¿Te instalarías el dispositivo?

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Viendo ayer un capítulo de la serie “Black Mirror”, que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.

La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.

Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.

Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:

  • Imagínate que tuvieses la opción de implantártelo, ¿lo harías?
  • ¿A qué tipo de recuerdos accederías? ¿útiles o inútiles?
  • Sabiendo que puedes acceder a ellos pero no cambiar nada, ¿borrarías alguno?, ¿lo harías sin antes verlos de nuevo?, ¿ qué te haría volver a verlos?
  • ¿Para qué verías los que te hacen sufrir?, ¿aprender?, ¿castigarte?, ¿mejorar?, ¿usar la información?

Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título “The entire story of you”

¡No te lo pierdas!

Tus grandes éxitos

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Un sábado por la mañana cualquiera, pones pie a tierra. En realidad no recuerdas qué fue lo primero que pensaste pero ya es tarde. Te pesa el cuerpo y no te apetece hacer nada. Dando tumbos vas de la cama al sofá, sin saber por qué lo único que quieres es seguir aletargado y no pensar en nada. Como si eso fuese posible. Haces una rápida pasada sobre lo que te espera ese fin de semana. Cumpleaños, cine, ruta de senderismo. La lista está repleta y aún así, lo único que te pide el cuerpo es descansar.

Imagina que entras en una tienda de discos, de vinilos y que estás decidido a llevarte uno para probar ese gran dispositivo láser que te regalaron tus amigos. Por cierto, qué grandes sabiendo que es tu mejor colección, hicieron un esfuerzo y con la mayor de las ilusiones te regalaron ese caprichito. Deambulas por la tienda, echas un vistazo a todos esos increibles éxitos que son parte de tu vida. La primera canción que cantaste en inglés, la última que ponían en tu garito especial, aquella con la que recuerdas tu fiesta de fin de curso, aquel viaje fantástico, cuando conseguiste acabar esa carrera, tu canción poderosa que te llena de energía en el gimnasio, la que te relaja, la que te recuerda a tu madre, a tus hermanos, a aquella persona, la que bailaste sin parar por enésima vez o la que cantas a grito pelado en el coche cuando vas solo.

Todos esos grandes éxitos que te hacen vibrar, que te devuelven a la vida en momentos que ésta parece haberse disipado, todas esas notas que alguien escribió para que tú las dieses contenido, las llenases con tus grandes éxitos, todas esas veces que te has sentido invencible después de tener una pequeña victoria sobre ti. Te das cuenta de qué pocas veces los escuchas, qué hace que no tengas estos discos a mano para poder ponerlos una y otra vez rememorando esos buenos tiempos.

Sigues dando vueltas por la tienda y de repente te topas con ese disco que hace tiempo guardaste en el más recóndito armario de tu casa. Ese que te recuerda cuando aquella persona desapareció de tu vida, cuando los pasaste mal en aquel momento, cuando más echabas de menos a los tuyos, cuando tu seguridad faltaba, vivías esa injusticia o te preocupaba en exceso un mañana incierto. Ese viejo disco ahora estaba allí, podías coger cualquier disco que te inspirase buenos recuerdos de esas cajas de cristal y  sin embargo aquel, captaba toda tu atención.

Era imposible dejar aquella posición, que se iba inclinando sobre la portada, hombros caídos, gesto serio, todo pesaba entonces. Sin darle más vueltas cogiste ese disco y lo llevaste al tocadiscos que la tienda ponía a tu disposición para escucharlo, fue posar la aguja sobre él y comenzar a rememorar todo aquellos que habías conseguido superar, y sin embargo eras incapaz de quitar el disco. De repente era una y otra vez el mismo sonido, el disco rayado, que habías escuchado miles de veces. Ese torturador sonido que hacía que mi vida fuese un infierno y lo había sacado de su funda y puesto yo mismo. De nuevo.

¿Qué esperaba escuchando esto de nuevo?

¿Qué discos pinchas tú en tu mente? ¿tus grandes éxitos o tu tortura?

De tí depende que tu vida sea una lista de tus grandes éxitos. Si no sabes cómo pincharlos busca ayuda y deja de escuchar el ruido de siempre.

¿Y si empiezas por hacer una lista de todos esos éxitos?

Los pensamientos que alimentan tu mente, te harán infinitamente feliz o infeliz, tú decides.

El rincón de pensar

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Utilizo mucho el verbo pensar, dar vueltas a los temas, reflexionar sobre ellos, ver distintas perspectivas, relacionar unas cuestiones con otras y adoptar distintas visiones y soluciones, me ha hecho más creativa, comprensiva y resolutiva.

Desde hace algún tiempo, observo que en muchas personas este verbo es tabú, molesto, puesto que implica, no sólo volver sobre lo mismo, una y otra vez, sino que esas cuestiones son todas negativas y les producen sensaciones físicas que detestan, complicando el concepto.

Es cierto que ahora, mandar a los niños al rincón de pensar cuando hacen algo no deseable, tampoco ayuda mucho para las nuevas generaciones, puesto que es fácilmente asociado con que pensar es un castigo, en lugar de una recompensa.

Muchos de nosotros cuando nos enfrentamos al mundo de nuestros pensamientos, no lo hacemos con gusto, puesto que muchos de ellos, no son precisamente agradables y estar a solas con nosotros mismos supone una tortura que aliviamos con ruidosos sustitutos como la televisión o camuflamos con todo tipo de productos relajantes o ansiolíticos.

