PARQUES TEMÁTICOS CON DINERO AJENO

Lo más preocupante de algunos gobiernos no es solo lo que hacen. Es, sobre todo, lo que dejan de hacer mientras se entretienen en otra cosa.

Tienen competencias claras, responsabilidades concretas y problemas ancestrales esperando ser resueltos desde hace décadas. Infraestructuras deterioradas, servicios que no funcionan como deberían, demoras, abandono, desigualdades, ineficiencias y necesidades básicas que siguen sin afrontarse con seriedad. Y, sin embargo, en lugar de concentrarse en cumplir con ese mandato, muchos convierten sus legislaturas en una especie de parque de atracciones.

Se dedican a inventar reclamos, a montar escaparates, a copiar lo que ya ofrece el mercado, a lanzar ocurrencias vistosas y a envolverlo todo en un supuesto progreso que muchas veces no pasa de ser propaganda con dinero ajeno.

Si algo funciona en lo privado, lo replican con recursos públicos sin rubor, no porque sea imprescindible, no porque nadie más lo ofrezca, no porque responda a una necesidad desatendida, sino porque da imagen, genera simpatía y les permite presentarse como modernos, cercanos o innovadores. Como si gobernar consistiera en sacar su propia marca de moda con presupuesto público mientras lo esencial sigue sin arreglarse.

Y ahí es donde aparece la verdadera degradación.

Porque la administración no está para hacer competencia desleal con el dinero de todos ni para montar experiencias agradables que sustituyan a la gestión seria. Está para resolver lo que le corresponde, para sostener lo común, para priorizar bien y para intervenir donde hay fallos reales, desigualdad o desprotección.

Si algo ya lo presta el mercado y funciona, lo sensato sería facilitar el acceso a quien no puede permitírselo, si se considera socialmente necesario. No arrasar con ventaja presupuestaria un espacio ya cubierto mientras se ignoran responsabilidades básicas que sí dependen por completo de quien gobierna.

No se les elige para montar parques temáticos.

No se les vota para diseñar marcas.

Se les da poder para resolver problemas.

Y cuando no cumplen con sus competencias, no arreglan lo importante y aun así se dedican a jugar a empresarios, a animadores o a gurús del lifestyle con el dinero de todos, no están gobernando.

Están haciendo campaña permanente a costa de nuestras prioridades.

Deja un comentario