EL RUIDO DEMOCRÁTICO QUE NOS SALVA

Solo leo y veo vídeos cantando maravillas sobre China de quienes vuelven de allí tras comprobar sus avances y no puedo negarles el asombro pero sí quiero hacer una reflexión. 

Cada uno desde su industria, desde su sector, desde su especialidad, repite una idea parecida. Que mientras aquí seguimos creyendo que vivimos en la parte desarrollada del mundo, allí el desarrollo corre a una velocidad que impresiona.

Y justo después pienso en su sistema político. En los derechos de su gente. En sus libertades. En lo fácil que resulta, visto desde fuera, empezar a legitimar una dictadura por su eficacia en la obra civil, en la tecnología o en la ejecución. Recuerdos peligrosos de antaño.

Mis discusiones políticas con DeepSeek, nutrida principalmente de lo compartido, siempre terminan cerca del mismo punto. Esa idea de que el mundo se divide entre quienes priorizan la libertad y quienes priorizan la seguridad, como si fueran dos modelos paralelos y comparables, casi dos estilos de gestión. Y no. No es real ni es tan simple ni tan inocente.

Cualquiera puede comprobar que en una dictadura no hay apenas disidencia visible. Pero no porque exista una armonía superior. Sino porque la discrepancia puede costarte demasiado. Allí reina la ley y el orden, sí, pero muchas veces porque también reina la ley del silencio sobre todo lo cuestionable.

Y salvando las distancias, aquí caemos a veces en una trampa parecida. Nos incomodan los gobiernos en minoría, los pactos, las voces cruzadas, el desacuerdo, el ruido. Mientras tanto, las mayorías absolutas parecen ir como la seda y molestan menos.

Pero conviene no olvidar algo. El ruido democrático no es un fallo del sistema. Es una de sus defensas. Las voces divergentes, la discusión, los argumentos y el pensamiento crítico son precisamente lo que mantiene las libertades de todos a flote e incluso la corrupción a raya o al menos pública.

También es cierto que todos esperamos este ruido sobre políticas, se ciña a debates entre necesidades y soluciones y no sobre corrupción, personas e insultos para que no legitimen otros modos nada recomendables. 

Cuanto menos ruido, quizá más eficacia pero también,menos libertad.

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