Prueba y error

ensayo

 

 

“No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.” Thomas Alva Edison

 ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta frase?

A mí el enorme número de soluciones que probó.

¿Esto qué me dice de esta persona?

Que es un fracasado, que debería estar avergonzado de no haber acertado antes, que tenía demasiado tiempo libre, que no estaba a la altura, que debería haberlo llevado en secreto…

Seguro que ninguna de las opciones anteriores ha pasado por tu cabeza al leerlo y sin embargo son muchas de éstas las que te aplicas a ti, cuando algo no sale bien. Pensar así, hace que seas menos innovador, creativo, que apenas salgas de tu zona de confort para arriesgar en alguna cuestión personal o de trabajo y que intentes por todos los medios esconderlo cuando ocurre, con lo que tu gasto energético se volverá  ingente para tapar tanto agujero negro.

En algunas personas ocultar esto y querer parecer un superhéroe al que todo le resulta natural que parece que nació dominando habilidades y no necesita “masterizar” nada, les encanta. Quizá les reporte beneficios personales y les merezca la pena el esfuerzo , querer mantener esa apariencia, pero si reflexionasen un poco y fuesen justos y sinceros consigo mismos, acabarían concluyendo que esas habilidades son fruto de emular a alguien de su entorno, de los aprendizajes  a los que cada uno ha tenido acceso y del entrenamiento al que se ha sometido. ¿Para qué quitarse mérito?

Las aptitudes pueden ser innatas o adquiridas pero de las personas depende el entrenamiento o  no de las mismas. Y es donde triunfa la actitud y los mensajes que enviemos.

En el caso de tener responsabilidad sobre otras personas, el no reconocer el proceso de aprendizaje, haciendo hincapié en los errores y fallos que se hayan podido cometer o en el factor suerte o azar que haya podido influir, produce un efecto desmotivador devastador en tu equipo. No admitir los errores, no compartirlos y no hacer alusión a ellos, traslada a tu organización que eso no es lo normal, no  debe ocurrir o, si ocurre, no debe bajo ningún concepto revelarse.

Os podéis imaginar un error no reconocido y ocultado hasta dónde puede llegar y el daño que puede acarrear en un proyecto cualquiera. Además su efecto pedagógico hace que los demás vayan al 50% en su rendimiento por miedo a poder cometer algún otro.

Dar permiso a otros para cometer errores, aprender de ellos, buscar opciones alternativas  y seguir adelante es una faceta del líder que jugará a su favor demostrando su optimismo, seguridad y fortaleza  para hacerlo y así incrementar las capacidades de tu equipo. Al mismo tiempo podrás experimentar qué tipo de personas componen tu organización o tu equipo con el uso que hagan de esta información. Esta práctica liberará de mucha presión tu entorno y mejorará las relaciones al poder fomentar la identificación y la cercanía contigo.

Hacerlo en “petit comité” acrecentará el problema puesto que se seguirá mostrando el fallo o error como algo vergonzante que tiene como límite la confianza en la otra persona para mantener el secreto. Si lo haces, hazlo claramente, en público, como parte de tu estrategia como manager. Incluso puedes dedicar un espacio semanal a esto, siendo una historia de aprendizaje la que puedas contar a tu grupo.

Así conseguirás introducir en la cultura de tu organización algo que es tan obvio que no debería tener discusión, simplemente un poco  de humor para aceptar que no somos superhéroes: “Los errores son parte del proceso”

Multiplicar el talento

talent

Cuando pensamos en trabajar para alguien, casi todos seguimos, en el mejor de los casos,  un proceso similar,  pensando primero en qué queremos hacer, es decir, en la tarea, después en el sector, y a partir de ahí seleccionamos las empresas que nosotros creemos que nos pueden interesar indagando sobre su misión y sus valores para ver si están alineados con los nuestros.

