Carnaval, ¿te quiero?

Carnaval

 

Seguro que no has pensado en que esto te pueda ayudar. Entiendo, que suena raro al principio. Sin embargo sé que después de reflexionar sobre ello, lo verás de modo diferente.

Aunque hasta ahora no lo hayas dado importancia, lo que piensas sobre ello,  lo que haces, es algo que refleja muy bien tu personalidad y que si  consigues sobreponerte  y dominarlo, en determinadas ocasiones, te puede aportar una gran victoria personal. Ese algo que, si tienes en demasía, puede ser un freno para tu proyección, que sin embargo puedes trabajar, es tu sentido del ridículo.

Por ejemplo, disfrazándote. A algunos les parece una actividad reservada a quienes les gusta  poner sal gorda a la vida, a otros les parece poco serio, hay a quienes verse feo o ridículo, les espanta nada más pensarlo. Sin embargo a otros, cualquier ocasión les parece estupenda para pasar de ser, desde una bailarina de ballet a alguien de la familia Potato y lo hacen entusiasmados.

Dándoles vueltas al tema, podemos pensar, entre otras miles de razones, que quienes se niegan a hacer este tipo de prácticas, suele ser porque realmente les importa demasiado lo que los demás piensan de la imagen que transmiten y que, de ninguna manera, pasarán por ser el centro de atención para ser el hazmerreír de los demás.Sin reparar en cuán pocas veces podemos ser causa de hacer pasar a los demás un buen rato.

Si os dais cuenta, incluso en las películas los grandes premios, son los que se llevan quienes caracterizados a peor, exhiben sin complejos todo tipo de imperfecciones en sus personajes. También hay algunas culturas que exacerban este sentimiento, siendo la vergüenza y que se rían de uno, a veces “delito de lesa majestad”. Sin embargo otras, en las que en su educación, mantienen el día del pijama para ir a clase, ir con la ropa al revés o disfrazados muy a menudo, tienen esta habilidad harto trabajada y son capaces de reírse de sí mismos con mayor naturalidad.

Además cuenta con la creatividad que puedes desarrollar buscando el mejor atuendo para tu personaje, reciclando cosas del baúl o haciéndolas tú mismo. Incluso, aunque cuentes con las críticas de que ha sido poco el esfuerzo, solo con comprarlo y vestirlo, trabajarás más habilidades de las que crees.

Muchos de nosotros necesitamos el anonimato de las masas o  alguna  ayuda extra para poder mostrarle al mundo que su opinión, nos puede importar en mayor o menor medida pero que somos capaces de sobreponernos, confiar en nosotros mismos, tirar de autoestima y salir a la calle con llamativas pelucas y estridentes colores.

Pocas ocasiones tenemos para trabajar nuestro sentido del ridículo adrede como en esta época. La oportunidad para entrenar ese sentimiento que te atrapa cada vez que te expones a los demás con tan buen humor, es única, para no desaprovecharla. Familiarizate con esas sensaciones de miedo y ansiedad en entornos donde te sientas seguro y pueda ser divertido.

Como nos preguntamos siempre, ¿qué es lo peor que nos podría suceder?

Parece al principio que puede ser algo inadecuado, poco serio, que puede afectar a quien eres pero, piénsalo un momento. Y si esto te ayudase a dar un gran paso en ese avance para que las circunstancias externas te diesen un poco igual y te atrevieses a hacer, a decir, a pedir, a preguntar muchas más cosas.

Y si este entreno, sirviese para que poco a poco fueses haciendo y diciendo lo que quieres sin esperar la aprobación de nadie. Y si cada vez fueses un poco más libre, ¿no sería maravilloso ese pequeño- gran azoramiento tras esa máscara o bajo esa peluca?

No dejes que todos estos “y si” carcoman tu mente. No evites estas situaciones, afróntalas cuanto antes y gana en seguridad y confianza.

 Ten unos segundos de coraje y demuéstrate que puedes vencer tus miedos con humor.

