¿ERES UN SOMBRERO NEGRO?

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Seguro que habéis asistido a una reunión de trabajo, familiar, de amigos en la que tú mismo o alguien de alrededor lanza una idea y de repente se establece un disputado turno de palabra para opinar sobre ella. Resaltando todo lo negativo que puede implicar.

Es cierto que la cultura occidental está preparada para ser reactiva y mientras nos callamos y disimulamos cuando se piden propuestas, estamos prestos a sacar nuestro bolígrafo rojo para poner peros en cuanto hay una encima de la mesa, cuando no es nuestra claro.

Con ese proceder, muchas de las personas que tienen o tendrían ideas en la mayoría de las situaciones, no están dispuestas a somerterse a esa tortura devastadora, prefieren no hablar u opinar ante tamaña sangría. Perdemos ideas, propuestas, talento…

Me encanta la denominación de “Sombrero negro” que hace Edward de Bono en su libro “Seis sombreros para pensar” cuando habla de la utilidad de hacer juicios negativos en el proceso del pensamiento, tratando de poner a prueba cuestionando  la propuesta y que realmente considero necesarias, aunque también afirmo que en esta práctica, muchas veces caemos la complacencia negativa.

Destruir es más fácil que construir, así que cuando criticas viendo sólo lo negativo, no te creas tan listo. Sólo consigues esa ficticia satisfacción inmediata de encontrar un fallo, que a veces te hace sentirte incluso superior. Cayendo en la necesidad contínua de tener algo que “criticar” para sentirte útil.

Quiero que sepas que es mucho más fácil ver defectos que virtudes y por lo tanto si estás en ese equipo, tienes mucha competencia. Además una vez que tu química cerebral por repetición sólo ve esto, lo reduce a una cuestión de supervivencia:miedo y seguridad, es difícil cambiar  y tendrás que practicar mucho más ver lo positivo.

Seguramente estarás acostumbrado a hacer descripciones certeras y detalladas de los problemas pero no estarás en el equipo de las soluciones y de la creatividad. Por lo tanto si estás dispuesto a cambiarte de equipo prueba a ver primero los aspectos positivos de lo que te propongan para poder avanzar y mejorarla. Y después ponlos a prueba.

Ser exclusivamente un “sombrero negro” déjalo para los hackers que colapsan servidores, rompen sistemas de seguridad de ordenadores y redes y utiliza tus habilidades y capacidades para construir. Sé diferente. Construye.

Los tres hermanos

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LOS TRES HERMANOS

Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.

Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.

A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.

Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: «Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete». Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: «Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú». El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.

Robert Vil

¿TE DUELE EL CORAZÓN?

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Me encantan los encendidos debates que provocan las cuestiones del corazón. Tanta emoción nos hace manifestarnos tajantes en muchos temas, sobre todo si los demás son los protagonistas y a nosotros nos salen gratis unas palabras o unas líneas.

Otra cuestión muy diferente parece cuando nos ocurre a nosotros y queremos que los demás sean comprensivos con nuestras decisiones, deseos y anhelos.

Hacemos de muchas de estas cuestiones, asuntos de honor que “mancillan nuestra honra” como si desde la Edad Media no hubiésemos evolucionado y la flexibilidad que nuestro mundo requiere, no tuviese que aplicarse a todas las facetas de nuestra vida.

Una actitud positiva y nada posesiva, nos puede hacer ver que, lo que ocurre a nuestro alrededor, pocas veces tiene que ver con nosotros, con hacernos daño o con perdernos el respeto y sí conque cada uno intenta resolver sus aflicciones de la mejor manera que sabe, aunque en muchas ocasiones, no elijan, a nuestro juicio, la mejor de las estrategias posibles.

Todos tenemos derecho a tomar malas decisiones, a equivocarnos, a pedir perdón, a que se nos perdone y a perdonar sin tener que dar explicaciones, ni sentir el juicio de los demás como prueba culpable. Cuando algo ocurre entre dos, sólo esos dos saben, en el mejor de los casos, la mayor parte de la historia, sus causas y consecuencias y sólo ellos tienen el derecho a tomar la mejor de las opciones para seguir adelante con su vida.

Muchas son las ocasiones en las que queremos que la otra persona, se comporte, sea, y reaccione como nosotros queremos, sin reparar en que es otra persona, con sus virtudes y sus defectos, como nosotros pero con otros, en algunos casos muy diferentes. Querer hacer a alguien como nosotros, eso sí que es no respetarle.

Cuando las cosas salen mal,cualquiera que sea la causa, no es nuestro estado de ánimo el que debe hablar por nosotros, sino tras una charla con alguien que no te quiera dirigir, sino que te quiera ayudar, seas tú mismo quien pueda tomar una decisión. Esa decisión es la que formará parte de tu vida, por lo tanto, sopesar todas las cuestiones y valores que te importan es lo fundamental.

Cuando la vida te golpea el corazón con algo inesperado:

  • Tómate algún tiempo para reflexionar, no tomes en caliente ninguna decisión.
  • No hables con personas cuyas creencias son tajantes y firmes en contra o a favor del tema
  • Manten tu mente firme en un sólo objetivo: ser feliz a pesar de todo y de todos
  • Enfócate en las soluciones, a veces nos gusta refocilarnos en la descripción del problema desde miles de perspectivas, que sólo nos hacen ahondar en la parte negativa y nos bloquea
  • Habla con alguien positivo, que te dé otra perspectiva, diferente a la que tú tienes, te abrirá la mente.
  • Háblate con cariño, recordándote lo bueno que tienes y lo que quieres.
  • Las circunstancias actuales no durarán eternamente y toda la presión que desde tu entorno sientes se esfumará y entonces tendrás sólo que asumir las consecuencias , así que piensa únicamente en ti y en tu felicidad. 
    Sólo tenemos un corazón y una vida. No lo olvides. Tú eres el único que decides. 😉

 

El violin de Paganini

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Gracias a la gran recopilación de ” La culpa es de la vaca” puedo contaros esta interesante historia:

“Hubo un gran violinista llamado Paganini. Algunos decían que era una persona extraña. Otros, que había en él algo sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, y por eso nadie quería perder la oportunidad de verlo tocar.

   Una noche, el escenario estaba repleto de admiradores preparados para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. El director entró y recibió una gran ovación. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. El violinista se puso el instrumento en el hombro, y lo que siguió fue indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de aquellos dedos encantados.

   De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto. El director paró. La orquesta se calló. El público estaba en suspenso. Pero Paganini no se detuvo. Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos deliciosos de su violín atrofiado. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar.

   Cuando el público se tranquilizó, de repente otro sonido perturbador atrajo su atención. Otra cuerda del violín se rompió. El director y la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados, los músicos volvieron a tocar.

   Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes, asombrados, gritaron un «¡oohhh!» que retumbó por la sala: otra cuerda del violín se había roto. El director y la orquesta se detuvieron. La respiración del público cesó. Pero Paganini seguía: como un contorsionista musical, arrancaba todos los sonidos posibles de la única cuerda que le quedaba al destruido violín. El director, embelesado, se animó, y la orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo. El público iba del silencio a la euforia, de la inercia al delirio.”