Comenzamos a elaborar nuestro curriculum para ser lo suficientemente atractivos, cuanta más formación, conocimientos y experiencia en la materia más seguros nos sentimos de que podemos estar cerca de ese puesto, pero lo que pocos piensan es para quién acabas trabajando, tu responsable directo,  y ésta puede ser una de las decisiones más importantes de tu vida.

Puedes trabajar para un genio, que tiene vastos conocimientos en la materia, sobrada experiencia en el área, y que es un lince, pero puede ser una persona de las que, precisamente por estas características, se convierte en  un “disminisher” al que le sobran todas las opiniones, se basta y sobra para saber lo que hay que hacer. Esto además lo deja claro cuando en la mayoría de las reuniones no escucha, infravalora o ridiculiza tanto las opiniones como el trabajo o los errores de los demás y vive en su atalaya sin mezclarse con la “pleble”.

Esto que aquí escrito hace que sólo tengas ganas de salir corriendo, en el mundo laboral a veces se aguanta durante años sin tener en cuenta ni el rendimiento de las personas a su cargo, ni su salud física y mental, que cada vez son peores, ni su efecto en su  productividad  y en el entorno de trabajo.

El mal clima laboral, la falta de compromiso con la empresa, la falta de motivación en muchos casos se hace patente con este tipo de personas dirigiendo, que además no dejan de colgarse medallas de todos los proyectos y de quejarse de la inutilidad de su personal o de la necesidad de más por su inoperancia.

Estos perfiles que eran premiadas hasta hace poco, son, en las compañías más vanguardistas,  algo del pasado. Creer en el potencial de tus empleados y servirles de entrenador para mejorar su talento es una responsabilidad de todos los managers con personas a su cargo, que además podrán, con el concurso de todos, hacer más, no con menos, como solía ser la exigencia hasta ahora, referida sólo al dinero, sino con el máximo desarrollo de la inteligencia de todos.

Piensa en hacer una  inversión en estas personas claves en tu compañía para prepararles y que integren en sus habilidades manejar el talento de su equipo y  que multiplicarlo  sea el objetivo:

Mejora el ambiente de trabajo con compromiso y confianza

Maximiza el potencial de los componentes del equipo

Eleva el rendimiento de todas las personas

¿Merece la pena la inversión  o piensas seguir con fórmulas retrógradas y excusas?

¿Cómo cuidas tu invernadero?

invernadero

 

 

Piensa en tu equipo de trabajo, en tu organización, en tu familia, en tu grupo de amigos y reúnelos mentalmente en un invernadero, el espacio en el  que vas a construir.

Piensa en un lugar en el que ellos, como plantas, deben crecer  y vivir pero, hazlo desde tu perspectiva como  jardinero encargado de que todas lleguen a buen puerto.

Si te das cuenta, en casi todos los grupos hay muchas plantas que tú no has elegido y sin embargo están  ya situadas en tu invernadero, por lo tanto, ya son tu responsabilidad y por lo tanto parte de tu cuidado.

Si quisieses ser  un buen jardinero, qué te parece en primer lugar, informarte sobre qué tipo de plantas y cómo son los cuidados que requieren, las que tienes a tu cargo. En este caso te conviene escuchar y observar durante bastante tiempo cómo se desenvuelven “tus plantas” en ese  entorno.

Si esta fase la llevas a cabo minuciosamente podrás concluir, qué cuidados son los que hacen crecer a tus plantas, es decir, cuáles son los valores importantes para ellas en los que basan sus decisiones, qué les motiva e importa y cuáles son las circunstancias en las que mejor se desarrollan.

En este periodo es cuando tú  empiezas a valorar con qué plantas quieres contar en tu invernadero porque son compatibles, cuáles mejoran el ambiente y con cuáles no quieres contar por su toxicidad, por requerir excesivos cuidados y/o porque perjudican a las demás. Observando además si probando con otras técnicas  u otras instrucciones sobrevivirían o convivirían  sin ser perjudiciales para  el entorno.

Es tu responsabilidad, como jardinero, crear un entorno de apoyo y confianza en el que todas las plantas se sientan a gusto, por lo tanto, lo que no podrás hacer es imponer tus reglas o tus criterios sin tener en cuenta las peculiaridades de las especies que quieres que crezcan dentro.

