¿Te instalarías el dispositivo?

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Viendo ayer un capítulo de la serie “Black Mirror”, que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.

La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.

Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.

Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:

  • Imagínate que tuvieses la opción de implantártelo, ¿lo harías?
  • ¿A qué tipo de recuerdos accederías? ¿útiles o inútiles?
  • Sabiendo que puedes acceder a ellos pero no cambiar nada, ¿borrarías alguno?, ¿lo harías sin antes verlos de nuevo?, ¿ qué te haría volver a verlos?
  • ¿Para qué verías los que te hacen sufrir?, ¿aprender?, ¿castigarte?, ¿mejorar?, ¿usar la información?

Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título “The entire story of you”

¡No te lo pierdas!

“Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés”. Theodor Roosevelt

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Cuando hacemos referencia al poder de los pensamientos y a cómo nuestra mente nos ayuda en nuestra vida diaria, muchos de nosotros no sabemos cómo hacer el análisis para saber el funcionamiento de nuestro principal mecanismo, la mente.

Saber si nuestra mente es feliz o no, puede ser un arduo trabajo o un trabajo de campo que podemos hacer relativamente fácil estando atentos y que nos puede arrojar muchos datos sobre lo qué realmente sucede allí dentro y como mejorarlo.

Los mensajes que a diario obtenemos de nuestro entorno, de los demás, de distintos medios de comunicación, mezclados con nuestros recuerdos y experiencias, nos provocan demasiados conflictos para poder desentrañar preguntas como si somos felices, nosotros solos.

A veces nos sentimos culpables por poseer o disfrutar de muchas más cosas que otras personas a nuestro alrededor, de estar alegres cuando otros lo están pasando francamente mal y de otras muchas cuestiones que nos impiden o excusan para pensar en acciones mucho más cercanas y sencillas que contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor.

Cuántas veces has dicho una palabra amable a algún desconocido,o algún compañero de trabajo al que nunca has hablado, a cuántos extraños has sonreído sin motivo, has cambiado el humor de alguien, ayudado a alguien, incluso que no conocías, escuchado, regalado algo, invitado, agradecido, elogiado, alegrado el día…

A veces cuando veo como muchas personas intentan arreglar el mundo a golpe de agresividad, de crítica feroz, de ira, insulto, para ridiculizar o menospreciar, de querer tener la razón , pensar que sólo existe su solución, avergonzar y juzgar a los demás, pienso, en a qué mundo están pensando llevarnos cuando utilizan esos métodos que  tratan así a sus semejantes, a los próximos y a sus iguales…por nuestro bien…

Las sociedades que se asientan en la vergüenza y en la culpa no son sociedades sanas, ni dignas de modelaje o defensa. No quiero que la mía sea así. 

Sociedades que escriben solidarias cartas a personas a cientos de kilómetros mientras son incapaces de compatibilizarlo haciéndolo con quienes están sufriendo a su lado, o simplemente siendo amables con quienes les rodean y no piensan como ellos.

La felicidad para mí se construye desde dentro, desde tus pensamientos y acciones. Desde lo simple y sencillo que parece ser lo que más cuesta. Siendo consciente de que nuestro entorno cambia principalmente cambiando lo que más trabajo implica, nuestra actitud. Estamos dispuestos a influir en esto…

Construyendo, animando, alentando, apoyando, entusiasmando a nuestros padres, madres, amigos, compañeros, vecinos. Haciéndoles partícipes de lo importante que es nuestra labor en nuestro entorno, con los demás. Con nuestra palabra, nuestra acción.

Comprométete contigo mismo, toma la determinación de que vas a formar parte de ese cambio, seguro de que tus acciones son lo más importante que puedes poner en marcha para hacerlo y que tu entorno más próximo, es tu reto.

Cada vez que pienses en un conflicto internacional, en una situación injusta, escuches alguna noticia que te impacte y sobre la que te sientas impotente. Idea algo para hacer inmediatamente donde estés. Recuerda las palabras de Theodor Roosevelt.

No intentes excusarte con la necesidad de la ejecución de grandes hazañas, que obtengan un gran reconocimiento. Recuerda que cada acción que lleves a cabo a tu alrededor será parte de esa aventura interior que te llevará a ser más feliz y a compartir esta felicidad con quienes te rodean, modificando tu mundo.

