LA CASITA DE BAD BUNNY

En una sociedad donde la innovación en el espectáculo parecía consistir en hacernos sentir dentro de la experiencia, hemos dado una nueva vuelta de tuerca. Ya no se trata de incluir. Se trata de excluir.

Primero llegaron los todo incluido. Durante una semana podías sentirte un rey sin sacar la cartera. Después llegaron las zonas VIP. Más tarde las zonas Premium. Y ahora aparece la casita de Bad Bunny.

Un espacio dentro del espacio.Un privilegio dentro del privilegio.Una barrera más para recordarte que siempre hay alguien disfrutando de algo que tú no puedes tener.

Mientras te encuentras en una zona que hace unos años habrías considerado exclusiva, descubres que existe otra aún más deseada. Más cercana. Más visible. Más aspiracional que genera conversación por sí sola.

Y entonces ocurre la magia del marketing.Ya no disfrutas de donde estás. Empiezas a desear donde no estás.

La neurociencia lleva años estudiando este fenómeno. Nuestro cerebro presta más atención a lo que nos falta que a lo que ya tenemos. La exclusividad activa circuitos de recompensa y convierte la escasez en deseo.

Lo curioso es que la solución sería sencilla. Si todos los asistentes tienen entrada, ¿por qué no sortear esas plazas entre ellos? ¿Por qué no premiar a quienes sostienen el espectáculo con su compra?

Porque el objetivo nunca fue la justicia.El objetivo era el deseo.Y pocas cosas generan más deseo que una puerta cerrada delante de miles de personas.

Quizá por eso siempre vuelven.Y quizá por eso siempre habrá una casita dentro de otra casita. De la selección para entrar, hablamos otro día …

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