Es decir, que puedes optar por escogerlas o hacerlas todas iguales a ti, por lo que algunas no podrían seguir allí, por elegir otras distintas que te puedan ayudar a innovar y a mejorar el desarrollo de las que tienes, aunque tú no seas el protagonista sino un mero observador. Puedes optar por las más sensibles y delicadas que te necesiten continuamente y te hagan sentirte imprescindible. Quizás por las que no necesitan casi cuidados, y entonces no decidirás en función de otros criterios a los que renunciarás porque necesitan más esfuerzo. Imagina alguna más de las infinitas situaciones posibles …

O quizá puedes poner el reto y el desafío en ti mismo y ser capaz de tener un invernadero con una buena representación de todas esas plantas que te gustan por distintas razones y querer ser tan buen jardinero que tu combinación y tus cuidados sean la clave de tu éxito.

Para ello tendrás que elegir y descartar muchas veces puesto que, algunas de esas plantas no podrán o no querrán vivir juntas, y dar gusto a todas, siempre,  no tendrá solución con abono y riego igual.

La adecuada temperatura, humedad,  las horas de luz, de dedicación, en conjunto los factores ambientales serán los que tengan que ser constantes. De ti depende hacer un buen análisis de lo quieres que en él viva, el placer que te reporten, lo que aprendas. lo que crezcas   y lo que acabes haciendo de él.

¿Has pensado alguna vez en cómo es tu invernadero?

¿Me recibes?

walkies

 

Una de las habilidades de cualquier persona que quiera liderarse y después liderar es aprender a escuchar.

Es sencillo escribirlo, recomendarlo y rogarlo pero ponerlo en práctica es una de las cuestiones que a muchos se nos hace más difícil. Sobre todo porque vivimos en una sociedad en la que hasta hace poco se identifica al fuerte, al poderoso o al jefe con el que habla y a los demás con los que escuchan a su amado gurú.

Tenemos tan grabado en el ADN esta cuestión que si te precias, puedes pasarte el día hablando en lugar de callar y escuchar. Esto que al principio es una muestra de fortaleza, acaba siendo tu Talón de Aquiles cuando acabas interrumpiendo, hablando sólo de lo que a te interesa o impartiendo monólogos sobre ti mismo.

Estamos tan acostumbrados a esta creencia, que no nos damos ni cuenta de que copamos las conversaciones y aburrimos al personal con nuestras interminables  peroratas.

A veces puedes pensar que tus temas son más interesantes o quizás no te has acostumbrado al silencio y te resulta violento, la cuestión es que hilamos unas cosas con otras y, lejos de interesar al personal, le demostramos lo poco que nos interesan sus historias, opiniones y sentimientos, la falta de paciencia que tenemos y lo interesante que nos parecen  nuestras vidas en comparación.

Cuando te quieres dar cuenta la verborrea impertinente se ha convertido en un hábito.

Si además tienes responsabilidad para con otras personas, familiar o laboral, a esta creencia de “el que calla otorga” le añadirás que “los jefes lo saben todo” con lo cual impartir doctrina y sentar cátedra serán dos objetivos tuyos para «hacerte respetar» que te exigirán ingentes cantidades de energía. Encima paradójicamente el  mensaje que les envías es que no te importan lo más mínimo, ¿te parece exagerado? Compruébalo.

Por si no te has enterado los tiempos han cambiado y ya nadie quiere un jefe así y menos si quieres ser un líder aunque es cierto que aprender a escuchar está a tu alcance y lo puedes entrenar con distintas tácticas.

Si acabas de empezar y consigues no interrumpir y dejas hablar hasta que la otra persona acabe su argumentación, sin manifestar desinterés física y mentalmente con tu interlocutor, habrás empezado el cambio.

Imagina que hablas por un walkie-talkie o que estás en una permanente conferencia, ¿a qué tienes que esperar a que el otro termine? Recuérdalo en presencia de tu interlocutor.

