No tendrás que trabajar ni un día de tu vida

 

trabajar

 

“Tú, Adán trabajarás la tierra, y ganarás el pan con el sudor de tu frente.”

Pienso en la palabra trabajo, directa e inexcusablemente entroncada con la maldición bíblica y que no parece que en breve vaya a cambiar, así que estoy buscando una palabra para que defina la actividad que llevas a cabo en tu vida diaria que te permite desarrollarte como persona, tener un objetivo que te sobreviva, con la que busques dejar una huella más allá de ti, y que además puedas decir de ella que es divertida.

Una palabra que puedas definir como reconfortante y estimulante sin tener que sonrojare o pedir perdón por disfrutar y recrearte en ella. Algo que no condicione los lunes como un  día infernal y desees que llegue el viernes sin vivir todos y cada uno de los días de la semana.

Que no haga honor a frases como la de Facundo Cabral :“Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.”

Una actividad, sea la que sea, que no tenga que tener unas determinadas características ideales para poder, a través de ella, dar lo mejor de ti  mismo. Cooperar y colaborar con todos los que te rodean para mejorar esa idea, ese día, esa tarea.

O quizás debas hacer que te guste lo que haces, como aconsejaba Tolstoi. Si es así, empieza por no quejarte de lo temprano que te levantas y del frío o caluroso día que hace, de tus compañeros, de tu jefe, de lo poco que cobras y lo mucho que trabajas. Piensa mejor en cómo ese día puede ser y  hacerte mejor, cómo pequeñas victorias personales sobre tus negativos hábitos, te van a hace fuerte, diferente, grande.

Observa cómo de camino a tu lugar de trabajo puedes hacer del mundo un lugar mejor, sin hazañas, ni grandilocuencias, con pequeños detalles que mejoran la vida de los demás: sonríe y saluda a conocidos y  extraños, con calidez, deja tu sitio en el autobús, comparte algo, permite que otra se incorpore a tu carril, deja unos céntimos en la máquina del café o invita a alguien a tomarlo.

Son las primeras horas de la mañana, tan importantes como en las que resuelves cuestiones o enfrentas tensiones, por lo tanto ir engordando tu fondo de armario con emociones positivas de pequeños detalles te harán ver la vida con otros ojos durante todo el día.

Piensa en para qué haces tu trabajo, qué proporcionas a los demás, quiénes son tus clientes últimos, en qué favoreces su vida, cómo lo puedes hacer mejor, qué puedes hacer distinto hoy que te haga sentirte orgulloso se ti mismo.

 Cuando leemos frases como la de Confucio “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, siempre pensamos en otro trabajo, en cambiar el actual, en buscar, en cuál sería esa idílica labor sin antes detenernos y pensar que quizá nuestros propios pensamientos y actitudes están amargando un trabajo que sí nos gusta y que hace tiempo no vemos con objetividad  lo que nos aporta.

Empieza a cambiar tu visión de la tarea que llevas a cabo para vivir y no te conviertas en su esclavo sino en alguien comprometido con el mundo que quieres vivir y cambiar.

Comienza el día con esta pregunta y observa lo que ocurre.

¿Qué puedo hacer hoy en mi trabajo para mejorar mi mundo?

¡Mucha energía para no rendirte nunca!

Decláralo

compromiso

“Los pensamientos llevan a sentimientos, los sentimientos llevan a acciones, las acciones llevan a resultados”

Esta máxima de T. Harv Eker, guía mi reflexión de hoy.

Hoy quiero compartir con vosotros una estrategia que a mi me ha funcionado bastante bien durante años y después de leer bastante sobre el tema tiene su base científica: las declaraciones.

 Para la mayoría de los humanos, el hacer una afirmación sobre algo, o responder positivamente  a una petición por nimia que sea, no es inocuo. El compromiso que se adquiere con verbalizarlo es más poderoso de lo que a simple vista parece.

Con dar “nuestra palabra” manifestamos nuestro más férreo compromiso  con la causa o la cuestión que se esté dirimiendo.

Pero qué hace que sea diferente, que este sistema lo utilicemos con los demás y no con nosotros mismos, todo lo habitualmente que podemos.

Al fin y al cabo la energía que desprende una declaración funciona igual en lo externo que en lo interno. Si a esto le añadimos que es un elemento seguro  de éxito. ¿Qué nos da tanto miedo?

Cuando pronuncias una declaración en voz alta- aunque el compromiso no sea público, lo que lo subiría unos cuantos peldaños en la escalera de la acción- como asegura Elker, hace que tu cuerpo vibre y todas las células de tu cuerpo respondan a esta frecuencia. Esto envía un poderoso mensaje a tu subconsciente.

Una declaración se dirige al futuro, oficializa lo que antes sólo era un deseo y lo convierte en algo realizable para lo que nos hemos puesto en marcha. A pesar de que otra vocecita dentro de nosotros nos advierta  de lo ridículo del asunto ¡funciona!

Pruébalo no necesita más que intimidad y  decisión, piensa que “tu mundo interior crea tu mundo exterior” que el ensayo mental, Joe Dispenza entre otros, han demostrado que funciona y que Cialdini y sus leyes de influencia también refrendan que el compromiso y la congruencia son las mayores fuerzas impulsoras.

