Sinceridad y humor

microfono

Ha pensado mil veces qué es lo que va a decir, con qué palabras, quién es su interlocutor o su auditorio, cómo definirá mejor el efecto que quiere provocar. Elabora sus discursos, intervenciones, peticiones con esmero y sin embargo no produce el efecto buscado.

Winston Churchill decía: “Si tengo que pronunciar un discurso de dos horas, empleo diez minutos en su preparación. Si se trata de un discurso de diez minutos, entonces tardo unas dos horas en prepararlo”.

Todo ese trabajo es la semilla de una buena comunicación, puesto que preparar el tema, repasar, darle vueltas y confeccionar un esquema o una explicación ordenada y coherente es el principio de un gran éxito.

Recuerde además que cuando “no comunica”, también lo hace ,ya que su silencio también  será interpretado a los sentidos de los demás. Puede dejar usted que imaginen o trasladar realmente lo que quiere.

Mi experiencia en la confección de discursos y en su puesta en escena, me hace referir esta máxima: “La comunicación efectiva es un 20% lo que se dice y un 80% cómo se siente acerca de lo que dice”, no sólo tendrá que tener  cuidado de elegir las palabras adecuadas, su lenguaje corporal, su tono y su fuerza hablarán por usted, sin que lo haya previsto, trasladando lo que realmente usted cree sobre lo que dice. ¿Había pensado en esto?

 Por ello mis ingredientes básicos de un buen discurso y de una buena comunicación, son sinceridad y humor

Sinceridad.- si algo puede dar al traste con su comunicación es que no sea sincera, se nota enseguida incluso si duda de parte de lo que dice, trasmitirá esto a los demás.

Muchas veces repetimos frases que hemos oído, que creemos suenan bien pero no las hacemos nuestras pensando en su significado.

 En otras ocasiones los términos que empleamos o los argumentos que defendemos no son nuestros, provienen de nuestra organización, de su misión, de su visión y de sus valores. Para muchos, esta supuesta “imposición”, el  no crear estas ideas “originalmente” en sus mentes les plantea un problema. A veces, ni siquiera se han cuestionado en qué consisten estas ideas, a qué responden estos valores, si en sus vidas tienen significados análogos o están verdaderamente alineados con ellos, produciendo una sensación artificial e incómoda que influye en su comunicación.

Busque un significado  en el que creas, que dé fuerza a tu discurso.

Tagore decía “las palabras van al corazón, cuando han salido del corazón”.

Humor.– No hay ningún tema por importante  que sea que se resista a la ironía y al humor inteligente. Saber reírse de las cosas, ayuda a acercarlas, a encontrar más soluciones, tener otras perspectivas, a descargar el drama, por qué no, a poderte liberar de aquella cosas ridículas que siempre has deseado decir y nunca casaban con el adusto ambiente.

Ten en cuenta esta frase de Lorenz: “El humor y la sabiduría son las grandes esperanzas de nuestra cultura”.

Introduce estos dos elementos en tu comunicación, combínalos a tu antojo, ¡prueba a ver qué pasa!

 

 foto:planetabeta

¡¡¡Fenomenal!!!

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Son alimento para la mente y arrojan luz sobre el entendimiento y el conocimiento, las palabras, según Jim Roth.

A veces creemos que lo importante  de lo que decimos es lo que queremos decir pero, es realmente lo que decimos. Parece  un trabalenguas y es una realidad, el significado de las palabras, acaso es el mismo para todos.

Qué tiempo empleamos en especificar el término que mejor se adapta a lo que queremos  expresar. Usamos tanta jerga y términos genéricos que a veces somos incapaces de aportar algo más allá  de definiciones de situaciones como  “marrón”, “bueno” o “malo”.

Definir y concretar,  lo alejamos de nuestras posibilidades hasta con las emociones más básicas, ya no sabemos si mal , es triste, enfadado, asustado o enfermo. Damos tan pocos datos a nuestros interlocutores que estos podrán apenas entendernos y menos empatizar con nosotros. Lo hacemos tanto con lo bueno, como con lo malo, pero especialmente con lo primero.

Ponemos poco empeño en trasladar la realidad como la vemos y a veces es esa misma ansiedad, la de no saber cómo expresarlo, la que nos hace sentirnos impotentes para resolverlo. Incluso advertimos menos  soluciones a lo que nos aflige.

Paulo Coelho afirma que no hay arma más poderosa que las palabras y no puedo estar más de acuerdo. Quién si no, nos despierta todas las mañanas. Las palabras se agolpan en nuestra mente nada más abrir el ojo, y a algunos todavía les resuenan las de sus sueños. Qué nos decimos, cómo nos hablamos. Son palabras potenciadoras, positivas, que describen un fantástico día por delante, o todo lo contrario.

Las palabras, los pensamientos, las emociones, las fabricamos nosotros y de nosotros depende primero, que seamos conscientes de esto, segundo, que sepamos que  podemos elegir estas u otras y tercero que somos responsables de lo que de ellas se derive en nuestro día y en nuestra vida .

Esto también se traslada a nuestra relación con los demás, tanto en lo que nosotros decimos como en lo que nos dicen, o no te das cuenta cómo te afecta lo que escuchas.

Si queremos que las personas tengan la deferencia de hablarnos de modo que nos sintamos bien, cómo podemos ser nosotros quienes tomemos la iniciativa. El lenguaje es muy importante en tu experiencia diaria. las palabras que asociamos con la propia vivencia, se convierten en la experiencia misma.Te propongo un truco.

Cada vez que alguien te pregunte cómo estás, responde: “¡Fenomenal!,  Si, si sé que todo no es perfecto, pero piensa en todo lo que tienes y quieres agradecer, no tengas miedo a decirlo, suena ¡Fenomenal!

Te sentirás mejor, al recordar que es un supuesto truco, esbozarás una sonrisa, todos los mensajes que le enviarás a tu cerebro serán de bienestar y positivos. Si sigues practicando, tu humor mejorará, tus relaciones con los demás también  y acabarás disfrutando de todas las pequeñas y grandes cosas que tienes que agradecer en tu vida.

Que no se quede en ti, haz que sea un truco colectivo, compártelo  y que todos, como mínimo el verano de 2013 estemos ¡Fenomenal! . Contágiate.

Recuerda que si no, todo podría  desaparecer…