 

  • Imagina que esto ocurre en tu ocupación, en tu vida diaria. Que de repente algo con lo que contabas, no está, desaparece, se rompe, no llega, lo olvidas… ¿cómo reaccionas?
  • ¿A qué o a quién te recuerda esta historia?
  • ¿Recuerdas alguna vez en que, a pesar de parecer que estuviese todo perdido, te sobrepusiste y alcanzaste tu meta?
  • ¿Encontraste una solución ante un “imposible”?
  • La mayor parte de las personas quieren alcanzar al gloria en sus respectivas ocupaciones aunque pocas están dispuestas a no rendirse ante el menor contratiempo. ¿Qué haces tú para ser diferente?, ¿para no desesperar?, ¿tienes siempre plan b, c..?
  • ¿Estás acostumbrado a tener siempre la razón y a no ver más allá de lo que esperas ocurra?
  • ¿Prefieres tirar todo el trabajo por la borda antes de ser creativo y perseverar en tu dedicación?

Aunque tu interior vaya, como el público, “del silencio a la euforia y de la inercia al delirio“, ¿cómo piensas que puedes empezar a ser tu propio Paganini?

¡¡Date otra oportunidad!! 😉

¿HACES OÍDOS SORDOS?

 

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LA RANITA SORDA

Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero y, cuando vieron lo hondo que era, le dijeron a las caídas que, para efectos prácticos, debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían que esos esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas atendió a lo que las demás decían, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez con más fuerza, hasta que finalmente salió del hoyo. Las otras le preguntaron: «¿No escuchabas lo que te decíamos?». La ranita les explicó que era sorda, y creía que las demás la estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para salir del hueco.

Piensa si en algún momento lo que alguien te ha dicho ha impedido o bloqueado algún proyecto, alguna acción o alguna conversación pendiente.

Recuerdas en algún momento que a pesar de lo que te decían los demás has conseguido tu meta. Cómo lo ves desde la distancia. ¿qué estrategia utilizaste?

¿Cómo puedes hacer que lo que te dicen los demás no te influya negativamente?¿qué es lo peor que podría pasar? ¡Cuenta con ello!

Quizás lo que te dicen los demás incluye sus miedos y sus limitaciones y tú sin darte cuenta estás haciéndolos tuyos. ¿Quién dijo miedo?

Y si todo eso que escuchas te impulsara en lugar de frenarte ¿harías oídos sordos?

Carnaval, ¿te quiero?

Carnaval

 

Seguro que no has pensado en que esto te pueda ayudar. Entiendo, que suena raro al principio. Sin embargo sé que después de reflexionar sobre ello, lo verás de modo diferente.

Aunque hasta ahora no lo hayas dado importancia, lo que piensas sobre ello,  lo que haces, es algo que refleja muy bien tu personalidad y que si  consigues sobreponerte  y dominarlo, en determinadas ocasiones, te puede aportar una gran victoria personal. Ese algo que, si tienes en demasía, puede ser un freno para tu proyección, que sin embargo puedes trabajar, es tu sentido del ridículo.

Por ejemplo, disfrazándote. A algunos les parece una actividad reservada a quienes les gusta  poner sal gorda a la vida, a otros les parece poco serio, hay a quienes verse feo o ridículo, les espanta nada más pensarlo. Sin embargo a otros, cualquier ocasión les parece estupenda para pasar de ser, desde una bailarina de ballet a alguien de la familia Potato y lo hacen entusiasmados.

Dándoles vueltas al tema, podemos pensar, entre otras miles de razones, que quienes se niegan a hacer este tipo de prácticas, suele ser porque realmente les importa demasiado lo que los demás piensan de la imagen que transmiten y que, de ninguna manera, pasarán por ser el centro de atención para ser el hazmerreír de los demás.Sin reparar en cuán pocas veces podemos ser causa de hacer pasar a los demás un buen rato.

Si os dais cuenta, incluso en las películas los grandes premios, son los que se llevan quienes caracterizados a peor, exhiben sin complejos todo tipo de imperfecciones en sus personajes. También hay algunas culturas que exacerban este sentimiento, siendo la vergüenza y que se rían de uno, a veces “delito de lesa majestad”. Sin embargo otras, en las que en su educación, mantienen el día del pijama para ir a clase, ir con la ropa al revés o disfrazados muy a menudo, tienen esta habilidad harto trabajada y son capaces de reírse de sí mismos con mayor naturalidad.

Además cuenta con la creatividad que puedes desarrollar buscando el mejor atuendo para tu personaje, reciclando cosas del baúl o haciéndolas tú mismo. Incluso, aunque cuentes con las críticas de que ha sido poco el esfuerzo, solo con comprarlo y vestirlo, trabajarás más habilidades de las que crees.

Muchos de nosotros necesitamos el anonimato de las masas o  alguna  ayuda extra para poder mostrarle al mundo que su opinión, nos puede importar en mayor o menor medida pero que somos capaces de sobreponernos, confiar en nosotros mismos, tirar de autoestima y salir a la calle con llamativas pelucas y estridentes colores.

Pocas ocasiones tenemos para trabajar nuestro sentido del ridículo adrede como en esta época. La oportunidad para entrenar ese sentimiento que te atrapa cada vez que te expones a los demás con tan buen humor, es única, para no desaprovecharla. Familiarizate con esas sensaciones de miedo y ansiedad en entornos donde te sientas seguro y pueda ser divertido.

Como nos preguntamos siempre, ¿qué es lo peor que nos podría suceder?

Parece al principio que puede ser algo inadecuado, poco serio, que puede afectar a quien eres pero, piénsalo un momento. Y si esto te ayudase a dar un gran paso en ese avance para que las circunstancias externas te diesen un poco igual y te atrevieses a hacer, a decir, a pedir, a preguntar muchas más cosas.

Y si este entreno, sirviese para que poco a poco fueses haciendo y diciendo lo que quieres sin esperar la aprobación de nadie. Y si cada vez fueses un poco más libre, ¿no sería maravilloso ese pequeño- gran azoramiento tras esa máscara o bajo esa peluca?

No dejes que todos estos “y si” carcoman tu mente. No evites estas situaciones, afróntalas cuanto antes y gana en seguridad y confianza.

 Ten unos segundos de coraje y demuéstrate que puedes vencer tus miedos con humor.

¿Y si acompañas a Georgie Dann? ¡no será genial!  😉

Libera a tu león

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“Fracasamos más por tímidos que por osados” David Grayson

Algunos tienen la suerte de encontrarse pronto con un pensamiento  parecido que les impacta e inspira, en sus primeros años, le echan arrestos y unos segundos de coraje. Otros, tardamos algunos años más en descubrir qué es lo que no nos está permitiendo llegar hasta donde queremos, e ir a la velocidad que nos interesa.

En muchas situaciones declaramos que “somos tímidos” con la intención de encontrar comprensión cuando erramos, buscando la aprobación de los demás, pero en realidad, no nos damos cuenta del verdadero perjuicio que nos estamos haciendo con esa aparentemente inocua declaración.

En realidad nos estamos dando permiso para que todo aquello que nos azora e incomoda, pase a formar parte de lo que aseguramos “no nos interesa”, a la vez que descartamos y eliminamos, sueño tras sueño, el éxito de nuestro futuro.

