Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

Reflexión del día/ Daily dose

“Voy a intentarlo una y otra vez porque en el momento que me rinda, me he fallado”

Nick Vujicic

Conoce a Nick, en el siguiente enlace, pregúntate de qué te quejas y si te vas a rendir hoy 😉

https://youtu.be/wBCfxhyEDB0

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

¿Buscáis la fama?

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Algo con lo que no cuentas, cuando tienes la suerte de dedicarte a lo que te gusta y que entrenas, practicas y trabajas tantas horas,  es que el resultado de ese esfuerzo o pasión, puede pasar de ser tu éxito y a convertirse en tu  fama.

No creo que nadie esté preparado para ella, para que te reconozcan en cualquier lugar al que vas, para que opinen sobre todas tus cuestiones, públicas o privadas, verdades o mentiras, alegremente o  creyéndose con derecho, o para que te traten, para bien o para mal, con ese exceso de confianza.

No estoy hablando de quienes buscan la fama por la fama, quienes buscan que las referencias y las opiniones externas llenen el vacío de no crecer desde el interior, con bases fuertes. Quienes creen que lo que le va a reportar este tipo de “conocimiento” es positivo y sin embargo, cuando se apagan las candilejas sigue padeciendo el mismo vacío interior.

Me refiero, a quienes de repente, por su dedicación, se encuentra con esta faceta sin buscarla. A quienes, estar en el juicio público constantemente le agota y abruma. A quienes les causa inseguridad verse escrutado por unos ojos donde quiera que van y agredidos en su intimidad, puesto que, a través de los medios, forman parte ya de nuestra cotidianeidad.

Esta cara de muchas dedicaciones requiere un entrenamiento arduo, un crecimiento interior a una velocidad envidiable y una concentración en el objetivo a prueba de todo.

Nadie se puede imaginar lo que llegas a escuchar, a leer sobre ti, cosas que no tienen nada que ver con tu dedicación, ni con nada que se le parezca. Sin querer, este “reconocimiento social” llega y es algo que no sabes, o no puedes manejar.
Si encima te consideras perfeccionista, si te afecta en demasía lo que digan los demás y no te gusta la fama, el sufrimiento acecha seguro.
No voy a hablar sobre el exceso que se produce en cuanto esta parte de la fama, nos toca a las mujeres ya que los apelativos y opiniones se quedan, la mayoría de las veces en algo tan básico y atávico, lo que se ve.

Si en realidad te motiva lo que haces, y dejas de actuar en automático, analizando que la felicidad que te proporciona tu dedicación, no puede irse al traste por la opinión de unos cuantos -que seguramente son los que más gritan pero no los más numerosos- podrás levantar el vuelo, y ver con distancia todas estas cuestiones. Con entrenamiento y esfuerzo, se consigue.

Si te ocurre algo así, es el momento de reconocer que necesitas alguien que te ayude, antes de que te rindas o renuncies a algo que te encanta hacer. Antes de que  adviertas sensaciones que intentando disimular y evitar, acabes por exteriorizar de manera agresiva en unas manifestaciones que nadie entenderá, puesto que pocos creen que te pueda estar ocurriendo eso en tu situación.

Incluso si le debes a alguien la oportunidad de estar ahí, lo mejor que puedes hacer es continuar con tu labor , haciéndola lo mejor posible, sin ponerte la presión de agradarle en cada momento.

El verdadero triunfo es sentirse bien con uno mismo, conseguir tu razón de vivir y llegar al compromiso con tu objetivo.

Si recuerdas a la Directora Grant en la serie de los 80 “Fama” decía: “Buscáis la fama, pero la fama cuesta, pues aquí es donde vais a empezar a pagar…con sudor”. Tened claro que entrenando puedes hacer de ella, de la fama, una aliada para tu éxito.

Puedes empezar por:

Enfocarte en tu propósito último.
Rodearte de personas que te impulsen y mejoren.
Y decidirte a pedir ayuda para crecer.

¡No te rindas!

 

Lo lees y ¿qué haces?

mobbing      bullying

 

Supongo que a muchos de vosotros como a mí, se os habrá encogido el corazón al leer o escuchar las trágicas noticias de quienes, empezando a vivir, han sufrido el brutal e inhumano acoso de otros en su entorno más cercano.

Cuando los medios ponen el foco sobre estos dramas, es cuando nos asustamos ante la barbarie que pueden protagonizar estos pequeños seres con apenas socialización,  aunque no somos capaces de observar la analogía entre esto y  otros muchos comportamientos que tenemos automatizados y ver las consecuencias de los mismos.

Me horroriza y lo veo a diario, que el sentimiento de vergüenza es lo primero que nos invade cuando nos “sentimos humillados” por alguien, como si hubiera alguna forma de evitar que alguien nos diga u opine sobre cuestiones que ni ha vivido ni comprende, taxativamente, culpándonos de algo y arrojando sonrojo sobre ello. Cuestiones como la orientación sexual, la raza, la forma de ser, episodios vividos en el pasado, todo sirve para la maldad.

Siempre he pensado, que este sentimiento, el de la vergüenza, debería morar solo y exclusivamente en quien voluntariamente agrede verbal o físicamente a otro  causándole un sufrimiento innecesario. Es una muestra clara de su debilidad e inflexibilidad, que hace que su inseguridad tenga que verse reforzada por lo que creen que es una victoria frente al otro, cuando realmente tanta violencia sólo aumenta su vacío.

Infligir un castigo de este tipo a otra persona, es algo que no entra en mi cabeza pero sí lo considero fruto de muchos de nuestros comportamientos más cotidianos. Seguro que habréis oído decirle  a alguien que se queja amargamente de ser víctima de esos comportamientos “no te dejes”, “dile tal cosa”, “dale tú también”, “habrás hecho algo” como si combatirlo con su mismo proceder o ira sirviese de algo y no formase parte de una peligrosa espiral con final incierto.

No acierto a comprender cómo algunos de quienes son  agredidos o “avergonzados” en algún momento de su vida, reproducen el comportamiento sin dudarlo cuando a ellos se  les presenta la ocasión, cuando les han hecho sufrir por ello hasta la saciedad.

Lo digo siempre que puedo, una sociedad basada en la vergüenza no es una sociedad sana y esto se convierte en un arma de doble filo, se traslada a que, cuando alguien observa lo que te avergüenza y sus intenciones son aviesas, rápidamente lo esgrime contra ti para enfrentarte a tus miserias, como si eso redimiese la verdadera cuestión, la vergüenza de las suyas.

De lo que sí podemos avergonzarnos es  de hacer y desear  el mal  a los demás, de disfrutar con el sentimiento de satisfacción con la desgracia ajena, de no ser un lenitivo para los demás y estigmatizarlos por contagio. De asistir a humillaciones, vejaciones y maldades como espectadores sin reconocer, que después seremos nosotros mismos quienes lo haremos con los que conocemos, sólo por ser diferentes en algún aspecto o por no reparar en que los capítulos de la vida, de cada cual, hay que conocerlos y entenderlos para conseguir sentir la batalla que la persona está luchando por dentro.

