Los tres hermanos

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LOS TRES HERMANOS

Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.

Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.

A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.

Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: «Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete». Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: «Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú». El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.

Robert Vil

¿Eres rígido o flexible? “Circular en las rotondas”

rotonda

“Hacía poco tiempo que me había decidido a conducir de nuevo. Siempre había sido una buena conductora pero aquel accidente, me impactó en demasía. Fuí incapaz de aplacar el sudor frío de mis manos, la aceleración de mi corazón y mi sofocada respiración. Creí que no iba a superarlo nunca. Lo hice, lo conseguí, quince años después, una vida de otros quince, espoleó mi miedo y me hizo ponerme al volante de nuevo. ¿Qué descubrí? Que eso también había cambiado…”

Un mundo en el que lo único constante es el cambio y lo que eran ayer certezas inmutables son cuestionadas hoy y descartadas mañana. Un mundo en el que la incertidumbre es una de las carecterísticas fundamentales. A ese mundo es, al que muchos nos tenemos que adaptar, aún cuando la mayoría de las creencias que tenemos proceden de nuestros padres y abuelos y nos conducimos por la vida con licencias obtenidas cuando las rotondas no eran ni siquiera una opción para distribuir el tráfico.

Si algo que ocurre, literalmente, al otro lado del mundo, acaba impactando en nuestras vidas a través de nuestras inversiones, en el precio de los carburantes, en movimientos migratorios, en el excedente o déficit de algún producto en pocas horas. Cómo podemos seguir con creencias anticuadas que nos impiden adaptarnos a cualquier situación que surja a la velocidad que este mundo requiere.

Antiguamente la rigidez en los planteamientos, en las ideas, en las opiniones era considerado sinónimo de seguridad en uno mismo, de liderazgo, de algo envidiado por quien dudaba. Ahora quienes no están dispuestos a cambiar o al menos a valorar o integrar otros pensamientos y a analizar las diferentes cuestiones con nuevas perspectivas, siendo flexible, su tranquilidad, tienen los días contados.

Ser rígido, hoy en día, significa romperse cada vez que hay que cambiar o modificar un pensamiento o creencia. Sufrir pensando en que este cambio es renunciar a uno mismo, a esa seguridad que tanto ha costado construir y que tanta energía exige para defender.

En esa rigidez apenas cabe la empatía, principalmente porque ponerse en la piel de los demás exige que dejemos todos los a prioris que tenemos heredados y grabados en nuestro interior para entender, otra vida, con otra experiencia, otras creeencias y que comprender, no es compatible con alguien que no cede un ápice en sus planteamientos y se niega a albergar la posibilidad de estar equivocado y mejorar.

Mejorar implica cambiar, es una constante revisión de todas esas cuestiones que creemos con fervor y que con el tiempo quedan obsoletas y nos hacen sufrir, esos pensamientos que nos dicen como era una madre ideal en los 70 o un jefe seguro y firme en esos mismos años y que ya no tienen cabida en el nuevo milenio, al menos como lo hemos conocido.

Es como si la ciencia se empeñase tozudamente en seguir aplicando recetas y certezas del siglo pasado para resolver enfermedades de nuestra época. Como si se negase a avanzar para no perder autenticidad. Sin saber que lo auténtico es lo que tiene unos principios firmes pero modifica las creencias y las soluciones con lo que aprende. Su finalidad sigue siendo curarnos y prevenir pero no de la misma forma. Mejora, avanza, cambia…

“La extrema rigidez es buena en las piedras pero no en los seres humanos”

¿Piensas seguir siendo una o convertirte en un ser humano de tu tiempo?

 

 

“Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés”. Theodor Roosevelt

mundo

Cuando hacemos referencia al poder de los pensamientos y a cómo nuestra mente nos ayuda en nuestra vida diaria, muchos de nosotros no sabemos cómo hacer el análisis para saber el funcionamiento de nuestro principal mecanismo, la mente.