¿Y si acompañas a Georgie Dann? ¡no será genial!  😉

Errar o no errar

error
Cuando hacemos un juicio equivocado o llevamos a cabo una acción desacertada, estamos cometiendo un error. La realidad de este concepto, que lleva añadido miedo, ansiedad, culpa y vergüenza, no es nunca peor que en nuestra imaginación y en nuestro juicio.

Cometer un error es normal, sólo quienes hacen, yerran, por lo tanto quienes no hacen o esperan a que los demás hagan, son los únicos que ven el error como una mancha vergonzante en sus currículo vitales y se apresuran a señalarlos en otros, como prueba de su propia inseguridad.

Los que arriesgan, los que toman la iniciativa, los que creen que el ensayo prueba-error es una herramienta y no una trampa, de ellos será el mundo del éxito, del emprendimiento, de los descubrimientos. Todos los demás están tan atemorizados por sus propios juicios y los de los demás que jamás podrán hacer algo los primeros y serán incapaces de sobreponerse a los errores por sus sentimientos de culpa.

La cuestión esencial sobre los errores entonces, no es cometerlos, es el momento inmediatamente posterior. Cómo reaccionamos dice mucho de nosotros, de nuestra autoestima, de la seguridad y confianza en nosotros mismos, de nuestra valentía y de lo interesados que estamos en que los demás confíen en nosotros y sepan que somos auténticos.

La primera de las opciones que podemos barajar, cuando cometemos un error, es la de callarnos, esperando que nadie se dé cuenta. En esta situación imaginar las consecuencias como enormes monstruos, nos hace que nuestro miedo nos impida ver los resultados reales de no resolverlo en el momento.

Esconder el error, puede acarrear tener que mentir, culpar a otra persona, provocar consecuencias peores o como mínimo imprevisibles al no señalarlo y tener que vivir con la experiencia llamando a la puerta de la conciencia cada vez que el cerebro a partir de otras sensaciones desate esas emociones.

Si además de esconderlo, somos descubiertos, volvemos a tener, como mínimo otras dos opciones, seguir negándolo, multiplicando las anteriores posibles consecuencias o reconocerlo. En el caso de que nuestra valentía haga su aparición para tratar la cuestión. Se vuelven a bifurcar los caminos, podemos admitirlo y llenarnos de excusas y justificaciones, con la intención de salir del paso. Encontrar una razón exterior a la que culpar y encender la ira de nuestro interlocutor, conocedor de que quien se excusa no cambia o, admitir el error sin más. En esta situación dependiendo de quién sea la otra persona y su grado de desarrollo, podemos esperar que incremente la carga de la culpa y arremeta contra nosotros, el jefe- autoritario, o que comprenda nuestra situación y trate de ayudarnos a extraer algún aprendizaje para la próxima vez, el jefe- líder, de manera que no haya sido un error en balde.

La opción óptima es, por encima de todas las consecuencias que tu imaginación encuentre, admitir el error de entrada. Si además  lo haces rápida, y enérgicamente desarmarás a tu interlocutor. Si a esto le sumas una crítica a ti mismo, piensa en este sentimiento liberador y te dices todo lo que él está deseando decirte, incluso le quitarás la razón.

Algo está cambiando en el mundo para que Jean-Claude Biver Ex-CEO de Hublot Genève crea que perdonar y arbitrar fórmulas para que las personas arriesguen son condiciones indispensables para la creatividad y la innovación. Seguro pensó en  Einstein “quien no ha cometido un error es que no ha probado algo nuevo”.

Te propongo que durante esta semana seas proactivo en el reconocimiento de errores e incluso cuando no los hayas cometido, atribúyetelos, atrévete a desafiarte. Pide perdón, reconócelos, desempolva  tu valentía y tu sabiduría. Rectificar es de sabios, no? Te parece una locura, pues prueba y observa qué efecto produces en las personas, en casa, en el trabajo, con los amigos, critícate. Libérate de la necesidad de avergonzarte cuando yerras.

A lo mejor a partir de ahora cambias de táctica…

Recuerda : “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”
Goethe

•Pincha en la letra negrita y podrás acceder a un interesante video de Jean-Claude Biver
Foto: todoroms.com