¿Eres un Samurái impasible?

samurai

Hoy quiero compartir con vosotros este cuento zen samurái, llamado “El Samurái Impasible”.

” Cerca de la ciudad de Edo vivía un anciano samurai que, retirado del servicio del emperador, había montado una escuela en la que enseñaba tanto los principios de la espada como los principios del budismo zen. Su fama era grande y sus alumnos, admirados por la elegancia de su maestro, afirmaban que este seguía en forma pese a su edad y que nadie podía vencerle.

 Sus desmedidos comentarios llegaron a oídos de un joven samurai que, ávido de fama, se presentó en la escuela para retar al anciano. El joven guerrero, un ser vil y taimado, jamás había perdido un duelo ya que antes de que iniciar la pugna insultaba a sus rivales para descentrarlos. Cuando así lo hacía estos se apresuraban a desenvainar su espada perdiendo la concentración debida y dejándolo el hueco en la guardia que precisaba para darles muertes.

La poco elegante táctica jamás le había fallado y por eso cuando el anciano samurai aceptó el reto y ambos salieron al patio rodeados por los aprendices de este empezó a insultarlo. Cientos de improperios salían de su sucia boca pero el anciano permaneció calmado e inmóvil sin darle réplica y sin desenvainar su katana para no darle la ventaja que buscaba. Irritado porque su táctica no daba fruto y temeroso de ser el primero en echar mano de la espada siguió con sus insulto durante horas e incluso llegó a tirar varias piedras al anciano.

 Al caer la tarde y sintiéndose tan exhausto como humillado, el impetuoso guerrero se retiró y fue entonces cuando sus alumnos, indignados con el modo de actuar de su maestro, lo rodearon y lo acosaron a preguntas. “¿Cómo ha podido soportar tanta ignominia?, ¿Por qué no desenvainó la espada?, ¿Acaso no era mejor morir que quedar como un cobarde ante sus alumnos?

 El Samurai le dejó hablar y cuando por fin se callaron alzó su mano preguntó: “Si alguien viene a ti con un regalo, y no lo aceptas, ¿A quién pertenece el regalo? Tras mirarse extrañados unos a otros uno de respondió “A aquel que vino a entregarlo”. Sonriendo el Samurái concluyó “Bien has respondido, y esa misma respuesta sirve para le envidia, la rabia y para los insultos, ya que si no los aceptáis seguirán perteneciendo a quien cargaba con ellos”.

 Has pensado alguna vez,¿ cuánto vale tu paz interior?, ¿qué tiene que ocurrir para salgas de tu equilibrio y te batas en refriegas dialécticas o físicas por caer en la provocación de otra persona?

Qué te ha hecho caer en esa trampa, ¿tu ego?, ¿lo que opinasen los demás? ¿el impulso de la masa? ¿la presión social del grupo? ¿tu supuesta  prevalencia física? ¿intelectual?

Quizás piensas que no  responder  se puede interpretar como un signo de cobardía, ¿les vas a dar a ellos el poder de conectar y desconectar tu ira, tu enfado, de abrir la canalización de todas las sustancias tóxicas que esto implica, teniendo un solo cuerpo para toda la vida? ¿qué te va a hacer diferente a los demás?

¿Qué es lo inteligente, lo ecológico para ti? Quedarte después pensando en todo lo que podías haber dicho, no dijiste y le volverás a decir no sé cuándo y hasta entonces sin desengancharte del episodio, o quizá en  lo que hiciste, no hiciste, harás…

Convierte el automatismo de la respuesta que te justifica, en la no acción contra los ataques.

 Al principio será un esfuerzo titánico  que acabará convirtiéndose en “no aceptar el regalo envenenado”, o quizá quieres cargar con ello…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s