Saber si nuestra mente es feliz o no, puede ser un arduo trabajo o un trabajo de campo que podemos hacer relativamente fácil estando atentos y que nos puede arrojar muchos datos sobre lo qué realmente sucede allí dentro y como mejorarlo.

Los mensajes que a diario obtenemos de nuestro entorno, de los demás, de distintos medios de comunicación, mezclados con nuestros recuerdos y experiencias, nos provocan demasiados conflictos para poder desentrañar preguntas como si somos felices, nosotros solos.

A veces nos sentimos culpables por poseer o disfrutar de muchas más cosas que otras personas a nuestro alrededor, de estar alegres cuando otros lo están pasando francamente mal y de otras muchas cuestiones que nos impiden o excusan para pensar en acciones mucho más cercanas y sencillas que contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor.

Cuántas veces has dicho una palabra amable a algún desconocido,o algún compañero de trabajo al que nunca has hablado, a cuántos extraños has sonreído sin motivo, has cambiado el humor de alguien, ayudado a alguien, incluso que no conocías, escuchado, regalado algo, invitado, agradecido, elogiado, alegrado el día…

A veces cuando veo como muchas personas intentan arreglar el mundo a golpe de agresividad, de crítica feroz, de ira, insulto, para ridiculizar o menospreciar, de querer tener la razón , pensar que sólo existe su solución, avergonzar y juzgar a los demás, pienso, en a qué mundo están pensando llevarnos cuando utilizan esos métodos que  tratan así a sus semejantes, a los próximos y a sus iguales…por nuestro bien…

Las sociedades que se asientan en la vergüenza y en la culpa no son sociedades sanas, ni dignas de modelaje o defensa. No quiero que la mía sea así. 

Sociedades que escriben solidarias cartas a personas a cientos de kilómetros mientras son incapaces de compatibilizarlo haciéndolo con quienes están sufriendo a su lado, o simplemente siendo amables con quienes les rodean y no piensan como ellos.

La felicidad para mí se construye desde dentro, desde tus pensamientos y acciones. Desde lo simple y sencillo que parece ser lo que más cuesta. Siendo consciente de que nuestro entorno cambia principalmente cambiando lo que más trabajo implica, nuestra actitud. Estamos dispuestos a influir en esto…

Construyendo, animando, alentando, apoyando, entusiasmando a nuestros padres, madres, amigos, compañeros, vecinos. Haciéndoles partícipes de lo importante que es nuestra labor en nuestro entorno, con los demás. Con nuestra palabra, nuestra acción.

Comprométete contigo mismo, toma la determinación de que vas a formar parte de ese cambio, seguro de que tus acciones son lo más importante que puedes poner en marcha para hacerlo y que tu entorno más próximo, es tu reto.

Cada vez que pienses en un conflicto internacional, en una situación injusta, escuches alguna noticia que te impacte y sobre la que te sientas impotente. Idea algo para hacer inmediatamente donde estés. Recuerda las palabras de Theodor Roosevelt.

No intentes excusarte con la necesidad de la ejecución de grandes hazañas, que obtengan un gran reconocimiento. Recuerda que cada acción que lleves a cabo a tu alrededor será parte de esa aventura interior que te llevará a ser más feliz y a compartir esta felicidad con quienes te rodean, modificando tu mundo.

Algunas ideas para empezar… sé generoso y comparte con nosotros las tuyas

  • Deja tu cambio en la máquina del café. Imagina quien lo encuentre que afortunado se sentirá.
  • Ve sonriendo por la calle y saludando a todos.
  • Ayuda a alguien que veas cargado o agotado.
  • Pregunta a alguien cómo está, muestra interés por él.
  • Llama a alguien para agradecerle algo.
  • Elogia sinceramente a alguien.

fotografía:moviespix.com

La sandalia

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La Sandalia

“Cuentan que un occidental viajaba por la India en tren en un vagón abarrotado. Un hindú
charlaba amigablemente con otros con los pies apoyados en la ventana abierta. En una
curva le cae una de las sandalias y de repente coge la otra que le quedaba y la lanza por
la ventana.