 Una declaración, la asociamos con algo serio, que respetamos. ¡Aprovechémoslo! ¡Qué juegue a nuestro favor!

Comienza a hacerlo, ponte delante del espejo y di en voz alta en qué consiste tu compromiso, qué quieres ser, qué quieres hacer, hazlo varias veces al día, al menos mañana y noche. Piensa una frase positiva y dila con entusiasmo y energía.

Si es negativa, no funcionará, tu subconsciente no entiende de “noes”.

Hacer esto, te llevará a pensar que estás cada día más cerca de tu objetivo, qué lo puedes lograr y te remitirá sin duda alguna a valorar y estudiar  todas los pasos que tienes que poner en marcha para hacerlo. Te impulsará a la acción, puesto que te recordará día y noche tu compromiso.

Yo lo hice, hace diez años y dejé de fumar, sin más, por respeto a mi palabra, a mi compromiso. Valora tus pensamientos en su fundamental medida. Seguro que tú también puedes hacerlo.

 ¡Ánimo! 😉

Foto:andresvegas

Qué puedes aprender de Homeland

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Seguramente para muchos de vosotros el Sargento Brody no es un personaje desconocido, en el caso de que así lo fuera, os invito a leer una sinopsis de la serie Homeland.

El personaje del Sargento se desarrolla a través de flashbacks de su captura, encarcelamiento y tortura en Irak. Tras ocho años de cautiverio, en una operación de las Delta Force, es rescatado y vuelve a los Estados Unidos como un héroe de guerra, más tarde acaba destapándose como un aliado de Al-Qaeda.

Tras seguir la serie en televisión y leer sobre estrategias de la guerra de Corea  y de persuasión , he querido reflexionar sobre cómo alguien tan vinculado y comprometido con la defensa de un país, como para alistarse en un ejército que continuamente participa en conflictos bélicos, puede acabar cambiándose de bando y trabajar para el enemigo y qué podemos aprender.

Ser congruente con lo que uno piensa y  hace es una cuestión bastante importante para el ser humano, por eso cuando se quiere investigar sobre personas, es más importante observar el comportamiento que el discurso.

El caso de esta serie parece extraño pero si nos atenemos a las muchas ocasiones en que somos manipulados por pequeñas peticiones sin que nosotros lo notemos, no será tan raro que entendamos cómo  pueden  acabar  cambiando  nuestros sentimientos, las de más impacto. Por ejemplo, la simple firma en una petición, nos hace que a partir de ese momento, nuestros sentimientos cambien y estemos mucho más sensibilizados con la causa. Siguiendo la filosofía “ comienza pequeño y construye”.

Para que nosotros lleguemos a la situación del Sargento Brody, Cialdini, apunta que el compromiso con la causa es la llave y para analizar cómo debe ser éste, estaremos atentos a cinco cuestiones.

La primera de ellas es que sea activo, es decir, que Brody al comenzar a enseñar la lengua inglesa al hijo del dirigente de Al-Qaeda, Abu Nazir, estaba llevando a cabo una acción que poco a poco modificaba su mente con respecto a los yihadistas y a la vez introducía en sus conceptos y dogmas. Un niño que podía comparar con sus hijos y que era querido por su padre, a pesar de que era un terrorista, hacía que su compromiso fuera más fuerte. Cuando en un ataque norteamericano matan al niño, la empatía con su cruzada se acrecienta.

La segunda que fuera público, al hacer su compromiso público delante del resto de terroristas y enlaces, del compañero convertido al Islam y pensando en las personas que verían la grabación de su video confesando que  iba a llevar a cabo un atentado, fue definitivo. Además, al grabar ese video, su único deseo es ser congruente consigo mismo y su mensaje, por lo tanto, no se vuelve a cuestionar su misión hasta que su hija interviene para quitarle la idea.  Como explican los psicólogos Jones& Harris, lo que piensan que es cierto los que están a nuestro alrededor, determina enormemente lo que nosotros pensamos que es verdad.

Los compromisos públicos son muchos más duraderos.

En tercer lugar debe costar mucho esfuerzo el compromiso, a Brody le cuesta años de torturas en los que se utilizan ritos similares a los que él mismo entrenó en los Marine y de los que también participan tribus como los Thonga y algunas macabras iniciaciones de las fraternidades norteamericanas que tienen que ver con morir casi de sed, de hambre,ser golpeado, morir de calor o frío, castigos y amenazas de muerte, comidas sin sabor y todo tipo de castigos imaginables…

La última de las cuestiones referentes a cómo hacer del compromiso la clave, pasa porque sea escogido libremente, es decir, que no haya atisbo de recompensa inmediata en hacerlo, sino que aceptemos una responsabilidad interior sin presión externa. Una vez que el Sargento es liberado y devuelto a los Estados Unidos la única presión que tiene para llevar a cabo el atentado es su propio convencimiento de que la misión es legítima.

Ahora imaginaos estos cinco puntos vinculados a una meta u objetivo que queráis llevar a cabo, ¿podrían ser efectivas herramientas para ponerlo en marcha?.

Inténtalo y dinos si entiendes a Brody o no.