¿Te ofendes?

ofender

Ofender u ofenderse. Mi reflexión de hoy, tiene que ver con cuestiones tan discutibles como dignidad y amor propio, sin llegar a ser “concepto jurídico indeterminado”, se convierten en un cajón de sastre que nosotros llenamos con nuestras experiencias.

A mí, ofensa y todo lo que tiene que ver con sus acepciones y explicaciones me suena y parece más propio de la Edad Media que de la Era Digital, pero en fin…

Para ofender u ofenderse hacen falta dos partes claramente diferenciadas, la activa o la que ofende y la pasiva u ofendida. Además no es posible que exista la que ofende sin la colaboración activa de la ofendida, de ahí “no ofende quien quiere sino quien puede”.

Si pensamos en la cantidad de cosas dispares que pueden ofender a unos y a otros, encontramos un laberíntico contexto. Resolvamos comenzar por la parte activa, puede hacerlo, ofender, por varios motivos pero simplificando podríamos resumirlos en dos: ignorancia y maldad.

Si la ofensa proviene de la primera, la ignorancia,es claramente disculpable, aunque inolvidable en muchos casos. Si se tiene la suficiente asertividad para desentrañar el agravio, con buenos modos y sin perder las formas, se puede aclarar preguntando a la parte activa por la intención y en caso de que esta no fuera maldad, poder llegar a trasmitir la incomodidad de la ofensa y la necesaria disculpa. Fin del capítulo “no lo olvido”

Si por el contrario la ofensa proviene de la maldad, es decir, en varias ocasiones ya se le ha hecho la apreciación sobre la inoportunidad de la misma y aún así continúa, se deberá apreciar dolo en la intención de la parte activa e interpretar que procede de la maldad y existe una tercera opción y es presuponer la mala intención con la información que se posee, sin preguntar, y en estos dos casos, o bien planear una sigilosa venganza o buscar el enfrentamiento, no exento de falta de control por nuestra parte, lo que llevamos horas pensando se lo espetamos a la otra persona sin miramientos. Capítulo “ni olvido ni perdono”

Hasta aquí el proceder habitual, el establecido, lo típico, en cualquiera de los tres casos ya se ha ofendido uno. El comentario o el gesto, ya se ha convertido en ofensa, herido el amor propio o la dignidad y el mecanismo de defensa ya está en marcha, dependiendo de si la persona controla o no sus emociones, puede ser que empiece por un dolor de estómago, enrojecimiento de cara, aceleración de pulso, sudor y que “sólo” quede en eso: una sobredosis de cortisol corriendo por nuestro cuerpo, bajándonos las defensas y exponiéndonos a todo lo que haya en ese momento en el mercado de las enfermedades.

Si continúa, comienza con una serie de pensamientos negativos hacia el ofensor que activan el mismo protocolo pero que además, como nos encontramos en la preparación de la venganza, durará hasta que volvamos a encontrarnos al sujeto.

Existe otra opción y es que sea un comentario a través de tercero, en el que éste ha puesto ya de de su parte, al trasladarlo, aunque sólo sea lo necesario para magnificarlo, porque con qué otro motivo se traslada? Sea con buena o mala intención, al fin y al cabo vuelve a ser una interpretación del contexto y ya no propia, sino de otros, es decir,de esto “creer la mitad de la mitad” pero con un agravante, se ha hecho pública y eso requiere vendetta.

Si tanto te hiere, será que lleve algo de razón, te dirás, con lo que eso y minar tu autoestima y tu seguridad será todo uno, si bajas dos tonos, subirlos cuánto tiempo te llevará?
Si tanto te preocupa, es que tú lo haces? Con alguna insana intención?

Has pensado alguna vez que lo que piensas, atrae pensamientos del mismo signo. No te la juegues.

Hay quien dice que a quienes más cuesta querer, son los que más lo necesitan, a lo mejor tu ofensor, tiene disculpa: su círculo no ha sido tan sano como el tuyo y sólo sabe manifestarse así para llamar la atención, a lo mejor te ve tan alegre que piensa probar tus límites, a lo mejor está llevando a cabo una lucha interior para salir de ese bucle, quizás sea un forma un tanto extraña de reforzar su seguridad y si sólo quiere provocarte…

Quien se comporta así tiene los días contados en lugares donde florecen otros valores. La madre Teresa de Calcuta aconsejaba que procurases que quien estuviese contigo se fuese siempre, mejor de lo que había llegado.

Seguro que si practicas, consigues decir muchas más cosas agradables que negativas y que las personas quieran estar contigo, en lugar de o no estar o temerte por tus palabras.

Si algo está a punto de ofenderte cierra tus compuertas, pon tu mente a trabajar, qué puede ser más importante en este mundo que tu paz interior y tu felicidad. A quién estás dispuesto a dar el poder suficiente para turbarla con sus palabras. Qué parte de lo que los demás digan sobre ti controlas. Basas en ese inexistente porcentaje tu seguridad.

Charles Dickens y Abraham Lincoln cuentan que utilizaban una magnífica herramienta para estos casos, si no consigues mantener tu paz interior y te enojas u ofendes,escribe una carta al ofensor. No escatimes en “adjetivos”, descripciones, tacha, borra, rehazla y cuando hayas terminado, rómpela y tírala.

No le des más importancia de la que tiene o conseguirás justo el efecto contrario dentro y fuera de ti.

Un consejo sabio pero antiguo : “Una ofensa es mejor disimularla que vengarla” Séneca.
Y si en lugar de disimularla, no te dieses por aludido o disculpases la inoportunidad?
Pregúntate cuánto piensas poner de tu parte en ser feliz? Y en lo contrario?

2 comentarios en “¿Te ofendes?

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