Avergonzarnos de que esto lo estarán viendo y viviendo nuestros pequeños, que están más atentos a lo que hacemos y al ejemplo que  damos, que a lo que repetimos sin practicarlo. Pequeños que acabarán asumiendo que liberar su ira de esta forma es normal y empatizar con el sufrimiento de los demás lo raro.

Algo que nos espeluzna cuando lo vemos o leemos, no somos capaces de reconocerlo en nosotros mismos, ni de pensar antes de hablar, cuando lo hacemos con personas que conocemos, a las que afectamos con nuestras miradas de desprecio o nuestra ignorancia sin inmutarnos, creyendo que es lícito y normal  actuar así. Cuando lo único que esto hace es dar muestras del tipo de persona que eres.

Es cierto que todos tenemos que aprender a dar la vuelta a todos los episodios que vivimos negativamente en nuestra vida para sacar una lección que aprender y no juzgar lo de entonces con lo que sabemos ahora. Si lo vamos entrenando, seremos capaces de acabar con ese perjudicial entretenimiento que es hablar mal de los demás. Además  porque sé fehacientemente que es una forma muy peculiar y dolorosa de expiar lo nuestro

¿Y si piensas que cada persona con la que te cruzas en la calle puede estar sufriendo por una cuestión así?  No es mejor ofrecerle tu sonrisa y una palabra cálida que le haga volver a creer en los demás o quizá sea mejor seguir propagando en el mundo el sufrimiento entre quienes rodean para luego asombrarnos cuando ocurre en los demás.

Tus decisiones definirán quien eres. No seré yo quien avergüence a quien soporta el acoso de los demás, ni contribuiré con mi comportamiento a avivar este fuego en mí o en los demás. Alegrarme de los éxitos de los demás y sólo hablar bien de ellos, es mi contribución, ¿y la tuya?

No te ates a tu piedra

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Hay veces, que acciones que lleva a cabo el ser humano me sorprenden porque son extraordinarias y me hacen sentirme orgullosa de mis semejantes ,aunque otras, me repugnan. Podéis estar seguro, pensando en barbarie y cuestiones de gran impacto y enjundia, que también,  pero no siempre es así, a veces el daño es más sencillo, más callado e igual de cruel. Me refiero a pequeñas maldades al alcance de todos, a las que no damos importancia y que las hacemos y publicitamos a diario,  sin pensar en sus consecuencias y efecto en los demás.

Es cierto que cuando hablamos de bullying en el colegio, de acoso escolar, todos nos ponemos en la situación de pequeños indefensos siendo atacados con crueldad y sin ninguna justificación y no nos cuesta empatizar con ellos para rechazarlo, denunciarlo y trabajar por desterrarlo.

Sin embargo hacerlo con personas mayores, espejo en el que se miran muchos niños, parece menos cruento. Por el simple hecho de tener ventaja sobre ellos en alguna cuestión, sofocar nuestras bajas pasiones, como la envidia y la ira, quedar por encima o ganar a alguien con sucias tretas, entonces, todo vale.

He tenido que asistir al vapuleo tuitero de varias personas en pocos meses. Personas, que si hay algo que las defina es su bondad y su dedicación a los demás. Por cuestiones que en 140 caracteres dijeron en el pasado y años después salen a la luz, con la intención que conlleva haberlos  buscado, descargado y guardado y lo peor, ni siquiera con la intención de dañarles a ellos, sino como armas arrojadizas para acabar con otros fines mayores.

Sin pensar ni un momento en esas personas, en sus mentes y corazones sufridores sin motivos, de un pasado remoto que no  pueden cambiar, del que sin embargo reniegan y que  pretende acabar con sueños, a pesar de considerarles sólo un daño colateral.

No todo vale, ni en política, ni en la vida, para salirte con la tuya. Una victoria que necesita de estos sacrificios no puede ser, ni celebrada, ni bien empleada, porque parte de un vicio de inicio, el engaño torticero, el sufrimiento vacuo y  la mentira.

Sólo ver las caras de estos jóvenes subidos en una montaña rusa, debatiéndose entre la tristeza y rendición más infinita y la ira más absurda me hace comparar esta serie de acciones con una imagen recurrente en mi cabeza.

Hacer reo a alguien de su pasado es como atarle una piedra, lanzarle al agua y dejarle conscientemente desaparecer. Te parece cruel, exagerado, rara la metáfora. Piensa en algo similar que te haya ocurrido a ti. Algo que ocurrió en tu vida desagradable. Algo que pensaste  y ya no piensas, algo que dijiste, hiciste y quieres olvidar y que tienes derecho a hacer.

Decía Nietzche que: “ Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”.No sólo te lo digas, haz que te fortalezca. Escribe tu propia historia de resiliencia, aprendiendo del golpe para levantarte y seguir adelante. Eso te hará diferente.

No te ates a tu piedra, todos podemos cambiar, si queremos.

Seguro que ya ni siquiera eres la misma persona que la semana pasada, que el mes pasado. Crecer significa eliminar y analizar pensamientos y reacciones para poder cambiar y mejorar. El pasado no tiene remedio más que cambiando tu presente. Cada día es una nueva oportunidad para empezar, a pesar de todo, a pesar de todos…

 Tenemos esa posibilidad y nadie puede negarnos que ese crecimiento nos lleve a pensar distinto y a actuar distinto.La comprensión que pedimos a otros para con nuestros cambios, debe ser un primer paso para no juzgarles y atarles a los suyos.Necesitamos practicar la comprensión y la empatía con los demás. No sólo cuando no tenemos nada que perder sino cuando creemos que lo contrario nos haría ganar.

 Si queremos una segunda oportunidad, ¡qué menos que dársela a los demás!

 

 

 

¿Cómo está tu taza?

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La taza de té

“Cierta vez, el sabio Nan-in recibió a un vanidoso profesor universitario que lo visitaba para conocer sus enseñanzas. Nan-in le sirvió té. Llenó la taza de su visitante y cuando la misma rebalsó, siguió vertiendo la infusión. El profesor se quedó mirando cómo el líquido se derramaba y pensando que el sabio era un tonto. Finalmente no pudo contenerse: —Está colmada —exclamó—. ¡Ya no cabe más! —Como esta taza —dijo Nan-in—, usted está lleno de sus propias opiniones y prejuicios. ¿Cómo puedo mostrarle la verdadera sabiduría a menos que vacíe su taza antes?”

Cuántas veces cuando  escuchamos, lo que principalmente hacemos, es cotejar lo que oímos con lo  que conocemos o sabemos para preparar nuestra respuesta, sin ni siquiera pensar en que quizás lo que la otra persona nos está relatando es algo de lo que podemos aprender sin “a prioris”.