Por muy raro que os parezca, estos pensamientos son fabricados, guardados y liberados por nosotros mismos. La gran diferencia es que los archivamos sin hacerlo conscientemente y los liberamos y usamos cuando nuestra mente cree que estamos en situaciones similares.

Quienes llevan tiempo practicando meditación o mindfulness son, quienes poco a poco a través de la consciencia y la concentración, van desentrañando su sistema de pensamiento para poder hacerlo trabajar para ellos mismos en lugar de rechazarlo y reconocerlo como un instrumento de tortura.

El primer paso para que estos pensamientos tóxicos empiecen a dejar de serlo es observarlos. Detectar cuando se producen, qué acciones o recuerdos los liberan y qué sensaciones corporales  producen.

Cuando queremos acabar con estos pensamientos, no son ellos en sí, los que importan, porque más adelante te darás cuenta de que son absolutamente falsos, no importa lo que son, o lo que sientes, sino lo que haces con ellos.
La mayoría de las veces cambiaremos de actividad y dejaremos de observarnos para no reconocerlos y trabajarlos. Para no acabar perdido en tus pensamientos y agredido por ellos.
Si prefieres no rendirte y empezar a trabajar para que tus pensamientos jueguen en tu favor, prueba estos pasos:

Busca tu “rincón de pensar”
Siéntate cinco minutos, sin distracciones, fuera móvil.
Ten cerca un papel para anotar
Enfócate en tu respiración, nota como inspiras y espiras.
Observa los pensamientos que surgen en tu mente, entonces recuerda que estás pensando.
Apunta dos palabras relacionadas con cada pensamiento.
No trates de controlarlos o cambiarlos, simplemente cuando te des cuenta vuelve a observar tu respiración.

Con este ejercicio te darás cuenta de todo lo que piensas en sólo cinco minutos, de lo repetitivo o variado que puede llegar a ser.
Lo importante es hacer este ejercicio con constancia para empezar a ser consciente de lo que piensas, si no lo ves o sientes, no lo puedes cambiar.
En unas semanas continuaremos con el siguiente.

Recuerda que para conseguir cualquier meta la regularidad es la llave.
¡Buen trabajo!

¿Afilas tu hacha?

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En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al días siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.
El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.
El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:
-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?
El joven respondió:
-Realmente, no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles…”

Compartir con vosotros este cuento oriental que leí hace tiempo y que recuerdo con frecuencia, me sirve para pensar en la poca importancia que damos a reflexionar sobre muchos de los pensamientos que tenemos y el poco tiempo que dedicamos a aprender cuestiones nuevas.

La mayoría de las veces nos conformamos con seguir utilizando las mismas estrategias de siempre a pesar de que seguimos consiguiendo los mismos resultados. Sin mejorar nuestras elecciones o buscar opciones nuevas.

A veces creemos que, por obvias que sean nuestras cualidades y capacidades, nos van a ser útiles, sin más desarrollo durante toda la vida, sin tener que esforzarnos en afilar nuestro hacha. Con lo que aprendimos en los primeros años, de estudios, de vida, de trabajo.

Si te cuestiones hace cuánto que leíste algo diferente, nuevo, que aprendiste algo por primera vez, que pusiste en marcha otra manera de enfrentarte a las cosas, serás consciente de la poca importancia que das a mantener tu mente activada y tu cerebro en marcha.

Si a esto le sumas que cada vez desarrollas más rutinas para vivir de manera automática sin ser consciente de la mayoría de tus decisiones podrás ver lo poco que entrenas para mejorar.

Cuando te levantas, haces siempre lo mismo y en el mismo orden, vas al trabajo por el mismo sitio, usando el mismo transporte y allí desarrollas las mismas rutinas, así continúas durante todo el día, hasta que regresas a casa.

Toda esa disciplina monónota hace que tus autopistas cerebrales sean cada vez menos y menos transitadas. De ahí la importancia de afilar tu hacha siempre que puedas, es en estas sencillas cosas, en las que puedes empezar a trabajar para hacerlo.

Acostumbra a tu mente a la decisión consciente y a la novedad. Eso será un buen primer paso.

 

¿Has decidido que quieres crear tu futuro?

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A veces cuando imaginamos nuestro futuro lo hacemos con tintes dramáticos, oscuros, poniéndonos en las peores situaciones y con los finales más aterradores.

Es en esas situaciones, cuando nos damos cuenta de la nula diferencia que encuentra nuestra mente entre lo real y lo imaginario cuando nos empeñamos en ello.

Si esto es posible, si esas pesadillas y malos augurios nos producen nerviosismo, ansiedad y todos sus síntomas, ¿qué nos impide utilizar este mecanismo para que juegue a nuestro favor?

Si pensamos en la célebre frase de Drucker: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo” ¿Cómo podemos crear nuestro futuro?

Hace poco leía la historia de un gran orador que nació en un pequeño pueblo, y su gran meta en la vida, desde que era muy joven y acompañaba a su padre al campo, había sido precisamente eso, hablar bien en público.  Pasaba horas enteras ensayando frente a encinas y piedras a modo de interesados espectadores, haciendo que incluso el sonido de las ramas de los árboles se asemejase al aplauso del gran público. Cuando hubo crecido, llevaba tantas horas de vuelo que el objetivo que se había trazado y que entonces, a todas luces era inimaginable, tomaba forma por momentos, colocándole en esa zona en la que los sueños empiezan a tornarse en realidad.

