CUANDO EL FUEGO NOS ENSEÑA QUIÉNES SON LOS IMPRESCINDIBLES

Pasando mis veranos en Navamorcuende, no es la primera vez que tengo un incendio cerca, que participo en su extinción o que vivo con angustia las primeras horas hasta que está controlado. Pero nunca había vivido algo como esto. Nunca había visto durante tantas noches una cordillera entera convertida en una serpiente de fuego, ni había pasado tantos días respirando humo mientras el sonido de hidroaviones, helicópteros, camiones de bomberos, ambulancias, Guardia Civil, UME y Protección Civil se convertía en la banda sonora de nuestros días.

Cuando te dicen que tienes que marcharte, el corazón te pide quedarte. Quedarte para defender tu casa, tus recuerdos, el lugar donde creciste y donde están tus abuelos, tu familia, tus amigos y buena parte de quien eres. Pero también he visto cómo cientos de vecinos, con un dolor imposible de describir, hacían lo correcto y obedecían las órdenes de evacuación porque entendían que facilitar el trabajo de quienes estaban luchando contra el fuego también era una forma de salvar vidas.

Estos días he descubierto quiénes sostienen un país cuando todo falla. He visto a hombres y mujeres jugarse la vida durante horas interminables, tomar decisiones en segundos de las que dependían pueblos enteros, trabajar agotados, respirando humo, soportando temperaturas extremas y volviendo a entrar donde todos los demás salían.

A ellos les debemos mucho más que un aplauso.

Les debemos escucharlos.

Porque cuando un bombero forestal, un agente medioambiental, un piloto, un miembro de la UME o un responsable de emergencias pide más prevención, mejor gestión forestal, más medios o cambios en la forma de actuar, no está defendiendo un interés corporativo. Está hablando desde la experiencia de quien ha visto demasiado cerca lo que ocurre cuando llegamos tarde.

Ojalá las administraciones sean capaces de escucharles cuando llegue el invierno y las cámaras se apaguen. Porque el conocimiento más valioso sobre los incendios no está solo en los informes técnicos. También está en quienes se juegan la vida cada verano para proteger la nuestra.

Mañana podremos volver a Navamorcuende. Nunca imaginé que una frase tan sencilla pudiera significar tanto. Volveremos con el corazón lleno de gratitud hacia quienes nos han protegido y también con el compromiso de no olvidar cuando desaparezca el humo.

Y mientras nosotros recuperamos la tranquilidad de volver a casa, toda nuestra fuerza viaja hacia los pueblos que siguen luchando contra el fuego. Muy especialmente hacia Santa María de la Alameda y hacia mi querido  Alcalde  Paco. Ojalá muy pronto podáis sentir el mismo alivio que hoy sentimos nosotros.

Que este incendio no deje solo cicatrices. Que nos deje más prevención, más coordinación, mejores medios, más ciencia aplicada y la humildad de escuchar a quienes conocen el fuego desde dentro.

Porque los bosques volverán a crecer.

Y nosotros también.

Pero solo si somos capaces de aprender de quienes, una vez más, arriesgaron su vida para proteger la nuestra.

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