Seguro que muchos de nosotros nos sentimos identificados con aquella frase de Ingrid  Bergman “ Yo era el mayor tímido jamás inventado, pero tenía un león dentro de mí que no se callaba” y entonces el sufrimiento es doble hasta que lo liberas, puesto que tu “yo interior” no dejará de decirte insistentemente,  la cantidad de cosas que te estás perdiendo y la de puertas que te cierras a ti mismo con esa definición estúpida, a la que no pones remedio.

Una de las cuestiones en las que más incide esa declarada timidez es, en tus relaciones con  los demás, en tu vida cotidiana, donde apenas consigues sobrepasar el círculo de siempre y sin embargo sí enrocarte más en tu interior, pero donde verdaderamente se empiezan a cerrar tus puertas y a mellarse tu autoestima es en la asignatura troncal de todo aquel que quiere triunfar debe aprobar, hablar en público.

No es posible que vendas un proyecto, un negocio, tu propia persona, una idea… lo que sea, si no eres capaz de enviar tu mensaje.  Capaz de levantarte y decidir que ha llegado el momento de que se escuche tu voz para que produzcas ese impacto que quieres ver en el mundo.

A lo primero que te vas a enfrentar, casi seguro, es a la pregunta de ¿qué pensarán los demás de ti cuando te escuchen?, sin ser consciente de a qué poca gente le preocupa lo que tú hagas en tu vida. Sin embargo si practicas y lo haces bien, serás capaz de atraer su atención hacia tu mensaje sacándoles de su ensimismamiento.

Desear agradar y desconfiar de poder hacerlo, a veces es todo uno, pero si encima, las posibilidades de entrenamiento son mínimas, esa explosión en la autoconfianza que es, poder hablar en público, que yo aseguraría es de las cosas que más influyen en tu éxito, se esfuma.

Esto es  lo mismo que aprender a nadar sin meterte en el agua. Imposible. Hay estrategias, técnicas que puedes aprender, cursos y libros que puedes leer pero sin remover los obstáculos mentales y mantener el entusiasmo y la perseverancia,  te va a costar el doble para acabar, en el mejor de los casos, con un discurso artificial.

Te has dado cuenta de que en muchas ocasiones cuando hacemos esfuerzos para salir de nuestras zonas de confort necesitamos la coartada de las masas, elixires o de otras ayudas artificiales. De eso se trata esto, de entrenar para no buscar excusas  y poderlo hacer cuando lo necesites, sin más.

Comienza hoy mismo. Oblígate  a decir algo, en voz alta, en cualquier reunión a la que pueda asistir, asume el riesgo de que alguien te contradiga, de que  piense diferente, tu objetivo es romper esa barrera que te impide ser protagonista por unos minutos. Empieza ya solo  o consigue ayuda para entrenar.

Seguro que no es la primera vez que piensas en esto. Todo el mundo quiere empezar el año, yendo al gimnasio, comiendo bien, aprendiendo idiomas, dejando de fumar, comiendo sano… todavía no he escuchado a nadie que haga esta magnífica inversión en su futuro y en su vida:aprender a hablar en público.

Libera tú a tu león y será algo de lo que estarás profundamente orgulloso toda su vida.  

¿Aceptas la responsabilidad de tu vida?

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Decía Churchill que “el precio de la grandeza es la responsabilidad” y cuando lo leo no puedo más que  pensar que, ese esfuerzo gustoso, se considere un precio, no  es justo para  la  responsabilidad.

Ser responsable tiene anejo tantas virtudes que llegar a ser grande, si lo practicas, es un efecto directo de entrenarlo y no un precio que pagar.

Incorporar a tu vida el autoliderazgo, conseguir ser consciente de tus elecciones, de lo que dices y lo que haces en cada momento, poder decidir y saber que eres tú mismo quien dirige tu día, es ser responsable. Si hasta ahora contestabas lo primero que pensabas, hacías lo que te pedía el cuerpo y  luego buscabas excusas y culpables, fuera de ti, para justificarte. Eso ha sido hasta hace un momento. A partir de ahora eres responsable.

Pregúntatelo: ¿soy responsable de mi vida?, ¿voy a trabajarlo en serio?, ¿ estás decidido a cambiar?,¿prefieres seguir igual?

La responsabilidad del líder es al mismo tiempo fuerte, flexible y adaptable. Consiste en responder a las distintas situaciones de manera diferente a como lo harían los demás, sin  dejarse llevar por el miedo, la ira, el ego y su estado de ánimo en cada momento. Estando abierto a comprender y entender a los demás por encima de nuestras creencias y pensamientos. Sin procurar que sin tener nuestra mente y nuestra vida, piensen como nosotros, incluso sin explicarnos.

Que aquellas emociones negativas sean los motores de tu vida puede hacer que parezca al principio hayas ganado esa batalla. Poniendo todos tus recursos a su disposición, siendo reactivo, contestando lo que te pide tu primitivo, pero su naturaleza compulsiva y temporal harán que las recomendaciones y acciones que lleves a cabo bajo su influjo, sean lamentadas al poco tiempo o incluso produzcan efectos nocivos a largo plazo que requerirán el doble de tu atención.

Un ser maduro y responsable, tiene claro que su acción y su inspiración le trascienden y por ello procura que su ejemplo sea el mejor posible. Y si no es así no duda en reconocer su vulnerabilidad, su falibilidad,  pide perdón, enmienda y continúa con su crecimiento y su mejora.

Su ejemplo va antes que sus consejos y sus opiniones.

Un líder responsable ve el potencial que tienen los demás y piensa en cómo utilizar el suyo propio en su ayuda, para sacarlo a la luz de la mejor manera posible. Sin avasallar, ni dar lecciones con afán de superioridad. No antepone su ego y sus conocimientos a los demás, insistiendo en sobresalir, dejar clara su autoría y hacer de menos a quienes le rodean. Todo lo contrario.

Ser responsable es ir más allá y tener unas palabras de aliento, productivas que enciendan en los demás la llama de su autoestima con generosidad. Practicando esto, uno también se hace mejor porque desactiva lo peor de sí mismo, poniendo el foco en tocar la vida de los demás para infundir esperanza, ilusión, entusiasmo.

¿De dónde nace esta responsabilidad?

  • Del poder personal que te dan el autoconocimiento y el autoliderazgo, de estudiarte, analizarte, quererte y mejorarte cada día.
  • De evitar excusas para asumir las consecuencias de tus actos, las de tus equipos, las de tu familia, de tu vida. Aprender de lo que te ocurre y seguir adelante.
  • De acabar con la pereza, los dramas, las críticas, la resistencia al cambio, la terquedad y los lamentos.

Seguro que alguna vez te has planteado ser un líder y te ha parecido tan grande que lo has dejado, no lo has imaginado o te has rendido sin empezar.

Si decides llevar a cabo el intento definitivo, comienza por ser responsable. Potencia la acción y los resultados productivos y no busques excusas.

Buena semana!!!

Tu máquina de Pinball

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Reflexionar implica tiempo, parar, concentrarse, preguntarse, decidir, probar y finalmente cambiar si estás convencido.