Algunas ideas para empezar… sé generoso y comparte con nosotros las tuyas

  • Deja tu cambio en la máquina del café. Imagina quien lo encuentre que afortunado se sentirá.
  • Ve sonriendo por la calle y saludando a todos.
  • Ayuda a alguien que veas cargado o agotado.
  • Pregunta a alguien cómo está, muestra interés por él.
  • Llama a alguien para agradecerle algo.
  • Elogia sinceramente a alguien.

fotografía:moviespix.com

Hacer equipo, cuestión de actitud

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Siempre hay opciones. Otra cuestión distinta es que no las veas, o no las busques o creas que las estrategias que has utilizado siempre son las que funcionan, independientemente de su contexto. Cuando te sumas a un equipo, que lleva tiempo en marcha, es el momento en el que decidirte por una u otra, te lanzará al éxito o al fracaso.

Un equipo de personas, es una selección, a veces natural, a veces elegida, de personas, cuyas fortalezas y debilidades son complementadas para conseguir acercarse lo más posible al objetivo, en menor tiempo, con menor esfuerzo y aunando el mayor número de perspectivas diferentes para poder aglutinar varios puntos de vista, sin enfocarse en una determinada óptica que pierde prismas.

Entrar en ese equipo puedes creerte que es cuestión de formación, cuestión de experiencia, de demostrar que eres mejor que los demás, de poner de relevancia las debilidades, a tu juicio, de quienes te rodean, cuestión de imponerse, de amenazar, de avasallar, de un montón de tradicionales estrategias que están en desuso en equipos plurales.

La entrada en un equipo es definitiva para que tú puedas ejercer la influencia en él para que te escuchen, te sigan, te ayuden y te respeten como líder y nada de esto tiene que ver con las estrategias antes mencionadas.

La influencia es una cuestión mucho más sutil, que tiene más que ver con la actitud que con otras cuestiones que parecen mucho más objetivas. Tiene que ver con sumar, con implicar, con hacer a los demás sentirse importantes, con resaltar sus fortalezas y ayudarles a crecer, con darle oportunidades en los ámbitos en los que sabes, porque lo has observado, que van a brillar, con contagiar ánimo, alegría y entusiasmo por lo que haces. Con no desdeñar o ridiculizar las ideas o propuestas de otros sino alentarlas para que sean un producto magnífico,  exhibiendo su autoría y no intentado que las medallas cuelguen sólo de tu pechera.

Todo esto que al leerlo parece obvio, también lo es a la vista de todo el mundo que te observa cuando entras en un grupo, sin empatía alguna, tratando de ser el más listo de la clase. Sin darte cuenta de que tus primeras frases mostrando tus fortalezas no serán más que una flagrante muestra de tus debilidades.

Todos tenemos algo que aportar en todos los ámbitos, TODOS. Te pueden parecer demasiado  jóvenes, demasiado mayores, demasiado formados, poco. La mayoría de las apreciaciones que haces sin pensar son fruto del miedo de no poder encajar o de creer, con lo que ves a simple vista, que eres superior.

Un equipo lo que de verdad necesita es cuestión de actitud, de conjunto, de sumar, de conseguir un clima de confianza en el que todos se sientan libres para poder hablar con franqueza y exponer su punto de vista sin críticas, ni vergüenza, sabiendo que todos tenemos un potencial que desarrollar fruto de experiencias vitales distintas que hacen que la solución aportada entre todos sea la suma de la partes y no la imposición de la mayoría o de quienes más levanten la voz.

Una actitud positiva e inclusiva provoca una cascada de pensamientos, eventos y resultados extraordinarios que son los que conforman el éxito de un equipo en el que todos dan su 100%.  En ti está la decisión de unirte o seguir con tus viejas estrategias blandiendo como injusticia tu verdadera incapacidad para adaptarte.

Dijo William James que “el gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Imagina qué efecto multiplicador tendrá cuando todos trabajemos en esta dirección.

Guille

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Esta tira de mi admirada Mafalda ha sido una de las que ha perdurado durante años en mi memoria. Seguramente no es la más ingeniosa, ni la más conocida pero a mí me impactó,  y  hoy me gustaría reflexionar sobre ella.

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Una de las cosas con las que más disfruto de las personas con las que trabajo es viendo como consiguen pasar de víctimas a protagonistas  de sus  propias vidas, sintiéndose y viéndose cada vez más capaces, más responsables y más fuertes para lidiar con las cuestiones que nos plantea la vida a diario.

