¿Eres rígido o flexible? “Circular en las rotondas”

rotonda

“Hacía poco tiempo que me había decidido a conducir de nuevo. Siempre había sido una buena conductora pero aquel accidente, me impactó en demasía. Fuí incapaz de aplacar el sudor frío de mis manos, la aceleración de mi corazón y mi sofocada respiración. Creí que no iba a superarlo nunca. Lo hice, lo conseguí, quince años después, una vida de otros quince, espoleó mi miedo y me hizo ponerme al volante de nuevo. ¿Qué descubrí? Que eso también había cambiado…”

Un mundo en el que lo único constante es el cambio y lo que eran ayer certezas inmutables son cuestionadas hoy y descartadas mañana. Un mundo en el que la incertidumbre es una de las carecterísticas fundamentales. A ese mundo es, al que muchos nos tenemos que adaptar, aún cuando la mayoría de las creencias que tenemos proceden de nuestros padres y abuelos y nos conducimos por la vida con licencias obtenidas cuando las rotondas no eran ni siquiera una opción para distribuir el tráfico.

Si algo que ocurre, literalmente, al otro lado del mundo, acaba impactando en nuestras vidas a través de nuestras inversiones, en el precio de los carburantes, en movimientos migratorios, en el excedente o déficit de algún producto en pocas horas. Cómo podemos seguir con creencias anticuadas que nos impiden adaptarnos a cualquier situación que surja a la velocidad que este mundo requiere.

Antiguamente la rigidez en los planteamientos, en las ideas, en las opiniones era considerado sinónimo de seguridad en uno mismo, de liderazgo, de algo envidiado por quien dudaba. Ahora quienes no están dispuestos a cambiar o al menos a valorar o integrar otros pensamientos y a analizar las diferentes cuestiones con nuevas perspectivas, siendo flexible, su tranquilidad, tienen los días contados.

Ser rígido, hoy en día, significa romperse cada vez que hay que cambiar o modificar un pensamiento o creencia. Sufrir pensando en que este cambio es renunciar a uno mismo, a esa seguridad que tanto ha costado construir y que tanta energía exige para defender.

En esa rigidez apenas cabe la empatía, principalmente porque ponerse en la piel de los demás exige que dejemos todos los a prioris que tenemos heredados y grabados en nuestro interior para entender, otra vida, con otra experiencia, otras creeencias y que comprender, no es compatible con alguien que no cede un ápice en sus planteamientos y se niega a albergar la posibilidad de estar equivocado y mejorar.

Mejorar implica cambiar, es una constante revisión de todas esas cuestiones que creemos con fervor y que con el tiempo quedan obsoletas y nos hacen sufrir, esos pensamientos que nos dicen como era una madre ideal en los 70 o un jefe seguro y firme en esos mismos años y que ya no tienen cabida en el nuevo milenio, al menos como lo hemos conocido.

Es como si la ciencia se empeñase tozudamente en seguir aplicando recetas y certezas del siglo pasado para resolver enfermedades de nuestra época. Como si se negase a avanzar para no perder autenticidad. Sin saber que lo auténtico es lo que tiene unos principios firmes pero modifica las creencias y las soluciones con lo que aprende. Su finalidad sigue siendo curarnos y prevenir pero no de la misma forma. Mejora, avanza, cambia…

“La extrema rigidez es buena en las piedras pero no en los seres humanos”

¿Piensas seguir siendo una o convertirte en un ser humano de tu tiempo?

 

 

¿Roble o junco?

juncos

Hace bastantes años recuerdo en mi casa, cómo después de debatir hasta la extenuación diferentes temas sin moverme un ápice de mis planteamientos, mi madre y mi tía me resumían esta historia para hacerme entender las implicaciones que tenía ser tan rígida en mis planteamientos y principios.

Lejos de reflexionar sobre ella, confundía la seguridad en mi misma con no dudar de ninguno de mis argumentos o creencias, ni siquiera tamizarlos con las perspectivas y opiniones vertidas por los demás.

De repente con algunas experiencias vitales muchas de estas creencias comenzaron a caer y empecé a cuestionarme cada vez más cosas, juzgaba cada vez menos a los demás, me di cuenta de la enorme energía empleada en mantener cuestiones que ni siquiera yo había vivido pero que, sin embargo, defendía como mi realidad, lo cual me hacía desgastarme en demasía y sufrir más de la cuenta.

Algunos años después empecé a ver todas las oportunidades que ser flexible, sin renunciar a mis valores, significaba, reservar mi caudal para ser más creativa, era capaz de relacionar muchas más cuestiones y muchos de los asuntos que antes me parecían líneas rojas, ahora quedaban soslayados por la propia experiencia y el mayor conocimiento y abundamiento en muchos temas y el enriquecimiento con una variedad increíble de perspectivas antes inimaginables.

No es fácil pasar de roble a junco, a veces incluso es mejor contar con ayuda externa para hacerlo más rápido, pero son tantos los beneficios que serán una de las mejores inversiones de vuestra vida.

Os dejo la metáfora “Roble y junco”

He aquí un lugar remoto, tierra adentro, perdido en el mapa entre ríos caudalosos y montañas que se alzan cielo arriba. Un fragmento del paisaje igual a muchos otros. Nadie parece fijarse en él.

En un punto del camino hay una pequeña edificación que todos han visto miles de veces, igual a muchas otras edificaciones vistas de la misma manera. Dentro, está el motor que extrae agua de un pozo; agua más valiosa que el petróleo en este terreno seco y áspero.