En muchas ocasiones cuesta tanto tener tiempo, que la falta de él, es la excusa para no iniciarse en el proceso. No tener tiempo, no deja de significar que lo que te planteas no es una prioridad. Seguro que si te invitasen a embarcarte en un crucero gratis o ir a un concierto de tu artista favorito, el tiempo no sería una excusa.

Concentrarse.Con la cantidad de interrupciones que tenemos en nuestro día a día es difícil. Si no agendamos unos minutos para ello o hacemos el firme propósito de  concentrarnos en la tarea que estamos realizando sea la que sea comer, escribir, hablar…dejamos que nuestra mente salte de tarea a tarea y de pensamiento en pensamiento sin darnos cuenta de que afecta a nuestro rendimiento, a la correcta ejecución y por supuesto al disfrute y deleite.

Preguntarse. Uf eso no lo hacemos casi nunca y cuando lo hacemos, nos hacemos siempre las mismas preguntas, con la intención masoquista que nos hace querer olvidar esta tarea pronto. Nunca te quieres hacer esas preguntas que te harán avanzar por miedo a no saber o no querer admitir la respuesta.

Decidir. A cuántas personas preguntamos ¿y tú qué harías? Con unas cuantas pinceladas de nuestra situación aceptamos que los demás nos den su receta y a veces hasta la llevamos a la práctica sin pensar en si es lo que nosotros queremos, aunque quizá buscamos evitar tomar esa decisión o responsabilizar a otros de sus consecuencias.

Cambiar. Es de las pocas cosas  seguras en este mundo, que cambiamos. Acaso te ves igual que hace unos años, o piensas igual que entonces, sigues haciendo las mismas cosas. Te resistes a madurar o a crecer o salir de tu zona de confort.

Evitar este proceso, hace que vayas por la vida como si fueras la bola de una máquina de pinball. Que cada golpe que la “suerte” o el “azar” te da te lleva a un lugar diferente al que tú no tenías la intención de ir y sin embargo te adaptas ejerciendo el papel de víctima, en lugar de ser protagonista. Las luces te deslumbran y las persigues como si fuesen lo que quieres, hasta que un nuevo  golpe te envía de nuevo a lo desconocido y vuelta a empezar. Reconoces el lugar por el que has pasado cientos de veces pero no sabes cómo salir.

Cuando lees algo como “No esperes más, sal ahí fuera y haz que ocurra” sólo se te ocurren fenómenos paranormales para producirlo. En realidad no has tomado, ni planeado, ni decidido, cómo has llegado hasta donde estás.

Siempre podrás culpar a tus circunstancias, a tu situación económica, familiar y social  por lo que has hecho o por lo que nos has hecho en tu vida.

Siempre podrás esperarte a que tengas tiempo cuando seas mayor para entonces reflexionar y darte cuenta de que sólo te puedes lamentar de todo lo que no hiciste.

O puedes decidir tomar el protagonismo de tu vida. Coger esa energía que te da ponerte a los mandos y empezar a tomar decisiones que te vayan acercando a tu objetivo, a donde quieres ir.

Los mejores compañeros para mí en este camino han sido libros, aunque si quieres acelerar este proceso, descubrir tu potencial y encontrar tus herramientas para construir seguridad y  confianza haz como yo, únete al Coaching.

Crecer. Cambiar. Evolucionar. Descubrirme y hacer algo más, algo mejor o algo más importante es lo que me planteo cada mañana cuando me levanto.

 

Yo quiero salir de la máquina ¿y tú?

“Evaluación continua”

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“Aquel es un …”, “mi vecino es…”, “mi compañero es…”, “ mi pareja es…”, “ mi hijo es…”

Si has rellenado los puntos suspensivos con cuestiones positivas,  has modificado la oración o dudado sobre algún apelativo a adjudicar, ¡Enhorabuena!

En otro caso, sé que te interesará reflexionar sobre la evaluación  a la que sometemos a las personas sin ser incluso conscientes. Sólo tienes que estar atento a cuántas veces en una conversación adjudicamos juicios y vertimos opiniones en forma de adjetivos sobre personas, sin ni siquiera darnos cuenta.

Hasta ahora puedes no haber reparado en ello, pero vivir en el mundo de los juicios y las opiniones, asumiéndolos a modo de observación objetiva y de manera inconsciente, te puede estar causando más de un problema, precisamente porque como tú lo haces, juzgar, también te afecta que otros lo hagan sobre ti, no siendo inocuos sus comentarios para la montaña rusa en la que habrás subido a tu autoestima.

Piensa en tu trabajo, con tus empleados, tu jefe. En tu casa con tu familia, con tus amigos. Cuántas veces dices que “ellos son” algo. Esa insostenible y no continua evaluación de una simple acción, que no llega a los estándares que tú exiges para considerarla buena, de repente se pega a la persona etiquetándola para siempre, dándole pocas oportunidades para el cambio.

En primer lugar porque, como te afecta la opinión de alguien a quien le otorgas esa autoridad,  tú crees que eres eso y en segundo lugar para no decepcionar a tu público,¿ para qué cambiar?

Si tú crees que eres o no eres algo, difícilmente estarás abierto al cambio y al aprendizaje porque ser parece un marchamo de serie que te acompañará siempre.

Cuántas veces has oído hablar a personas de alguien que conoció o trató hace años, o que ha visto o tratado una o dos veces y le describe como si hubiese sido fruto de una evaluación continua hasta este momento, cuando en realidad habla de una foto congelada del pasado de la persona.

Como si el cambio no tuviese lugar en la vida de las personas, como si los acontecimientos vitales tanto positivos como negativos no tuviesen impacto en nuestro aprendizaje o en nuestro ser.

 Lo que no parece justo, a mi entender, es que juzguemos a nadie por minutos o acciones de su vida, sin darles la oportunidad de cambiar o mejorar. O que extrapolemos un comportamiento extemporáneo a todos los ámbitos de su vida.

Es cierto que quienes hacen estos juicios tan negativos de los demás también son duros con ellos mismos pero esa reciprocidad no les exime de no generalizar y agotar la libertad que tienen las personas para ejercer su libre albedrío.

 Si pensamos que podemos cambiar lo que somos, abrimos una puerta al aprendizaje y si además tenemos a alguien cerca que nos ayude a dejar de ser lo que nunca fuimos o a dejar de tener la imagen que congelaron de nosotros, más que mejor.

Ni siquiera hace falta que nos lo pidan, concedamos la oportunidad de desligarse de sus propios fantasmas a todos los que nos rodean y dejemos de unirles a situaciones, acciones y eventos pasados que no son potenciadores.

Os cuento mi propósito para 2015 a este respecto: Gracias a alguna conversación con buenos amigos y al sabio consejo del más pacificador, 😉 junto con algunas películas con humor sobre tópicos me han llevado a un firme objetivo: llamaré a todo el mundo por su nombre, no me referiré a nadie, ni por  apodos, cariñosos o no, ni epítetos, ni apellidos, sino por lo que según Carnegie es la palabra que a todo el mundo le suena a música celestial “su propio nombre”.

¿Desempleado? ¡Actívate!

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El coaching es un proceso para alcanzar las metas y objetivos que te propongas o para indagar sobre los cambios que quieres  hacer en tu vida.

