Cerrar todas las ventanas

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Nuestro día a día nos deja poco tiempo para pensar y reflexionar. Vamos de un lado a otro sin reparar en muchos detalles que nos perdemos por intentar llegar antes a un futuro incierto o huir de un pasado cercano.

De repente nos damos cuenta que todo nuestro periplo diario está impregnado de un malestar general que no sabemos muy bien a qué achacar. La sensación, algo sin resolver, sobre qué, no lo tenemos muy claro, la urgencia de llegar a nuestra próxima tarea o nuestro próximo destino, nos impide acertar con la causa.

Llegamos a casa, paramos, qué nos ocurre, nos preguntamos, será el trabajo. Repasamos mentalmente lo que ha sucedido durante el día y lo descartamos, fue más de lo mismo. Será la alergia,el tiempo, que no he hecho ejercicio, he dormido poco, tengo estrés. Sólo sé que tengo un profundo malestar.
Continúo dándole vueltas a todo. Desde cuándo me ocurre, puede que desde hace tres o cuatro meses. Qué ocurrió entonces. Ahora recuerdo, aquello que dejé con aquella persona sin resolver, que no cerré, que me importaba, sobre lo que decidí no pensar, creyendo que el olvido haría de las suyas, librándome del pesar.

Hoy veo claramente que erré, mis sentimientos de angustia, de ansiedad, mi constante malestar, lo que acabo pagando con otros, todo se reduce a mi conversación pendiente con esa persona. Lo que le hubiese dicho, lo que ahora le querría decir, lo que me gustaría zanjar ese tema…
Quizás será mi miedo a saber la verdad. Qué verdad, a lo mejor la que yo interpretaba que iba a recibir. Apenas recuerdo lo que dijo y lo que dije pero la sensación la percibo como si hubiese sido hace un momento y no me deja descansar.

Cuando me impulso para hacerlo, hablar con ella, aparece el miedo y cuando me contengo e intento olvidar, ese maldito malestar otra vez. Dos opciones no son opciones, busco una tercera…

Con las herramientas que tengo, no encuentro otra solución distinta, necesito otros matices, otras perspectivas que me saquen de mi bloqueo, qué hago, será tarde para hablar, qué pensará si me dirijo a ella con un tema de hace meses. Qué va a pensar de mi, seguro que me contesta mal. No, todas estas son excusas para no hacerlo y que no ocurra. Querrá decir eso que tengo que vivir con mi malestar. Hasta cuándo podré manejarlo…
Estoy decidido, no puedo dejar que esa conversación pendiente haga bullir mi cerebro hasta derretirme en una maraña de dudas, tensiones y presión.

Si esto te ha ocurrido alguna vez con alguien de tu familia, amigos, personas del trabajo… no lo dejes, no pasará. No renuncies a un montón de posibilidades que pueden llevarte lejos por no tener esa conversación a tiempo. Por no decirles eso que tienes pendiente.

Te dejo unas reflexiones que te ayudarán:
Si te has parado a pensar y has encontrado la causa, serás consciente de tu responsabilidad, piensa en cómo te comportaste y qué puedes haber hecho para llegar a esa situación.

Deja de interpretar y suponer lo que hizo la otra persona. Apaga tu diálogo interior.Piensa qué pudo haberla hecho reaccionar así. Crees de verdad,que fue intencionado. Podía estar ella pensando, quizá, lo mismo que tú.
Si esa persona te importa y te aporta, no lo dejes pasar. Cuando sueles querer hacerlo ya es tarde y sólo queda arrepentirse. Lo que puedo ser y no fue.

Piensa en una nueva conversación. Escribe, hazte tu guión, que sea lo que tú le quieres decir y que todo esté suficientemente claro. Guárdalo y si lo vuelves a mirar días después, te interesa. Llama.

En cualquier caso, cerrar esa ventana que te está gastando tanta energía, te ralentiza y a veces te bloquea, será lo más “ecológico” para ti.

Elige el momento y el lugar adecuado y lánzate.

“No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles.”
Séneca