En muchos de estos casos, observo como patrones y creencias establecidas en la infancia se incrustan en nuestra forma de pensar, haciéndonos adultos biológicamente pero dejándonos ser inmaduros emocional o intelectualmente.

Una de las cuestiones más interesantes para observar es cómo se traslada a la madurez  el concepto de  responsabilidad que cada uno vamos modelando  a lo largo de la vida.

Cuando somos pequeños nuestra socialización, a veces nos hace relacionar “ser responsable” con “ser culpable” y muchos de nosotros aprendemos a ocultar esto hablando de manera impersonal “se cayó”, “se rompió”, o culpando a otros de nuestros propios actos “alguien le pegó”, “le insulté porque él lo hizo primero”. Desde que se “hizo solo” hasta que “lo hice sin querer”, nuestro periodo infantil es un continuo pasar la pelota para no admitir la realidad de nuestra autoria, practicando el lenguaje de la irresponsabilidad.

 Un sinfín de justificaciones y excusas que esgrimimos y que sólo consiguen  que  no asumamos nuestra intervención en la acción. Esto que puede parecer inocuo, hace que muchas personas mantengan este patrón durante toda su vida, viéndose incapaces de sentirse a los mandos, y que continúan justificando lo que hacen con meras excusas externas.

“Fumo porque estoy nervioso”, como si estar nervioso no dependiese de uno mismo o no pudiese derivar en otras miles de opciones para acabar con tus nervios.

“Estoy deprimido porque me dejó tal” como si esa otra persona tuviese el poder de deprimirte sólo con dejarte o tú no tuvieses una parte activa y otras miles de opciones para reaccionar.

El no sentirte protagonista  y pensar que cualquier excusa es buena, te lleva a no ser responsable y buscar justificaciones externas , algo que implicaría admitir que tu hábito de fumar es mayor que tu motivación para dejarlo y que te ves incapaz de hacerlo en lugar de achacarlo a un estado determinado. ¿Te pones nervioso porque quieres fumar o fumas porque estás nervioso?

Creer que no puedes reaccionar más que de una manera automática te hace sentirte al albur de los acontecimientos con los que te sorprende la vida y  pensar que tus estados emocionales,  sólo tienen motivaciones externas y no un origen en ti.

Si aprender a reaccionar como  tú quieres y no automáticamente, empezarás a sentirte poderoso y a ver que controlas la parte que depende de ti y de tu actitud, sin negar las influencias externas pero sabiendo que es bastante  más de la que piensas.

¿Quién es responsable de la caída de Guille?

1) Quien fabricó los dulces

2) Quien los compró

3) Quien  fabricó la silla

4) Quien la dejó a su alcance

5) Quien  le dejó solo

6) Quien le deje ser víctima, compadeciéndole

7) Guille

Yo lo tengo claro ¿y tú?

¿Cuál es tu león?

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Estaba leyendo la importancia de la salud física positiva y cómo influye la biología del optimismo cuando este cuento cayó en mis manos.

LOS TRES LEONES
En la selva vivían tres leones. Un día, el mono, representante electo por los animales, convocó a una reunión a todos los habitantes de la selva, para poder tomar una decisión. Y les dijo:
– Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero frente a un problema o de tener que tomar una decisión, podemos no saber a quién dirigirnos.  Existen tres leones y los tres son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia?  ¿Cuál de ellos deberá ser  nuestro rey?
Los leones supieron de la reunión que se estaba realizando y comentaron entre sí:
– Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener tres reyes.  Luchar entre nosotros no queremos, ya que somos muy amigos… Necesitamos saber cuál será el elegido, pero, ¿cómo descubrirlo?
Los animales que participaban en la reunión, después de mucho deliberar, llegaron a una decisión y se la comunicaron a los tres leones:
– Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes tres van a escalar la montaña Difícil – dijo el mono.  – El que llegue primero a la cima, será consagrado nuestro rey – dijo el ciervo.
La montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron al pie de la montaña para asistir la gran escalada. El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado. Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados, ¿cómo elegirían un rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:
– ¡Yo sé quién debe ser el rey!
Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa.
– ¿Cómo?, preguntaron todos.
– Es simple… dijo el águila.  Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la montaña Difícil, escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.  El primer león dijo :   ”¡Montaña, me has vencido!”. El segundo león dijo : “¡Montaña, me has vencido!”. El tercer león dijo: ” ¡Montaña, me has vencido, por ahora!  Pero ya llegaste a tu tamaño final, y yo todavía estoy creciendo.”