Tenemos nuestra mente llena de creencias que heredamos, adquirimos y automatizamos sin cuestionarlas y sin darnos cuenta que son ellas las que condicionan nuestra vida y nuestro desarrollo.

Opiniones y prejuicios que mantenemos contra viento y marea, a pesar de que lo único cierto es que todo cambia, interpretando esta firmeza como una muestra de fortaleza, cuando es un grito desesperado de debilidad.

La próxima vez que inicies una conversación con alguien y manifiestes una opinión con la que tu interlocutor no esté de acuerdo y la rebata. Vacía primero tu taza.

Observa, escucha, comprueba tus argumentos,  los suyos, analízalos. Piensa en que su vida, su experiencia, y su análisis depende de su trayectoria vital y la tuya igual. No juzgues, escucha e intenta entender.

No dudes en matizar o cambiar de opinión. En eso consiste crecer.

Todo pasa por algo…

piedras

 

 

Después de muchos años todavía me pregunto que lleva a muchas personas a utilizar su energía, no para descubrir su potencial y mejorar su entorno, sino en destruir, criticar, atacar a otros, sus ideas o sus propias personas.

Es cierto que quien invierte en esto su tiempo produce varios efectos, primero muestra su propia debilidad, puesto que atacando cree que va a producir el mismo efecto que produciría en ellos. Además muestra sus armas al arrojar contra otros sus propias cuitas, decía Carl Jung que lo que no nos gusta de otros, en el fondo es algo que tenemos que revisar en nosotros, puesto que es algo que, en nosotros, no funciona. Y entre otros más, estas emociones negativas te hacen estancarte, volverte víctima, reactivo y no te dejan avanzar, ilusionarte y proponer. Vas pasos por detrás desde el principio, habiendo echado el ancla casi siempre en el pasado.

Sólo das información y aireas las miserias que puede haber detrás de ti, como detrás de cada ser humano que todavía no ha conocido la compasión, la empatía y otra forma de comunicarse que sea más asertiva y colaborativa. Manifiestas tus malos modos cuando el viento no te es favorable, lo que a la vez dice mucho de tu madurez.

Además pienso que los obstáculos que vamos encontrando en la vida, lejos de ser acontecimientos sólo, también son personas que nos enseñan sobre distintas cuestiones vitales. Bien podemos, con las piedras que lanzan, construir nuestros propios muros para elevarnos sobre ellos y ver más allá. No dejo de insistir en que cada uno de nosotros, lejos de ser tóxicos  por naturaleza, hemos, por nuestras experiencias, desarrollado distintas estrategias, que a veces no son las adecuadas para nosotros y nuestros objetivos, pero en cierto modo el hábito y la costumbre nos parece que no nos dejan más opción que el sufrimiento y la ira.

Quiero pediros que quien pueda, sea consciente y entienda que la mayoría de nosotros vive en su interior mil batallas de las que nada sabemos, aunque recibamos daños colaterales,  sea capaz  de ser paciente y empático, tanto, como para ir más allá de sus emociones negativas automáticas y salvándolas con una reflexión, ayude a que esas personas no repliquen su comportamiento allá donde van  y haciéndoles ver que a quien únicamente lastiman con ese proceder es a quien vivirá en su cuerpo para siempre, ellos mismos. Los demás, todo lo que harán será evitarles con cualquier excusa, pero quienes queramos ser diferentes seguiremos buscando esa fantástica persona que hay en su interior queriendo salir.

De acuerdo que es una gran gesta pero la satisfacción de saber controlarse uno mismo, poder pensar para elegir la respuesta y ver florecer a los demás, no tiene precio.No te rindas, si quieres ser distinto, no puedes actuar como los demás, no huyas, aprende y ayuda a aprender.

¡Todo y todos pasan por nuestra vida, por algo! 😉

Desconectado

desconectado

 

 

 

Leyendo sobre la detención de los tuiteros  catalanófobos, y de las ácidas y anónimas críticas políticas en las precampañas electorales, me pregunto ¿hay siempre un “ellos” y un “nosotros”?, ¿todo vale para “diferenciarse”?

La religión, la política, la sexualidad, la raza, nacionalidad, la opinión o la circunstancia personal o social. ¿Todo lo que diferencia, discrimina?,¿todo lo que diferencia, condiciona?,¿tan necesario es crecer o nacer frente a algo con anticipación del “anti”?

No me parece tan original esperar a que alguien haga, diga o construya algo para entonces declararse en contra.

Cuando alguien está conectado a los demás, todo lo superficial y diferente parece desvanecerse, las energías se juntan sin recelos para compartir, para conformar, para construir juntos.

Esas etiquetas que nos parecen dar seguridad, esas identidades, pertenencias, son al fin y al cabo miedos e inseguridades que nos unen frente a un enemigo común que no es real, que inventamos irónicamente para supuestamente unirnos.

Alguien a quien no consideramos de nuestra familia, de nuestro grupo, de nuestra tribu y al que por este hecho denostamos y evitamos, haciendo que nos perdamos los grandes matices que aportan las distintas vivencias y experiencias que nos modelan a cada uno.

Identificarse con un grupo, con un territorio, con una lengua es hacer nuestro mundo pequeñito y a nosotros mismos, seres inadaptados, incapaces de partir de un mínimo común denominador y de sobrevivir en otro entorno.

En estas etiquetas siempre hay quien a sabiendas o sin querer, gana en la diferencia, haciendo que en el de enfrente sólo encontremos  más de las siete diferencias del juego.

Esto hace que haya quienes estén  interesados en que tengamos ese filtro, el de la diferencia, como defensa, en lugar de tenerlo como enriquecimiento  social.

Si ahondas en “nosotros”  y “ellos”, acabarás solo, dentro del “yo”, no sólo gastarás raudales de energía para diferenciarte, sino que fomentarás la crítica exacerbada y personal y esto hará que seas incapaz de llegar a acuerdos por encima de las diferencias.

Puedes llegar hasta el absurdo de que nosotros y ellos, exista dentro de la misma familia, del mismo grupo, de compañeros de trabajo, de tu entorno más cercano…

Ese ego que muchas veces no nos permite ser felices, nos hace definir quién está con uno y quién no lo está, con la excusa de que nos protege y asegura cuando produce todo lo contrario, reducir nuestro mundo, perder todo y mantener nuestros miedos y ganar en la divisiónAbandonar la necesidad de sentirnos aislados de los demás es un triunfo que indica el grado de desarrollo personal de  cada uno. Comenzar a verse como miembro de la familia humana, de una tribu común es una liberación que permite acercarse a los demás para sumar. Piensa en global

Haz un ejercicio:

  • Sé consciente de cuántas veces dices “yo” en una hora y trata de eliminar algunos.
  • Deja de hablar de ti mismo,  pregunta a los demás, interésate por ellos.

Busca la conexión  y  las similitudes, te resultará mucho más fácil que lo que has hecho hasta ahora y tendrás mejores resultados.

