Me he esperado a después de las votaciones para no influir 😜en las elecciones merengues ni regalar una excusa más sobre el resultado, aunque esto esté escrito desde el viernes.
Como no eran elecciones políticas en sentido estricto y, además, los contrincantes parecían venir de mundos muy distintos, pensé que veríamos algo diferente. Pero no. Hemos vuelto a comprobar que las lógicas del poder se parecen demasiado en todas partes.
El que manda desde hace años desprecia al aspirante, lo minimiza, lo trata como una anécdota y, precisamente por esa soberbia, acaba elevándolo de molestia insignificante a amenaza real. Pocas cosas fortalecen tanto a un rival como la arrogancia del que cree que ya lo tiene todo atado. Podían aprender de otros que ignoran y directamente apagan a sus competidores “pay per do”.
Los de fuera, al intuir que puede haber cambio o al menos recambio futuro, tampoco quieren comprometerse demasiado. Se acercan lo justo al nuevo, le dan algo de foco, le prestan visibilidad por si acaso, en nombre de una democracia que en otros ámbitos no suelen defender con el mismo entusiasmo si contradice su línea editorial, es decir, a quien manda o de nuevo a quien paga.
A partir de ahí empieza el espectáculo. Pancartas- meme, marquesinas, apariciones en programas de toda clase, debate sobre la privatización o no del club, sobre la participación de los socios, promesas, fichajes y una batalla de relato que confirma que nada nos atrae más que contemplar la pelea desnuda por el poder. Todo una historia paralela.
Otra cosa es lo que pase durante internamente que, como en los partidos, incluso agradecemos que nos lo ahorren y lo que pase después. Porque los pesebres suelen defenderse bien y los reinados largos dejan demasiados intereses organizados a su alrededor. Aunque se reúnan los damnificados de años de mando, el sistema suele saber protegerse.
Y mientras sobre el Bernabéu sobrevuela el síndrome del príncipe Carlos, ya parece ordenada la sucesión para que, a la larga, Lampedusa vuelva a imponerse en el 30 y que todo cambie lo suficiente para que no cambie casi nada.


