Pensaba hace poco que mis primeros exámenes de informática eran con todos los apuntes y libros delante que necesitásemos.Que podíamos usar calculadora. Que en Estados Unidos el cálculo era tipo test y tendiendo en cuenta los años que tengo, no entiendo en qué momento estamos o seguimos con los exámenes.
Entonces no se trataba de recordar comandos de memoria, sino de saber qué buscar, comprender el problema y encontrar la manera de resolverlo. Tener acceso a la información no eliminaba la dificultad. La cambiaba de lugar.
Por eso resulta casi ridícula la imagen de la policía de la PAU buscando pinganillos, relojes inteligentes y gafas conectadas para evitar que los estudiantes copien. Una vez más, la tecnología nos ha dejado atrás en la educación.
Mientras los jóvenes viven rodeados de herramientas capaces de ofrecer respuestas en segundos, el sistema sigue evaluando como si el acceso a la información fuese el problema. Y como no hemos sabido transformar la forma de enseñar ni de examinar, respondemos con vigilancia, detectores y sospecha.
Una tecnología controla a otra mientras seguimos sin preguntarnos qué merece realmente ser evaluado.
Quizá el problema no sea que un estudiante pueda consultar una respuesta. El problema es que sigamos haciendo preguntas que una máquina puede resolver mejor y más rápido que él.
La educación debería medir comprensión, criterio, creatividad, capacidad para relacionar ideas y tomar decisiones. Todo aquello que no cabe en un pinganillo ni puede copiarse sin haberlo entendido.
El cerebro busca ahorrar energía y elegir el camino más rápido. Por eso, si queremos formar pensamiento crítico, no basta con impedir el acceso a las respuestas. Hay que diseñar preguntas que obliguen a pensar.
Quizá en lugar de pedir una respuesta, deberíamos pedir una explicación, una instrucción, una comparación o una decisión razonada. Ahí empieza el aprendizaje real.
Tal vez la policía de la PAU no esté persiguiendo únicamente a quienes copian.Quizá esté protegiendo un sistema de evaluación que ya no sabe qué preguntar.