Opiniones navideñas

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Se acercan las Navidades y las reuniones familiares. A veces no estamos acostumbrados  a compartir tanto tiempo con la familia y en otras ocasiones, son estas fechas las únicas que nos reunen, por lo tanto, de año en año vamos almacenando emociones de todo tipo asociadas a las personas que vemos tan poco, hasta hacerlas idénticas a las etiquetas que les hemos puesto desde  hace años, sin apenas cuestionarlas.

Una gran ayuda para combatir ese efecto es estar prevenido frente a estos mecanismos automáticos que hacen que, de una opinión inoportuna o desafortunada, pensemos que una persona es así o asá, sin darle una nueva  oportunidad.

Si por algo parece que reconocemos estas fechas es por el ambiente que promueven de generosidad y bondad, a pesar de que a más de uno les parezca caramelizar forzosamente unos días del año, ese espíritu puede ser el que nos ayude a mejorar nuestras relaciones familiares, algo que abundará en nuestra seguridad y confianza personal al poder extrapolarlo a nuestra vida cotidiana y laboral.

Recordar la diferencia que hay entre las observaciones y las opiniones, esto es lo que nos ayudará enormemente a no destruir nuestra felicidad, ni nuestra paz interior en estas fechas.

Las observaciones son hechos que se sostienen y comprueban por sí solos y se diferencian por esto de las opiniones que son juicios  que emitimos las personas, conforme a nuestra experiencia. A veces vertimos opiniones como si fuesen hechos irrefutables y esto produce un efecto decisivo en nuestro interlocutor, haciendo que empiece una discusión por cualquier frivolidad.

Seguro que con este simple ejemplo lo podemos entender, si yo digo “hace frío debemos subir la calefacción”, otro persona puede refutar esa opinión diciendo que “hay 23 grados, no puedes tener frío”. Esa simple introducción que parece inocua puede derivar en una conversación crucial que fastidie toda una noche al poder derivar en pensar que alguien quien imponer su criterio, en qué es lo que creemos que es cada uno, en qué gasta el dinero, en fin… en virtudes y  defectos que se convierten en una batalla campal, a cuenta de una simple opinión. Sin entender que el hecho es que “hace 23 grados” y a esa temperatura unos tienen frío y otros, calor, algo que depende  de múltiples variables, de si se está en movimiento, más o menos abrigado, alimentado…

Si conseguimos distinguir entre lo que es una opinión y lo que es observable podemos entender que lo primero es una cuestión exclusiva de la persona con su propia autoria, una interpretación personal que nada tiene que ver con nosotros o con querer ofendernos o molestarnos, es simplemente fruto de su análisis con los recursos que posea, que pueden ser más o  menos pero casi siempre distintos a los nuestros.

Muchas de estas opiniones que vertimos son automáticas y por lo tanto inconscientes, no nos damos ni cuenta de que entre nuestro público, hay personas a las que sin querer podamos aludir. Además lo escondemos con frases impersonales para no ser responsables de la opinión, no decimos “yo tengo frío” que sería lo correcto, sino “hace frío”. Muchas de estas opiniones se convierten en juicios tóxicos. No añaden ni aportan nada, sólo molestan.

El no hacerlos, supone que pensamos antes de hablar. Reflexionar sobre si mostrar este tipo de opiniones merece la pena o quizá hacer este análisis previo, puede significar un aprendizaje definitivo en tu persona para saber opinar de forma productiva. Expresando “nuestra verdad”, como una opción más, sin imposición y basándola en hechos que tampoco son definitivos para tener razón.

Además para que una opinión produzca un efecto en ti tienes que autorizar al emisor para que su evaluación te afecte. Ese es el momento  en el que va a hacer entrada tu espíritu navideño, encontrando mil razones por las que ese familiar tuyo ha hecho esa apreciación y por cuántas razones no te va a afectar, ni a tu humor,  ni a tu opinión sobre él. Si cambias tu actitud hacia él, cambiará la suya hacia ti.

Rompe el círculo tóxico. Diferénciate. Convierte tus Navidades en un gran aprendizaje.

Diferencias fascinantes

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Hace más de veinte años, empecé mi aventura vital en solitario.Después de estar al calor de mi familia y protegida por mi entorno, sin la total convicción de mis padres, comenzó mi  viaje.

A ellos les agradezco su esfuerzo para darme la oportunidad de pasar un año a miles de kilómetros de distancia de mi casa, viviendo en otra familia, aprendiendo otro idioma y sacándome las castañas del fuego yo solita, con mis dieciséis añitos recién cumplidos.

Muchas son las andanzas e historietas que puedo contar de aquel maravilloso año y de lo mucho que aprendí, pero hoy quiero hablar de algo que me impactó desde el primer día, me fascinó, abrió mi mente y cambió mis creencias, las increíbles “diferencias” que vi.

Mientras yo no acostumbraba más que a ver blancos, católicos, casados o solteros, funcionarios o empleados, de repente un mundo de posibilidades se abrió ante mis ojos, compartía mis clases con  todo tipo de asiáticos,  afroamericanos, compañeros con “varios padres”, “varias madres” y “diferentes hermanos”, católicos, budistas, infinidad de variedades protestantes  evangélicos…además, casi todas las personas que me rodeaban eran autónomos y dirigían su propios negocios, numerosas combinaciones de muchos elementos, todas nuevas para mí.

Tuve la oportunidad de asistir y observar cómo estas religiones, con la mayor normalidad, compartían centro para sus ceremonias y celebraciones, colocando y recogiendo sus símbolos después de cada culto.

Me encantaba ver, que a pesar de las diferencias entre ellos y de lo distintos que a mí me parecían, eran capaces de unirse en cuestiones como la lengua para poder comunicarse.

Ahora, después de tantos años, todo aquello me parece casi “lo normal” pero entonces me impactó, tanto, que me hizo una defensora de las inmensas posibilidades de la diferencia y de que precisamente en ella, está nuestro avance, en conseguir enriquecer entre todas el “nosotros”.

 Nunca más tuve miedo de probar nada distinto, ni de hablar con nadie ajeno, ni de cuestionarme todo, de escuchar a todos, de confiar en personas muy distintas  y si algo aprendí  de aquella experiencia es, que lo fundamental es partir de lo que nos une. Entonces lo hice y aprendí  inglés para poder comunicarme con toda esa gente interesante que pensaba, actuaba y vivía de forma muy diferente a lo que yo estaba acostumbrada.

En el colegio, las asignaturas estaban mezcladas, como si fusionasen  la formación profesional y el instituto, algo que también me forjó  la idea de que cada uno es mejor que los otros en algo, no importa en qué, siempre hay que crear la idea del beneficio para “nosotros”,  la mayoría de las veces lo somos en algo diferente y  lo importante es sacar todo el potencial posible de cada uno para hacer algo bueno juntos. Y por fin, ¡a eso me dedico!

