Si tuviera que definir las emociones que experimentamos la mayoría cuando participamos en una discusión, necesitaría horas para desgranarlas y concretarlas. Si me tuviese que ceñir a las básicas de Ekman, ira, repugnancia, miedo y tristeza serían por este orden las más habituales.
Al leerlas una y otra vez, llego a una conclusión, la única forma de ganar en una discusión es evitándola. Esta cuestión también se ve más clara cuando se observa desde fuera, cuando asistimos a otra discusión y vemos cómo se suceden todas estas emociones.
En esos momentos no reparas en nada, ni siquiera en que la mayor parte de las veces es con quienes más quieres con quienes más discutes. En realidad con quien discutimos es con nosotros mismos, con nuestra infelicidad, nuestros complejos, nuestra adicción a exteriorizar lo peor de nosotros. A compartir negatividad, penas, tristezas y malos humos. Sobre todo cuando lo que queremos es llevar razón a toda costa, imponer nuestros argumentos, aplastar los del otro, dejar claro que sabemos más, que no nos calla nadie.
Si discutimos y peleamos podemos lograr triunfar pero es un éxito amargo, qué hemos conseguido en la otra persona, sembrar un sentimiento negativo hacia nosotros, que piense que somos implacables o que como mínimo, nuestro encendido arrojo es fruto de nuestra falta de autocontrol .
Pasar de un desacuerdo a una discusión depende de nosotros, de nuestra valoración de la situación, de ser lo suficientemente maduros emocionalmente para no dejarnos llevar sin avistar las posibles consecuencias que puede tener.
De qué te sirve cantarle las cuarenta a tu potencial cliente y dejarle clarito que eres es el que manda, si además de no haberle vendido nada, te forjas un enemigo para el resto de tu vida. Ten en cuenta que todo el mundo que te rodea en una sociedad interconectada puede ser una referencia buena o mala de ti, tú decides.
Recuerda cuando irritado por las gestiones de una compañía llamas a su servicio telefónico y lejos de comenzar con alguna cuestión positiva que impulse a la empleada a ayudarte, le vociferas como si ella misma hubiese sido la culpable de tu mala facturación o de no haber resuelto la incidencia. Qué te hace ponerte así, piensas que esa es la mejor opción. Acaso tú funcionas igual.
Recuerda cuando estás frente a la Administración y te piden documentos ilógicos, innecesarios, qué ganas con discutirlo, te van a aplicar la legalidad y si la rebates te aconsejarán los juzgados con sus tasas y sus desvelos. Te merece la pena destruir tu paz interior por ese proceder. No sería mejor partir de lo que le parece más o menos lógico y pedir ayuda, sin excitarte.
Cuando termina una discusión, nueve de cada diez veces, las posiciones lejos de acercarse, se distancian y refuerzan más, hasta el límite, que una nueva pasada por el tema hace que la furia se vuelva feroz.
Un consejo que me gustó y me empeño en practicar es “Hay que evitar siempre el ángulo agudo”. Qué ganamos con sacar a relucir temas espinosos con personas que queremos, temas en lo que tenemos constancia de que no opinamos lo mismo. Alguien cree que desde fuera se puede cambiar algo.
Ahora piensa en cómo te sientes después de una discusión, cómo te ves, qué te dices. Seguramente ninguna mereció la pena. El malestar, el arrepentimiento, todo lo que dijiste, heriste gratuitamente para nada, porque ni siquiera ni física, ni emocional ni a nivel relación volviste al punto de partida, la situación ahora es, definitivamente, negativa.
La próxima vez intenta que el desacuerdo se quede en eso. Para ello piensa: es necesario, te imaginas que todos fuésemos, quisiésemos y defendiésemos lo mismo. No confíes en tu reacción instintiva puede que lo que has entendido no sea lo que la otra persona quiso decir, compruébalo. Aplaca tu carácter, intenta visualizarte desde fuera en una disputa o imagínate en las mismas circunstancias que esa persona que te abochorna por su falta de control. Busca los puntos en común e intenta comprender a la otra parte, para ello escucha y sobre todo, si te das cuenta antes que el otro de que la cuestión está a punto de estallar, pide perdón, le desarmará.
“El odio nunca es vencido por el odio” Buda
Foto: intermedio tetuán


