¡Nervios a examen!

estudio 

Cuando uno pasa unos días con personas que estudian es imposible no escuchar palabras como nervios, suerte, profesor, etc. Coincidiendo con los exámenes de la Universidad y la Selectividad, me gustaría reflexionar sobre algunas cuestiones anejas.
Si concentramos nuestra atención en una asignatura, sobre la que debemos trabajar y estudiar para poder afrontar un examen, podemos acercarnos a ella como si su desarrollo fuese un proceso. En este proceso, desde el inicio hasta aprobarla, podemos advertir algunos factores que influyen de diferentes formas: el contenido de la asignatura, las horas de clase que tenemos de ella, la asistencia, el profesor/a, los compañeros, los libros y apuntes, horas de estudio, de búsqueda de información, dieta sana, ejercicio, dormir y por supuesto el tipo de examen.
Siempre me he preguntado cuáles podrían ser los diferentes motivos para que los nervios aflorasen en los estudiantes que han estudiado, qué puede hacer que no se presenten a un examen, que se salgan o que dejen una asignatura, incluso cuando han asistido a clase y estudiado durante meses.
Qué es lo que hace que en estos momentos, la suerte parezca un elemento decisivo que se desea y solicita, cuando apenas existe control sobre ella. La mayoría de las personas que sienten gran estrés durante esta época, ponen el acento en las cosas que escapan fuera de su control.
He descubierto que en numerosas ocasiones un gesto, un ejemplo o una apariencia el primer día de clase, hacen que del impersonal nombre de la asignatura escrito en la solicitud de matrícula, se pase a vincularla con una determinada persona, el o la profesora. Sí, puede ser cierto que de quien no te gusta, no se puede aprender,pero siempre existen opciones.
Juzgar a quien va a ser protagonista de vuestra asignatura por cuestiones académicamente triviales, sus gafas, su vestimenta o sus gestos, no parece muy buen comienzo y no habría problema si esta actividad fuera inocua, pero nos condiciona, puede que por esa elección de juicio que hacemos, la asignatura de primero nos acompañe hasta tercero, y que si por arte de programa informático, nos vuelve a tocar el mismo profesor, nos veamos sumidos en una “racha gafe” que nos lleve por peligrosos derroteros.
Me gusta poner el ejemplo del horóscopo, poca gente dice que lo cree, pero quien lo lee en muchas ocasiones queda condicionado por el mensaje, por si acaso y si coincide que algo conecta durante el día, por muy remoto que sea, hace que nuestra fe en estos pensamientos haga el resto.
Qué os parece para primeras impresiones utilizar lo que denomino como la “Táctica de la disculpa”. Piensa que aquello que tanto te disgusta de la persona o bien es circunstancial o viene derivado de una cuestión que tú mismo podrías llegar a justificar, en su caso. Piensa que si el primer día, la persona es grosera, desconsiderada o le falta sensibilidad, es que tiene motivos de peso para serlo. Discúlpale. En otro caso, la especial inquina comenzará a hacerse con tu mente y tus pensamientos hasta hacerte dejar la asignatura. Propóntelo como un reto.
Otro de los factores que influyen en el periodo de exámenes, son los compañeros con sus teorías y los rumores, nadie sabe exactamente dónde tiene su origen, con qué intención son dispersados y cuál es la razón para que todo el mundo los transmita sin haberlos comprobado, pero surten efecto. Es el mismo caso que el del horóscopo, carne de sugestión,”tal profesor es durísimo”,”tal examen va a ser imposible aprobarlo”. Creéis de verdad que os van a examinar de algo que no os hayan explicado. Os habéis preguntado alguna vez si la génesis de todas estas cuestiones es desanimar a la competencia para que solitos os rindáis?
No te compares con nadie, para que este trabajo fuese bueno deberías hacerlo íntegramente, no sólo en lo que te ves débil. Qué necesidad tienes de boicotearte tú sólo. Si crees que no puedes, da igual lo que hayas estudiado o si has ido o no a clase, no podrás.
Estarás mandando a tu cerebro órdenes contrarias a tus propios intereses. Si has estudiado lo suficiente, o por lo menos gran parte del temario y lo entiendes, si has descansado, hecho ejercicio, comido y dormido bien, sólo tienes que creer en ti mismo para cerrar el círculo.
Con los elementos que indicamos a principio, examínate, haz una lista y siendo el total del control el 100%, anota al margen qué control tienes sobre ellos, el tipo de examen, el profesor, los compañeros… sobre lo que hagan, lo que digan o cómo lo hagan.
Piensa en lo que realmente controlas y merece tu esfuerzo, enfócate en ello y da lo mejor de ti.
Recuerda el proverbio chino: “Si un problema tiene solución no hace falta preocuparse. Si no tiene solución no sirve preocuparse para nada.”
La solución está en ti. Si tú mismo no crees en ti, quién lo hará?

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