Por eso coincido con Karen Anderson en que lo importante no es la riqueza, ni todos los estupendos títulos que tengamos colgados, lo importante es que aprovechemos todas las diferencias para conectarnos, para enriquecernos y para ver que el mundo juntos, puede ser un lugar mucho mejor para todos.

 

Os dejo  su inspirador  TED por si quieres ser un “Opportunity maker” 😉 

El bumerán de la amabilidad

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Es descorazonador como podemos llegar a ser tan inhumanas las personas, cómo incluso podemos sin rubor entrar en cualquier lugar o  pasar por el lado de muchos otros y comportarnos como si no hubiese nadie.

Podemos conformarnos con un mínimo de cortesía, buenos días  o tardes, gracias, por favor, adiós, y en nombre la buena educación hacer un esfuerzo, aunque no me refiero precisamente a esto, me parece un mínimo innegociable.

Hablo de ir más allá, de ver en cada persona con la que cruzamos nuestra vida un ser humano con los mismos ingredientes que nosotros, con más similitudes que diferencias,  aunque su trayectoria vital le  haya hecho combinarlos de otra manera.

Con algunas personas con las que charlo acerca de esto, piensan que siempre está en los demás y no en ellas mismas el tomar la iniciativa en el saludo, en la sonrisa, en esas palabras amables, en esa acción pequeña o grande que puede cambiar el curso de la historia personal de mucha gente, y ¿qué te cuesta?

Qué te cuesta ser proactivo y desplegar tu amabilidad con los demás, alegrarles la vida, al menos en su contacto contigo.  Parece un esfuerzo vacuo aunque si le das la oportunidad de ver su efecto, se convierte en un maravilloso bumerán que estarás encantado de que vuelva.

Un pequeño toque de calidez en la vida de otros puede ser mágico, sobre todo el aquellos con los que más cuesta hacerlo, quienes más lo necesitan, quienes por distintos avatares  están más que acostumbradas a que sean otras las formas con ellos o simplemente les ignoren, haciéndoles  invisibles y pequeñitos en su entorno.

Si realmente fuésemos conscientes de ese poder, en nosotros y en los demás, no escatimaríamos tanto y lo utilizaríamos  más a menudo.

Seguro que si lo piensas recuerdas algún episodio en tu vida en el que alguien fue amable contigo sin conocerte, te ayudó sin pedirlo, hizo algo por ti que te reconcilió con lo mejor de cada uno.

¿Qué te parece empezar hoy por alguna pequeña acción en la vida de alguien más?

Te invito a ver este video que seguro te inspirará

 

“La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida”. Arthur Schopenhauer

Y si tuvieses el poder de evitarlas…

conversaciones

 

“Crucial Conversations Tools for Talking When Stakes Are High”, este libro conforma mi práctica para este verano y quiero compartirlo con vosotros.

El verano  es una época fantástica para entrenar la comunicación, sobre todo dentro de la familia, a veces la dinámica del  resto del año con el trabajo y las pocas horas que pasamos con ellos, hacen que pasar más tiempo juntos sea un reto para muchos, aunque sólo tienes que plantearte si quieres pasar un tranquilo periodo estival o no. Está en tu mano.

Si con alguien merece la pena hacer un esfuerzo es con la familia, en ese centro de interacciones que  muchas veces olvidamos que se basa en el amor y el sufrimiento que compartimos y que o bien nos hace crecer y fortalecernos, o puede que lo convirtamos en un infierno. De nosotros depende.

Uno de los puntos básicos que podemos tener en cuenta para mejorar nuestra comunicación es reflexionar  sobre quién es nuestro sujeto activo, a quien podemos controlar y supervisar el comportamiento, que no esté fuera de nuestro alcance, ni de nuestro control, es decir,  toda la responsabilidad recae en nosotros  mismos.

Si empezamos a tener esto en cuenta y no sólo nos centramos en el contenido y el receptor  de nuestros mensajes puede que mejoremos exponencialmente nuestras relaciones. Sólo ofrecer a nuestra mente otra perspectiva a tener en cuenta más allá de lo que decimos, al tener que observar  las condiciones en las que lo hacemos, nos lleva a ser  más conscientes de nuestro  impacto.

Si conseguimos poder “salirnos” de las conversaciones y vernos desde fuera, podremos llevar a cabo más acciones que nos lleven a retomar el diálogo y no nos conduzcan a una absurda y fútil discusión.

Cualquier amenaza o cuestión negativa que advertimos nos dura, sin hacer nada más, por el cortisol suministrado, 24 horas o más de recuerdo de este desagradable episodio, así que la próxima vez que vayas a decir algo que produzca este efecto por el mero hecho de salirte con la tuya, piensa en los efectos colaterales de seguir varios días con la misma molesta sensación.

Me encanta cuando  algunas personas se autoengañan  asegurando  que a ellos  los enfados se les pasan rápido, la mayoría de las veces, se refieren a los que ellos mismos provocaron por no callarse cuestiones cruciales para la otra persona  que sabía tendrían ese efecto. Sin embargo si se han sentido agredidas por otros, les dura lo que la neurociencia confirma.

Es lo bueno que tiene la convivencia que ya sabes las teclas que no tienes que tocar para  herir a la otra persona y sin embargo, ¿qué nos lleva a ello?, ¿qué nos hace herir a las personas a quienes más queremos y que forman parte de nuestro entorno más cercano, cuyo efecto en su humor influye directamente en el nuestro?

Primero, la falta de reflexión sobre la relación que nos une a esas personas, recordar qué nos hace quererlas tanto, no es más que amor y por lo tanto sus sufrimientos y su alegría es la misma que la nuestra, si ellos sufren, sufrimos y si ellos gozan, gozamos.

 

Segundo, que nos sentimos atacados en nuestra seguridad y cuando la cosa se pone fea, sólo pensar en “claudicar” hace que nos cuestionemos a nosotros mismos. No somos capaces de abstraernos del argumento o del contenido para tener una visión más amplia que tenga en cuenta nuestros sentimientos hacia la persona que tenemos enfrente y de lo que estamos provocando con lo que decimos, del daño que infligimos. Sólo pensamos en nosotros y en cómo nos sentimos.

Tercero, que cualquiera de las vías por las que solemos transitar en las discusiones, tanto el silencio como la violencia, tienen consecuencias no deseadas para todos.

 

Unas pautas que podemos seguir este verano para conservar nuestra tranquilidad en cualquier relación, son :

  • Ser conscientes, no sólo del contenido de lo que estamos diciendo, sino de las condiciones en las que lo hacemos.
  • Darnos cuenta de cuándo la cosa se pone seria y evitar continuar.
  • Tener en cuenta la seguridad de los que nos rodean y no torpedeársela.
  • Observar si se mueven hacia la violencia o hacia el silencio como estrategia personal.
  • Observar nuestra reacción en situaciones de estrés.

