¿Pactas con tu diablo?

pactocastigador

 

Cuántas veces quieres aprender un idioma, ir al gimnasio, hacer deporte, cambiar de trabajo, levantarte antes, dejar algún hábito que te incomoda y tras comenzar tu hazaña y tener el primer traspié, lo dejas y te castigas con tu falta de voluntad, con tu pereza y con un sinfín de conjeturas, simplemente por una caída en tu larga carrera.

 Este diálogo interior te hará creer que no eres capaz de muchas cosas puesto que  generalizarás ese comportamiento y dejarán de contar los días en los que sí llevaste a cabo tu propósito y sin embargo no te recompensaste lo suficiente.

Si has tomado la determinación de hacer o dejar de hacer algo, si realmente estás decidido, piensa que es un trabajo en el que todos los pasos, por muy pequeños que sean, cuentan y que, seguramente tendrás recaídas pero éstas no significarán volver a la casilla de salida sino que tu objetivo entonces,  será levantarte y seguir tu camino.

Si eres de los que tu “yo castigador” interior prevalece sobre tu “yo comprensivo”, no eres muy buen amigo tuyo. Si quieres empezar a cambiar la potencia y el poder de ambos, ¿qué te parece un pacto?

Negocia contigo mismo, como lo harías en tu trabajo, con tu pareja, con tus hijos. Hoy no lo harás, o no será durante todo el tiempo que deseas o lo cambiarás por otra actividad, pero sin hablarte mal, simplemente continuarás diciéndote que a partir de mañana lo harás mejor, sólo y simplemente un poco mejor y te recompensarás y  felicitarás por ello, el doble de lo que te hubieses castigado normalmente hoy,  por no  hacerlo.

La autodisciplina nace de quererse a sí mismo y de tratarse con cariño para ir consiguiendo los objetivos y metas deseadas poco a poco.Si eres tu peor enemigo, desearás estar siempre dormido y para que los sueños se hagan realidad hace falta despertar.

¡¡Mucho ánimo!! 😉

“Todo o nada”

todo o nada

 

En un concurso, en eso es en lo primero que pienso cuando leo este enunciado: “Todo o nada”, y si no, ¿cuántas veces al apostar o jugar hemos dicho cosas así? ¿doble o nada, todo o nada?,o cara a elegir verlo todo, ¿o blanco o negro? ¿”no me gustan las medias tintas”?, o cuando te preparas para hacer algo, ¿“o lo hago o no lo hago”?, ¿”o lo termino o no empiezo”? ¿ “o es diario o no es nada”?, ¿”o lo hago bien o no lo hago”?

Además de conformar todas ellas, elecciones reduccionistas, cuyo resultado sólo puede ser negativo o positivo, este tipo de cuestiones, que en principio parecen simplificarnos la vida, trasladadas a nuestra personalidad como un modelo de elección a seguir, pueden plantearnos ciertas distorsiones, por ejemplo boicoteando nuestra autodisciplina. Casi siempre quien apuesta “todo o nada” termina con nada.

Si decides por ejemplo empezar a correr, el primer día te planteas que, qué menos que correr media hora, se dice pronto verdad, hacerlo es otra cuestión. Sin embargo tomamos la decisión por la mañana y por la tarde ya estamos enfundados en nuestras zapatillas para correr hasta alcanzar unos 4 ó 5 kilómetros por lo menos. Da igual si llevamos años sin hacer deporte o acaso nunca lo hemos hecho, ese objetivo está señalado en nuestra agenda y le imprimimos nuestra “voluntad de hierro”.

El desarrollo de la acción puede ser variable pero desde no poder ni respirar en el minuto cinco, hasta esperar que venga un autobús o algún familiar a recogernos, pararnos y volver andando, lesionarnos, no poder movernos por las agujetas  y en cualquier caso admitir la dureza del “running” y lo inapropiado de esa actividad para ti, puede ser  todo uno y dejarlo. Seguro que al día siguiente, o a los pocos días, son una minoría, los que vuelven a llevar a cabo el mismo proceso y la mayor parte dejan de insisitir. Deambulando una vez más entre “todo o nada”

Otro ejemplo sencillo son las dietas de adelgazamiento, en las que, lejos de hacer un análisis reposado entre ingresos y gastos e ir haciendo poco a poco las modificaciones oportunas, basamos nuestra elección entre unos días de  pechuga a la más estricta plancha con una lechuga plastificada por el vinagre, seguidos de otros en los que se comienza con una gran hamburguesa, seguida de un pizza y coronada por un delicioso helado. Argumentando más tarde que para nosotros “es muy difícil adelgazar”.