Seguro que en algún momento has pensado ser el protagonista de una historia similar cuando has visto a ese cantante, a ese político, a ese abogado, actor, ingeniero y has pensado en ser él y a pesar de haber disfrutado intensamente esos segundos, no te has atrevido a recrearlos mucho tiempo más.

Si hay algo que realmente te ha producido esos segundos de felicidad, merece la pena mantener esa intención y ponerla en marcha. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Hace algunos años quizás alguien pudiese pensar que estabas loco, ahora loco es quien piensa que no tiene oportunidades de ser y de hacer muchas cosas que quiere y está determinado a hacer a lo largo de  su trayectoria vital.

Si realmente estás decidido a ser el protagonista de tu futuro y a utilizar sabiamente tu cabeza, prueba estos pasos:

  • Crea la idea en tu mente. Tu mente la grabará y a partir de esa alerta comenzará a construir.
  • Piensa en tu idea muy a menudo. Lo grabarás una y otra vez, así será más fácil actuar.
  • No pares. Imagina resultados. Recaba todas las habilidades y capacidades que tienes y necesitas para llevarlo a cabo.
  • Los obstáculos comienzan a destruirse con la fuerza de tu meta. Tus neuronas trabajan creciendo en la idea.
  • Repítelo una y otra vez. Tus neuronas se conectarán entre sí aumentando las autopistas de tu mente.

Si eres capaz de construir ese ciclo, que se alimenta una y otra vez con la ilusión y el entusiasmo, serás capaz de llevarlo a cabo.

Esa intención es la fuerza de la creación.

A partir de aquí, ¡tú decides!

¿Pintas tu mente para ser feliz?

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La clave para ser feliz, es tener una mente feliz y para tener una mente feliz, nuestros pensamientos tienen que ser los adecuados para este fin.

¿Quiere eso decir que no podemos enfadarnos, estar tristes, pensar mal? No, no  sólo podemos sino que mientras entrenamos nos descubriremos pensando  esto muy a menudo. Nuestros pensamientos automáticos son el producto de muchos años de práctica por lo que un poco nos costará deshacernos de ellos o encontrar la forma de que jueguen a nuestro favor.

A veces es nuestra cultura, nuestros amigos, padres, entorno, lo que hace que nuestros pensamientos sean muy semejantes a los suyos y por eso es tan importante ser conscientes de que podemos pensar lo que queramos, no estamos atados a nuestras creencias de siempre si éstas no nos dejan crecer.

Hoy os propongo un ejercicio para esta semana, con el que podremos observar claramente de qué color es nuestra mente y cómo ésta pinta nuestro día a día.

Imagina que tienes tres colores: uno que pinta los pensamientos positivos, por ejemplo en mi caso sería el naranja, pero seguro que tú también tienes el color que le da alegría a tu vida; otro que pinta los pensamientos  neutros, como por ejemplo el gris para mí y otro para los pensamientos negativos, el negro en mi caso.

Cada vez que te sorprendas pensando algo, pinta en tu agenda un círculo del color que corresponda a tu pensamiento en ese momento.

Al final del día te darás cuenta de cómo tu mente, hace tu día y al final de tu semana podrás tener una primera impresión de cómo y cuánto ayuda tu mente a tu felicidad.

Si lo consigues hacer durante un mes, poco a poco irás comprobando cómo lo que piensas es lo importante para animarte o bloquearte, para seguir o rendirte, para actuar o preferir permanecer inmóvil.

Cuando seas consciente de esto, algo que lleva su tiempo, podrás ir más allá  ver cómo te afecta tu entorno, pintando las conversaciones con las personas con las que más tiempo pasas. Podrás ir viendo si son positivas o negativas, si son creencias potenciadoras, que te hagan crecer y creer en los demás y en ti mismo  o por lo contrario son demoledoras, te desaniman, abaten y sólo hacen que cada vez te veas menos capaz de hacer  y lo pintes todo negro.

Si estás decidido a trabajar para que tu vida sea cada día mejor y crees que mereces poner en marcha, los avances de la neurociencia, en ti, no eches en saco roto esta práctica.

Todo lo que piensas, se ha almacenado en algún momento en tu cabeza, ahora incluso no sabrás ni cómo, ni a quién pertenece pero poco a poco irás dándote cuenta de lo importante que es para tu felicidad, lo que escuchas, lo que lees  y lo que ves.

Si quieres seguir igual siempre puedes pensar que todo esto es una chorrada. ¡Tú decides!

¿Sobrescribes o borras?

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Si quiero cambiar y estoy decidida a ello, voy a comenzar por ser consciente de lo que ocurre dentro de mí durante el día y prestaré menos atención a lo que está fuera y no puedo controlar.

 Para así entender qué cosas, qué episodios, qué emociones son las que hacen nacer en mi material negativo y sólo entonces pudiéndolo detectar, podré hacer algo con ello.

 En algunas ocasiones vivimos experiencias que nos dejan un poso desagradable y tienen en nosotros consecuencias negativas, ya que este tipo de recuerdos negativos emergen de nuestros almacenes mentales, reconstruidos a partir de semillas que guardamos, en cualquier momento.

 Igual que tarda tiempo en ubicarse en nuestras mentes y consolidarse en estructuras de nuestra memoria, nosotros podemos interferir en este almacenaje.

 En su libro “Hardwiring Happines”  el neurólogo Rick Hanson nos propone dos métodos  para cambiar nuestro material negativo por otro que nos sea más útil en nuestra vida diaria.