Cuando estamos desempleados, aunque estemos rodeados, nos sentimos un poco solos  en  esta situación que  hace mella en nuestra autoestima y  mueve pilares fundamentales en nuestra  vida. Incluso evitándote que veas oportunidades que pasan cerca de ti y  tengas otras perspectivas.

Te tienes que enfrentar a situaciones familiares y personales nuevas para ti y a emociones negativas que nunca habías tenido antes. Tienes la sensación de no poder manejar la incertidumbre y la inseguridad que son habituales ahora en tu día.

Necesitas ser escuchado,  investigar por ti  mismo, todo eso,  qué es lo que sientes, escuchas y ves  y para qué te sirve.  Si necesitas ayuda, no lo dudes.  Actívate, identifica tus emociones para que tengas  las herramientas necesarias y te enfrentes con fuerza a este reto  y  recuperes la confianza y la seguridad en ti mismo.

El coaching ve las crisis personales como auténticas oportunidades de cambio. No es terapia psicológica, ni trata de resolver ningún trauma, por eso es más rápido que otras disciplinas y seguro que te ayudará.

Mi compromiso social  personal con quienes estén en esta situación es que, este proceso, que en principio sería demasiado costoso para ti, tendrá sólo el valor del 10% de mi tarifa habitual y por lo tanto podrás beneficiarte de él.

Te cuento la mecánica:

Es un proceso que dura entre 8 y 12 sesiones, depende de los avances que vayas haciendo y de lo que quieras trabajar.

 Las sesiones son una vez a la semana y duran  entre una hora y hora y media. Por lo que el proceso se extiende alrededor de dos o tres meses.

 Entre las sesiones tú mismo te propones un Plan de Acción para llevar a cabo la siguiente  semana,  entrenando  nuevas habilidades y  que posteriormente evalúas.

¿Estás harto de estar en casa castigándote?, ¿quieres empezar un nuevo camino?, ¿qué hoy sea un antes y un después en tu vida? . Da el primer paso, ponte en contacto conmigo a través de aruca@arucacoach.me 

Nice to coach you!! 😉

Algunos de quienes han hecho el proceso dicen de él:

“Con ayuda de Aruca durante un proceso de grandes cambios personales y profesionales he logrado canalizar mi potencial y fortalezas.
Las herramientas aprendidas con ella siguen siendo “clave” para estimular mis capacidades y desarrollo en todos los ámbitos de mi vida.
He disfrutado y aprendido mucho en esta fase de metamorfosis.
Coach ….. “ en continua evolución “…… lo recordaré siempre ¡¡¡

 R.M.

“Me sirvió para sentirme más segura, aumentar mi autoestima, reconocer mis defectos, ser más positiva, intentar ser más feliz cada día y por supuesto aprendí técnicas para lograr poco a poco todo esto. Aún me queda mucho por lograr.
Se lo recomendaría a todo el mundo. Y creo que sería muy recomendable para los directores de equipo de cualquier empresa.”

B.V.

“He tenido la suerte de contar con Aruca como coach. Es una profesional íntegra y honesta, que estableció confianza y cercanía desde la primera sesión. Ha sabido escucharme activamente y motivarme, marcándome y ayudándome a planificar unas metas para alcanzar los objetivos planteados. Promueve la autodisciplina y motivación para desarrollar las habilidades personales. Hoy en día no estaría donde estoy de no ser por ella”

A.C.

“Aruca proporciona un servicio de coaching muy interesante,intensivo y metódico basado en la búsqueda de respuestas a las dudas respecto de las capacidades personales y profesionales.Una reorientación en donde como interesado he logrado despejar en gran medida las inquietudes que enmarañan e impiden ver los deseos subyacentes de crecimiento profesional.”

D.P.

Lo que no se ve

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Cuando vemos a alguien que, a nuestro juicio, tiene una limitación física, rápidamente se mezclan en nuestra mente distintas emociones que se revuelven  y combinan, casi siempre basándose en lo obvio, lo que se ve,  para acabar compadeciéndola y  agradeciendo no estar en su misma situación.

Seguramente por miedo no hemos entablado una conversación con ella acerca de cómo ve y siente ella misma eso que nosotros desde nuestra “cómoda” posición, consideramos limitación. Si no, podríamos observar y reconocer cómo muchas de las limitaciones y miedos que pueden exteriorizar, coinciden con los que nosotros mismos tenemos  y a los que no damos demasiada importancia, sólo  porque a simple vista no se ven.

Lo que ocurre en ambos casos es que el efecto final, que nosotros vemos tan evidente en cuestiones físicas, es prácticamente el mismo, ejerce una limitación mental en nosotros y es, que al servirnos de excusa, ni siquiera lo intentamos.

En el elaborado proceso de esconder nuestros miedos tras estas “evidentes razones”, atacamos al contrario, desarrollamos comportamientos conservadores y no arriesgamos lo más mínimo para no enfrentarnos a lo que en nuestra mente está escrito en letrero luminoso que alerta ¡Fracaso! o al esfuerzo que conlleva conseguirlo.

Además esa conmiseración que desarrollamos al verlo desde nuestra exigua experiencia y sin ponernos en sus zapatos, nos hace ser excesivamente permisivos, no impulsar ni entusiasmar  a los demás porque pensamos que nosotros no podríamos hacerlo en su lugar. Sin ser conscientes de que hay muchas personas que, animadas por su entorno, han sido capaces de grandes gestas sólo porque creyeron en ellos.

Todo lo que se realiza con maestría lleva aparejadas miles de horas de entrenamiento que en caso de, no creer que puedes, no habrán tenido lugar, por lo que incluso no llegarás a ser siquiera aprendiz de nada.

Hay quienes  no queriendo ser partícipes de estas limitaciones se exceden en sus críticas y vapulean con la intención de mover a la acción sin empatía alguna, como si trasladar  a otros el discurso que ellos mismos  merecen mitigase su responsabilidad y sacase a empujones a los demás de su zona de confort.

Entre las dos posiciones  conseguir que volvamos a creer en nosotros mismos y desarrollemos un equilibrio que empodere a la persona, sin minar su autoestima y sin que se sienta agredida o amenazada es el reto.

 

¿Te atreves?

¿Sabelotodo o aprendiz?

sabelotodo

 

 

Hay dos conceptos que incluye  Fredy Kofman en su libro “Metamanagment” , ” Sabelotodo” y “Aprendiz” que me han parecido  curiosos y quiero compartirlos contigo porque, seguro, van a ayudarte a  que te conozcas mejor.

Esta historia que narra te situará:

“Supongamos que un sabelotodo y un aprendiz caminan lado a lado hacia la oficina. Se larga un chaparrón que los empapa. Cuando llegan, la recepcionista les pregunta: “¿Qué pasó, por qué se mojaron?”. El sabelotodo contesta “Nos sorprendió la lluvia en una zona sin resguardo”; el aprendiz, por su lado, replica “No pensé en traer paraguas”. Uno se moja porque llueve y porque no tiene paraguas. El sabelotodo le echa la culpa a la lluvia, el aprendiz asume la responsabilidad de no haber tomado un paraguas. Las dos explicaciones son verdaderas, pero solo la segunda genera la posibilidad de modificar el efecto no deseado (mojarse) a pesar de las circunstancias incontrolables (la lluvia).”

