Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

Reflexión del día/ Daily dose

“Voy a intentarlo una y otra vez porque en el momento que me rinda, me he fallado”

Nick Vujicic

Conoce a Nick, en el siguiente enlace, pregúntate de qué te quejas y si te vas a rendir hoy 😉

https://youtu.be/wBCfxhyEDB0

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

¿Buscáis la fama?

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Algo con lo que no cuentas, cuando tienes la suerte de dedicarte a lo que te gusta y que entrenas, practicas y trabajas tantas horas,  es que el resultado de ese esfuerzo o pasión, puede pasar de ser tu éxito y a convertirse en tu  fama.

No creo que nadie esté preparado para ella, para que te reconozcan en cualquier lugar al que vas, para que opinen sobre todas tus cuestiones, públicas o privadas, verdades o mentiras, alegremente o  creyéndose con derecho, o para que te traten, para bien o para mal, con ese exceso de confianza.

No estoy hablando de quienes buscan la fama por la fama, quienes buscan que las referencias y las opiniones externas llenen el vacío de no crecer desde el interior, con bases fuertes. Quienes creen que lo que le va a reportar este tipo de “conocimiento” es positivo y sin embargo, cuando se apagan las candilejas sigue padeciendo el mismo vacío interior.

Me refiero, a quienes de repente, por su dedicación, se encuentra con esta faceta sin buscarla. A quienes, estar en el juicio público constantemente le agota y abruma. A quienes les causa inseguridad verse escrutado por unos ojos donde quiera que van y agredidos en su intimidad, puesto que, a través de los medios, forman parte ya de nuestra cotidianeidad.

Esta cara de muchas dedicaciones requiere un entrenamiento arduo, un crecimiento interior a una velocidad envidiable y una concentración en el objetivo a prueba de todo.

Nadie se puede imaginar lo que llegas a escuchar, a leer sobre ti, cosas que no tienen nada que ver con tu dedicación, ni con nada que se le parezca. Sin querer, este “reconocimiento social” llega y es algo que no sabes, o no puedes manejar.
Si encima te consideras perfeccionista, si te afecta en demasía lo que digan los demás y no te gusta la fama, el sufrimiento acecha seguro.
No voy a hablar sobre el exceso que se produce en cuanto esta parte de la fama, nos toca a las mujeres ya que los apelativos y opiniones se quedan, la mayoría de las veces en algo tan básico y atávico, lo que se ve.

Si en realidad te motiva lo que haces, y dejas de actuar en automático, analizando que la felicidad que te proporciona tu dedicación, no puede irse al traste por la opinión de unos cuantos -que seguramente son los que más gritan pero no los más numerosos- podrás levantar el vuelo, y ver con distancia todas estas cuestiones. Con entrenamiento y esfuerzo, se consigue.

Si te ocurre algo así, es el momento de reconocer que necesitas alguien que te ayude, antes de que te rindas o renuncies a algo que te encanta hacer. Antes de que  adviertas sensaciones que intentando disimular y evitar, acabes por exteriorizar de manera agresiva en unas manifestaciones que nadie entenderá, puesto que pocos creen que te pueda estar ocurriendo eso en tu situación.

Incluso si le debes a alguien la oportunidad de estar ahí, lo mejor que puedes hacer es continuar con tu labor , haciéndola lo mejor posible, sin ponerte la presión de agradarle en cada momento.

El verdadero triunfo es sentirse bien con uno mismo, conseguir tu razón de vivir y llegar al compromiso con tu objetivo.

Si recuerdas a la Directora Grant en la serie de los 80 “Fama” decía: “Buscáis la fama, pero la fama cuesta, pues aquí es donde vais a empezar a pagar…con sudor”. Tened claro que entrenando puedes hacer de ella, de la fama, una aliada para tu éxito.

Puedes empezar por:

Enfocarte en tu propósito último.
Rodearte de personas que te impulsen y mejoren.
Y decidirte a pedir ayuda para crecer.

¡No te rindas!

 

Lo lees y ¿qué haces?

mobbing      bullying

 

Supongo que a muchos de vosotros como a mí, se os habrá encogido el corazón al leer o escuchar las trágicas noticias de quienes, empezando a vivir, han sufrido el brutal e inhumano acoso de otros en su entorno más cercano.

Cuando los medios ponen el foco sobre estos dramas, es cuando nos asustamos ante la barbarie que pueden protagonizar estos pequeños seres con apenas socialización,  aunque no somos capaces de observar la analogía entre esto y  otros muchos comportamientos que tenemos automatizados y ver las consecuencias de los mismos.

Me horroriza y lo veo a diario, que el sentimiento de vergüenza es lo primero que nos invade cuando nos “sentimos humillados” por alguien, como si hubiera alguna forma de evitar que alguien nos diga u opine sobre cuestiones que ni ha vivido ni comprende, taxativamente, culpándonos de algo y arrojando sonrojo sobre ello. Cuestiones como la orientación sexual, la raza, la forma de ser, episodios vividos en el pasado, todo sirve para la maldad.