 Uno es “Reescribir lo negativo” y el otro se basa en “Borrar lo negativo”.

Ya me imagino las caras, unas de escepticismo, otras de entusiasmo pero lo que si no nos puede faltar, si estamos dispuesto a reconstruir nuestras estructuras neuronales es esfuerzo y entrenamiento.

 Siempre podrás decir que no tienes tiempo, que no eres capaz, que para ti no sirve, pero recuerda la regla de oro : “Quien quiere algo busca razones y quien no, excusas”. ¿De cuáles eres tú?

 Reescribir lo negativo

Imagina una discusión con un compañero de trabajo, un amigo o algún familiar. Si eres consciente mientras se está produciendo, al mismo tiempo tienes sentimientos contrapuestos. La ansiedad que te produce lo que ha ocurrido y el sentimiento de que esa persona realmente te importa.

Si puedes mitigar tu ira y ser capaz de tener ambos en mente, haz que los sentimientos positivos sean más fuertes y duren más que los negativos.

Utiliza este ejemplo para todo lo que quieras cambiar, cuando estés recordando algo negativo confrontalo con otra cuestión que te produzca una emoción positiva y mantén ésta durante más tiempo.

Borrar lo negativo

 

Solemos vincular lo negativo con algún detonante  que lo pone en marcha, imagina la misma discusión de antes, por ejemplo con tu jefe, que sea jefe es  una cuestión neutra pero si  tú la asocias con algo desagradable del pasado, que te trae ese recuerdo a la mente,  puede recordarte esa desagradable sensación  otra persona que detente alguna autoridad. Esto lo puedes evitar puesto que hasta después de una hora de haber tenido el recuerdo, mientras se sigue siendo consciente de ello, puedes hacer que se borre como un recuerdo negativo  pensando en ello, como ser jefe, no más de doce segundos  y a la vez  en algo neutro o positivo. De manera que la próxima vez esa situación ya no sea detonante de algo negativo, no activándose la amígdala cerebral que te hace sentirte amenazado.

Si reflexionas sobre cómo trabaja la mente en sus conexiones neuronales podrás  observar que las construímos nosotros mismos por lo tanto podemos modificarlas. Si conscientemente vas almacenando que te sientes bien delante de los jefes. Cuando llegues a esa situación habrás reprogramado tu mente.

 

Suena bien, ¿ a qué si?

 

¿Te esfuerzas para ser feliz?

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Puede parecer más fácil funcionar con los planteamientos que uno tiene desde siempre que aventurarse a entrenar o reflexionar sobre otras posibilidades. Sobre todo porque esto último requiere un esfuerzo añadido que no todos queremos realizar.

“Más vale lo malo conocido…”, “piensa mal y…” todas esas frases que a veces decimos sin pensarlas, no son inocuas, nos hacen enfocarnos en precisamente esto, lo negativo y magnificamos su efecto en nosotros, dándole poderes sobrenaturales.

Cuando poco a poco vamos conociendo más sobre nuestra mente y su funcionamiento, descubrimos un mundo de posibilidades que entrenadas con consciencia nos harán la vida más grata.

 Quien quiere seguir con sus planteamientos de siempre, podrá decir que no todo puede ser felicidad, que todo el día no se puede estar bien, que es imposible…, inventando infinidad de excusas y generalizaciones para no tener que hacer ningún esfuerzo.

 Ser consciente implica que vives en el mundo, que conoces situaciones horribles que otras personas están viviendo, a veces crees que lejos de ti, aunque en muchas ocasiones están más cerca de los que piensas y puedes hacer más de lo que haces por ellas. Pensar en positivo no significa que no veas esto, que no trabajes para que las situaciones de muchos mejoren, que no sepas que enfermedades y experiencias negativas  de todo tipo afectan a las personas cada día.

Significa que sabes que pensar en positivo es mejor para ti y para los que te rodean, qué prefieres tener a tu lado alguien que te anima, te enseña a ver el lado bueno de las cosas, a aprovecharlo para los malos momentos, te alegra la vida y te estimula a crecer a alguien que sólo pone su atención en lo negativo, relatando una y otra vez experiencias personales adversas, cotilleando y quejándose mientras  encima te culpa de verlo todo con cristales rosas.

Séneca hace miles de años decía que “La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste”. La tristeza, como  la mayor parte de los sentimientos negativos es rendirse a la pereza y lo comparto totalmente, para ver la parte buena de la vida hacemos un esfuerzo porque nuestra naturaleza ha estado durante años concentrada en las amenazas para sobrevivir.

Para hacer felices a los demás, aprender de toda experiencia, no vivir en el miedo, la culpa y la vergüenza hacemos un esfuerzo, cierto es que una vez que lo practicamos hasta  interiorizarlo, podemos vivir en este modo. No en el reactivo.

Pocas veces reflexionamos sobre la cantidad de riesgos que corremos a diario y no se materializan, y como no lo advertimos ni reflexionamos, tampoco agradecemos que no ocurran. Sólo cuando alguno nos afecta, ponemos nuestro foco en ello para preguntarnos ¿por qué a mi? Seguramente porque vivimos, y porque esto significa correr riesgos y porque si tú no los corres conscientemente, ello no significa que a ti no te ocurra nada, sigues con muchas  posibilidades de que la vida te sorprenda con algo.