 

Seguramente tras una discusión o antes de empezar siempre pienses que la culpa es del otro, y que es un _______, pero éste seguro que pensará lo mismo de ti.

¿Y si tuvieses el poder de evitarlas?, ¿lo harías?

¡¡Empieza!!

foto:asociacioneducar

Mirarse el ombligo

ombligo

 

No sé si alguna vez habéis reparado en ello, porque conocéis a alguien en quien lo podéis ver reflejado o quizá os ocurra a vosotros mimos.

 Cuando estamos todo el tiempo pendientes de nosotros mismos, de qué no duele, qué nos pasa, cómo nos sentimos y quién nos presta atención o no, desarrollamos  un individualismo extremo que  nos dificulta salir de ese estado y disfrutar y ocuparnos de quienes están y lo que ocurre a nuestro alrededor.

Somos capaces de saber cuándo fue la última vez que nos dolió la cabeza, o el codo, cuando nuestro jefe o compañero nos hizo esto o lo otro, cuándo salió esa nueva cana o arruga o los gramos exactos que hemos ganado o perdido desde la semana pasada. Sin embargo no sabemos nada de las personas en nuestro entorno,  de las que se supone que queremos y nos importan.

Apenas podemos decir si alguien está más serio de lo normal o su cara o corporalidad nos dice si necesita de nuestra ayuda porque estamos tan ocupados preocupándonos de nosotros mismos que simplemente no tenemos tiempo ni  hemos desarrollado las habilidades necesarias para hacerlo.

 

En algunas ocasiones se forja esta forma de ser a la sombra de otras muchas personas que en su ansiedad por ocuparse de nosotros y con la mejor de las intenciones nos dejan si herramientas cuando, deciden por nosotros, intentan controlar  nuestras acciones en todo momento y nos excluyen de responsabilidades  familiares o personales que nos  incumben a todos dentro de nuestro propio entorno.

Al evitar que sean dueños y dueñas de su propia vida, estamos evitando que puedan desarrollar  empatía  con los demás, que se pongan en otras situaciones y que sepan comprender qué está pasando en otras personas, escucharlas  y ayudarlas

Acaban siendo incapaces de salir de sus propios reproches hacia lo que los demás no han hecho o no han tenido en cuenta sobre ellos. Da igual si ocurrió hace siglos, sigue siendo una defensa con la que callar a todo aquel que les intenta sacar de su ensimismamiento.

La peor de las noticias es que no conozco a nadie que ocupado y preocupado  en demasía por ellos mismos, sea feliz. Que pueda disfrutar de las alegrías propias y ajenas y que no acabe comparándose constantemente o enfocado en algo que le falta o le sobra para tener algo que lamentar.

Siempre habrá alguna novedad que interpretada como otra maldición te hará  no disfrutar del interesante y emocionante viaje que es vivir y apreciar lo que hay a tu alrededor en cada momento.

Recuerdas cuando fue la última vez que, hiciste algo y no lo apuntaste y reprochaste, que pediste perdón a alguien porque no le tuviste en cuenta, porque no pensaste en alguien más que en  ti para decidir hacer o decir algo, que agradeciste lo que alguien hizo por ti, que llamaste  para preguntar en lugar de para desahogarte.

Mirarse el ombligo es uno de los deportes menos interesantes que existen, se gasta  energía raudales  y no se recupera ni en forma física ni en salud mental. Es un hábito autodestructivo,

Si quieres que todo empiece a tener otro color en tu vida prueba a, cada vez que empieces a pensar en ti y en tus cosas de siempre, visualízate haciendo cosas por los demás y hazlas, sin esperar nada a cambio, pequeñas cosas, sé consciente de ellas y del efecto que producen en ti.

Ocupado en los demás, seguro que  minimizarás “tus cosas”.

Relativiza tus necesidades y tus juicios de los demás, o acaso te  gustaría a ti que te hiciesen lo mismo.

 

Sal de ti mismo, tu alrededor puede ser un lugar maravilloso en el que vivir.

 

No es justo

justicia

 

Dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece ha sido una búsqueda y una lucha presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Estoy segura de que mis circunstancias, mi entorno y mi socialización contribuyeron definitivamente a que la justicia estuviese arraigada en mis más profundos valores junto con mi compromiso social.

Esto ha tenido su vertiente positiva y su vertiente menos bondadosa pero a la que he conseguido domar y os cuento cómo.

Mi participación en asociaciones universitarias, en la defensa de la igualdad de oportunidades y en la política durante todos estos años ha estado guiada por defender y mantener este valor. Esto me hacía que ocurriese lo que ocurriese, no flaquease en ningún momento. Esta determinación me ha hecho ser inasequible al desaliento, me ha inspirado para aprender, saber y  conocer de qué manera podía hacer este mundo más justo.

No he escatimado en esfuerzos personales de todo tipo para hacer ver y evitar que las injusticias se cometiesen por doquier o al menos tan cerca de mí. No dude en abandonar cosas, emprender  otras y luchar por ello. Si algo conseguía provocarme, era una injusticia.

Esa energía que me ha ayudado a estar años defendiendo contra viento  y marea posturas en solitario por el hecho de creer que eran justas, tenía su lado menos atractivo, a su vez me convertían en una persona seria, pensativa en exceso y preocupada, que se enfrascaba en cualquier discusión o debate en el que alguien demostrase poner sus intereses antes que el bien común, aprovechándose del sistema.

Era encender una mecha que difícilmente podía apagar hasta que no agotaba a mi interlocutor asaeteándole a preguntas y argumentos hasta dejarle sin fuerzas. La injusticia producía en mí, lo que el pelo en Sansón, una fuerza hercúlea.

Conseguía a base de aciagos resúmenes, eso sí totalmente  verídicos y comprobables inocular esa intranquilidad a todo el que me quería escuchar en mi afán por darlas caza y evitar cuantas más injusticias mejor, sin reparar, ni entender las razones de cada uno para no hacerlo. Algo que sufrieron los míos en primera persona.

Efectivamente era incapaz de salir de esa vorágine por mí misma  y si alrededor veía que las personas se habían rendido y plegado a un sistema injusto se generaba en mí una nueva erupción volcánica, con el consiguiente riesgo de magma para mi mente y mi cuerpo.

Tuve que utilizar mi propia travesía del desierto para poder reflexionar sobre este valor y su influencia en mi vida. Conseguí darme cuenta de que la justicia no depende en un porcentaje tan alto de lo que yo controlo y puedo hacer como creía, que para mi paz interior, para mi libertad, para mi familia tener ese valor haciéndolo depender de mí en tan alto grado conseguiría acabar con mi salud y la de mi entorno, sin conseguir victoria alguna, necesitaba energía para el largo camino que me esperaba.

Ahora es mi salud antes y sin dejar que la justicia no sea un valor imperante en mi vida, busco dentro de mí en qué puedo trabajar o emplear mi energía que sea más útil, menos estéril.