Podéis pensar en numerosos ejemplos de lo mismo, escribir un blog, hacer una tarea, aprender un idioma. O lo hacemos todos los días de la semana hasta hartarnos y lo hacemos todo lo bien que consideramos debemos hacerlo o lo dejamos dormir en algún cajón.

En todos esos casos, para quienes fracasan en cuestiones de autodisciplina, no ser consciente de tener una personalidad “todo o nada” hace que a pesar de que el objetivo final requiera de una meditada decisión y de un cuidado proceso, por el gran objetivo propuesto, nos lancemos a la piscina sin preparación y consigamos sentirnos derrotados y nos rindamos en el minuto dos de la ejecución.

Poner el énfasis en las fases de preparación que requiere empezar con la acción para acometer tamaño objetivo, es el secreto. Por lo que es mejor pasar algunas semanas, pensando en cómo va a ser el cambio y visualizandote en tu nueva  actividad, antes de ponerte manos a la obra para que, precisamente sea esa imagen la que te resulte tan atractiva que venza las leyes de la inercia que te impiden cambiar.

Cuantos más detalles tenga tu imagen y más sentidos estén implicados en la visualización, mejor puesto que te será más fácil poder rememorarlo varias veces al día, hasta que sientas el deseo irrefrenable de llevarlo a cabo.

Una vez sientas ese deseo podrás empezar la siguiente fase, la acción, para ello no podrás pensar que el resultado que debes esperar inmediato es el final, sino que te deberás plantearte miniobjetivos, que  conseguirlos, te lleven a una satisfacción y recompensa potenciadora diaria. Cada día uno más.

Sólo conseguir correr de los treinta  minutos previstos, cinco y andar los demás, aumentándolo en un minuto por semana por ejemplo te hará siempre estar un paso más cerca de tu objetivo, no sentirte que te debates entre ganador y perdedor, puesto que cada día podrás tachar tu miniobjetivo conseguido, lo mismo ocurre en el otro caso al  ingerir un poco menos de comida al día.

Todos los días te dormirás con la seguridad y la satisfacción de haber conseguido una victoria sobre tu disciplina y cuando menos te lo esperes habrás interiorizado ese hábito, de forma que te beneficiarás de él automáticamente.

De otro modo, siempre podrás decir que “lo has intentado todo” pero ya sabes la genial frase del maestro Yoda, “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

¿Quiere eso decir hacerlo todo o no hacer nada?

¡Tú decides!

foto: eltrecetv

Mente sana en cuerpo sano

davinci

Mayo, se acaban los meses con “r,” sube el mercurio, llega el verano y se intensifica el bombardeo de las campañas de las cremas solares, los descuentos en los gimnasios, los trajes de baño y las dietas mágicas.Y por supuesto los que no han desaparecido, durante el año, las mujeres aladas de la lencería y los  fornidos hombres de los perfumes, quienes ahora ya,  nos resultan insultantemente perfectos.

Todos los reclamos publicitarios asocian el incumplimiento de los planteamientos anteriores con el miedo, miedo a  no estar lo suficientemente  atractivo, a no ser aceptados, consiguen en muchas ocasiones que cifremos nuestro bienestar en una carrera de fondo  que incluya una delgadez extrema, un cuerpo fibroso plagado de músculos vigorosos, un moreno rabioso y una piel tersa que desdiga nuestra edad. Como sin esas condiciones uno no pudiese pasar el verano en la playa o en la piscina y tuviese que avergonzarse más de eso que de cómo he leído hace poco de “comer pañuelos de papel “para evitar la ingesta de alimento. Estamos locos o somos incapaces de ser felices, o quizá de conseguir los objetivos que nos planteamos o de vivir y disfrutar del momento sin presiones, ni condiciones ulteriores.

Dónde estaban estos pensamientos cuando llovía, cuando las bajas temperaturas escondían nuestra epidermis tras distintas mezclas de tejidos. “Tapar” la cuestión, significa eso, tal cual que nos olvidamos mientras no aflora. O es que quizá no tiene absolutamente nada que ver con comer saludable y mantenerse en forma.