Pero no parece muy justo que con la cantidad de horas que tiene el día y la multitud de cosas buenas que ocurren a tu alrededor en cada momento, no seas capaz de disfrutar de muchas de ellas con deleite, apenas les des importancia  y luego sólo enfoques en lo que no responde a tus expectativas.

 ¿Qué haces para ser feliz?

Busca ahora mismo a tu alrededor algo o alguien que pueda proporcionarte una agradable experiencia. No le des muchas vueltas desde tu teclado, a quien te sirvió el café. Una vez que hayas pensado en esa persona o en esa cosa en la que nunca antes habías reparado recuerda todo lo positivo que te ha proporcionado. Pon tus cinco sentidos en ello, recuerda sonidos, olores, imágenes y disfruta de tu escena. Agradécelo.

Si consigues hacer esto 4ó 5 veces al día unos cinco minutos, estarás haciendo más de lo que crees por tener una mente agradecida que te proporcione cada vez  más felicidad, ayudándote a tener presente el lado positivo de la vida, ese que no acostumbras a ver!! ;).

¡¡Buena suerte!!

¿Configuras tu semáforo?

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Imagina que un semáforo dirigiese tu vida. Como en el elemento de circulación, las órdenes por las que te puedes regir son rojo, ámbar y verde. Como para circular, rojo significa detenerse, ámbar precaución o detenerse  y verde avanzar.

 Si ya te has situado en este elemento y detenido a pensar su funcionamiento, seguro que ya has reparado en que existe o debe existir un centro en cada ciudad en el que se regula y configura  la duración de cada luz del  semáforo en función del tráfico que hay en cada intersección.

Ahora ponte en la situación que en que tú mismo regulas el semáforo de tu vida. Puedes pensar por un minuto, ¿ en qué posición pasa la  mayor parte del tiempo tu mente?

Puedes ser de las personas cuya amígdala refiere un cerebro  que responde a una alerta continua, es decir, vives en modo supervivencia, con ese mecanismo de  la antigüedad, tiempo en que este tipo de cerebro era necesario para mantenerse vivo con las constantes amenazas de la propia la naturaleza. Tu mente continúa en este modo, de manera que se alarma por cualquier suceso que entiende es una amenaza y por ende te considera en peligro. Poniendo en marcha  cortisol, la hormona del estrés y  el sistema parasimpático,  haciéndote sentirte mal  y produciéndote una reacción excesiva  independientemente de la importancia del hecho. De debates entre un constante amarillo y un intermitente rojo. Imagina, ¿qué puede producir esto en tu cuerpo y mente?

Puede que tu amígdala te alerte igualmente de estos peligros pero tú estés alerta y no te produzca esta reacción. Es decir circules entre verde y ámbar.

Y puede que no sólo la hayas acostumbrado a vivir en alerta roja o amarilla sino que hayas conseguido a través de tu entrenamiento consciente pasar al verde y vivir tranquila, con algún amarillo que reflexionas con tu recursos y experiencias para volver al verde.

Hay quienes esperando un milagro, sólo quieren utilizar esta estrategia en los momentos en que ya han sido invadidos por el estrés, y claramente,  no funciona. Cambiar tus hábitos de pensamiento no lleva unas pocas semanas. Imagina todo el tiempo que has empleado en configurar el semáforo con el que “circulas” hasta ahora.

La buena noticia es que no tienes por qué seguir utilizando esas pautas que te mantienen a la defensiva, en guardia, alerta, estresado, que te consume ingente energía y te deja exhausto.

Dos cuestiones que la neurociencia ha puesto a tu disposición, tras conocer la plasticidad del cerebro sano hasta que mueres son la meditación, que entre otra cuestiones te ralentiza el diálogo interior, te “desenchufa” y te enfoca y el entrenamiento del pensamiento para no pasar por alto las experiencias placenteras y positivas, rememorándolas conscientemente a lo largo del día.

De ti depende ¿configuras tu semáforo?, ¿o piensas que seguir en rojo es inocuo?

Algo nuevo

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Cuando pensamos en esta  frase es recurrente pensar en cosas  no en  actividades, a pesar de que quienes investigan concienzudamente sobre la felicidad no dejan de aconsejar la inversión en éstas últimas antes que en objetos.

 Y es sobre eso sobre lo que quiero reflexionar hoy, sobre lo nuevo. A  muchas personas el cambio en sus vidas les produce aversión, tratan de “rutinizar” tanto sus días que, cualquier cuestión sobrevenida les causa  problemas de estrés y sus consecuentes y perjudiciales reflejos fisiológicos.

 Cuando vamos creciendo es cada vez más usual reunir más y más  hábitos y rutinas que nos llevan a no tener que pensar o decidir para casi absolutamente nada a lo largo del día, siendo la mayoría de nuestros actos automáticos.

 Sólo tenéis que pensar, ¿cuándo fue la última vez que aprendiste o hiciste algo nuevo?

Seguro que en cuanto a idiomas, llevas años dándole al inglés pero, ¿lo has intentado con  otras lenguas? En cuanto a deporte ¿te atreves con alguna otra disciplina?, en tu formación, ¿has innovado? , ¿has cambiado de trabajo?, ¿de casa?, al menos, ¿de camino a ambos?

Quienes tienen éxito hacen todo lo contrario, se acostumbran a vivir cómodos  en la incertidumbre y arriesgan. Como ejemplo, un porcentaje muy alto de los CEO de las compañías, no están más de cinco años en el mismo trabajo.

