¿Tu organización necesita un cambio?

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Hablar de cambio significa para muchas personas un proceso, para el que su predisposición, en muchas ocasiones, no es la idónea.

La falsa seguridad que proporciona llevar años haciendo lo mismo, nos hace permanecer en una zona de confort, sobre la  que si indagamos y reflexionamos, no parece tan confortable.

Nuestra aversión a lo desconocido contrasta con la dinámica de nuestra sociedad y de los cambios que se producen en el mundo a velocidad de vértigo, así que mejor que nos vayamos adaptando para poder sobrevivir.

A esto también se le añade la poca habilidad que muchos líderes poseen para introducir el cambio, sin prever posibles resistencias y la mejor forma de hacerlo para que nadie lo vea como una amenaza y sí como un reto.

El profesor Bacharach, Director del Instituto Cornell, nos propone cuatro interesantes cuestiones a tener en cuenta si queremos predisponer positivamente a nuestro equipo:

  • Fomentar la competencia entre ellos. Muchas personas cuando consiguen un trabajo con unas habilidades y una formación determinadas, no continuamos aprendiendo y mejorando, nos estancamos confiados en que, saber hacer nuestra tarea es nuestra única responsabilidad. El cambio supone un reto, explicar con detalle las nuevas funciones y dar un periodo de tiempo para poder adaptarse son claves en este punto.

  • Miedo al fracaso. No estar a la altura de las circunstancias, no poder llevarlo a cabo de una manera satisfactoria o poderlo hacer mal, son cuestiones que frenan el cambio y el desarrollo en las organizaciones. Proporcionar un espacio en el que la seguridad de que nada de lo que hagamos o digamos será objeto de chanza o castigo, abrirá nuestras mentes y hará que la tensión y el miedo a fracasar  se relajen.

  • Asegurar el estatus. Otra de las precauciones que tenemos cuando nos enfrentamos a un cambio, es qué va a ocurrir con nuestro puesto, con nuestras funciones. Vemos amenazada la estructura, lo que lleva a que si aseguramos, en principio, el estatus de los más afectados por el cambio, colaboraremos en mejorar su no resistencia

  • Hacer de lo nuevo algo familiar. Hacer del trabajo una rutina nos permite hacerlo de modo automático y estos hábitos se convierten en algo familiar, de modo que los cambios suponen una energía extra en nuestro desempeño. Por lo que introducir los cambios de manera incremental hace que nos vayamos acostumbrando a lo nuevo sin grandes esfuerzos, sin plantearnos que nos pueda causar ansiedad. Apelar a la paciencia de nuestro equipo también ayudará.

La resistencia al cambio encubre la reticencia a aceptar amenazas a nuestra seguridad. Todo tipo de tópicos y refranes alertan de lo desconocido en el cambio, lo que hace que nuestras expectativas sobre él, la mayoría de las veces, sean negativas.

Si realmente lo piensas, te preguntarás lo que George Hebert  ¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?

Foto: pulso social

Fuente: Inc.com

¡No haga, deje de hacer!

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Cuando pensamos en nuevos  propósitos y cambios, uno de los pensamientos más recurrentes es hacer con ellos una lista. Nuestras listas de hacer (to-do-list) o de cuestiones pendientes, a veces es tan larga y tiene tanta actividad que nos desanima nada más verla.

Si siguiésemos todos los saludables consejos que leemos en periódicos y revistas, tendríamos la sensación de que las veinticuatro horas del día no nos permitirían  seguramente hacerlo todo. Diez minutos, para meditar, dos veces al día, una hora de ejercicio, comer cinco veces al día, los alimentos recomendados, estirar  cada cierto tiempo, ir de un lado a otro andando, aprender algo nuevo…

Todo esto en la cabeza, nos puede parecer imposible, en una lista escrita, poco abarcable, aunque si lo ponemos por escrito en un calendario semanal, al ver los huecos libres, conseguimos quitarnos esa ansiedad que nos produce no  llegar a todo.

Pero hoy quiero hablar de dejar de hacer, sólo de  parar, no llevar a cabo las acciones de siempre para cambiar nuestro comportamiento.

No analizar nuestro comportamiento en positivo o negativo sino dirigir nuestra inacción hacia un objetivo. Parece rebuscado, no? En el fondo es más sencillo de lo que parece.Un lista de cosas que dejar de hacer.

Por ejemplo, no quiere ser negativo, es decir, que su objetivo es   ser positivo, entonces póngase manos a la obra. Se levanta por las mañanas y lejos de decirle a todo el mundo que odia madrugar, simplemente lo omite. Cuando ocurre algo a su alrededor, no lo ponga calificativo, de manera que si alguien hace un comentario que no le gusta, no le califica, ni lo dice. Para poder ser optimista, sólo debe dejar de ser pesimista.

El entrenamiento consiste en dejar de hacer algo mal. Acabar con un mal hábito que llevamos cabo y que queremos cambiar. Otro ejemplo puede  ser, quiero estar más saludable. Hacer ejercicio o comer más sano, serían acciones positivas que implicarían movimiento, sin embargo si sólo dejamos de comer comida basura, de fumar o de estar sentado continuamente. Cuál va a ser su  efecto en nuestra meta?

Inténtelo, quiere ser más agradable y que a todo el mundo le guste estar con usted. Deje de comportarse como un perfecto idiota y deje de decirle a todo el mundo lo que no quiere oír. Nadie le pide que elogie o sonría sin ganas, simplemente deje de hacer lo contrario.

Acostúmbrese a celebrar las decisiones que no ha tomado, las inversiones que no ha hecho y después se ha alegrado de no llevar a cabo. Las circunstancias que le hicieron que no tomar esa decisión, le mantuvieron fuera del error.  Apreciélas como si le hubiesen proporcionado pingües beneficios, al fin y al cabo eso han hecho. Cuéntelas como triunfos, empezará a ver la vida de otra manera, no todo requiere grandes y costosas acciones, no tomarlas o no hacer, también es una decisión en su mano.

Dejar de hacer, puede ser el principio de una útil herramienta para usted.

Foto: lospotisdelunaria