, abriéndose a nuevas posibilidades en sus dedicaciones y manteniendo un compromiso social activista, simbólico y transgresor.

No se puede pedir que nos amemos los unos a los otros, excluyendo por razón de sexo, religión, estado civil, orientación sexual… por lo tanto que cada frase que el Papa utiliza vaya en un sentido de inclusión, a pesar de producir en sus cimientos movimientos sísmicos, merece más que un reconocimiento. La definición de un liderazgo transformador.

No se puede hablar de austeridad, de recortes o de abrocharse el cinturón cuando no se vive llevando a cabo ninguna acción que muestre que se es coherente. Algo que sí ha hecho por ejemplo Mújica en sus años de gobierno, al margen de estar o no de acuerdo con sus políticas, ha dedicado sus esfuerzos a que la gente viva mejor, demostrando su liderazgo  con su ejemplo día a día y eso le ha hecho merecedor de ese reconocimiento dentro y fuera de su país. Destinando un 90% de su sueldo a proyectos de ayuda.

Bill Gates, presidente del gigante Microsoft, de revolucionar la industria informática  y  conseguir con ello una fortuna, ha pasado a destinarla a la ayuda a la cooperación al desarrollo ejerciendo el liderazgo desde los proyectos de su Fundación. Parece fácil decirlo…

Si, si  seguro que  a alguno ya se le ha ocurrido resaltar algún claroscuro sobre estas personas, seguro que es pos de proteger su conciencia de estos enormes empellones que el comportamiento admirable de otros nos proporciona para sacarnos de nuestro ensimismamiento y  para de verdad comprobar en qué consiste ser un líder y como se gestan los grandes.

Lo único cierto es que si lo quieres ser, tendrás que aprender a hablar menos, a escuchar más y poner el foco en que todo lo que haces y sólo lo que haces porque eso es lo que habla sobre ti.

Con las palabras conmueves, con el ejemplo arrastras.  No lo olvides cuestiona  si lo que tu líder dice, lo hace, si no, no te dejes arrastrar.

Prueba y error

ensayo

 

 

“No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.” Thomas Alva Edison

 ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta frase?

A mí el enorme número de soluciones que probó.

¿Esto qué me dice de esta persona?

Que es un fracasado, que debería estar avergonzado de no haber acertado antes, que tenía demasiado tiempo libre, que no estaba a la altura, que debería haberlo llevado en secreto…

Seguro que ninguna de las opciones anteriores ha pasado por tu cabeza al leerlo y sin embargo son muchas de éstas las que te aplicas a ti, cuando algo no sale bien. Pensar así, hace que seas menos innovador, creativo, que apenas salgas de tu zona de confort para arriesgar en alguna cuestión personal o de trabajo y que intentes por todos los medios esconderlo cuando ocurre, con lo que tu gasto energético se volverá  ingente para tapar tanto agujero negro.

En algunas personas ocultar esto y querer parecer un superhéroe al que todo le resulta natural que parece que nació dominando habilidades y no necesita “masterizar” nada, les encanta. Quizá les reporte beneficios personales y les merezca la pena el esfuerzo , querer mantener esa apariencia, pero si reflexionasen un poco y fuesen justos y sinceros consigo mismos, acabarían concluyendo que esas habilidades son fruto de emular a alguien de su entorno, de los aprendizajes  a los que cada uno ha tenido acceso y del entrenamiento al que se ha sometido. ¿Para qué quitarse mérito?

Las aptitudes pueden ser innatas o adquiridas pero de las personas depende el entrenamiento o  no de las mismas. Y es donde triunfa la actitud y los mensajes que enviemos.

En el caso de tener responsabilidad sobre otras personas, el no reconocer el proceso de aprendizaje, haciendo hincapié en los errores y fallos que se hayan podido cometer o en el factor suerte o azar que haya podido influir, produce un efecto desmotivador devastador en tu equipo. No admitir los errores, no compartirlos y no hacer alusión a ellos, traslada a tu organización que eso no es lo normal, no  debe ocurrir o, si ocurre, no debe bajo ningún concepto revelarse.

