¿Dónde pones tu atención?

A veces, tenemos muy malas estrategias para conseguir nuestras metas y desperdiciamos nuestra atención en cuestiones que no son para nada favorables. En lugar de ser conscientes y dirigirla.

De hecho pensamos mucho más en lo que no queremos que en lo que deseamos. Haciendo que incluso llegue, sin quererlo ni buscarlo, a ser una profecía autocumplida.

Creemos que eso nos alejará de ello y nos llevará un paso más cerca cuando la realidad es que nos estanca. Nos deja bloqueados en esa zona de confort que conocemos y dominamos pero que también tenemos claro que no nos gusta.

Nos pasamos mucho tiempo en el pasado, en donde nada se puede cambiar o en el futuro, haciendo constantemente predicciones nada halagüeñas, incluso cuando sobre este sí podemos elegir aunque solo sea en ese momento presente.

Sin embargo, preferimos aumentar nuestra ansiedad con malos augurios que nos hacen tener miedo y enfocarnos en ellos en lugar de imaginar cómo acercarnos a ese objetivo que tanto deseamos. O es que quizá no lo hacemos tanto.

Somos expertos en darle vueltas a nuestros problemas, haciendo una y otra vez diagnósticos, en lugar de enfocarnos en las soluciones y en multiplicar las opciones aunque solo sea en nuestro canvas particular. De ti depende enfocarte en tus fortalezas o seguir obsesionándote con tus debilidades.

La atención en nuestro día a día es vital. En lo que ocupamos nuestros pensamientos es en lo que ponemos nuestra energía. Si elegimos mal, somos nosotros mismos los que hacemos que un día sea una pesadilla y nuestra energía se vaya por el sumidero.

Hay personas que enlazan todos los capítulos desagradables de su vida haciendo de ella un drama continuo. A todos nos ocurren eventos para los que no estamos preparados y no son fáciles, pero es parte de vivir, de aprender, de entender que en esta aventura es tan importante dónde pones el foco como para qué lo haces. Elige ambos muy bien.