Si quieres saber lo que se siente, queda con una persona de confianza y cuéntale el experimento, dile que le vas a contar algo que para ti es muy interesante y hazlo pero dile que te interrumpa, se distraiga y cambie de tema mientras lo haces, así sabrás de primera mano cómo se siente a quién tú se lo haces y después, tú eliges.

El menú de tu contestador

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¿Qué opciones tiene el menú de «tu contestador»?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉

 

¿Cuál es tu león?

leones

Estaba leyendo la importancia de la salud física positiva y cómo influye la biología del optimismo cuando este cuento cayó en mis manos.

LOS TRES LEONES
En la selva vivían tres leones. Un día, el mono, representante electo por los animales, convocó a una reunión a todos los habitantes de la selva, para poder tomar una decisión. Y les dijo:
– Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero frente a un problema o de tener que tomar una decisión, podemos no saber a quién dirigirnos.  Existen tres leones y los tres son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia?  ¿Cuál de ellos deberá ser  nuestro rey?
Los leones supieron de la reunión que se estaba realizando y comentaron entre sí:
– Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener tres reyes.  Luchar entre nosotros no queremos, ya que somos muy amigos… Necesitamos saber cuál será el elegido, pero, ¿cómo descubrirlo?
Los animales que participaban en la reunión, después de mucho deliberar, llegaron a una decisión y se la comunicaron a los tres leones:
– Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes tres van a escalar la montaña Difícil – dijo el mono.  – El que llegue primero a la cima, será consagrado nuestro rey – dijo el ciervo.
La montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron al pie de la montaña para asistir la gran escalada. El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado. Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados, ¿cómo elegirían un rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:
– ¡Yo sé quién debe ser el rey!
Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa.
– ¿Cómo?, preguntaron todos.
– Es simple… dijo el águila.  Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la montaña Difícil, escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.  El primer león dijo :   ”¡Montaña, me has vencido!”. El segundo león dijo : “¡Montaña, me has vencido!”. El tercer león dijo: ” ¡Montaña, me has vencido, por ahora!  Pero ya llegaste a tu tamaño final, y yo todavía estoy creciendo.”

La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió, y para quien piensa así, su persona es más grande que su problema.
Si él es el rey de sí mismo, está preparado para ser el rey de los demás. Los animales aplaudieron con entusiasmo al tercer león que fue coronado El Rey de los Animales.

Me ha hecho reflexionar sobre muchos temas: el liderazgo, el fracaso, las distintas perspectivas que tienen los temas…

Pero sobre todo me llamó la atención cómo se dibujaba una posible relación entre el texto y el concepto de indefensión aprendida “quienes se han visto indefensos en circunstancias perjudiciales luego se vuelven pasivos y se dan por vencidos en situaciones adversas”.

Es cierto que esta indefensión sería, en el caso de los dos primeros leones, una experiencia que presupongo, pero me gusta ver esa perspectiva por varias razones, primero porque son  leones, los  Reyes de la Selva, de ellos nadie lo esperaría, y eso atañe a las apariencias y como a muchas personas que mantienen su imagen de dureza y fortaleza a pesar de su salud y de que su interior está pidiendo a gritos mostrar su vulnerabilidad para poder cerrar esa brecha.

Sin embargo hay quienes no reaccionan así a las circunstancias perjudiciales y son capaces de superarlas, ¿qué es lo que le ocurre? Como explica Seligman, “descubrimos que las personas que creen que los motivos de los contratiempos son temporales y variables no se tornan indefensas con facilidad en el laboratorio […]Le llamamos optimistas. Por el contrario, quienes suelen pensar “durará para siempre, trastocará todo y no puedo hacer nada al respecto” se vuelven indefensos con facilidad en el laboratorio. No se recuperan de los reveses y se llevan los problemas conyugales al trabajo. Les llamamos pesimistas.»