Os podéis imaginar un error no reconocido y ocultado hasta dónde puede llegar y el daño que puede acarrear en un proyecto cualquiera. Además su efecto pedagógico hace que los demás vayan al 50% en su rendimiento por miedo a poder cometer algún otro.

Dar permiso a otros para cometer errores, aprender de ellos, buscar opciones alternativas  y seguir adelante es una faceta del líder que jugará a su favor demostrando su optimismo, seguridad y fortaleza  para hacerlo y así incrementar las capacidades de tu equipo. Al mismo tiempo podrás experimentar qué tipo de personas componen tu organización o tu equipo con el uso que hagan de esta información. Esta práctica liberará de mucha presión tu entorno y mejorará las relaciones al poder fomentar la identificación y la cercanía contigo.

Hacerlo en “petit comité” acrecentará el problema puesto que se seguirá mostrando el fallo o error como algo vergonzante que tiene como límite la confianza en la otra persona para mantener el secreto. Si lo haces, hazlo claramente, en público, como parte de tu estrategia como manager. Incluso puedes dedicar un espacio semanal a esto, siendo una historia de aprendizaje la que puedas contar a tu grupo.

Así conseguirás introducir en la cultura de tu organización algo que es tan obvio que no debería tener discusión, simplemente un poco  de humor para aceptar que no somos superhéroes: “Los errores son parte del proceso”

Multiplicar el talento

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Cuando pensamos en trabajar para alguien, casi todos seguimos, en el mejor de los casos,  un proceso similar,  pensando primero en qué queremos hacer, es decir, en la tarea, después en el sector, y a partir de ahí seleccionamos las empresas que nosotros creemos que nos pueden interesar indagando sobre su misión y sus valores para ver si están alineados con los nuestros.

Comenzamos a elaborar nuestro curriculum para ser lo suficientemente atractivos, cuanta más formación, conocimientos y experiencia en la materia más seguros nos sentimos de que podemos estar cerca de ese puesto, pero lo que pocos piensan es para quién acabas trabajando, tu responsable directo,  y ésta puede ser una de las decisiones más importantes de tu vida.

Puedes trabajar para un genio, que tiene vastos conocimientos en la materia, sobrada experiencia en el área, y que es un lince, pero puede ser una persona de las que, precisamente por estas características, se convierte en  un “disminisher” al que le sobran todas las opiniones, se basta y sobra para saber lo que hay que hacer. Esto además lo deja claro cuando en la mayoría de las reuniones no escucha, infravalora o ridiculiza tanto las opiniones como el trabajo o los errores de los demás y vive en su atalaya sin mezclarse con la “pleble”.

Esto que aquí escrito hace que sólo tengas ganas de salir corriendo, en el mundo laboral a veces se aguanta durante años sin tener en cuenta ni el rendimiento de las personas a su cargo, ni su salud física y mental, que cada vez son peores, ni su efecto en su  productividad  y en el entorno de trabajo.

El mal clima laboral, la falta de compromiso con la empresa, la falta de motivación en muchos casos se hace patente con este tipo de personas dirigiendo, que además no dejan de colgarse medallas de todos los proyectos y de quejarse de la inutilidad de su personal o de la necesidad de más por su inoperancia.

Estos perfiles que eran premiadas hasta hace poco, son, en las compañías más vanguardistas,  algo del pasado. Creer en el potencial de tus empleados y servirles de entrenador para mejorar su talento es una responsabilidad de todos los managers con personas a su cargo, que además podrán, con el concurso de todos, hacer más, no con menos, como solía ser la exigencia hasta ahora, referida sólo al dinero, sino con el máximo desarrollo de la inteligencia de todos.

Piensa en hacer una  inversión en estas personas claves en tu compañía para prepararles y que integren en sus habilidades manejar el talento de su equipo y  que multiplicarlo  sea el objetivo:

Mejora el ambiente de trabajo con compromiso y confianza

Maximiza el potencial de los componentes del equipo

Eleva el rendimiento de todas las personas

¿Merece la pena la inversión  o piensas seguir con fórmulas retrógradas y excusas?