La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió, y para quien piensa así, su persona es más grande que su problema.
Si él es el rey de sí mismo, está preparado para ser el rey de los demás. Los animales aplaudieron con entusiasmo al tercer león que fue coronado El Rey de los Animales.

Me ha hecho reflexionar sobre muchos temas: el liderazgo, el fracaso, las distintas perspectivas que tienen los temas…

Pero sobre todo me llamó la atención cómo se dibujaba una posible relación entre el texto y el concepto de indefensión aprendida “quienes se han visto indefensos en circunstancias perjudiciales luego se vuelven pasivos y se dan por vencidos en situaciones adversas”.

Es cierto que esta indefensión sería, en el caso de los dos primeros leones, una experiencia que presupongo, pero me gusta ver esa perspectiva por varias razones, primero porque son  leones, los  Reyes de la Selva, de ellos nadie lo esperaría, y eso atañe a las apariencias y como a muchas personas que mantienen su imagen de dureza y fortaleza a pesar de su salud y de que su interior está pidiendo a gritos mostrar su vulnerabilidad para poder cerrar esa brecha.

Sin embargo hay quienes no reaccionan así a las circunstancias perjudiciales y son capaces de superarlas, ¿qué es lo que le ocurre? Como explica Seligman, “descubrimos que las personas que creen que los motivos de los contratiempos son temporales y variables no se tornan indefensas con facilidad en el laboratorio […]Le llamamos optimistas. Por el contrario, quienes suelen pensar “durará para siempre, trastocará todo y no puedo hacer nada al respecto” se vuelven indefensos con facilidad en el laboratorio. No se recuperan de los reveses y se llevan los problemas conyugales al trabajo. Les llamamos pesimistas.”

 

Me gusta pensar en cómo la visión del águila que consigue despegarse de la situación con una perspectiva más amplia consigue ver que el optimismo del tercer león es el que el grupo necesita y les será más útil. El dominio fortalece a la persona,  ya que está demostrado que los pesimistas “se deprimen con más facilidad, rinden menos en el trabajo, en clase, en los deportes y en sus relaciones son más inestables”. Además de influir en las enfermedades que padecen.

Al final Churchill tenía razón cuando dijo: “”Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”.

¡En sólo 30 segundos!

primera impresion

Cuando conoces a alguien, ¿en qué es en lo primero que te fijas?

Si han sido unos segundos los que has podido compartir con esa persona, ¿qué recuerdos te quedan media hora después?

Recuerdas a alguna persona que conociste en una situación parecida y guardas buen recuerdo de ella, ¿qué te impactó?, ¿qué puedes adaptar?

Has reparado alguna vez en la primera impresión que tú das, en cómo te comportas cuando te presentan a alguien, qué imagen proyectas, qué puedes hacer para mejorar.

 Si tienes en ciernes una entrevista de trabajo, haces labores comerciales o te interesa el networking seguro que has hecho parte de este trabajo, pero ¿has ensayado conscientemente qué impresión quieres dar durante todo el tiempo?, ¿has pensado que cualquiera que conoces puede ser tu futuro empleador, cliente, proveedor?

 Si recuerdas cómo aprendiste por ejemplo algún deporte o a conducir, recordarás que al principio eran tantas las instrucciones que debías recordar que te parecía imposible llegar a realizarlo de manera automática y sin embargo lo haces.

 Esta primera impresión, que te puede lanzar e impulsar en cualquier momento y abrirte oportunidades, quizá la debas ensayar más a menudo. Comienza entrenando cada semana uno de estos consejos y en un mes  verás los resultados.

Eres de los que das poca importancia a la imagen, pues echa un vistazo a tu alrededor y dime si la apariencia  de tus compañeros, amigos o los que estás viendo dicen o no algo de ellos, probablemente habrás comprobado que hablan de su creatividad, de su interés por los demás, de su dedicación y de un montón de cuestiones que reflejan su personalidad. Si no estás seguro, pregúntale a alguien de tu entorno,¿qué imagen proyectas tú? Sobre todo para comprobar que no estás yendo en contra de tus propios intereses.

 El siguiente paso es comprobar ¿cómo es tu comunicación verbal?, si hablas correctamente, te expresas claramente, con un timbre y un ritmo adecuado, o te dejas llevar  por los nervios. Pregunta  de nuevo a un amigo, ensaya con él tu proceso y trata de mejorarlo.

