“Todo o nada”

todo o nada

 

En un concurso, en eso es en lo primero que pienso cuando leo este enunciado: “Todo o nada”, y si no, ¿cuántas veces al apostar o jugar hemos dicho cosas así? ¿doble o nada, todo o nada?,o cara a elegir verlo todo, ¿o blanco o negro? ¿”no me gustan las medias tintas”?, o cuando te preparas para hacer algo, ¿“o lo hago o no lo hago”?, ¿”o lo termino o no empiezo”? ¿ “o es diario o no es nada”?, ¿”o lo hago bien o no lo hago”?

Además de conformar todas ellas, elecciones reduccionistas, cuyo resultado sólo puede ser negativo o positivo, este tipo de cuestiones, que en principio parecen simplificarnos la vida, trasladadas a nuestra personalidad como un modelo de elección a seguir, pueden plantearnos ciertas distorsiones, por ejemplo boicoteando nuestra autodisciplina. Casi siempre quien apuesta “todo o nada” termina con nada.

Si decides por ejemplo empezar a correr, el primer día te planteas que, qué menos que correr media hora, se dice pronto verdad, hacerlo es otra cuestión. Sin embargo tomamos la decisión por la mañana y por la tarde ya estamos enfundados en nuestras zapatillas para correr hasta alcanzar unos 4 ó 5 kilómetros por lo menos. Da igual si llevamos años sin hacer deporte o acaso nunca lo hemos hecho, ese objetivo está señalado en nuestra agenda y le imprimimos nuestra “voluntad de hierro”.

El desarrollo de la acción puede ser variable pero desde no poder ni respirar en el minuto cinco, hasta esperar que venga un autobús o algún familiar a recogernos, pararnos y volver andando, lesionarnos, no poder movernos por las agujetas  y en cualquier caso admitir la dureza del “running” y lo inapropiado de esa actividad para ti, puede ser  todo uno y dejarlo. Seguro que al día siguiente, o a los pocos días, son una minoría, los que vuelven a llevar a cabo el mismo proceso y la mayor parte dejan de insisitir. Deambulando una vez más entre “todo o nada”

Otro ejemplo sencillo son las dietas de adelgazamiento, en las que, lejos de hacer un análisis reposado entre ingresos y gastos e ir haciendo poco a poco las modificaciones oportunas, basamos nuestra elección entre unos días de  pechuga a la más estricta plancha con una lechuga plastificada por el vinagre, seguidos de otros en los que se comienza con una gran hamburguesa, seguida de un pizza y coronada por un delicioso helado. Argumentando más tarde que para nosotros “es muy difícil adelgazar”.

Podéis pensar en numerosos ejemplos de lo mismo, escribir un blog, hacer una tarea, aprender un idioma. O lo hacemos todos los días de la semana hasta hartarnos y lo hacemos todo lo bien que consideramos debemos hacerlo o lo dejamos dormir en algún cajón.

En todos esos casos, para quienes fracasan en cuestiones de autodisciplina, no ser consciente de tener una personalidad “todo o nada” hace que a pesar de que el objetivo final requiera de una meditada decisión y de un cuidado proceso, por el gran objetivo propuesto, nos lancemos a la piscina sin preparación y consigamos sentirnos derrotados y nos rindamos en el minuto dos de la ejecución.

Poner el énfasis en las fases de preparación que requiere empezar con la acción para acometer tamaño objetivo, es el secreto. Por lo que es mejor pasar algunas semanas, pensando en cómo va a ser el cambio y visualizandote en tu nueva  actividad, antes de ponerte manos a la obra para que, precisamente sea esa imagen la que te resulte tan atractiva que venza las leyes de la inercia que te impiden cambiar.

Cuantos más detalles tenga tu imagen y más sentidos estén implicados en la visualización, mejor puesto que te será más fácil poder rememorarlo varias veces al día, hasta que sientas el deseo irrefrenable de llevarlo a cabo.

Una vez sientas ese deseo podrás empezar la siguiente fase, la acción, para ello no podrás pensar que el resultado que debes esperar inmediato es el final, sino que te deberás plantearte miniobjetivos, que  conseguirlos, te lleven a una satisfacción y recompensa potenciadora diaria. Cada día uno más.

Sólo conseguir correr de los treinta  minutos previstos, cinco y andar los demás, aumentándolo en un minuto por semana por ejemplo te hará siempre estar un paso más cerca de tu objetivo, no sentirte que te debates entre ganador y perdedor, puesto que cada día podrás tachar tu miniobjetivo conseguido, lo mismo ocurre en el otro caso al  ingerir un poco menos de comida al día.

Todos los días te dormirás con la seguridad y la satisfacción de haber conseguido una victoria sobre tu disciplina y cuando menos te lo esperes habrás interiorizado ese hábito, de forma que te beneficiarás de él automáticamente.

De otro modo, siempre podrás decir que “lo has intentado todo” pero ya sabes la genial frase del maestro Yoda, “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

¿Quiere eso decir hacerlo todo o no hacer nada?

¡Tú decides!

foto: eltrecetv

¿Cómo?

como

A solas o abstraídos en nuestro mundo en cualquier lugar, qué es lo que nos hace tener pensamientos autodestructivos, ser esclavos de las emociones que fabricamos en nuestra mente, seguir produciendo que nuestra conducta en lugar de jugar en nuestro favor lo haga en nuestra contra.

Todas estas redes rutinarias que hemos instalado en nuestro cerebro con el tiempo  y que en realidad son las que menos nos cuesta conectar, ¿nos hacen felices?, o lo seríamos más si encendiésemos nuestro lóbulo central y empezásemos a dirigir nuestros días y nuestras vidas.

Si consiguiésemos dejar nuestra pizarra en blanco de vez en cuando, acallar la crítica interior, los fracasos pasados.

Por ejemplo, usted es o se considera observador pero ¿se observa a sí mismo?¿es consciente de que lo que piensa y siente lo genera usted mismo?¿tiene la paciencia y el valor necesario para ralentizar su ritmo de vida y analizar su personalidad?

Consigue bajar el volumen de tu ruido interior, trabaja la capacidad de concentración y observa críticamente su comportamiento. Es capaz de verse desde fuera en todas esas situaciones en las que se preocupa en exceso o le asalta el miedo.

Quizá nuestra propensión a estar enfocado hacia fuera y a dejarnos influir por su entorno nos haga esclavos de estas sensaciones autodestructivas.

Quizá tengamos el compromiso de cambiar, la autodeterminación y la fuerza y energía necesarias para hacerlo. Para dejar atrás todas esas adicciones emocionales que buscamos continuamente para mantenernos en ese estado en el que los dolores de espalda, los resfriados y el estrés son cotidianos.

Para llevarlo a cabo necesitará esfuerzo, voluntad y compromiso.

Si empezamos a dedicar tiempo a las respuestas a estas cuestiones más allá de nuestra estricta supervivencia

  • ¿Cómo puedo mejorar?
  • ¿Cómo puedo modificar mi conducta?
  • ¿Cómo puedo reinventarme?
  • ¿Cómo puedo ser distinto de cómo soy?
  • ¿cómo sería mi vida si______________?
  • ¿Cuál es el ideal superior de mí mismo que puedo imaginar?
  • ¿Qué quiero en verdad?

Si eres capaz de trabajar esto cada día, hasta que las respuestas te satisfagan, estás preparado para tu ensayo mental.

“Una nueva mente crea un nuevo cerebro”J.Dispenza

Foto:enredenlared