Me cuesta especialmente ver sufrir a los demás por sus hábitos mentales, por eso mi curiosidad y mi empeño es buscar, leer, aprender cómo poderles ayudar.
Y es que, a veces creemos que lo que nos aliviaría sería dejar de sentir ciertas cosas. Que desaparezca la angustia. Que baje la rabia.Que se quite la tristeza. Que no vuelva ese miedo que nos descoloca por dentro y nos cambia hasta la forma de respirar.
Pero muchas veces el primer alivio no llega cuando el sentimiento desaparece. Llega cuando somos capaces de nombrarlo.
Porque no es lo mismo decir estoy mal que decir estoy decepcionada. No es lo mismo sentirse rara que reconocer estoy saturada, tengo miedo o me siento sola. Cuando no etiquetamos lo que nos pasa, todo se mezcla. El malestar crece, se vuelve confuso y acaba pareciendo más grande de lo que quizá era. Cuando lo nombramos, en cambio, empezamos a ordenar.
Ponerle nombre a un sentimiento no lo hace desaparecer por arte de magia, pero sí le quita parte de su poder. Lo vuelve más concreto, más comprensible, más manejable. Como si al encender la luz en una habitación oscura las formas siguieran ahí, pero dejaran de parecer monstruos.
Además, etiquetar lo que sentimos nos obliga a escucharnos mejor.
Nos saca del automático. Nos hace bajar un segundo y preguntarnos qué está pasando de verdad dentro de nosotros. Y eso ya es una forma de cuidado. Porque muchas veces no necesitamos reaccionar tan deprisa. Necesitamos comprendernos mejor.
También mejora cómo nos relacionamos con los demás. Cuando uno sabe decir me he sentido desplazada, estoy frustrada o hoy estoy especialmente sensible, evita descargar su confusión sobre quien tiene delante. Hablar con precisión emocional no solo nos ordena por dentro. También cuida los vínculos.
Quizá no nos enseñaron a hacerlo. Quizá venimos de generaciones que sobrevivían más de lo que se escuchaban. Pero aprender a ponerle nombre a lo que sentimos no es una debilidad. Es una forma de inteligencia.Y a veces también de descanso.
Porque cuando por fin sabes lo que te pasa, de alguna manera ya no te pasa igual.