 Ahora que la neurociencia  pone a tu alcance el saber que aprender o hacer algo nuevo,  es un estupendo ejercicio para tu mente que te aumenta las conexiones sinápticas y te mantiene joven la mente, no puedes seguir con antiguas recetas.

 Además,  saberte un aprendiz es bueno  para domesticar tu ego, para entender a quienes están empezando, te obliga a hacer las paces con esa frase que ya no utilizas hace tiempo “no lo  sé ”.

 Mantiene joven esa curiosidad que te lleva a estar alerta y disfrutar de los cambios, te ayuda a ser creativo, a tener muchas más perspectivas de la misma cuestión y opciones como solución.

 Recuerda que si no tienes “inputs” nuevos tus “outputs” serán los de siempre y continuarás intentando resolver problemas con el mismo nivel de pensamiento con el que crearon, con lo cual acabarás sintiéndote estancado.

 Estas son sólo algunos de los beneficios de aprender algo nuevo. Te dejo hasta el próximo 15 de Septiembre, cuando nos volvamos a ver para que hayas decidido qué será lo nuevo que hagas o aprendas este curso.

 Al fin y al cabo, todos necesitamos mejorar.

Te dejo este TED talk de Matt Cutts para que abundes más en tu compromiso

¿Qué autopistas iluminas tú?

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Si has tenido un insignificante contratiempo, como un resfriado, estas vacaciones, habrás podido comprobar la diferencia que existe entre pasarlo trabajando, en casa cerrado o cuando continúas disfrutando de tu tiempo de ocio. Seguro que no ha sido obstáculo para poder pasarlo bien, minimizando sus efectos y concentrándote en lo bueno. Además  seguro que si haces un resumen de tus vacaciones este pequeño contratiempo no te ocupará nada, mientras  que podrás narrar muchas anécdotas que evocarán agradables recuerdos para ti.

Esto lo que te demuestra es lo relativamente fácil que es entrenar tu mente para que lo positivo sea lo importante, enfocarte en las experiencias que te hacen sentirte bien, las emociones que te sean positivas, es más fácil de lo que todos creemos.

A veces  pretendemos hacer esto, intentar evocar todos estos momentos en situaciones en las que el estrés ha hecho su aparición súbitamente y en gran cantidad. Pero sólo conseguimos quedarnos en eso en el intento, diciéndonos a nosotros mismos que lo de poder cambiar tus pensamientos es una patraña.

Para que nuestra mente pueda acostumbrarse a vivir en positivo, en un remanso de paz, que nos haga relativizar todas nuestras experiencias y concluir algún aprendizaje útil de todas ellas requiere un entrenamiento consciente. Un cambio de nuestro modo automático.

Cada vez que recurrimos a pensamientos negativos, emociones negativas y experiencias de ansiedad, tristeza, miedo se encienden las mismas autopistas sinápticas en tu mente, recorres los mismos caminos y sólo enciendes esas luces, por lo tanto lo más fácil para tu mente será transitar por ellas sin el más mínimo esfuerzo.

Sin embargo si dejamos de ir tan deprisa por la vida, podremos disfrutar de pequeñas experiencias sumamente agradables que encenderán otras luces y abrirán otros caminos en nuestra mente e irán acostumbrándola a que éstas sean las sendas por las que queramos caminar. Esas experiencias que siempre decimos que son las mejores pero que vivimos a toda velocidad sin rememorarlas.

Si deseamos ser personas relajadas y tranquilas, ésas serán las experiencias que querremos vivir más a menudo, disfrutando de cada segundo de ellas y almacenando esa sensación para que cada vez sea más habitual en nuestra mente. Lo mismo  con el agradecimiento, el amor, la diversión… al contrario de lo que hemos hecho hasta ahora con el miedo, la culpa, la vergüenza, la ira…

Son las experiencias en las que nos concentramos las que marcan como funciona nuestra mente y ese modo automático que nos crea malos pensamientos o miedos lo hemos creado nosotros pensando en esos momentos durante tiempo, dándole a estos episodios más protagonismo del que querríamos en nuestro interior.

Por lo tanto está en nuestra mano modificarlo entrenando. Concéntrate en este verano y piensa a qué momentos das más importancia, a los positivos o a los negativos. Si ganan estos últimos quizá quieras construir otra autopista mejor.

Recuerda el adagio anglosajón “Use it or lose it” (o lo usas o lo pierdes)

¿Has perdido tu capacidad para ser feliz?

¿Usas champú?

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Si respondes a la pregunta,¿ quién es la persona más importante en tu vida?,  y no eres tú, es que has pensado en montón de situaciones que, al menos, te serían menos agradables sin esa otra persona. Si de verdad no has reparado en que la persona más importante del mundo para ti, eres tú mismo, imagina dónde más podrías vivir que no fuese dentro de ti. A partir de ahí, ¿eres importante?

Cuando sabes que tú eres lo más importante para ti, no sólo empiezas a cuidar tu exterior tanto a nivel físico como de imagen, sino que comienzas a ser consciente de que todo esto repercute en ti mismo.

Esta cuestión a veces se confunde con vestir o estar en forma para impresionar a los demás pero ese pensamiento te distrae del objetivo, esa no es la cuestión fundamental, sino que cuidando tanto tu interior como tu exterior, tú estás impresionado contigo mismo, por lo que tus avances y tu pensamiento  se trasladan al exterior.

