Más allá del Estado nación

El acuerdo del G-7 del pasado sábado sobre un impuesto mínimo de sociedades global del 15%, abre de nuevo el debate sobre la fiscalidad internacional y las distintas posiciones que apasionadamente se defienden a favor y en contra.

Si la pandemia ha dejado claro que para las pandemias y los virus, no existen las fronteras y sí la necesidad de establecer mecanismos como el fondo de vacunas COVAX la cuestión es, si en algún momento vamos a abordar la urgente necesidad de hacer frente a los nuevos retos con herramientas más allá del Estado nación de hace casi cuatro siglos.

Que Irlanda tenga un impuesto a sus empresas justo la mitad que el nuestro, ¿hace que podamos considerarlo de por sí injusto? Que un país provoque por sus condiciones que las sedes de las empresas se deslocalicen para pagar una menor factura fiscal, ¿es reprobable?, ¿es su ventaja competitiva? O quizá esto ya ha ocurrido antes con China y la producción y lo hemos probado en nuestros suministros recientemente.

Con la actual organización y las elecciones nacionales de cada país, todos, hasta el momento, pueden gestionar sus ingresos como decidan o invertirlo en lo que interese, ¿es necesario que se establezcan unos mínimos servicios comunes que acometan los retos de sostenibilidad y digitalización además de sus competencias en todas las economías?

Decidiendo cada cual sobre sus recursos de país, ¿qué ocurre cuando la amenaza no está en sus fronteras físicas sino en otro país de la Unión y se necesitan más recursos? Hoy el Tribunal de Cuentas Europeo advierte por ejemplo de los problemas de financiación de la agencia europea de fronteras FRONTEX. Una inaplazable cuestión para nuestro país.

Uno de los miedos de mejorar este servicio es que sea atractivo para los mejores efectivos de cada país y esto se convierta en un problema para algunos. Una vez más se plantea el anacronismo del modelo.

Que hoy el titular más llamativo sea “más de 800 detenidos en un gigantesco operativo mundial contra el crimen organizado” entre el FBI, la Agencia Australiana y Europol, plantea una magnífica muestra de lo que hoy puede funcionar o no. El que obtiene la unidad, lo obtiene todo aunque sea a pesar de renunciar a lo conocido para mejorar.

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