El occidental le dice:
– Pero qué haces hombre, por que tiras la sandalia que te quedaba.
Y el hindú sin alterarse responde:
– Qué haré yo con una sandalia. Al menos el que encuentre la primera que tenga
próxima la segunda.”

Tú, ¿qué hubieses hecho?

¿Qué crees que puedes extraer de esta metáfora hindú?

¿Qué cosas dejas ir? ¿A qué cosas te aferras? ¿Te son útiles?

¿Cómo afrontas los cambios? ¿ Te gustan? ¿Te asustan?

¿Cómo reaccionas ante los imprevistos? ¿Positivamente?¿Te enfadas? ¿Te bloqueas?

¿Qué eres capaz de aprender de lo que te ocurre sin haberlo planificado?, ¿eres activo o reactivo?

Merece la pena una reflexión para conocerse un poquito mejor. Buena suerte.

La psicología del tiempo

tiempo

 

Últimamente he mantenido conversaciones y he escuchado charlas en las que se tocaba tangencialmente el tema del tiempo. Muchos se sorprendían de la relatividad del mismo, decían, “si miramos al pasado has hecho y han ocurrido tantas cosas pero si miras al futuro, te parece que te quedan tan pocos años y tanto por hacer”.

 Otras discurrían sobre el tiempo en la semana laboral, hay quienes siendo lunes, no le importaría que fuese viernes y engullir los años de 56 en 56, personas que todos los días celebran  que pasen los días de su vida en una carrera loca hacia el fin de semana.

 También hay para quienes las veinticuatro horas del día no les resultan suficientes para trabajar, descansar y disfrutar. No se sabe si consumidos por su falta de decisión, la pereza o por la falta de gestión de su propio tiempo se  beben su presente a grandes tragos, sin pararse a pensar que jamás volverán a vivir ese día y tampoco saben los que les depara el futuro.

 Algunos llorarán  y lamentarán el poco tiempo que han pasado con los que se van por no volver a verlos, cuando arguyen que ha sido éste, el tiempo, o mejor aún la falta de él, lo que les ha impedido disfrutar más de su compañía.

 Unos tienen tiempo para viajar y disfrutar pero no tienen la suficiente energía, ni imaginación, ni valor para aprovechar  su tiempo libre, como lo único que de verdad tiene valor y no se puede comprar.

Otros no tienen tiempo, porque están tan ocupados en trabajar para adquirir todo ese “poder” que les lleve a conseguir viajes y cosas que se les pasa la vida sin que se den cuenta, aguantando sufrimientos creyendo que algo fuera de ellos podrá aliviarlos.

En la conclusión de muchas de estas conversaciones siempre he encontrado frases del tipo “queremos lo que no tenemos”, “no nos conformamos con nada” o “ el hombre y sus contradicciones”. Frases todas ellas que lejos de acercarnos a las temidas preguntas que nunca nos queremos formular, mitigan nuestra ansiedad hasta la próxima vez que mantengamos otra conversación similar.

Recordé entonces este TED sobre “La psicología del tiempo” de Philip Zimbardo que tanto iluminó mi concepto del tiempo cuando lo escuché y lo quiero compartir con vosotros.

Zimbardo alude a que nuestra socialización en cuanto al  tiempo produce  nuestra orientación hacia el mismo, distinguiendo entre, los que están orientados al pasado, los que lo están en el presente y los que lo están al futuro.

Cada orientación, explica, tiene unas connotaciones determinadas, y además cada una  puede ser en su versión  positiva o en negativa, e influyen definitivamente en nuestras vidas, produciendo unos efectos muy  distintos. Cualquiera de las tres, en exceso, nos perjudica.