Volvemos al planteamiento básico que te debes grabar “ Soy lo que pienso”. Si tú mismo piensas que tu trabajo no tiene importancia, tú mismo te quitas importancia, y para ir a un trabajo así, necesitas vestirte de una manera determinada, hablar de una manera determinada y sentirte de una manera determinada, “sin importancia”.

Las actitudes que tomamos frente a la vida, no ya frente a lo que nos ocurre, sino para vivirla, las elecciones que tomamos y lo que nos decimos se exhibe a través de nuestros movimientos, lenguaje, vestimenta, etc… Aparece importante, pregúntate, ¿es esto lo que se  dice, piensa, se pregunta una persona importante?

 En muchas reuniones de emprendedores ahora te animan a que hagas y ensayes la pequeña charla de tu producto o servicio, tu elevator pitch, pero muchos, antes necesitamos hacer de nosotros mismos un producto vendible que no se viene abajo tras no pasar la primera prueba con un cliente, para poder después pasar a vender otra cosa.

Si nosotros no tenemos un discurso interiorizado positivo y energizante para contrarrestar toda esa  negatividad y esos vacuos comentarios del exterior que nos hacen daño,  no estaremos preparados para mostrar lo mejor de nosotros mismos tanto a nosotros, como a los demás.

Un niño refleja la conducta de sus padres, unos empleados la de sus jefes, una pareja la de la suya y tú mismo de lo que piensas, así que ten cuidado con quién quieres parecer, puedes ser un triunfador con datos objetivos en la mano y parecer todo lo contrario por  tu pensamiento que te delata en cuestiones como tu postura corporal, tu lenguaje, etc.

Que cómo puedes comenzar esta nueva relación contigo mismo, hoy quiero hacerte una propuesta, que seguramente cuando lo leas te hará reír, porque pensarás “está loca” pero estoy segura de que la probarás y funcionará.

En lugar de darte la consabida paliza mental con tus miedos y agobios y malos augurios, dedícate unos minutos por la mañana al autobombo, al autoelogio, no dejes que este chute de energía y de entusiasmo esté en manos de otros. Y lo de manos de otros lo digo literal.

Piensa que tu champú o  tu gel tiene poderes. Si, si como lo lees, cuando te embadurnes y  te des masajes en la cabeza, piensa que esa loción te  está convirtiendo en una persona importante, con muchas cualidades, especifícalas, no te dejes ninguna, sólo  las que digas en voz alta  las potenciará ese producto. No pares de extender tu champú o gel hasta que no te hayas dado tu charla motivadora. Haz tu propio anuncio con las habilidades y capacidades que te va a potenciar durante todo el día ese champú.

Piensa, busca que hay en ti mismo.

El éxito viene de un pensamiento dirigido y, ¿por qué no éste? Igual que sube la espuma de tu gel, igual subirá el concepto que tienes de ti mismo y la importancia que tienes para ti. Cada vez que oyes sobre un producto en un medio de comunicación, sólo oyes cosas buenas, ¿no? ¿Por qué no haces tú lo mismo contigo?

¡¡Limpia tu cabeza y tu mente a la vez!!

¡¡Enchúfate energía cada día!!

¿Qué te cuesta probar? 😉

 foto: mujerglobal

Yo soy así

yo soy así

Y así seguiré nunca cambiaré…a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga… pues lejos de contradecir a Alaska, efectivamente a nadie le importa, a nadie más que a ti, por lo tanto si quieres o no “ser así” es una reflexión nada vacua que conviene hacerse alguna vez en la vida, eso sí, cuánto antes mejor.

Muchas son las creencias sobre el tema  que hay que “coachear”, pero sobre todo “ser así” tal cual, no es un marchamo de calidad, cuando no nos hace felices, cuando nos hace daño, cuando no nos sentimos bien, no hay porqué mantenerse, “ser así” no significa que hayamos sido geneticamente diseñados y herederos al 100%, con unas determinadas características, dejemos un 50% a este aspecto, un 10% al entorno et voilà, el 40’% restante lo gobernamos  y controlamos nosotros.

Quién eres tú, quién soy yo, definitivamente quienes queramos ser, sólo nosotros somos responsables, sólo de nosotros y de nuestro esfuerzo depende el cambio, lo cuántico tiene claro que no hay materia sin vacío, que no hay bueno, sin malo, ying sin yang, por lo tanto, todos tenemos una coctelera de opciones dentro, sobre la que podemos elegir no sólo la dosis, sino los ingredientes y la  mezcla de ellas.

Para qué defender en nuestro carácter, rasgos que no nos son útiles, que nos obstaculizan y nos impiden alcanzar metas y objetivos, que nos han arrojado en muchos casos los demás y hemos recogido y adoptado  sin cuestionarnos, con “es que tú eres tal ” o “tú como eres así” , si ERES, tienes pocas o ninguna posibilidades de cambiar porque has llegado a introducirlo en tu identidad, en tu capa más profunda de manera que crees que es inherente a ti y que desprendiéndote de ello renunciarías a ser tú, estás seguro de que no hay dentro de ti, otro tú deseando salir al exterior, ¡dale rienda suelta!, qué es lo peor que podría pasar…

‘Cambia!, se dice pronto pero se entrena con arduo trabajo, paso a paso dividiendo cada hito, en pequeñas tareas con recompensas iguales, viendo que cada meta que sobrepasas, tu nuevo yo, te gusta más, te hace sentirte mejor, más feliz, más tú.

