Tú, ¿cambias de idea?

idea

 

Me encanta debatir. Algunas personas creen, por mi insistencia, que quiero imponer mis planteamientos cuando pregunto y repregunto, pero nada más lejos de mi intención, lo único que pretendo es indagar en  la perspectiva de los demás y revisar mi proceso lógico para mejorar mi planteamiento y solución.

 Hace tiempo que entendí que lo que pienso es fruto de mis creencias, experiencias, emociones y sentimientos, por lo que de lo que yo veo o intuyo del asunto, es una infinitésima parte de lo que puede ser una realidad vista por muchas más miradas  gestadas en otras miles de circunstancias. No quiero tener razón, quiero ir limpiando mi mente de mis juicios y prejuicios para que pueda llegar a una idea compartida, común, porque sé que es en ese estadio, en el que ganamos todos.

 ¿Qué  cosas he descubierto con esta “afición”?

Hay quien asocia el debate con el conflicto y lo rechaza de entrada, les pone nerviosos, les parece que les hace vulnerables o que es demasiado agresivo y lo evitan.

Hay quien  no escucha, porque insiste una y otra vez en su planteamiento sin referirse a los argumentos del otro y cuando lo haces con los suyos, sintiéndose “acosado” cambia de tema o introduce un elemento disuasorio.

Hay quien no quiere un planteamiento holístico que vaya conectando unas cuestiones con otras y relacionando sus efectos, pero tampoco uno específico en el que haya que darle bastantes vueltas a detalles de la posición propia y a la ajena. Además de no querer reconocer, en algún caso, que en algunas cuestiones, o  no habíamos visto esa perspectiva, o necesitamos un tiempo para pensarlo.

 Cuando uno sabe que no tiene la verdad suprema y que su punto de vista es uno más, se enfrenta mejor a esta indagación a través de la palabra, sin miedos, sin tomarlo personal, sin sentirse mal, acosado, avergonzado o culpable.

 Cuando uno sabe que cambiar de opinión no sólo es sano y saludable, sino que también demuestra que utilizamos  nuestra cabeza para analizar, incorporar y matizar ideas, mejora. Lejos de entenderlo como una falta de seguridad y de confianza, cambiar de idea, significa más fortaleza, integridad y respeto por los otros, fruto del aprendizaje mutuo.

La fuerza, ocurre como con los metales, está más relacionada con la elasticidad y la flexibilidad que con la rigidez. Como decía el dramaturgo noruego Francis Picabla que  “nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”.

Tú, ¿utilizas tu cabeza?

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