Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

Reflexión del día/ Daily dose

“El liderazgo se practica no tanto con palabras como con actitud y acciones”

Harold S. Geren

  • ¿Cómo es tu liderazgo?
  • ¿Haces lo que dices?
  • ¿Dices otras cosa diferente a la que haces ?
  • ¿Cómo crees que se tiene la actitud correcta?
  • ¿En qué se parece a la tuya?
  • ¿Cómo puedes a partir de hoy pasar a la acción? 😉

El camino del líder, de yo a nosotros

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Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.

A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.

Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.

Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.

Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.

Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:

  • Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
  • Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
  • Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
  • Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
  • Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
  • Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
  • Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.

La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.

 

 

¿QUÉ TIPO DE PERSONA ERES TÚ?

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Seguro que en multitud de ocasiones has pensado en los motivos por los que no asciendes en el trabajo y alguno de tus compañeros sí. Te dejo una interesante historia para que reflexiones sobre el tipo de persona en la que te ves reflejado y para que establezcas un plan que te acerque cada día a tus objetivos.

ASCENDER POR RESULTADOS
   Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que no haber recibido nunca una amonestación. Cierto día, buscó al gerente para hacerle un reclamo:
   —Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace solo seis meses y ya ha sido promovido a supervisor.
   —¡Ajá! —contestó el gerente. Y mostrando cierta preocupación le dijo—: Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas.
   Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.
   —Bien, ¿qué averiguaste?
   —Señor, tienen naranjas para la venta.
   —¿Y cuánto cuestan?
   —¡Ah! No pregunté.
   —Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
   —Tampoco pregunté eso.
   —¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
   —No lo sé, señor, pero creo que…
   —Bueno, siéntate un momento.
   El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta. El gerente le preguntó:
   —Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?
   —Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen bananos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 150 pesos el kilo; el banano, a 220 pesos la mano; el mango, a 90 pesos el kilo; la papaya y el melón, a 280 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidades, nos darán un descuento de diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
   —Muchas gracias, Fernando. Espera un momento.
   Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí:
   —Juan, ¿qué me decías?
   —Nada, señor… eso es todo. Con su permiso
Cuando pienses en qué tipo de persona eres, reflexiona sobre todo sobre:
  • ¿Qué tipo de persona contratarías tú?
  • ¿Cómo afrontas tus tareas?
  • ¿Esperas órdenes o tomas la iniciativa?
  • ¿Propones mejoras o ejecutas sin estar de acuerdo?
  • ¿Cuestionas todo o analizas para mejorar y proponer?
  • ¿Cómo puedes mejorar tus habilidades?
  • ¿A quién beneficia tu comportamiento actual?
  • ¿En quién o quiénes piensas cuando actúas?
  • Si tuvieses un empresa, ¿te contratarías a tí mismo? ¿para qué puesto?

Seguro que has comprobado que cuando uno arriesga su dinero, ¡no todo vale! 😉

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

¡Hazte el imprescindible!

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Comienzas diciendo “prefiero hacerlo yo” y acabas lamentando que no puedan hacer nada si ti.

A veces ese comienzo es fruto de la necesidad de hacerte imprescindible, de demostrar que tú  lo haces mejor que nadie o que tus ideas son las mejores, que lideras el proyecto y acabas cargando con un montón de trabajos y tareas fruto de tu propia y equivocada estrategia.

A veces es querer colgarse todas las medallas y recibir todos los agradecimientos y reconocimientos lo que te lleva a actuar así  y acabas comprobando que, a pesar de merecerlos, no está asegurado que los recibas.

Si queremos avanzar y expandir el desarrollo y las habilidades de las personas en nuestro entorno, y no frustrarlas, tendremos que tener la suficiente seguridad en nosotros mismos para no necesitar ser el constante centro de atención  y la enorme paciencia para que el aprendizaje de los demás llegue a ser efectivo.

Quienes están seguros de sí mismos, no tienen  problemas en delegar, enseñar, pedir ayuda, compartir ideas, información y reconocer que no saben muchas cosas. Entendiendo que esto último, es el primer  paso imprescindible para comenzar a saber. Saber que no sabes.

Seguro que en tu casa, en tu trabajo, con tus amigos puedes excusarte  con distintas cuestiones como “si yo no lo hago, nadie lo hace”, “lo hace sin ganas”, “lo hace mal a propósito”, “dudo que  sea capaz de hacerlo, “y si lo hace mejor que yo”. Un montón de razones para no empezar a delegar.