Para qué seguir siendo egoísta, borde, gruñón, quejica, pesado, huraño.. si todos esos pensamientos y esas emociones no son ecológicas para ti. No vas a sentirte mejor cuando seas positivo, entusiasta, generoso,alegre, agradable…

Si la neurociencia ha descubierto primero, la plasticidad del cerebro, que aprende y desaprende a nuestras órdenes y esfuerzos, ademas de que las emociones y pensamientos  positivos nos hacen  ser más felices, dormir mejor, parecer más saludables, tener mejor visión periférica, enfermar menos y ser más atractivos, no es todo ésto suficiente motivación.

Se me ocurren otras dos creencias inútiles para no hacer el cambio, una que nos parezca que nos quita “personalidad”, después de leer, cuestionatelo  y dos, que el cambio no es posible, con un poco de amplitud de miras recuerda esa vez que cambiaste, qué te motivó, si lo lograste una vez,  puedes volver a hacerlo, si no busca la ayuda profesional de un coach, no te rindas.

El cambio es una puerta que se abre desde dentro, así que  de ti depende que la abras e  invites a pasar a su nuevo yo, del que además de estar orgulloso, nunca te quieras desprender.

Imprimación

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El misterio que representa el cerebro y los conceptos mente, pensamientos, emociones y su conexión pueden suponer, que nos creamos nada responsables de lo que nos ocurre, refugiándonos en el tópico de ” yo soy así” y en las circunstancias del entorno o que, por contra, tomemos el timón de nuestra vida aumentando significativamente ese porcentaje de control.

El doctor Dispenza, gran conocedor del cerebro explica  en varios artículos y alguna conferencia que podéis ver en Youtube, como muchas acciones las llevamos a cabo sin que intervenga la mente consciente– abrocharnos la camisa, cambiar las marchas del coche, el papel de víctima- están tareas están memorizadas casi tanto como parpadear o respirar.Los circuitos cerebrales están conectados.

Cuando tenemos un pensamiento consciente se enciende un pensamiento/recuerdo/ asociativo de manera inconsciente  en respuesta a nuestro entorno y nos hace pensar lo que corresponde a este estímulo. Este proceso se llama imprimación. ¿Qué ocurre cuando piensa en flores? y si piensa en una en concreto…seguramente aparecerán varias o algunos recuerdos asociados a ellas.

Un ejemplo de imprimación que casi todos hemos experimentado es, cuando compramos algo por ejemplo un coche, un determinado modelo, en la calle empezamos a notar muchos más coches de ese modelo, ocurre también cuando  ponemos un nombre a un hijo o a una mascota. Al haber estado expuestos a una experiencia determinada,la elección y compra de ese modelo en este caso, tenemos una conciencia más aguda ante los estímulos relacionados.

Este sencillo ejemplo, manifiesta por analogía, la de cuestiones que la imprimación ha establecido en nuestra mente, cosmovisiones, tópicos, creencias que tienen poca o ninguna base experimental o estadística, sobre las mujeres y los hombres, sobre los países, sobre lo que nosotros pensamos de nosotros mismos

Si pensamos cuánto tiempo del día nos gobierna la imprimación, es decir, el gobierno del entorno, dejando que nuestros recuerdos instalados actúen de piloto automático, nos sorprendemos de los inconscientes que permanecemos la mayoría del tiempo.

La cuestión que nos interesa es cuando esta imprimación desata pensamientos inútiles, no aludiré a pensamientos positivos y negativos puesto que entiendo tendríamos que discutir los estándares y hay a quienes la sola pronunciación de los  adjetivos les altera el  humor, por imprimación.

Al cerebro según Dispenza le cuesta lo mismo producir pensamientos útiles que inútiles, por lo tanto la cuestión  interesante es desactivar el piloto automático y tomar los mandos, para hacer que nuestra imprimación nos sea útil, nos produzca pensamientos  que transformen nuestro estado mental para mejorarnos.

La buena noticia es que se puede entrenar y acabar haciéndolos inconscientes. Una de los consejos que el Doctor da es el ensayo mental o la visualización. Si ya tienes pensada esa mejora, por ejemplo ser paciente, perseverante, valiente, agradecido, amable, debemos ensayarla mentalmente cuando estemos solos, imaginar cómo vamos a comportarnos y a ser con nuestro nuevo modelo. Cuanto más tiempo utilicemos en esta acción, mayores serán los resultados y menor el tiempo de imprimación.

Focalizar un ideal nos va a hacer sentirnos más cómodos en nuestro entorno, y como dice Dispenza “ser más que el entorno es evolucionar”

Estaréis de acuerdo en que algunas veces  pensamos, casi siempre posteriormente, que  como somos, no nos hace del todo felices, en algunos casos somos conscientes de que hay otras posibilidades que mejorarían nuestra vida pero no sabemos como trazar el camino hacia ese objetivo. Para acelerar este proceso y convertirte en tu mejor versión es para lo que sirven estos pequeños consejos y  los coaches.

Te has preguntado alguna vez qué motivos te hacen tener tan desarrollados hábitos como el malhumor, estar deprimido o sufrir.. Cambia tu imprimación. Anímate a seguir este consejo científico… aunque nadie ha dicho que sea fácil, merece la pena!!!!

Conoce un poco más tu mente con Dispenza en este video:

* Me declaro una fan incondicional de la neurociencia, no dejo de investigar un sólo día los avances que se producen y cómo pueden jugar a nuestro favor en nuestra  cotidianidad, los aprovecho  y practico para utilizarlos, como herramientas, en las sesiones de coaching y aquí las compartiré con vosotros.