Emociones que desbordan

emociones caras

Basándome en el libro de Goleman “La práctica de la inteligencia emocional” quiero  hoy proponeros una reflexión sobre las emociones que nos desbordan y la práctica de lo que podemos denominar  “escaneo emocional”.

Daniel Goleman define la inteligencia emocional como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, así como los ajenos, de motivarnos y de saber manejar las emociones”.
Se lee pronto la frase pero si te detienes en cada coma y reflexionas, esta capacidad se complica. Si recuerdas un ejemplo reciente, te parece poco probable y si te ha ocurrido hace menos de una hora, es casi…

Ejemplos como tener que hablar en público, una discusión personal o laboral, un examen… pueden hacer que nuestro cerebro emocional desbanque al omnipotente Director General que es el lóbulo frontal y nuestra sensación sea la de un secuestro exprés del que no podemos zafarnos.

Son nuestros propios pensamientos y percepciones sobre la cuestión, los que hacen que rápidamente activemos el modo urgencia, supervivencia, ese modo que ancestralmente nos protege pero que nos deja apenas con poder para tareas sencillas y familiares.

Los efectos inmediatos de este modo nos son conocidos, temor, ataques de ansiedad, pánico, frustración, irritación, ira, rabia.
Estas situaciones estresantes además tienen un efecto multiplicativo, expresiones como “el peor momento posible” en nuestro lenguaje indican la acumulación de emociones que nos asaltan y que nos van elevando, entre otras cosas, el tono y la temperatura.
Cuando la hormona HTC y el cortisol hacen su aparición, ya hemos accionado el botón del pánico, la sobreexcitación es manifiesta y esto consume recursos de nuestro intelecto y los transfiere a los sentidos. Esto nos hace cometer más errores, distraernos más y tener menos memoria…les suena…

Todo esto mantenido en el tiempo puede desembocar en el conocido síndrome “burnout”.

Goleman alude a distintas estrategias, como evitar las distracciones externas, para fomentar la concentración, tener en cuenta lo que suponen llamadas, correos electrónicos… pero lo que realmente nos ayuda frente al estrés es desarrollar estrategias internas que nos permitan gestionar estos sentimientos. Establece una diferencia entre quienes son más flexibles a los altibajos de la vida, que  se recuperan antes, mientras quienes se perturban, son más vulnerables.
Tampoco alude Goleman a la inhibición de estas emociones como la solución, puesto que algunas, también tienen su utilidad, cuando por ejemplo surgen injusticias o cuestiones que potencian y motivan la acción. Al igual que sofocar estos sentimientos puede derivar en serias complicaciones como la hipertensión.

La competencia ideal sería por tanto entrenar la posibilidad de elegir cómo expresar nuestros sentimientos.
En esta reflexión propongo el ejercicio de la conciencia de uno mismo, una de las herramientas que más entrenamos en coaching. Esta competencia, además de constituir una fundamental como punto de partida para hacer cambios y alcanzar objetivos, desempeña un factor fundamental frente al estrés.

Ser conscientes, como apunta Goleman de los sentimientos que bullen en nuestro interior pueden tener un efecto muy positivo sobre la salud y nos hace capaces de reconocer nuestra responsabilidad sobre cómo afrontar las situaciones, aumentando nuestra percepción de la capacidad de control sobre ellas.
A falta de poder monitorizar nuestro pulso cardíaco con la consiguiente alarma ante la alteración para avisarnos, prueben a establecer un horario en su día a día, al menos durante una semana para comprobar estos efectos, si lo desean pueden ponerse la alarma en el móvil y pasarse entonces el “escáner emocional”, anoten  los resultados con precisión hora, día, situación y emoción, no se quede en las emociones primarias de Ribot: cólera, alegría, tristeza, miedo, pásense también el de las secundarias : amor, sorpresa, vergüenza y aversión.

Llevar esta acción a cabo, la detección, nos llevará un paso más allá en la gestión de nuestras emociones, continuar con el entrenamiento supondrá que podremos ser capaces de templar nuestros impulsos, nos haremos más flexibles y podremos responder con sosiego a los acontecimientos.
El momento es el idóneo, el reto-cambio que supone para muchos de nosotros vivir en un entorno de incertidumbre, nos puede hacer recordar la máxima darwiniana en la que se asegura que no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta.
Imagínese dirigiendo su vida y sus emociones a su antojo, es o no sugerente…

Imagen: deemocionesymas.blogspot.com

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