Aunque parezca que no hacerlo te va a encumbrar, lo que acabará haciendo es sepultarte bajo un montón de tareas que habrás asumido y anunciado que eres el único en quien se puede confiar para hacerlo.

Si nada puede funcionar sin ti, quiere decir que tendrás que estar siempre en funcionamiento para que se lleve a cabo y no sólo eso, sino que habrás enseñado a los demás a no ser proactivos y a no tener iniciativa, más que a seguir las órdenes que dictas con sus consiguientes instrucciones.

Si de verdad apuestas por quienes tienes alrededor, delegar hará no sólo que tengan que trabajar su potencial, sino que incrementen la confianza en ellos mismos y se sientan capaces de ir más allá de sus límites.

Delegar es expandir. Confiar en una relación ya sea personal, de trabajo o familiar.

Tres cuestiones fundamentales en la delegación son la transparencia, que la relación se base en la verdad. La capacidad que se adquiere reconociendo las necesidades de conocimientos para aumentar la competencia y la química que se establece cuando a la otra persona le queda claro tu interés por ella y su desarrollo.

Recuerda a Stamateas cuando dice: “Delegar es señal de buena estima, saber pedir ayuda fortalece. Es una señal de crecimiento: yo hago una tarea que mañana ya no llevaré a cabo. Y es una señal de que tenemos la capacidad de desatar el potencial en otro.”

Busca la tarea, a la persona capacitada, no delegues la responsabilidad y revisa cada cierto tiempo los avances.

Da igual si consiste en estudiar solos, hacer tareas domésticas, proyectos laborales, empieza a delegar y evita llegar a ese nivel de saturación que trabajará en contra de tu desarrollo y de la ecología de tu entorno.

Delegar es imprescindible para tu éxito.

 

foto:tupropiojefe.com

Debates improductivos

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No puedo dejar pasar la ocasión de una nueva campaña electoral para hacer una reflexión sobre los atávicos e improductivos métodos que seguimos utilizando en los debates entre candidatos, para convencernos o unos a otros, o al votante, en el mejor de los casos, o mejor dicho, para sólo vencer al adversario.

 En realidad no distan mucho de las estrategias que utilizamos en las discusiones laborales, familiares y entre amigos, por lo que tener razón es, en las discusiones, nuestra finalidad absoluta.

 Quiero aportar este texto del genial Freddy Koffman en su libro “Metamanagment” porque es la mejor forma que he encontrado para explicar el proceso:

 “Exponer en forma improductiva

El modo tradicional de exponer está basado en la guerra y en los deportes competitivos. La conversación es un juego de suma cero, mi triunfo es la derrota de mi oponente y viceversa. No hay espacio para trabajar juntos, cambiar las reglas, disolver restricciones, inventar nuevas opciones o crear valor. La estrategia principal es quitarle poder al otro. De la misma forma, la estrategia principal del otro es quitarle poder a uno. Ya que sólo hay una cantidad fija de “razón”, cuanta más uno tenga, menos tendrá el otro y cuánta más tenga el otro, menos tendrá uno. En una conversación así, la manera de obtener poder (razón) es argumentar por la idea propia y socavar las ideas de los demás.

En realidad, lo que está en juego no es la razón, sino la autoestima y la imagen pública de los interlocutores contrincantes. Cada uno cree que su valor personal aumenta cuando “gana” y disminuye cuando “pierde”; por lo tanto, no hay posibilidad de cooperar. La premisa en la mente de quienes operan de acuerdo con este modelo es: “Necesito prevalecer para demostrarle al mundo que tengo razón y que, en consecuencia, soy valioso.

Tengo todos los datos necesarios y mis opiniones son las únicas razonables. Mis conclusiones son ineludibles, ya que mi lógica es perfecta. He considerado todas las posibilidades y he elegido la mejor. Cualquiera que esté en desacuerdo conmigo está en contra del objetivo y tiene intenciones ocultas. Mi trabajo es convencer a los demás de que actúen en la forma correcta (la que yo propongo), de modo tal que todos reconozcan que soy yo quien tiene razón”. Este modelo afirma que sólo es posible ganar individualmente. La conversación es una contienda para probar quién vale más (es más inteligente, tiene más poder, está más informado, etc.).