La fórmula mágica que propone y que yo desde hace tiempo practico y funciona, habiendo estado totalmente orientada al futuro, es la siguiente. Toma buena nota:

  • Alta orientación al pasado en lo positivo: agradecer tus raíces.
  • Moderadamente alta al futuro: te dará alas
  • Moderada orientación en el presente (hedonismo):  te dará energía
  • Baja orientación al pasado negativo y al presente fatalista.

Merece la pena escucharlo

Analiza alguna de tus  últimas decisiones con esta fórmula, a que ya no lo ves tan difícil!!!!

Decisiones difíciles

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Muchas de las personas que se acercan al Coaching personal buscan encontrar una solución a un bloqueo que poseen o arreglar algo que no funciona y que tienen la intuición de que una reflexión guiada y las preguntas pertinentes, les ayudarán.

  Hacer esto es casi heroico principalmente porque vivimos en una sociedad en la que pedir ayuda, en lugar de reconocer en ello coraje y superación, lo consideramos una debilidad, a pesar de que no hacerlo nos causa dolor  y molestia. La apariencia de normalidad es nuestra absurda obsesión. Me vale el tópico de “así nos va”

 Una gran parte de estas personas lo que acaban deduciendo en sus primeras sesiones, buscando objetivo, es que lo más importante en sus  vidas es tomar decisiones y es en esta labor en la que no encuentran la estrategia a seguir puesto que no han entrenado lo suficiente o tienen creencias negativas acerca de cómo hacerlo o de su propia capacidad.

 Quienes no están acostumbrados a tomar decisiones, dudan y retrasan todas las que tienen que tomar o simplemente acaban siendo espectadores donde la vida les lleva, haciendo que su único recurso sea quejarse y lamentarse de su suerte.

 Otras no saben exactamente qué es lo que les bloquea o si lo saben no ven la forma de avanzar hacia su objetivo, puesto que imaginarlo en esas dimensiones y tan ambicioso les amendrenta  y les  hace retrasar las mismas hasta caer en la estrategia anterior.

 Quienes se atreven a exteriorizar sus inquietudes, en su entorno más cercano,  más allá de ser escuchados y ayudados a reflexionar, en muchos casos, acaban con uno o varios consejos, “tendrías”, “deberías” , que a pesar de su buena intención, o son tópicos y creencias de los demás, no siempre potenciadoras o incluso añaden más ansiedad y leña al fuego de la dificultad en la toma decisiones.

En raras ocasiones ese alguien te ayuda a reflexionar, a buscar dentro de ti,  a encontrar tu propia decisión, con tus planteamientos y toda esa información que no  tiene nadie más que tú.

 Sé que a veces son difíciles decisiones pero tomarlas tú, sin creencias de los demás, sin presiones, es lo que te hace sentarte a los mandos de tu vida y sentirte orgulloso de ti mismo, solamente por hacerlo, y como en ningún caso son mesurables, y además  no podrás comprobar qué hubiese ocurrido en otro caso, te causarán satisfacción.

Es difícil que te puedas decidir, o puedas no arrepentirte  si no  tienes  en cuenta tus valores personales, las cuestiones a las que más prioridad das en tu vida y que son los motores de tu motivación.

A partir de ahora cuando quieras tomar una decisión, busca a alguien de confianza  o ayuda profesional, por ejemplo un coach, si crees que el primero no va a ser imparcial.

Necesitarás una persona que te ayude a reflexionar, que te pregunte, te rete, te ayude a conocerte mejor para que seas tú mismo y no otros, quien seas  el dueño de tus propias decisiones.

O acaso persigues lo contrario para tener un tercero a quien culpar.

Os dejo un fantástico TED de la filósofa Ruth Chang: “How to make hard choices” además de encontrar los subtítulos en castellano también podéis obtener la transcripción tanto en inglés con en castellano.

¿Quién eres realmente?