Al lado de la casita, y solitario como ella, había un roble. Grande, fuerte y majestuoso, parecía acompañarla, vigilarla y protegerla. También cerca de la casa, creciendo en el mismo margen de la acequia que salía de ella, había unas matas de junco. Verde, fresco y ondeante, jugaba con el agua que manaba del pozo, centelleando con mil colores.

El roble, tan viejo que había olvidado hasta su edad, y creyéndose el dueño del paisaje, solía increpar al junto.

– ¿Pero cómo se puede ser así, como tú? –le pregunta-. Dejarse doblegar por el viento, inclinándose con el peso de cada insecto que trepa por ti… ¿No tienes personalidad, o qué? Si dejas que todo el mundo te diga “ahora ve hacia allí” o “echa para allá”, nunca harás lo que desees.

El junco, dócil por naturaleza, nunca contestaba. De hecho, no tenía ningún problema en ser flexible. Si el viento giraba a la derecha, le venía bien. Y si al día siguiente lo empujaba a la izquierda, pues también. Cuando el viento dejaba de soplar, el junco volvía a su posición original. Se sentía feliz de jugar con su amigo el viento.

Un día, el cielo se fue volviendo gris. Un grupo de nubes oscuras taparon el sol y se extendieron por todo el horizonte. El viento empezó a soplar con fuerza, cambiando incesantemente de dirección.

– ¡Míralo, el pobre junco! –se reía el roble-. Ya no sabe quién es ni a dónde va.

Y el junco callaba.

El cielo se ennegreció aún más, y la fuerza del viento aumentó. Las hojas del roble batían como las alas de mil palomas asustadas y el junco saltaba de un lado a otro como un látigo. Algunas hojas del roble salieron volando.

-¡Eh! –chilló el roble-, ¡Esas hojas son mías!

Pero el viento no hizo caso y siguió soplando más y más fuerte. Algunas ramas del roble crujieron, se desgajaron y también salieron volando.

– ¿Pero qué haces? –se enfadó el roble-, ¿No ves que me haces daño?

Finalmente, la fuerza del viento fue tal que el tronco mismo se partió y se desplomó sobre la acequia, en las proximidades del junco. Con su último aliento de vida, le dijo:

– ¿Sabes?, amigo, mucho me temo que he aprendido tarde la lección: es mejor ser flexible. De este modo, si alguien te dobla, puedes volver a ser tú mismo.

Hoy, aún existen los juncos, pero del roble sólo queda la base del tronco, seca y muerta.

“Las especies que sobreviven no son las especies más fuertes, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor a los cambios”. atribuída a Darwin está grabada en el mármol del vestíbulo de la Academia de Ciencias de California y figura actualmente en una exposición consagrada a la paleontología en la Ciudad de las Ciencias de París.

Foto: ojodigital.com

Salirse del guión

rigidez

Reflexionando sobre el planteamiento de objetivos, pensé en que cualquiera de los dos post anteriores podía sugerir bondades de una característica, que lejos de ayudarnos en nuestro desarrollo, nos perjudica, la rigidez.

 Cuando planteamos unos objetivos, el simple hecho de establecerlos, de tener una estrategia, nos motiva y nos pone de buen humor.

Escribirlos y visualizarlos es parte del trabajo, sin embargo revisarlos, como mínimo semanalmente, se convierte en  lo fundamental. Esto nos hace que sigamos teniendo la ilusión y la motivación del primer día y que tengamos en cuenta el dinamismo y los cambios continuos de la vida.

 Cada día nos sorprende una noticia nueva para la que no estaban preparados nuestros objetivos. ¿Quiere decir eso que hemos dado al traste con nuestros planes?, ¿Qué nuestra lista de objetivos ya no sirve?

Tomar decisiones a diario con nuevos datos se ha convertido en una necesidad actual y por lo tanto es algo que tenemos que integrar en nuestras dinámicas de “planificación”, que acabarán siendo “planes de previsión”.

 La seguridad sólo depende de nosotros mismos, de nuestro interior, todo lo demás puede cambiar de un momento a otro. La lista de objetivos es sólo una herramienta en nuestra estrategia de cara a la felicidad, que ciertamente ayuda.

¿Habremos fracasado si no se cumplen? Si tenemos en cuenta que esta afirmación proviene de no salir las cosas como estaba establecido, puede, pero significa esto que no habremos dado con otra solución a otra cuestión, que  no habremos aprendido otra forma, como decía Edison, de no hacerlo para conseguir determinados resultados. Definitivamente, no fracasamos.

¿Salirse del guión, está penalizado? Por supuesto que no, es más, está recomendado por la neurociencia aumentar nuestras conexiones sinápticas haciendo cosas que nunca hemos hecho, aprendiendo, probando, además la creatividad parte de estas incursiones en lo desconocido, en la mezcla, en salirse de la rutina.

Ponte en la situación de que el plan de crecimiento laboral que tienes previsto desarrollar en una empresa se reduce a tu país. Qué ocurriría si te ofreciesen una oportunidad en otro lugar. Seguramente los miedos a salirte del plan, te impedirían tomar una decisión que te reportaría beneficios a futuro.

La rigidez es la base de los prejuicios, de la infelicidad, de la resistencia ante la curiosidad y supone la falta de innovación y de creatividad.

Usa tus planes como un guión actualizable. No permitas que la rigidez apague tu ilusión, ni tus oportunidades.

Ser espontáneo también tiene su premio.

foto:descargarobinhood