 Si la comunicación verbal es importante, imagina la no- verbal que parte de ser más de un 80% del mensaje, ¿cómo das  la mano? Entrena la firmeza y el importante contacto visual para asegurar que no dejas nada a la improvisación.

 Por último lo más importante y a la vez lo más difícil de controlar y por lo tanto lo que más debemos ensayar, la actitud, si nosotros nos acercamos a alguien de manera que nuestros pensamientos sean quienes nos dirigen, a lo mejor estamos cometiendo uno de nuestros mayores errores, quizá estés pensando en alguna otra cosa que te fastidió o no salió como pensabas y lo estás transmitiendo en tu presentación.

Dedicar toda tu atención al momento, al “ahora” y lucir tu mejor y más sincera sonrisa, no sólo te abrirá más puertas, sino que también te hará sentirte mejor y estar más receptivo a posibles oportunidades que se te presenten, al mismo tiempo que dejarás una grata sensación en la otra persona.

Recuerda que en esos treinta segundos, alguien que no te conoce estará interpretando todos tus gestos sin tener unas pautas de cómo eres y será tu carta de presentación. Sé tú mismo, pero sé quien quieres ser.

“No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”  Oscar Wilde

Fuentes: Forbes, lenguaje corporal

Foto;elenalfaro

Tu torre de control

torre de control

Igual que este edificio con forma de torre, controla el tráfico aéreo en la zona del aeropuerto y sus inmediaciones y su labor es compleja, nuestra torre de control también lo es.

No sólo porque realiza un montón de análisis de variables como la aérea, sino  porque hay veces que no controla lo que nos produce felicidad y paz interior, sino que nos complica la vida.

Hay al menos tres tipos de control sobre los que me gustaría reflexionar: el control sobre uno mismo, el control tuyo sobre los demás y  cuando dejamos que ellos nos controlen.

En este primer post me gustaría reflexionar acerca  de cuando dejamos que nos controlen. Respecto de esta variable se pueden deducir otras dos situaciones, la primera que sean personas quienes nos quieran controlar y segunda que sean los propios acontecimientos los que nos gobiernen, me referiré a esta última en el control sobre nosotros mismos.

En el caso de que sean las personas las que nos quieran controlar, podemos detectar a este tipo de personas a nuestro alrededor porque su sola presencia nos estresa, nos violenta, nos sentimos manipuladas  y ni siquiera sabemos decir el porqué.

¿Reconoces la suma de muchos de estos rasgos?: constantes cambios de humor, uso de su “carácter “ con frecuencia, piensan que  siempre saben lo que estás pensando, se hacen una imagen de ti que no cambian, buscan elogios, no aceptan un “no”  o intentan cambiarte cuando actúas por ti mismo, critican a otros para crecerse, carecen de la habilidad de tolerar o aceptar diferencias y nunca es su culpa. Además de que tienes que ir con pies de plomo para no ofenderles o cualquier cosa que haces o dices les hace perder el control.

Muchas de estas cuestiones son el reflejo de problemas de las propias personas y tienen su raíz en cuestiones que “no vienen al coaching.” Lo principal es que una personalidad fuerte no implica que seas controladora.

Sin embargo sí que puede ser un cambio vital importante para ti, ir soltando lastre para poder tener una vida plena y feliz aceptando a cada uno como es. Aunque si  la persona no lo reconoce o no entiende que necesite un cambio comienza a ser insoportable. Si tu malestar persiste a su lado, a lo mejor tú sí necesitas cambiar.

Responsabilizándonos de esto, nuestra actitud es la que podemos modificar antes de que sea demasiado tarde y puedan llegar a frenar tu desarrollo vital.

Las  personas controladoras también sufren su propio estrés por querer controlar la vida de los demás y para ellas tampoco es una cuestión agradable, pero hay veces que sin ayuda externa no pueden salir del patrón.

Las verdaderas relaciones de amistad y de pareja no se crean sobre quienes tienes el control. Se busca un equilibrio entre el dar y recibir.

Si estás cerca de alguien así, primero intentar detectar si está hablando de límites o quiere controlarte.

Segundo, piensa si tras  la detección, podrás seguir siendo tú, a pesar de tus lances y defender las cosas del modo en que tú las ves.

Tercero si continúa ejerciendo de controlador y no tiene planes de cambio, aléjate puede ser que cuando lo pretendas tu autoestima esté bajo mínimos.