 

Me gusta pensar en cómo la visión del águila que consigue despegarse de la situación con una perspectiva más amplia consigue ver que el optimismo del tercer león es el que el grupo necesita y les será más útil. El dominio fortalece a la persona,  ya que está demostrado que los pesimistas “se deprimen con más facilidad, rinden menos en el trabajo, en clase, en los deportes y en sus relaciones son más inestables”. Además de influir en las enfermedades que padecen.

Al final Churchill tenía razón cuando dijo: “»Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa».

Elogios sinceros

elogio

Si fuésemos realmente conscientes del poder de las palabras y de lo mucho que podemos conseguir con las personas, escogiéndolas cuidadosamente, no sólo la vida sería más agradable, sino que nuestras capacidades y habilidades rebasarían con mucho, los límites que nos autoimponemos y marcamos en los demás.

Si pensamos en decirle a alguien algo para corregir o señalar  un defecto o algún comportamiento no muy bueno, encontramos cantidad ingente de personas dispuestas a hacerlo y que por el contrario piensan que decir lo que está o se hace bien no merece la pena, porque es lo normal.

Ahora que lo has leído qué piensas. ¿Crees que partiendo exclusivamente de lo negativo es la mejor forma de  inspirar y motivar a alguien a hacer algo mejor?

Muchas personas también piensan que decir lo bueno es ser pelota, adular, pero entre un elogio sincero y motivador y unas palabras artificiales, genéricas y sin otra intención que dorar la píldora, hay un largo trecho.

Piensa en ti mismo, imagina que un día has trabajado mucho algo, una tarea, un discurso, una idea y llega alguien y te dice “esta idea está muy currada” o “es muy innovadora” ¿es o no una inyección motivadora? Imagina lo mismo con una comida, una jugada en un deporte, un estilismo o una intervención en una reunión…

¿Qué es lo que nos hace pensar que unas palabras agradables de recompensa no son naturales?¿ Quizá las pocas veces que las decimos? ¿Quizá las pocas veces que las recibimos? ¿Cómo podemos tener el propósito de ser felices y hacer felices a los demás sin tener esta importante cuestión en cuenta? ¿Cómo puede saber alguien si está haciendo las cosas bien o no?

William James dijo “el principio más profundo del carácter humano es ser apreciado”. ¡Aprecia!

Un importante hombre de negocios hablando sobre el éxito de su empresa dijo: “Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la mejor forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del pareció y del aliento”,“no hay nada que mate tanto las ambiciones de una personas como la crítica de sus superiores. Yo jamás critico a nadie. Creo que se debe dar a una persona incentivo para que trabaje. Por eso siempre estoy deseoso de ensalzar, pero soy remiso para encontrar defectos. Si algo me gusta soy caluroso en mi aprobación y generoso en mis elogios.” (D.Carnegie)

Las personas comunes, que no son líderes, hacen precisamente lo contrario, vociferan y airean los defectos de las personas y si les gusta algo, simplemente no dicen nada.  Y lo que es peor, además de sufrir esto en sus carnes, ni siquiera dudan en cambiarlo y copian el modelo sin más.

Si nunca lo has hecho al principio te costará. Busca elogios sinceros que hacer y empieza a hacerlos a menudo. Pronto se convertirá en algo habitual que no sólo agradecerán los demás, a ti también te cambiará la vida.

Recuerda que decir cosas negativas es muy fácil y tiene demasiada competencia.¡No es tu negocio! 😉

Foto:pagina22

¿Quieres ser mi líder?

liderar

La literatura acerca del liderazgo es prolija. Sobre todo en lo que concierne a cualidades, competencias y demás. Siempre que leo alguno de esos documentos, me pregunto, a quién se dirigen esos artículos y estudios.

Son consejos para principiantes, para jefes, para personas que están catalogadas como de alto potencial o para  que todos y cada uno de nosotros, dándonos por aludidos los pongamos en práctica en nuestro entorno.Apuesto por esta última opción.