Siempre he pensado, que este sentimiento, el de la vergüenza, debería morar solo y exclusivamente en quien voluntariamente agrede verbal o físicamente a otro  causándole un sufrimiento innecesario. Es una muestra clara de su debilidad e inflexibilidad, que hace que su inseguridad tenga que verse reforzada por lo que creen que es una victoria frente al otro, cuando realmente tanta violencia sólo aumenta su vacío.

Infligir un castigo de este tipo a otra persona, es algo que no entra en mi cabeza pero sí lo considero fruto de muchos de nuestros comportamientos más cotidianos. Seguro que habréis oído decirle  a alguien que se queja amargamente de ser víctima de esos comportamientos “no te dejes”, “dile tal cosa”, “dale tú también”, “habrás hecho algo” como si combatirlo con su mismo proceder o ira sirviese de algo y no formase parte de una peligrosa espiral con final incierto.

No acierto a comprender cómo algunos de quienes son  agredidos o “avergonzados” en algún momento de su vida, reproducen el comportamiento sin dudarlo cuando a ellos se  les presenta la ocasión, cuando les han hecho sufrir por ello hasta la saciedad.

Lo digo siempre que puedo, una sociedad basada en la vergüenza no es una sociedad sana y esto se convierte en un arma de doble filo, se traslada a que, cuando alguien observa lo que te avergüenza y sus intenciones son aviesas, rápidamente lo esgrime contra ti para enfrentarte a tus miserias, como si eso redimiese la verdadera cuestión, la vergüenza de las suyas.

De lo que sí podemos avergonzarnos es  de hacer y desear  el mal  a los demás, de disfrutar con el sentimiento de satisfacción con la desgracia ajena, de no ser un lenitivo para los demás y estigmatizarlos por contagio. De asistir a humillaciones, vejaciones y maldades como espectadores sin reconocer, que después seremos nosotros mismos quienes lo haremos con los que conocemos, sólo por ser diferentes en algún aspecto o por no reparar en que los capítulos de la vida, de cada cual, hay que conocerlos y entenderlos para conseguir sentir la batalla que la persona está luchando por dentro.

Avergonzarnos de que esto lo estarán viendo y viviendo nuestros pequeños, que están más atentos a lo que hacemos y al ejemplo que  damos, que a lo que repetimos sin practicarlo. Pequeños que acabarán asumiendo que liberar su ira de esta forma es normal y empatizar con el sufrimiento de los demás lo raro.

Algo que nos espeluzna cuando lo vemos o leemos, no somos capaces de reconocerlo en nosotros mismos, ni de pensar antes de hablar, cuando lo hacemos con personas que conocemos, a las que afectamos con nuestras miradas de desprecio o nuestra ignorancia sin inmutarnos, creyendo que es lícito y normal  actuar así. Cuando lo único que esto hace es dar muestras del tipo de persona que eres.

Es cierto que todos tenemos que aprender a dar la vuelta a todos los episodios que vivimos negativamente en nuestra vida para sacar una lección que aprender y no juzgar lo de entonces con lo que sabemos ahora. Si lo vamos entrenando, seremos capaces de acabar con ese perjudicial entretenimiento que es hablar mal de los demás. Además  porque sé fehacientemente que es una forma muy peculiar y dolorosa de expiar lo nuestro

¿Y si piensas que cada persona con la que te cruzas en la calle puede estar sufriendo por una cuestión así?  No es mejor ofrecerle tu sonrisa y una palabra cálida que le haga volver a creer en los demás o quizá sea mejor seguir propagando en el mundo el sufrimiento entre quienes rodean para luego asombrarnos cuando ocurre en los demás.

Tus decisiones definirán quien eres. No seré yo quien avergüence a quien soporta el acoso de los demás, ni contribuiré con mi comportamiento a avivar este fuego en mí o en los demás. Alegrarme de los éxitos de los demás y sólo hablar bien de ellos, es mi contribución, ¿y la tuya?

No te ates a tu piedra

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Hay veces, que acciones que lleva a cabo el ser humano me sorprenden porque son extraordinarias y me hacen sentirme orgullosa de mis semejantes ,aunque otras, me repugnan. Podéis estar seguro, pensando en barbarie y cuestiones de gran impacto y enjundia, que también,  pero no siempre es así, a veces el daño es más sencillo, más callado e igual de cruel. Me refiero a pequeñas maldades al alcance de todos, a las que no damos importancia y que las hacemos y publicitamos a diario,  sin pensar en sus consecuencias y efecto en los demás.

Es cierto que cuando hablamos de bullying en el colegio, de acoso escolar, todos nos ponemos en la situación de pequeños indefensos siendo atacados con crueldad y sin ninguna justificación y no nos cuesta empatizar con ellos para rechazarlo, denunciarlo y trabajar por desterrarlo.

