¿Sufres?

compasion

Observo a mi alrededor y veo caras ensimismadas, cada una con un gesto diferente, serio, abatido, preocupado, hace tiempo que trato de ir más allá de ese gesto y adivinar qué está ocurriendo dentro de esa persona, qué tipo de pensamiento o dolor hace que su fisiología sea esa, y de repente descubro otra cosa.

Cuanto más tiempo paso “fuera de mis pensamientos” intentando adivinar qué lucha hay detrás de esas caras, más  me doy cuenta de cómo se minimizan y relativizan mis sufrimientos psíquicos y emocionales. Es como si fuese magia, mostrar mi interés por el mundo y  darle importancia a lo que parecen sufrimientos mayores, disipa mis temores.

Da igual si sus razones son fundadas o no, ya sean inventadas o veraces lo importante es lo que el sufrimiento hace con las personas. A veces los de fuera,  en nuestro interés por mitigarlo, mostramos ejemplos de males mayores o de muchos, y producimos otro efecto,  creen que minimizar sus sufrimientos es restarles protagonismo, no creerles, quitarle importancia, pero no es necesario elegir entre nuestros sufrimientos y los de los demás, ni categorizarlos, ni siquiera, compararlos.

De repente sigo leyendo “Happiness” de Mattieu Ricard, comienzo “El poder de la compasión” y leo con asombro una nítida explicación de todo eso que llevo rumiando tiempo: “Cuando estamos completamente absortos en nosotros mismos y en nuestro sufrimiento, somos vulnerables y proclives a caer en la confusión, la impotencia y la ansiedad. Pero cuando este sentimiento se convierte en empatía con el sufrimiento de otros, nuestra resignación impotente da paso al coraje, la depresión al amor y la mente se abre a todos los que están a nuestro alrededor”.

Salir de nosotros mismos y ocuparnos de los demás nos hace desarrollar una fuerza interior que hace mitigar el dolor físico y emocional. Cuando dejamos de enfocar nuestro dolor, investigar sobre sus síntomas y causas y lo llevamos más allá para relativizarlo, frente al mundo, sumamos.

Comparto con vosotros un ejercicio propuesto por este monje tibetano para intercambiar sufrimiento  y felicidad.

El ejercicio comienza con la sugerencia de pensar en el género humano y desarrollar sobre éste un poderoso sentimiento de amor, calidez y compasión.

A continuación nos invita a pensar en todos aquellos que están sufriendo igual o más que nosotros.

A medida que respiras, visualízate enviando toda tu felicidad, vitalidad, buena fortuna, y salud, sobre todos, como si fuese un fresco y luminoso néctar.

Imagínales bebiendo ese néctar, que suaviza su dolor y colma sus aspiraciones. Imagina  que este elixir les alarga la vida, les cura, les llena de alegría.

Cuando inhales, recuerda sus corazones como esferas luminosas. Imagina que esa nube con tus sufrimientos y los de ellos se eleva frente a ti y desaparece sin dejar rastro. Que transforma tu sufrimiento y el de los demás.

Esto te transformará a ti y a los demás, dejándote una inmensa alegría y una gran felicidad.

Practícalo varias veces al día. Y si tu cura estuviese fuera de ti, ¿qué te hace seguir buscándola dentro en silencio?

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