Soy escrupulosa en no cometer injusticias,  apenas juzgo, soy compasiva y trabajo para  ayudar a que las personas que lo deseen, encuentren dentro de ellas la fuerza para ser mejores, para que sean más capaces de enfrentar estas cuestiones   y aunque  todavía sufro algún arrebato accidental,  sigo trabajo desde otra perspectiva más positiva, para  que quienes, no sé si por rendición, abnegación o costumbre, las toleran o las llevan a cabo, vean las bondades de al menos no cometerlas ellos después.

Cometer una injusticia es peor que sufrirla”.  Aristóteles

Sé que con esta táctica tengo la mente mucho más clara para poder afrontar esa cuestión pero sigo pensando  como Willy Brandt que “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen.”

 

No sé si es justo o no pero nos vemos el lunes 😉

¡Buen fin de semana!

El menú de tu contestador

menu

 

 

¿Qué opciones tiene el menú de “tu contestador”?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉

 

Yo, primero

 

yoprimero

 

 

Aristóteles muy acertadamente definió la virtud como el término equidistante entre dos vicios, y sobre ese ansiado lugar y respecto de nuestras necesidades, quiero reflexionar hoy.

 Aunque no quererse uno mismo, desdeñar siempre  las necesidades de uno y anteponer las de los demás  por encima de todo, tiene devastadoras consecuencias sobre la construcción de la autoestima y la sana relación con los demás, hoy quiero hacer hincapié en el otro “vicio”, en la de las personas que apenas consiguen salir de sí mismas, de sus tribulaciones y problemas, para preocuparse por los demás.

La mayoría de las personas que enfocan y centran toda su atención en sí mismos, dedican mucho de su tiempo a buscar qué es lo que están perdiendo en sus vidas y a tratar de recuperarlo sin mucho acierto.

Además como explica Menninger en la búsqueda de estas necesidades producen efectos colaterales que seguramente te interesará saber:

Si buscas sentido de pertenencia, te sentirás inseguro

Si buscas sentido de la valía, inferior

Si es sentido de la eficiencia, inadecuado

Y si buscas sentido del propósito insignificante.

Esto es producto principalmente del ensimismamiento que provoca no darse a los demás, no  interesarse por ellos y por cómo ayudarles  y no parar de surfear la ola de cómo estoy, qué voy a  hacer con mi vida, qué me falta para tal o para cuál  cuestión, etc.

Estas disquisiciones se agolpan en nuestra mente precisamente porque somos nuestra única preocupación, ¿en qué repercute?, en todo, en nuestra productividad, en nuestro ánimo, en nuestra energía, en todo nuestro ser y no para beneficiarnos precisamente.

 Desarrollar una estrategia de ayuda a los demás es una de las soluciones  que puedes implementar y que te ayudará más a salir de ese bucle.

Incluso, quizá, te estás tomando muy en serio y un poco de humor y reírte de ti mismo también te irá bien.

 Si quieres empezar a trabajar esta estrategia, que además te evitará que pienses en ti, en tus fracasos y tus debilidades, sigue los pasos que recomienda John C. Maxwell:

  • Pon a los demás primero en tus pensamientos. En lugar de pensar en tu comodidad, tu percepción y tu estricto interés, interésate en hacerlo con los demás.
  • Descubre lo que los demás necesitan. Escucha y añádeles valor.
  • Satisface la necesidad con excelencia y generosidad. No hagas las cosas a medias y tampoco las hagas para quejarte, refunfuñar o presumir. Espera a que cristalice la satisfacción personal.

Y en lugar de todas esas cuestiones con las que te bombardeas a menudo sobre ti, también cuestiónate sobre:

¿A quién estoy beneficiando con mi vida?

¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?

¿A quién estoy levantando que no puede hacerlo por sí solo?

¿A quién estoy dando ánimo diariamente?

 

Despreocúpate por fin de ti.

Foto:F5onlinerevista

Falsos dilemas

dilema

 

Economistas conductuales, como el genial Dan Ariely, han demostrado que nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo para tomar muchas decisiones en nuestra vida y que nos planteamos las cuestiones desde ópticas bastante simplistas, rigiéndonos más tarde por esos automatismos.

Si os dais cuenta últimamente  “hay que elegir” entre estar a favor de los “ricos” o de los “pobres”, que las personas tengan varias casas o se las expropien,  entre lo malo y lo menos malo,  entre el desalojo y que cada uno se busque la vida con tu banco rescatado, o estar del lado de la economía o del medio ambiente, no hay término medio, te tiene que gustar el frío o el calor, el dulce o el salado, el empleo que tienes o no tenerlo, trabajar en tu ciudad o en otro país, emprender en solitario o trabajar para otro, entre trabajo o  vida personal, entre estas medidas políticas o  las contrarias…

Estas decisiones que intencionadamente que se  plantean desde lo que los anglosajones denominan el “ Fool´s Choice”, como un dilema,  nos invitan  graciosamente con la intención de facilitarnos la vida. Hacen que estas falsas disyuntivas nos paralicen, desmoralicen y parezcamos cada vez más un rebaño fácil de guiar, al interiorizar este modo de proceder  y convertirlo en automatismos con los que vivimos. Cuando lo único que necesitamos son personas que nos abran el abanico de posibilidades en todos los campos y nos hagan trabajar y pensar con entusiasmo e ilusión para innovar, transformar y  mejorar nuestras decisiones y nuestro alrededor.

Decidir entre dos cuestiones, cuando las opciones pueden ser infinitas, hace que nos sintamos estresados, esto a su vez  hace que nuestras oportunidades y   opciones se reduzcan drásticamente, que no sintamos desvalidos, desasistidos, incapaces,  que elijamos  sin criterio y por necesidad. Es como si tuviésemos que elegir entre a quién queremos más a papá o a mamá.

A lo mejor en pequeñas cuestiones sí podemos y debemos  ser así de reduccionistas para no eternizar la cuestión,  pero en otras que afectan seriamente a nuestra convivencia y nuestro desarrollo, este simplismo nos perjudica  y no nos permite avanzar.

Cuando todavía leo cuestiones de hace cien años como recetas para gobernarnos, me espeluzna que hayamos conseguido tantos avances científicos y en el desarrollo humano y político sigamos en pañales.

Personalmente a mí ya no me convencen, ni me atemorizan con  amenazas de que la otra opción única será devastadora para mi intereses, cuando si analizo, lo que obtengo en cualquier caso es, más de lo mismo: temor. Ya me ocupa y preocupa bastante mi futuro para que jueguen con mis miedos como estrategia. Yo quiero ampliar mis opciones, oportunidades, retos, desafíos, objetivos.

Requiero unos nuevos líderes sociales, políticos, sindicales, empresariales  que empaticen con los sentimientos y necesidades actuales de los ciudadanos, no en contra de nadie, sino a favor nuestro y quiero que me resuelvan lo que acontece en la sociedad, ahora, multiplicando las oportunidades y las opciones de avance, sin causar otros problemas y resolver esos otros. Inspirándome más que desesperándome, ¿pido tanto?

