Yo soy así

yo soy así

Y así seguiré nunca cambiaré…a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga… pues lejos de contradecir a Alaska, efectivamente a nadie le importa, a nadie más que a ti, por lo tanto si quieres o no “ser así” es una reflexión nada vacua que conviene hacerse alguna vez en la vida, eso sí, cuánto antes mejor.

Muchas son las creencias sobre el tema  que hay que “coachear”, pero sobre todo “ser así” tal cual, no es un marchamo de calidad, cuando no nos hace felices, cuando nos hace daño, cuando no nos sentimos bien, no hay porqué mantenerse, “ser así” no significa que hayamos sido geneticamente diseñados y herederos al 100%, con unas determinadas características, dejemos un 50% a este aspecto, un 10% al entorno et voilà, el 40’% restante lo gobernamos  y controlamos nosotros.

Quién eres tú, quién soy yo, definitivamente quienes queramos ser, sólo nosotros somos responsables, sólo de nosotros y de nuestro esfuerzo depende el cambio, lo cuántico tiene claro que no hay materia sin vacío, que no hay bueno, sin malo, ying sin yang, por lo tanto, todos tenemos una coctelera de opciones dentro, sobre la que podemos elegir no sólo la dosis, sino los ingredientes y la  mezcla de ellas.

Para qué defender en nuestro carácter, rasgos que no nos son útiles, que nos obstaculizan y nos impiden alcanzar metas y objetivos, que nos han arrojado en muchos casos los demás y hemos recogido y adoptado  sin cuestionarnos, con “es que tú eres tal ” o “tú como eres así” , si ERES, tienes pocas o ninguna posibilidades de cambiar porque has llegado a introducirlo en tu identidad, en tu capa más profunda de manera que crees que es inherente a ti y que desprendiéndote de ello renunciarías a ser tú, estás seguro de que no hay dentro de ti, otro tú deseando salir al exterior, ¡dale rienda suelta!, qué es lo peor que podría pasar…

‘Cambia!, se dice pronto pero se entrena con arduo trabajo, paso a paso dividiendo cada hito, en pequeñas tareas con recompensas iguales, viendo que cada meta que sobrepasas, tu nuevo yo, te gusta más, te hace sentirte mejor, más feliz, más tú.

Para qué seguir siendo egoísta, borde, gruñón, quejica, pesado, huraño.. si todos esos pensamientos y esas emociones no son ecológicas para ti. No vas a sentirte mejor cuando seas positivo, entusiasta, generoso,alegre, agradable…

Si la neurociencia ha descubierto primero, la plasticidad del cerebro, que aprende y desaprende a nuestras órdenes y esfuerzos, ademas de que las emociones y pensamientos  positivos nos hacen  ser más felices, dormir mejor, parecer más saludables, tener mejor visión periférica, enfermar menos y ser más atractivos, no es todo ésto suficiente motivación.

Se me ocurren otras dos creencias inútiles para no hacer el cambio, una que nos parezca que nos quita “personalidad”, después de leer, cuestionatelo  y dos, que el cambio no es posible, con un poco de amplitud de miras recuerda esa vez que cambiaste, qué te motivó, si lo lograste una vez,  puedes volver a hacerlo, si no busca la ayuda profesional de un coach, no te rindas.

El cambio es una puerta que se abre desde dentro, así que  de ti depende que la abras e  invites a pasar a su nuevo yo, del que además de estar orgulloso, nunca te quieras desprender.