Estas dos  categorías que Kofman aseguran conviven dentro de nosotros: el sabelotodo y el  aprendiz, se combinan de distintas formas en los distintos ámbitos de nuestra vida, en nuestra vida personal, familar, en el ámbito laboral.

Dice Kofman ahondando en el término que “El sabelotodo no es quien lo sabe todo. El sabelotodo es aquel que deriva su autoestima de estar en lo cierto. El sabelotodo es extremadamente frágil. Sin el reaseguro permanente de la certeza, se siente tremendamente expuesto y vulnerable. Su ego es como un cristal: duro, inflexible y quebradizo. No hay peor amenaza para él que las piedras de la incertidumbre que el mundo le arroja sin cesar.”

“Para salvaguardar su autoestima, el sabelotodo tiene que explicar los errores recurrentes sin asumir responsabilidades. Dado que él tiene siempre la solución correcta, la causa de los problemas, necesariamente, debe obedecer a algún tercero que no aplica en forma debida esa solución”

El sabelotodo da : “Explicaciones tranquilizantes” son aquellas que atribuyen exclusiva causalidad a factores que se encuentran fuera del control de quien explica. Permiten mantener la ilusión de la competencia personal frente a la realidad del fracaso. Explicaciones que llevan a cabo, como salida de emergencia,  los sabelotodo, para no sentir merma en su autoestima

“Por otro lado el Aprendiz es aquel que privilegia las explicaciones generativas. Reconoce la importancia de los factores que se encuentran fuera de su control, pero se concentra en las variables que puede modificar.

Para ser aprendiz, es necesario arraigar la autoestima en el éxito a largo plazo, más que en la gratificación inmediata de tener la razón.

El aprendiz comprende que todo resultado es consecuencia de la comparación entre un determinado desafío del entorno y su capacidad de respuesta (responsabilidad) frente a él.

Si quisiéramos expresar esto en una fórmula podríamos decir:

Resultado = Capacidad de respuesta – Desafío ambiental

Si el desafío es mayor que la capacidad, el resultado será negativo. Si la capacidad es mayor al desafío, el resultado será positivo. Para transformar un resultado negativo en uno positivo es necesario reducir el desafío ambiental o aumentar la capacidad de respuesta.”

En mi dedicación, me declaro aprendiz , y trabajo a diario aumentar mi capacidad de respuesta, sin infravalorar el desafío ambiental. Me encanta reflexionar sobre cuál es mi tendencia en otros ámbitos de mi vida para observar en qué extremo me sitúo en cada caso, conocerme mejor  y saber  cómo puedo equilibrarme.

Tú ¿te animas?

¿Cómo es tu imagen de ti mismo?

visualizarte

 

He de confesar que hasta hace unos años todos mis retos pasaban por construir una férrea fuerza de voluntad sobre la que descansaban horas y horas de esfuerzo que también he de reconocer, tenían su recompensa.

Sin embargo desde que mi curiosidad por el desarrollo personal comenzó a crecer, empecé a investigar y a relacionar conceptos, añadiéndole a la práctica, información y refuerzo científico para mejorar mi estrategia, entonces empecé a utilizar la autoimagen o la visualización, menos esfuerzo, mejor resultado.

A partir de entonces entendí que la imaginación bien utilizada es una herramienta poderosa para impulsar objetivos y retos  y no sólo una máquina de magnificar malos augurios y acrecentar  miedos.

Dedicar al menos 30 segundos cada día a visualizar quien quieres ser, produce un increíble entusiasmo y una decidida disposición a poner todo de tu parte para conseguirlo.

Esta visión tiene que estar llena de detalles y se rememorada continuamente para hacerla cada día más potente. Debiendo superar a todos esos mensajes negativos que nos decimos a nosotros mismos a diario, sin cuestionarnos.

Muchos deportistas lo hacen para visualizarse en sus encuentros y  partidos, en los que fijan los detalles en su imagen física, recordándose con la  ropa exacta, en el campo que se va a celebrar, dando los golpes o tiros que van a ejecutar, con cuanto más detalle mejor.

Un simple pensamiento, cualquier día, ya te auguro que no servirá para mucho. Seguro que si lo asemejas a que sueñes despierto, te es más fácil hacerlo y recordarlo.

Ya claro me puedes decir que después si no lo consigues el golpe es más duro, pero está demostrado por neurocientíficos( puedes ver el video al final del post) que ser optimista en nuestras expectativas, lejos de perjudicarnos, nos ayuda a ser más felices que en el caso contrario y  que a pesar de que somos conscientes de que podrían no llevarse a cabo, el efecto en nuestro ánimo y en nuestra vida es el mismo que si fueran realidad. Imaginad el poder de los pensamientos.

En lugar de dejar salir automáticamente todas esas imágenes y pensamientos negativos, nada potenciadores, podemos comenzar nuestro entrenamiento de autoimagen para conseguir el efecto contrario.

Por ejemplo si tienes que hacer una presentación piensa en dónde va a ser, cómo te vas a mover, a  hablar,  cuál va ser tu imagen, y visualízate teniendo éxito, sintiéndote orgulloso de tu presentación. Esto es un pequeño detalle para un evento pero lo puedes hacer para todos los ámbitos de tu vida.

Es esencial que tú mismo te veas capaz de llegar donde tú quieres, porque esa fortaleza que se construye desde el interior, será la que te acerque más a tu objetivo, si te acostumbras a verte en esa situación, lógicamente te será más fácil creer en ti mismo para llevarlo a cabo.

Tú actúas como la persona que crees que eres, sino entrenas una visión entusiasta, no serás capaz de motivarte y quitarte de encima tus limitaciones. Y con esta sencilla práctica de manera regular podrás ir avanzando cada día un poco más hacia tu meta.

 

Maneja tu propia imagen o seguramente será algo externo lo que te maneje a ti.

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Tu jaula

 

jaula

 

En cuántas ocasiones hemos pensado que tomar una decisión acerca de una situación que nos atañe era imprescindible  y no lo hemos hecho.

Hemos preferido ir construyendo con cada pensamiento un barrote de nuestra jaula en la que cada vez era más difícil moverse y nos costaba hasta respirar.

La ansiedad de atisbar un futuro nada halagüeño ha sido la excusa para seguir disfrutando de ese aire irrespirable, de esos pensamientos que iban minando nuestra determinación, nuestra autoestima, nuestro entusiasmo, nuestra ilusión. Despojándonos de todo lo habíamos construido con esfuerzo.

La mente es clave en nuestra actitud, si demoramos mucho estas decisiones, esa actitud no sólo flaquea, si no que nos pone en una situación cada vez más difícil que afecta a nuestro propio ser. Dudamos de nosotros mismos.

Lo que hacemos o tenemos no puede ser una puerta abierta para que cualquier circunstancia haga temblar los cimientos de nuestra propia persona y nos cuestionemos nuestras habilidades y capacidades, de manera que una vez heridos  podamos ser pasto de cualquiera desalentadora opinión.

Todas las personas tenemos aptitudes que desarrolladas con la apropiada actitud hacen que florezcamos en  aquello  a lo que nos dedicamos con la conciencia de tener una misión, valorándose  nuestras aportaciones y dándonos la suficiente confianza para que el estrés, ese gran enemigo de todo lo que fluye entorno al talento, no nos deje navegar en cortisol y nos exponga a infinidad de enfermedades, dejando paso a la serotonina y la dopamina como animadas compañeras de viaje.

