A pesar de que creí que no serían para mí he de reconocer que hay disciplinas que no solo mueven el cuerpo. También ordenan algo más profundo. Algo que no siempre sabemos nombrar, pero sí sentimos cuando vuelve a su sitio. A mí eso me pasa con el yoga y, de una manera muy concreta, con el Kundalini yoga.
No hablo solo de estirar, respirar o mejorar la postura, que también. Hablo de ese efecto menos visible y más importante que aparece cuando una práctica consigue bajarte el ruido, devolverte presencia y recordarte que dentro de ti sigue habiendo un centro al que volver. Y eso, para una persona que lidera en entornos donde a menudo ha tenido que demostrar más, justificarse más o sostener más de la cuenta, no es algo pequeño.
El Kundalini yoga tiene algo especial. No se queda en lo físico. Trabaja la energía, la atención, la respiración y la conciencia de una manera que obliga a estar. No permite hacer por hacer. Te coloca delante de ti misma. Y eso puede ser profundamente útil para cualquier liderazgo, pero especialmente para el liderazgo de mujer, que muchas veces no necesita aprender a hacer más, sino a habitarse mejor.
Por eso me interesa especialmente el trabajo con el tercer chakra, el del plexo solar, asociado al color amarillo. Ese espacio simbólico que conecta con la voluntad, la fuerza personal, la autoestima y la capacidad de actuar sin pedir perdón por existir. Y cuántas mujeres brillantes siguen pidiendo permiso, suavizando su voz, rebajando su criterio o dudando de su autoridad incluso cuando llevan años demostrando su capacidad.
El amarillo no es un color menor. Tiene algo de luz, de claridad, de calor y de dirección. Me recuerda a esa energía que no arrasa, pero sostiene. A la seguridad que no necesita imponerse para ser firme. A la fuerza que no aplasta, pero tampoco se encoge. Justo el tipo de energía que necesita un liderazgo femenino consciente, sólido y humano.
Trabajar ese centro a través del Kundalini yoga puede ser una forma fantástica de recordar que liderar no consiste en endurecerse ni en parecerse a modelos de poder que no nos representan. Consiste en decidir, en sostener límites, en confiar en el propio criterio y en ocupar el espacio sin culpa.
Y quizá por eso sienta que, para muchas mujeres, más que copiar antiguas técnicas de liderazgo, lo que hace falta es volver a encender su amarillo por dentro.