En realidad, no tendríamos que necesitar un espejo, ni un nutricionista, ni un monitor que nos diga qué comer o qué hacer, de eso ya bastante sabemos.Necesitamos una mente que trabaje para que nosotros  juguemos a nuestro favor, una mente  que “autodiscipline”  nuestro cuerpo. No para que los demás nos vean mejor o peor, sino para que estemos más conformes con nosotros mismos. En primer lugar porque conseguimos objetivos y eso nos reconforta y sube la autoestima y en segundo, porque estando sanos y en forma, tendremos que lamentar  menos enfermedades.

Cada vez son más los estudios científicos que nos llevan a pensar que, a pesar de decirlo hace casi 2500 años,  Hipócrates  tenía razón  cuando aconsejaba “que el alimento sea tu medicina”. Qué nos ocurre para que a pesar de ver que claramente estamos sobrealimentados, permanezcamos sin tomar una determinación. Porque está claro que cuando libros como “La enzima prodigiosa” son de los más vendidos en las ferias,el asunto nos importa.

Está comprobado que el exceso de alimentación no sólo nos acarrea problemas circulatorios, de huesos,  de memoria, sino que también influye en otras enfermedades, físicas y psíquicas y aún así somos incapaces de ponernos manos a la obra. Comer de todo pero en pequeñas cantidades, en plato pequeño, cantidad de dietas infernales con defensores y detractores, efectos rebote, está claro  de dónde procede  nuestro superávit,  de   la cuenta de ingresos y gastos energéticos.

Conocemos también los beneficios del ejercicio físico, su relación directa con la felicidad, con la liberación de endorfinas, andar, correr, bailar, todo tipo de actividades físicas y deporte y sin embargo somos presa de las miles de excusas que  anteponemos, en cuanto nos disponemos a hacerlo.

Observad además lo curioso de las distintas reacciones, como nos orientamos al placer: cuando nos asalta el “hambre”, nos sentimos invadidos por una fuerza superior contra la que  nos parece, no podemos luchar  y pensamos que, cuando antes nos rindamos, antes disfrutaremos del recuerdo placentero inmediato que proporciona. Sin embargo cuando pensamos en el deporte, no nos enfundamos corriendo las zapatillas y salimos sin pensar, nuestra reflexión pasa por unos minutos en que ese impulso inicial se desvanece y las pegas entran en tropel en nuestra mente. En lugar de abrir la caja de los beneficios, escudriñamos en nuestras bolsas de basura y comparamos, esfuerzo, sudor con cualquier otra actividad y tras este concienzudo análisis, en numerosas ocasiones no salimos.

Qué ocurriría si  empleásemos las estrategias al contrario: la de la comida en el ejercicio y la del ejercicio en la comida. Si nos relajásemos durante un rato antes de engullir cualquier cosa, preguntándonos para qué. Y si una alarma sonase y sin pensar saliéramos automáticamente a ejercitarnos.

Quizá sea un objetivo demasiado ambicioso para empezar.

Intenta algo más sencillo, visualízate todos los días, cómo quieres estar y qué vas a hacer cuando estés en forma, hazlo a menudo.

Dividir en tareas pequeñas un gran objetivo, será  un mejor comienzo. Recuerda que tu peor enemigo es la estrategia todo-nada, tirar todo por la borda al menor obstáculo supondrá una mentalidad perdedora que tiene escasas posibilidad de conseguirlo y de volver a intentarlo.

Qué te pareceré llevar un diario de lo que comes, desde que te levantas hasta que te acuestas, busca una agenda que puedas transportar con facilidad o en el móvil, recomiendo mejor una libreta y escribirlo, da mejores resultados. Mañana intenta suprimir algo de esa lista. Cuando por las noches la ojees, tendrás una idea de lo que al día siguiente puedes  modificar o eliminar, al cabo de la semana sabrás cómo comes, pésate cada quince días y apúntalo. Tú mismo verás el cambio y serás el responsable del mismo.

Con el ejercicio plantéate un objetivo pequeño, alcanzable, específico, por tiempo, por días y anótalo también en tu diario. Leerlo, revisarlo y tachar los objetivos cumplidos, será tu mejor recompensa. Si al principio necesitas ayuda acude a un Coach, nuestro trabajo consiste en que, tras  un proceso de entrenamiento  individual en el que te responsabilizas  y conciencias, el resto del camino lo hagas tú solo.

Comienza pensando en lo bien que te vas a sentir dominando tu cuerpo y tu mente y haciéndoles que trabajen para ti todo el año, sin que tu esfuerzo se deba a tal dieta o a tal entrenamiento en los que  hasta ahora ponías tus esperanzas.

Será sólo un éxito tuyo. Cuándo empiezas?