Lo que hacemos o tenemos no es lo verdaderamente importante, tampoco lo que los demás piensen sobre nosotros. Lo importante es lo que nosotros mismos pensamos. No hace falta vivir un episodio traumático que nos desespere para resurgir de nuestras cenizas o plantearnos qué es lo importante, de cada momento,  de hoy de ahora y disfrutarlo.

Agradecer constantemente lo que somos y lo que podemos disfrutar a nuestro alrededor sin necesidad de esforzarnos siquiera es una buena receta para alejar los tiempos de tribulaciones en los que todo nos parece navegar en aguas fieras y procelosas, sin la nave adecuada.

Cada minuto que pasa y sigues donde estabas sin tomar una decisión, una mínima acción, que te acerque a tu objetivo o que te aleje de ese foco de malestar, estarás haciendo más y más pequeña tu jaula.

Sólo se necesitan unos segundos de coraje al día, cada día, para levantar un teléfono, escribir un correo, hablar con alguien o hacerte las preguntas que evitas constantemente para no seguir haciéndote el harakiri, dar un paso al frente y ver que no ocurre nada.

Siempre vuelve a salir el sol, no desaproveches tus noches pergeñando pesadillas.

Darte cuenta al final de tu vida de que has huido en su mayoría de fantasmas que tú mismo creaste, será seguro un lamento más. No merece la pena invertir tanta energía. HAZ ALGO.

Yo, primero

 

yoprimero

 

 

Aristóteles muy acertadamente definió la virtud como el término equidistante entre dos vicios, y sobre ese ansiado lugar y respecto de nuestras necesidades, quiero reflexionar hoy.

 Aunque no quererse uno mismo, desdeñar siempre  las necesidades de uno y anteponer las de los demás  por encima de todo, tiene devastadoras consecuencias sobre la construcción de la autoestima y la sana relación con los demás, hoy quiero hacer hincapié en el otro “vicio”, en la de las personas que apenas consiguen salir de sí mismas, de sus tribulaciones y problemas, para preocuparse por los demás.

La mayoría de las personas que enfocan y centran toda su atención en sí mismos, dedican mucho de su tiempo a buscar qué es lo que están perdiendo en sus vidas y a tratar de recuperarlo sin mucho acierto.

Además como explica Menninger en la búsqueda de estas necesidades producen efectos colaterales que seguramente te interesará saber:

Si buscas sentido de pertenencia, te sentirás inseguro

Si buscas sentido de la valía, inferior

Si es sentido de la eficiencia, inadecuado

Y si buscas sentido del propósito insignificante.

Esto es producto principalmente del ensimismamiento que provoca no darse a los demás, no  interesarse por ellos y por cómo ayudarles  y no parar de surfear la ola de cómo estoy, qué voy a  hacer con mi vida, qué me falta para tal o para cuál  cuestión, etc.

Estas disquisiciones se agolpan en nuestra mente precisamente porque somos nuestra única preocupación, ¿en qué repercute?, en todo, en nuestra productividad, en nuestro ánimo, en nuestra energía, en todo nuestro ser y no para beneficiarnos precisamente.

 Desarrollar una estrategia de ayuda a los demás es una de las soluciones  que puedes implementar y que te ayudará más a salir de ese bucle.

Incluso, quizá, te estás tomando muy en serio y un poco de humor y reírte de ti mismo también te irá bien.

 Si quieres empezar a trabajar esta estrategia, que además te evitará que pienses en ti, en tus fracasos y tus debilidades, sigue los pasos que recomienda John C. Maxwell:

  • Pon a los demás primero en tus pensamientos. En lugar de pensar en tu comodidad, tu percepción y tu estricto interés, interésate en hacerlo con los demás.
  • Descubre lo que los demás necesitan. Escucha y añádeles valor.
  • Satisface la necesidad con excelencia y generosidad. No hagas las cosas a medias y tampoco las hagas para quejarte, refunfuñar o presumir. Espera a que cristalice la satisfacción personal.

Y en lugar de todas esas cuestiones con las que te bombardeas a menudo sobre ti, también cuestiónate sobre:

¿A quién estoy beneficiando con mi vida?

¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?

¿A quién estoy levantando que no puede hacerlo por sí solo?

¿A quién estoy dando ánimo diariamente?

 

Despreocúpate por fin de ti.

Foto:F5onlinerevista

Cortar por lo sano

 

cortar

Alguna vez has sentido que estabas harto de tu entorno, que el aire se hacía irrespirable y necesitabas cortar por lo sano, cambiar de ambiente, renovarte, irte lejos. Te sobra y te molesta todo y no sabes cómo salir de ese bucle aunque ni siquiera te has planteado saber cómo has llegado hasta aquí.

Seguramente no has reparado lo suficiente en que todo lo que posees en esta vida es tiempo y a quienes se lo dediques o a lo que se lo dediques, marcará la diferencia. Por lo que si tú mismo no lo valoras, ¿por qué lo van a hacer los demás por ti?

Muchas veces crees que anteponer a tus propios gustos, preferencias y necesidades las de los que están a tu alrededor es un signo de altruismo y generosidad increíble pero cuando a veces te das cuenta de que este ejercicio no produce los efectos que a ti te gustaría, empiezas a generar ese malestar que te hará estallar.

En realidad que dediques tú  tiempo a los demás es una cuestión que puedes decidir hacerla en la cuantía que te plazca, la cuestión es si esa dedicación es elegida conscientemente o  está en realidad ocultando que no te dediques a ti mismo el tiempo que necesitas o que no lleves a cabo la toma de decisiones que necesitas en tu vida o que tu tiempo, no  lo estés valorando en su justa medida.

Es cierto que ocuparte en exclusiva de tus ocupaciones y preocupaciones no te llevará mucho más lejos puesto que éstas son ilimitadas y no te compensará dejar la utilidad de las neuronas espejo sin desarrollar, no trabajando tu empatía con los demás. Tu dedicación exclusiva conseguirá que  tengas una sensación de vacío, de insatisfacción constante y de falta de propósito en la vida.

Cualquiera de los dos extremos te hará que crezca ese malestar, tanto  no estar pendiente más que de ti mismo, como estarlo sólo de los demás, con la intención de no prestarte atención y tener que tomar decisiones, aprender a ser asertivo y a decir que no, pensando en tu salud y  valorar tu tiempo, que es lo único que de verdad tienes y del que apenas sabes cuánto vas a poder  disfrutar.

Antes de tomar una decisión radical, hay muchas opciones y oportunidades de grises que seguro que te ayudarán a construir un papel en el que te sientas protagonista por méritos propios. Busca una solución en la que te encuentres a gusto, si es lo que tú quieres y no lo que crees que a los demás les gustará o lo que esperan de ti o simplemente querer su aprobación o apreciación … seguro así, la podrás mantener frente a todo.

Hay pocas cosas que te hagan ser más infeliz que intentar agradar a todo el mundo.

