¿Dónde estás?

teléfono

Son dos palabras, dos solamente, pero he podido comprobar el efecto irritante, molesto y provocador que tienen en algunas personas y me he preguntado el porqué.

 Tras una conversación telefónica en la que los interlocutores protagonistas eran  las personas que más quieres en la vida, madres, padres, hijos  y parejas, he podido comprobar cómo aquéllas acababan en unos términos nada deseables y casualmente comenzaron, nada más descolgar, con esta pregunta: ¿Dónde estás?

 El razonamiento de los que sufrieron el ataque de ira y llevaron la conversación por malos derroteros, se basaba en que la única razón de esta pregunta era el control sobre sus vidas y sobre las actividades que realizaban. Para ellos era imposible barajar una intención positiva en esta “curiosidad malsana” y continuaban con la explicación fabulando sobre intenciones que una vez exteriorizaban, acababan pareciéndoles exageradas.

 Sin embargo la otra parte, admitía alucinada, que era una forma de hablar que no iba más allá de una costumbre, y que en el mejor de los casos saber si estaba dentro o fuera de casa, lejos o cerca, y cómo, eran datos que simplemente les tranquilizaban al darles  esas coordenadas.

 Cómo entonces se puede llegar a liderar una tarde de conflicto con estas simples palabras.

Desde que el perro de Paulov segregaba saliva al sonido de la campana son innumerables los estímulos que aprehendidos en nosotros desencadenan una respuesta externa. Ésta en algunos casos es positiva y nos pone en un estado potenciador pero en otros, no es precisamente beneficiosa…

 Al igual que cuando oímos hablar sobre una comida que nos gusta o la vemos nos relamemos, o tenemos determinados recuerdos ante un olor determinado, también hacemos otro tipo de asociaciones negativas con determinados estímulos.

 Muchas de estas situaciones hasta ahora podían ser desconocidas para ti o no les prestabas suficiente atención. A partir de ahora no tienes por qué seguir comportándote de esa manera cuando ocurre el estímulo, ya sabes que tienes opción de escoger tu reacción.

 Puedes haber caído en el hábito de responder de manera negativa en muchas de las situaciones que se te presentan a lo largo del día y pocas veces te has cuestionado si éstas son útiles para ti o por el contrario te incomodan hasta tal punto, que la relación que mantienes con una de las personas, que más quieres, se convierte por este mecanismo en un desagradable contacto diario.

 A partir de ahora piensa en cómo sería tu vida si nadie se interesase por ti, si nadie te preguntase. Piensa en qué preguntas haces tú al coger el teléfono  y valora los efectos que tú también puedes producir en los demás

Quizá ¿dónde estás? no sea tan grave como parece. 😉

foto:estiloyseducción

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