Si pienso en quienes lideran en la actualidad empresas, organizaciones, partidos políticos, en muchos de los casos, no encuentro similitudes. Para mí, muchos menos casos de los que me gustaría ,se asemejan a  lo que yo entiendo por líder.  He de reconocer que en empresas pioneras y vanguardistas, he encontrado a través del coaching ejecutivo, hombres y mujeres líderes que constituyen la excepción. Personas muy preocupadas por conocerse mejor y desarrollarse para poder ser excelentes en sus desempeños. Y que por ende ahora  son excelentes personas que, al conocerlas, se distinguen de lejos.

Escuchando una conferencia de Peter Senge sobre si el líder nace o se hace, convengo con él  que a pesar de que puedan  tener unas determinadas características de inicio, el trabajo y su desarrollo personal lo pueden “hacer”. Además de tener en  cuenta que  el puesto que desempeñen también debe tener condiciones que lo impulsen.

Muchas de las competencias y habilidades que sé que debe tener un líder, las echo de menos y me va a gustar que la sociedad  futura las valore por encima de otras muchas que permite en los  actuales, ser temido, intransigente, arrogante, egoísta, no ético…

Comparto con John Whitmore, que todas las personas llevamos una bellota dentro que se puede convertir en un fuerte y robusto roble. La cuestión es, quién más lo cree a nuestro alrededor. A veces incluso, en ellos nos trasladan más dudas e incertidumbres de las que ya por si nos generamos nosotros mismos.

Alguien debería decirnos de vez en cuando “yo creo en ti”, “sé que tienes potencial para lo que te propongas” o como apuntaba Walt Disney “si puedes soñarlo puedes hacerlo”.

Esa es la primera característica que  tiene mi líder que empodera, apoya y anima a todos lo que están a su alrededor, les inspira para que saquen lo mejor de ellos mismos. Que todo el mundo quiere estar a su alrededor y compartir la energía positiva que desprende, es lo que  hace patente la importancia del contagio que provoca  ver el lado optimista de las cosas y su preocupación por los demás. Les trata, como quiere que le traten a él.

Esta preocupación se manifiesta en que escucha más que habla, y eso demuestra que también está  dispuesto a aprender de todos.

La siguiente característica de mi líder  es su compromiso, va más allá de su simple bienestar, del de su organización, de las cuestiones básicas y mundanas que ocupan a los demás, poder,  dinero, prestigio, éxito. Le importa  hacer bien su papel, dejar huella.

Mi líder inspira confianza y lo hace de tal modo, que todo lo que lleva a cabo se acompaña de una explicación contundente y convincente en la que su propio ejemplo  es la lección más  clara de su discurso. Es auténtico, argumenta, razona, no regala el oído, ni miente, ni vende humo.

Es proactivo, no espera a que los problemas ocurran, ni espera a que se resuelvan escondidos en un cajón, es capaz de tomar decisiones meditadas y arriesgadas. No es dogmático. Le importa que todos ganen. Aprende del fracaso, no culpabiliza al entorno económico, político o social. Es responsable.

Estas son las características del líder con o para el que no me importaría trabajar durante años, que me gustaría que me gobernase y que quiero que prolifere.

Sé que podrías ser tú. Quieres ser mi líder?

Marca tu diferencia.

Los medallistas

Medallas

Decía Gandhi que hay dos grupos de personas, las que hacen y las que se cuelgan las medallas y aconsejaba estar en el primer grupo porque el segundo estaba repleto, “overbooking”.

Quienes hacen con la intención de crear, construir, dejar huella, cambiar las cosas, innovar, no pueden dedicar su energía, en muchos casos a venderse, piensan que las autorías y demás cuestiones son tan obvias, que hablan por sí solas. Son personas humildes, apasionadas de su dedicación y bastante seguras de sí mismas pero en muchas ocasiones, acaban desmotivadas y colocadas a codazos en la tercera fila, antes de que puedan reaccionar, no se lo pueden creer.