Algunas estrategias del exponer improductivo son:

  • presentar opiniones como si fueran hechos comprobados;
  • no explicar ni revelar razonamientos que justifiquen la opinión;
  • no dar ejemplos ni ilustrar en forma práctica el significado de la opinión;
  • no exponer dudas ni revelar áreas de inseguridad o ignorancia;
  • evitar preguntas y objeciones;
  • argumentar que la opinión propia es la única razonable;
  • hablar más que escuchar, interrumpir a los demás;
  • demoler los argumentos de los otros.
  • impiden que los demás comprendan la posición de uno;
  • dañan los vínculos entre las personas;
  • dificultan el descubrimiento y la resolución de los problemas sistémicos;
  • crean resentimiento y resignación;
  • destruyen la efectividad colectiva;
  • generan una severa desventaja competitiva para la organización.”

Quienes  hayan acudido a algún debate o discusión,  sido telespectador u oyente podrán comprobar cómo siguen esta escaleta al dedillo.

Para hablar de temas que requieren sosiego, perspectiva y reflexión se utilizan un par de minutos en los que dónde miras, tu tono de voz, tu posición, y lo determinante que parezcas son los ingredientes para que tu parroquia te aplauda diciendo que has ganado.

 Da igual si no has entendido lo que la otra persona quiso decir, si tienes la suficiente habilidad para interpretarlo fuera de tu modo de pensar, si puedes leer entre líneas el mensaje, si a lo mejor convendría repreguntar para asegurar, da exactamente igual. Lo importante es lo que parezca y no lo que sea para poder exportar viralmente, en función del número de tus seguidores, tu versión del combate en la red.

Como es cuestión de tener la razón y de autoestima personal, y la ciudad y sus ciudadanos no tienen mucho que ver, lo importante es como vendas el resultado.

El objetivo no es entender a los demás sino abatir, rebatir, combatir, aplastar. Todo muy constructivo, ¿verdad?

Lo que a nadie le importa es cómo quedan esas maltrechas autoestimas y egos, tocados para futuros acuerdos, colaboraciones y conversaciones que vayan más allá de sus limitadas personas y se remitan a proyectos y colaboraciones.

 Tener la razón se convierte en un asunto de estado como si las trayectorias vitales de los que debaten fuesen una recopilación de la infinita casuística vital. Como si sus visiones fuesen tan magníficas y completas que merecen no sólo estandarización, sino exportación e imposición.

No nos escuchamos cómo hablamos, generalizamos opiniones personales como si fuesen dogmas para tener razón. Hablamos en imperativo, de nuestra realidad como la única, somos autocomplacientes y excesivamente críticos con lo demás y sus observaciones. Nos  oponemos sin ni siquiera escuchar, es más, a veces tenemos tan interiorizada la etiqueta de que “es el enemigo” que su sola presencia nos impide escucharle como automatismo y sólo pensamos en responder.

Sé que con los ánimos tan encendidos es prácticamente imposible entender que éste no es el camino ahora, a escasos días de las elecciones nadie ve otra estrategia y además a nadie le interesa.

Pero yo me comprometo, en mi vida personal a cambiar y  a seguir los consejos de Koffman, comenzando por observar como  mínimo estos planteamientos :

Pensar es infinitamente más veloz que hablar. Es imposible revelar todo lo que se piensa. Por eso es necesario encontrar formas operativas de compartir datos, razonamientos, perspectivas, intenciones, objetivos y preocupaciones. Lo primero es determinar en qué circunstancias vale la pena profundizar y hacer explícitos los razonamientos. Explicar todo lo que uno dice, en todo momento, haría imposible conversar. No explicar nada, en ninguna situación, hace imposible comprender.

“Exponer con humildad y respeto considerando las posiciones alternativas no debilita el argumento; lo re-orienta desde el control unilateral hacia el aprendizaje mutuo. En vez de operar sosteniendo que “yo estoy en lo correcto y los demás están equivocados”, el exponer productivo se basa en creer que “yo veo la situación desde mi perspectiva limitada y sujeta a error”. Por eso quiero exponer mis observaciones, pensamientos, preocupaciones, intereses, y conocer las reacciones de los demás, juntos podemos crear un resultado más efectivo”.

¿Te atreves a crecer? 😉