Sin embargo hacerlo con personas mayores, espejo en el que se miran muchos niños, parece menos cruento. Por el simple hecho de tener ventaja sobre ellos en alguna cuestión, sofocar nuestras bajas pasiones, como la envidia y la ira, quedar por encima o ganar a alguien con sucias tretas, entonces, todo vale.

He tenido que asistir al vapuleo tuitero de varias personas en pocos meses. Personas, que si hay algo que las defina es su bondad y su dedicación a los demás. Por cuestiones que en 140 caracteres dijeron en el pasado y años después salen a la luz, con la intención que conlleva haberlos  buscado, descargado y guardado y lo peor, ni siquiera con la intención de dañarles a ellos, sino como armas arrojadizas para acabar con otros fines mayores.

Sin pensar ni un momento en esas personas, en sus mentes y corazones sufridores sin motivos, de un pasado remoto que no  pueden cambiar, del que sin embargo reniegan y que  pretende acabar con sueños, a pesar de considerarles sólo un daño colateral.

No todo vale, ni en política, ni en la vida, para salirte con la tuya. Una victoria que necesita de estos sacrificios no puede ser, ni celebrada, ni bien empleada, porque parte de un vicio de inicio, el engaño torticero, el sufrimiento vacuo y  la mentira.

Sólo ver las caras de estos jóvenes subidos en una montaña rusa, debatiéndose entre la tristeza y rendición más infinita y la ira más absurda me hace comparar esta serie de acciones con una imagen recurrente en mi cabeza.

Hacer reo a alguien de su pasado es como atarle una piedra, lanzarle al agua y dejarle conscientemente desaparecer. Te parece cruel, exagerado, rara la metáfora. Piensa en algo similar que te haya ocurrido a ti. Algo que ocurrió en tu vida desagradable. Algo que pensaste  y ya no piensas, algo que dijiste, hiciste y quieres olvidar y que tienes derecho a hacer.

Decía Nietzche que: “ Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”.No sólo te lo digas, haz que te fortalezca. Escribe tu propia historia de resiliencia, aprendiendo del golpe para levantarte y seguir adelante. Eso te hará diferente.

No te ates a tu piedra, todos podemos cambiar, si queremos.

Seguro que ya ni siquiera eres la misma persona que la semana pasada, que el mes pasado. Crecer significa eliminar y analizar pensamientos y reacciones para poder cambiar y mejorar. El pasado no tiene remedio más que cambiando tu presente. Cada día es una nueva oportunidad para empezar, a pesar de todo, a pesar de todos…

 Tenemos esa posibilidad y nadie puede negarnos que ese crecimiento nos lleve a pensar distinto y a actuar distinto.La comprensión que pedimos a otros para con nuestros cambios, debe ser un primer paso para no juzgarles y atarles a los suyos.Necesitamos practicar la comprensión y la empatía con los demás. No sólo cuando no tenemos nada que perder sino cuando creemos que lo contrario nos haría ganar.

 Si queremos una segunda oportunidad, ¡qué menos que dársela a los demás!

 

 

 

¿Cómo está tu taza?

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La taza de té

“Cierta vez, el sabio Nan-in recibió a un vanidoso profesor universitario que lo visitaba para conocer sus enseñanzas. Nan-in le sirvió té. Llenó la taza de su visitante y cuando la misma rebalsó, siguió vertiendo la infusión. El profesor se quedó mirando cómo el líquido se derramaba y pensando que el sabio era un tonto. Finalmente no pudo contenerse: —Está colmada —exclamó—. ¡Ya no cabe más! —Como esta taza —dijo Nan-in—, usted está lleno de sus propias opiniones y prejuicios. ¿Cómo puedo mostrarle la verdadera sabiduría a menos que vacíe su taza antes?”

Cuántas veces cuando  escuchamos, lo que principalmente hacemos, es cotejar lo que oímos con lo  que conocemos o sabemos para preparar nuestra respuesta, sin ni siquiera pensar en que quizás lo que la otra persona nos está relatando es algo de lo que podemos aprender sin “a prioris”.

Tenemos nuestra mente llena de creencias que heredamos, adquirimos y automatizamos sin cuestionarlas y sin darnos cuenta que son ellas las que condicionan nuestra vida y nuestro desarrollo.

Opiniones y prejuicios que mantenemos contra viento y marea, a pesar de que lo único cierto es que todo cambia, interpretando esta firmeza como una muestra de fortaleza, cuando es un grito desesperado de debilidad.

La próxima vez que inicies una conversación con alguien y manifiestes una opinión con la que tu interlocutor no esté de acuerdo y la rebata. Vacía primero tu taza.

Observa, escucha, comprueba tus argumentos,  los suyos, analízalos. Piensa en que su vida, su experiencia, y su análisis depende de su trayectoria vital y la tuya igual. No juzgues, escucha e intenta entender.

No dudes en matizar o cambiar de opinión. En eso consiste crecer.