Llévate la mente

maleta

Hemos vivido, como país, vaivenes en diferentes  épocas, que han producido la salida de personas a trabajar fuera, principalmente debido a la falta de oportunidades laborales, pero también merced a los puestos internacionales que muchas empresas han ofrecido en distintos lugares del planeta y que también favorecían la carrera dentro de éstas.

Cuando este movimiento es involuntario y a veces, posteriormente cuando es voluntario, produce un efecto en las personas que nos vuelve  vulnerables y sensibles en exceso y nos hace estar arrepintiéndonos de la decisión, desde el momento en que pisamos algo que no sea suelo patrio.

Lo que en casa sería una persona maleducada en la ventanilla de un banco que nos pone mil y una pegas para abrirnos una cuenta, en otro país es una afrenta racista de la que tardamos en recuperarnos y que nos refuerza en la idea de que no deberíamos haber ido.

Sé que ser una estudiante de intercambio durante  años, en Estados Unidos, seguro que no se puede comparar a ninguna otra experiencia. Entre otras cosas, porque yo tenía dieciséis años, estaba sola, no tenía más tecnología que las llamadas de teléfono y desde el primero hasta el último contacto lo tuve que hacer yo solita.

Pero sí aprendí una cosa que  puede facilitar la vida a todos aquellos “expatriados”, “inmigrados”, “desplazados” y demás gente en el extranjero. La única forma de no sentirse un extraño, es no serlo y esto pasa por integrarse en la sociedad del lugar en el que estés y no sólo en tu trabajo.

Puedes quedarte en casa y disfrutar en familia de un ambiente fuera de tu entorno, pero lo único que desearás será volver, y pronto. O puedes decidir interesarte por todo y ahondar profundamente  y con entusiasmo en lo nuevo que puedes aprender, hacer y experimentar. De ti  depende.

La opción aislamiento no sólo influirá en ti sino en los que te rodean que intuirán que, poco o nada, a ti no te gustan ellos, por qué les vas a gustar tú. Además si tienes familia, esa sensación, esos pensamientos de abatimiento y rendición también se los trasladarás, no hace falta que sea verbalmente, aunque seguro que tu lenguaje también te delata, pero con tu lenguaje corporal y tu comportamiento darás constantes muestras de que tú también te quieres ir. Serás su ejemplo, para el resto. Véndelo como un éxito de fortaleza, una aventura, no como una maldición.

Si has conseguido salir de tu zona de confort, no te rindas tan fácilmente, será un importante capítulo de tu vida y tú decides si es un drama o una comedia. Ellos son distintos, pero también son susceptibles de engancharse con tus historias sobre tu país y tus costumbres, por no hablar de lo que unen los deportes y más aún la música. Mézclate con la gente con entusiasmo. Piensa desde el primer día como si fueses un ciudadano de allí. Manifiesta interés. Adáptate.

Esa experiencia te hará trabajar muchísimas fortalezas: flexibilidad, toma de decisiones, resolución de problemas, etc y  en caso de manejar otro idioma, será una gran oportunidad. Ya estás allí, no dejes que la mente que has dejado aquí te castigue y no te deje disfrutar de tu experiencia.

¿Quién me iba a decir a mí que cuando tuviese que volver lo lamentaría tanto? Suerte que ahora, después de varias décadas, con las redes sociales, he vuelto a contactar y sigo teniendo otra familia al otro lado del charco.

Te llevaste tu cuerpo y te dejaste aquí  algo. Recupéralo. Llévate tu mente contigo. La vas a necesitar.

¿Quién dijo miedo? 😉

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