De todas formas si sigues disponible para lo que quieran lo demás a cualquier hora, avisa yo también tengo tareas para ti. 😉

¿Cómo buscas tu camello?

camello

 

Encuentro muy inspirador este cuento sufí para ilustrar una experiencia que muchos afortunados sentimos cuando conseguimos, hacer un alto en el camino en nuestras ajetreadas vidas, nos proponemos reflexionar sobre adónde queremos ir y del gozo que supone encontrar ese click, ese momento “ajá” que nos hace de repente hallar nuestra senda.

EL CAMELLO PERDIDO
En el momento en que la caravana ha llegado para hacer un alto, se te ha perdido tu camello. Lo buscas por todas partes. Finalmente, la caravana sale de nuevo sin ti y cae la noche. Toda tu carga ha quedado en el suelo y tú preguntas a todos:
“¿Habéis visto mi camello?”
Incluso añades:“¡Daré una recompensa a quien me dé noticias de mi camello!”
Y todo el mundo se burla de ti. Uno dice:“¡Acabo de ver un camello de pelo rojizo y muy gordo! ¡Se fue en esa
dirección!”
Otro: “¿No tenía tu camello una oreja rota?”
Otro: “¿No había una manta bordada en la silla?”
Otro más: “¡He visto irse por allí un camello con el ojo reventado!”
Así, todo el mundo te da una descripción de tu camello con la esperanza de aprovecharse de tu largueza. En el camino del conocimiento, son numerosos los que evocan los atributos de lo Desconocido. Pero tú, si no sabes dónde está tu camello, sí que reconoces la falsedad de todos estos indicios. Encuentras incluso a gente que te dice: “¡También yo he perdido mi camello! ¡Busquemos juntos!”
Y cuando por fin viene alguien que te describe realmente tu camello, tu
alegría no conoce límites y haces de ese hombre tu guía para recobrar tu
camello.

En muchas ocasiones cuando te sales del circuito establecido, del “supuesto” ciclo vital que “debes” seguir, te sientes solo, raro, incómodo. No hacer lo que todo el mundo hace o estar  en una situación diferente, te hace plantearte una y otra vez, “¿ qué es lo que estoy haciendo mal?”.

En lugar de ser capaz de ver en qué te está ayudando esa situación, qué aprendizaje estás obteniendo y para qué te va a servir en el futuro haber vivido esa experiencia, te lamentas y avergüenzas, infravalorándote y autocriticándote, con los porqués.

Esta lucha interior se extiende buscando en los demás que te escuchen y obteniendo en su lugar miles de consejos sobre algo que nunca han experimentado y sobre lo que tienen sobre todo prejuicios, tópicos y una exigua experiencia.

Aún así en tu búsqueda sigues haciéndoles partícipes de tu intranquilidad y de tu necesidad,  obteniendo a cambio más inseguridad, las preguntas erróneas y  consejos que te sobran y atormentan.

Otros creen que dándote la razón y acompañándote con su misma vivencia desde el prisma negativo ayudan, pero en realidad se hunden contigo, arrastrándote a la impotencia y a la desesperación, dejando que te refociles y te estanques en tus males. Haciendo válido que el mal de muchos es el consuelo…

Busca a quien te ayude a describir con exactitud tu camello, al que te ayude a que le encuentres tú, que eres quien mejor le conoce, a herrarle de nuevo, alimentarle con lo que tú sabes que necesita para estar mejor.

No dejes que nadie te traslade sus problemas y te aleje con sus miedos de perseguir tu propio camino, de conseguir  tu sueño. Busca a quien te ayude a dar un paso  cada día para estar más cerca de él.

Nadie dijo que fuese fácil pero esa alegría de encontrarla es digna de sentirse. ¡Suerte en tu búsqueda!

¡Buen fin de semana!

¿Te gusta conducir?

conducir

Tanto esa pregunta como el eslogan “No podemos conducir por ti”  te sonarán familiares, y a mi me resultan dos frases idóneas para introducir y reflexionar en este post.

Hoy quiero hablar sobre la responsabilidad y lo importante que es respecto de la construcción de la persona, de su autoestima, a través de sus decisiones y de los objetivos que queremos conseguir.

Algunas veces cuando miramos hacia atrás para coger herramientas y lanzarnos más lejos en el impulso, nos damos cuenta de que muchos de los movimientos que hemos hecho en la vida han sido fruto de miles de cuestiones ajenas a nuestra propia y consciente decisión, a veces ni siquiera podemos encontrar una causa o una motivación para explicar muchos de nuestros movimientos.

Pocas son las personas a las que se acostumbra a tomar decisiones y a sufrir sus consecuencias a temprana edad, que sería lo ideal. Muchos de los que nos rodean en su afán  por protegernos  elijen  lo que creen, es mejor para nosotros, van cortándonos ramitas del árbol de la autoestima y en algunos casos, acabamos siendo altamente dependiente de los demás, necesitando su aquiescencia u opinión  para cualquier cuestión.

Cuando nos empezamos a dar cuenta, la mayoría ya hemos incluso terminado nuestros estudios sin tener muy claro si era lo que queríamos hacer o el devenir de la vida y la fuerza de la herencia, de la inercia  o del propio desconcierto nos han llevado hasta allí.

Con lo cual, al no haber sido una decisión consciente no la valoramos como propia e intentamos colgar nuestra carga en ese inspirador familiar o amigo al que le debemos nuestra detestada dedicación. A partir de ahí, hay veces que entramos en un bucle que supone el inicio de un camino plagado de bandazos de los que tampoco nos responsabilizamos y que nos hacen altamente infelices, a pesar de que algunas veces incluso en esos empleos tengamos una buena remuneración.

Pues buenas noticias, ¡nunca es tarde! si hasta ahora has ido en  el coche, en el asiento de atrás para no ver el camino y te has prestado a ir donde te lleven, sin preguntar o eras el copiloto y de vez en cuando has hablado con el conductor u opinado sobre el  cambio de destino sin ningún éxito, ¡estás de suerte!, hoy mismo puedes empezar tu vida activa y ponerte al volante, decidir dónde vas, cómo vas, cuándo vas a parar, con quién vas a ir, qué GPS vas a seguir y configurarlo tú mismo, con tu propio criterio.

Comenzar una vida activa en la que seas consciente de tus decisiones, tendrá un impacto brutal en tu vida. Ya no pasarás tiempo buscando culpables o excusas, sólo hablarás de resultados, que aunque no sean siempre los esperados, serán tuyos, porque los has buscado, conscientemente, tú  y por ello aprenderás de ellos en cualquier caso.

Piensa qué ocurriría si te hicieses responsable de cada palabra que dices, de tus sentimientos, de  tus acciones en todo momento, de  tu felicidad.

¿Qué va a ocurrir a partir de ahora cuando las cosas no vayan bien en qué te vas a convertir, qué te va a procurar esa nueva imagen tuya?

 

Imagina cómo va a ser esa nueva actividad, qué va a significar en tu salud, en tus relaciones, en tu carácter, en tu desarrollo, en tu bienestar económico, con tus amigos, en tu autoestima.

 

¿Cuánto esfuerzo y perseverancia vas a ser capaz de emplear para coger el volante y lanzarte en tu propia aventura vital?

 

Cada minuto que pasa es una oportunidad para hacerlo.

No dejes que conduzcan por ti 😉

foto:educavialroquetas