Sin embargo los medallistas, suelen ser personas que con la misma desfachatez se apuntan una idea suya, que del vecino, se arrogan todo tipo de paternidades y se creen imprescindibles, en muchos casos para medrar, aprovechándose del buen talante de los demás. Sólo su equipo y quienes les rodean, se dan cuenta de ello y a no ser que se establezca una evaluación en la que se pueda medir estos comportamientos, pasan su vida profesional navegando tanto en aguas tranquilas como procelosas.

Pero me gustaría compartir con vosotros una nueva perspectiva de los medallistas. En algunos casos, son personas tan acostumbradas al éxito y a que por diversas cuestiones- competencias técnicas, habilidades, confianza y seguridad en sí mismos, -les vaya increíblemente bien, que realmente creen que cualquier “toque” que den a una idea, que deje su impronta en ella, por pequeña que sea la contribución, es lo que la ha lanzado al éxito.
Atribuirse el mérito forma parte de lo que ellos entienden como uno de los componentes que les ha hecho exitosos. Tienen una alta visión de sí mismos y de sus competencias profesionales y por supuesto sobre los errores ,o son ignorados, o de ellos no participan en ninguna medida.
Su percepción es que ese comportamiento es el que les ha llevado hasta ahí y que por lo tanto les propulsará e impulsará su carrera, viéndose en poco tiempo protagonistas de un ascenso aún más meteórico.
El pasado es su máximo aliado y puede que en parte tengan razón, pero en el caso de que deban adaptarse o tengan problemas con su equipo, siempre pensarán que son los demás, y no ellos mismos, quienes deben hacer el cambio. Ellos son personas de éxito.

La cuestión que puede truncar estas fulgurantes carreras, puede ser que su jefe o sus compañeros no piensen lo mismo, se sientan afectados por sus atribuciones extemporáneas y por el desdén con el que tratan sus ideas. Todo puede volverse en contra.
En la antigua Roma, el Emperador Marco Aurelio, se hacía acompañar por un esclavo que tras los vítores y alabanzas del pueblo insistía en “ Recuerda, sólo eres un hombre”.
La mayoría de los que creen que son el éxito personificado, deberían dejar de pensar que es la otra parte -los demás- la que yerra , deforma y critica, haciendo gala de defectos capitales y pensar en si quizá esos pequeños cambios, en caso de no hacerse, podrían ser su Talón de Aquiles.

Peter Drucker reconocía que se dedicaba demasiado tiempo a decirle a los líderes qué hacer, pero no qué dejar de hacer.

Colgarse las medallas de un equipo, de un conjunto es minusvalorarle, desmotivarle y perder inspiración y carisma frente a ellos.

Todavía recuerdo al genial Nadal, hace unos días, cuando recién ganado su octavo Roland Garros,preguntado por las razones de su éxito, dijo “hemos venido jugando muy bien”.
Eso es un líder, con o sin medallas.

Tú en qué grupo estás?

La condición de Sísifo

rendirse

Investigando sobre la motivación en el trabajo, me he encontrado  con numerosas tesis y estudios  que contemplan que el porcentaje del vil metal baja considerablemente con respecto a todo lo demás, cuando se valora junto a otras cuestiones.

Mientras muchos propietarios, jefes y gerentes, que no se  sumaron ni siquiera al Jefe 2.0,  siguen pensando en sus empleados, como unas sanguijuelas que sólo quieren más parte del botín, la mayoría de lo científicamente demostrado les contradice.

El resultado demuestra  que esta recompensa económica palía en mayor o menor grado la falta de otros muchos conductores de la motivación, como  la falta de finalidad, de emociones positivas, de reconocimiento, de relaciones laborales satisfactorias, camaradería y de sentido o significado del trabajo.

El sentido y el significado del trabajo del trabajo, eso es sobre lo que quiero reflexionar hoy.

Si comienzo mi exploración por las palabras “sentido /significado “rápidamente se me desconecta el zoom del ámbito laboral y la perspectiva holística de la vida me arrastra…  Pulso de nuevo el zoom,.. trabajo.