Líderes, personas seguras, que antepongan nosotros a yo,  comprometidas, que no vean la vida en blanco y  negro sino que se atrevan a escuchar, a probar a pintar  con todos los colores, con conocimiento, valentía y afán de servicio a la sociedad, que  crean más en nosotros y nuestras capacidades para remontar, que en ellos, que sean capaces de partir de lo que nos une y no de lo que nos separa, que maticen, prueben e implementen sin complejos fórmulas nuevas para producir efectos nuevos.

Conmigo que no cuenten para ratoncito tras su flauta. Sólo lo haré cuando suene la música de unos músicos que realmente estén más pendientes del público que de mejorar sus instrumentos y de lo que les interesa tocar.

Abróchense los cinturones

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Si sólo dependiese de que fuésemos buenos y eficientes en un trabajo, muchos no tendrían de qué preocuparse pero desde que las matemáticas y los números que arrojan las empresas pesan más que la meritocracia, esto ya no es un seguro para nadie.

En poco tiempo nos hemos tenido que acostumbrar a esto, a que balances y accionistas se antepongan a cualquier otra cuestión en aras de la gestión y aunque siguen existiendo personas que creen que su mayor seguridad depende de un trabajo indefinido por cuenta ajena, el escenario ya no es el mismo. Es hora de que dejemos de  poner todas nuestras expectativas en  ello.

Cuando me refiero a esto, no quiero decir que esté en contra de trabajar para otros y que crea que la panacea es tener tu propio negocio, a lo que me refiero es a que debes estar seguro que ser un recurso humano atractivo en cualquier momento para cualquier empleador y no poner todas tus expectativas en tu actual trabajo o en tu jefe. Él igual que tú, aunque en otro rango, la mayoría de las veces también es un empleado y puede que pronto esté en la misma situación que tú.

Es cierto que todavía pesa en nuestra mentalidad que los trabajos deben ser para toda la vida y que en su mayor parte, esto depende de ti. De ahí que haya muchas personas que aguanten en trabajos que odian por vislumbrar un futuro aún más oscuro fuera de él. Pues he de decirles que una de las causas de padecer la mayor parte de las enfermedades nerviosas y de corazón es esa precisamente, aguantar en un trabajo que no te gusta y al que le dedicas muchas horas. Aunque tú sabrás si te merece la pena esto para seguir en tu carrera hacia conseguir más cosas materiales, sí que me gustaría trasladarte una sugerencia.

 ¿Por qué en lugar de apostar todo a tu jefe, no  amplías tu cinturón de seguridad, fuera del que todo te da más miedo y desarrollas tus dotes de empatía y comunicación con tus compañeros y compañeras o incluso lo expandes más allá de tu departamento o área? Tener este círculo construido con una base cimentada de confianza y entendimiento, no sólo te va ayudar basándote en el viejo adagio de “la unión hace la fuerza” sino que el poder compartir con ellos con libertad tus preocupaciones y alegrías hará que tú trabajo sea menos tedioso y más potenciador de tus habilidades.

Seguramente serán ellos los que mejor entiendan tu situación  y en el caso de que  dejes de trabajar ahí podrán echarte un cable desde sus posiciones. Solos, estamos condenados a magnificar nuestras penas y a refugiarnos paralizados  en nuestros pesares, cuando de la unión puede salir cualquier otro magnífico proyecto.

Si consigues que este círculo de seguridad sea cada vez mayor, cuando te ocurra alguna cuestión imprevista no te encontrarás solo y eso te ayudará a seguir en un futuro en el que tú eres tu propia  empresa y tu entorno será la incertidumbre.

Procura  ajustarte  tu  cinturón de seguridad lo mínimo  o acabarás no pudiendo respirar.

¿Eres colaborativo?

colaborar

 

He de decir que al principio notaba algo diferente pero no sabía exactamente qué era. Me resultaba atractivo en las personas que iba conociendo y que respondían a un mismo patrón de entusiasmo y acción.

Ahora que lo he descubierto, lo practico y fomento conscientemente. Ser colaborativo, no sólo es una ventaja increíble sino que también es una cualidad del desarrollo humano que da unos réditos y una satisfacción , increíbles.

Cuando pones en marcha un negocio y estás en contacto con quienes quieren emprender y viven esto con ilusión, apenas encuentras  a los típicos emprendedores “Golum” cuya idea es un tesoro que no pueden contar, sopena de tener que acabar con tu vida. Todo lo contrario, estas personas buscan a quienes les impulsen con la narración de sus comienzos y les hagan  preguntas interesantes sobre su idea, para crecer, para tener otra perspectiva.

Lo que diferencia a quienes finalmente la ponen en marcha respecto de otros, a mi  entender, es el desarrollo humano del que se han provisto antes y creo como otros muchos gurús que el resultado y el éxito, será proporcional al mismo.

Cuanto menos “evolucionado” es alguien  más deja que actúe sobre él el sistema antiquísimo de alerta de la amígdala cerebral  y esto supone que ese mecanismo primitivo que nos hizo sobrevivir en el pasado, todavía está sin trabajar y sin dirigir por el lóbulo frontal. Es más miedoso y está más a la defensiva, por lo tanto, es más testarudo, se abre poco a las ideas de los demás, a cambiar de opinión, confía menos en las personas, ve fantasmas donde no los hay, cree que la información es poder y que hay que ocultarla y usarla en provecho  propio y permanece  pendiente en exclusiva de su devenir vital.

Sin embargo quienes superan este estado y domestican a su ser primitivo, entienden que de la colaboración y el provecho mutuo es de donde nacen los grandes inventos, las grandes gestas, la esperada evolución y no dudan en compartir con los demás.

Mantienen un espíritu que engancha con el que se da antes de recibir, todo se agradece, se comparte, se pone en común, se mantiene el contacto, se alienta.

Seguro que has oído hablar del crowdsourcing (Wikipedia), del crowdfunding (gofunding),  el coworking(compartir lugar de trabajo), el software libre (Linux)…existen cada vez más ejemplos del éxito común.

Y lo que más me gusta y celebro es que todas estas cuestiones han superado a los gobiernos, quienes sólo creen en hacerlo obligatorio, por ley. Quienes insisten en  hacer creer a los demás que  ir más allá de uno mismo no es algo que el Ser Humano haga sin que sea de manera coactiva, que jamás puede ser parte de la libertad individual .Su  escasa visión es cada vez más patente y produce hartazgo.

Yo también sospecho de quienes quieren dirigir la vida de los demás sin dejarnos que seamos nosotros quienes descubramos y practiquemos que solos no llegaremos muy lejos o, como dice el proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, ve sólo  pero si quieres ir lejos ve acompañado”.

Quizá sea hora de evolucionar y domesticar a tu primitivo, ¿no crees?