Recuerdo el mito de Sísifo que tan bien refleja Camus:

“Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso.

Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.”

Cuando leemos esto , pensamos que puede ser descripción de más un trabajo, en el que no existe sentimiento de utilidad, de progreso, de propósito. Esta improductividad, conduce no sólo a la melancolía como diría Ortega sino a la desmotivación y a la destrucción,de la persona, sin finalidad, sin sentido.

Si esto ocurre en tu trabajo, esta versión moderna de tortura, seguramente es debido a un falta de entendimiento del liderazgo que motiva.

Quién no recuerda situaciones que ejemplifican este efecto destructivo. Empleados dedicados  horas y horas al duro  trabajo, ganadas al sueño, estudio, propuestas, soluciones, a sacar adelante  un proyecto, una fusión, una presentación, un curso…de pronto el jefe irrumpe en la sala, donde se está expectante a cuál será el próximo paso  y anuncia sin más, que el proyecto ha sido cancelado.

Imagínense en la situación de los empleados, todo su tiempo y su esfuerzo destruído en  segundos, evaporado, sin más. No tenía el jefe muchas más opciones que desmotivar en 30 segundos a todo su personal. A partir de ahí la mayoría se van antes a casa, juegan y chatean  más en el trabajo, se sienten menos creativos, no  se identifican con los valores que dice la empresa defender.

No podría haber explicado que su proyecto pasaba a otro departamento o se tomaba en cuenta para la siguiente proposición, algo con un mínimo de sentido, de perdurabilidad. Si usted construye un castillo de arena en la playa, lo hace usted donde llegó la última ola, y si el agua lo  arrastra, lo volvería a hacer en el mismo lugar.

Las personas llevamos a cabo acciones motivadas con la producción de  resultados que nos hagan avanzar o por lo menos imbuidas en  la creencia de la utilidad. Cuál es la razón para que quienes dirigen,  subestimen el sentido de propósito de sus trabajadores.Para qué trabajan ellos…

El liderazgo que motiva y que no basa todo en la obtusa visión anclada en  planteamientos salariales, busca no sólo crear una visión que inspire, sino que la explica, la traslada y la vive con sus empleados.

Este líder es juzgado y seguido por lo que hace, no por lo que dice, asume que en cuestión de personas no se pueden seguir estándares, trata de entender a cada uno con sus pensamientos y perspectivas, encontrando la alineación correcta de valores personales y de la compañía, no pregunta sin escuchar, es flexible, hace partícipes a todos de los logros, no rechaza un proyecto o lo cancela sin más, encuentra siempre una vía para encontrar significado a todo ese trabajo realizado y recompensarlo…

Vamos a reclamar ya estos líderes o vamos a convertirnos en Sísifo. Seamos conscientes de ese heroísmo absurdo que es ir a trabajar a un lugar donde no encuentras significado acaba con nuestras habilidades y capacidades.

Busquemos sentido a nuestros días. De este modo no tendremos que esperar con ansiedad el viernes.

Se anima?

El poder y la autoridad

El poder y la autoridad

Luis Huete en este artículo sintetiza con gran acierto muchas de las palancas que el poder tiene en sus manos para acrecentarse y controlar o para sin imponerse convencer, moviéndose entre las dicotomías: atesorar-compartir recursos, recompensa-castigo, coacción-colaboración, deshacerse de los enemigos-atraer a los oponentes, si trasladamos estos conceptos a nuestra realidad, las palancas más éticas pasan a un segundo plano, en el que el «poder duro» toma protagonismo, una sociedad en la que los partidos políticos lejos de empatizar con los ciudadanos y hablarles a ellos, se interpelan entre sí en su única misión de «deshacerse del contrario». Cuando el mundo va hacia tendencias más cooperativas que fomentan las redes sociales, los avances científicos y las neuronas espejo, parecen ser de otra pasta y seguir «apalancados»

La responsabilidad de elegir a otros líderes con características más acordes a los resultados que queremos producir, está en nuestra mano. hagamos una buena selección de personal!!

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