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A la diferencia entre lo que somos en realidad y lo que queremos ser, hay quien lo llama “Vacío identitario” como  el Dr. Dispenza.

Hay quien reconoce que es una superposición de capas  de estados emocionales adictivos como la ira, el miedo, la ansiedad, los juicios, la inseguridad, la depresión, el engreimiento, el odio, la culpabilidad, la vergüenza que no reconocemos, ni trabajamos, que desde nuestro interior nos hace vulnerables y no estamos acostumbrados a lidiar con esa extraña sensación.

Vivir en esa dualidad no es inocuo y es muy común, quién no hace esfuerzos denodados por aparentar lo que no es, sólo para no decepcionar a su público y seguir el canon de su puesto de trabajo, de su supuesto rol en la sociedad, de lo que se espera de él.

Creerse ese tipo de superhéroe que puede con todo y no debe reconocer ninguna vulnerabilidad nos convierte en autómatas, no empáticos, que intentan distanciare de todo lo que nos puede producir una fisura en nuestra capa, cuando la brecha que estamos intentando tapar nos acabará engullendo con crisis familiares, nerviosas y toma de decisiones violentas que más tarde tendremos que lamentar.

Nunca había sido tan consciente de que la felicidad viene del interior y que para reparar en esto, hace falta pararse y reflexionar sobre lo que nos empuja a seguir en este gran teatro, representando un personaje que no nos hemos cuestionado.

Leyendo “El vendedor de sueños” de Augusto Cury recordé a qué presión están sometidas muchas personas que por el hecho de no reconocerlo y pedir ayuda, someten sus mentes a infinitas atmósferas.

Ahora los trabajos requieren una gran intensidad intelectual y  los CEOS, gerentes, managers, profesionales liberales  representan estar muy lejos del marxismo que poseía las fuerzas de producción. Mientras los empleados trabajan por un salario y su trabajo concluye con su jornada laboral, y practican como castigo  estar sometidos al consumismo que se proporcionan ellos mismos.

Sin embargo, nadie repara en la soledad de los líderes que no pueden reconocer sentirse asfixiados, nerviosos, sobrepasados con las preocupaciones. Ellos son quienes  lo trasladan a su vida personal e  impregnan todo su mundo de una dedicación que les convierte, sin poder reconocerlo en una casta de explotados, que maneja como puede esta situación. No hay ningún desdoro en pedir ayuda, a un Coach por ejemplo.

Su constante papel de parecer semidioses que pueden con todo, están en todo y no necesitan ningún tipo de ayuda, los que ni siquiera pueden tener más sueños que pensar en su siguiente escalada laboral, ¿les hace distintos?… ¿Es o no su brecha mayor?

Para saber quiénes somos recurrimos a experiencias pasadas y a las distintas emociones que nosotros hemos hecho que formen parte de nuestra identidad, para bien o para mal y no nos permitimos salirnos del guión.

Nuestra personalidad depende totalmente del entorno, como si a alguien más que a nosotros mismos le importase qué va a ser de nuestra felicidad. Creamos programas automáticos que relatamos sin pausa y no contentos con eso, incluso los vendemos como remedios a males ajenos.” Tú lo que tienes que hacer es..” Todo sin pensar.

Eso que parece envolvernos en una seguridad a prueba de bombas es, lo que a solas, te hace sufrir, querer pertenecer a un grupo, intentar que te etiqueten de una determinada manera, es un gasto de energía inútil que puedes emplear en ser feliz, en disfrutar de las pequeñas cosas, reconociendo que como cualquier otro Ser Humano eres vulnerable.

Lo que realmente cuenta es lo que eres de verdad. Búscalo, no lo dejes en lo que haces o en lo que tienes, la clave está en tu interior. No dejes de empezar a meditar o si lo haces ya, sé regular. La habilidad que debes desarrollar para cerrar este vacío es la autoconciencia, autoobservación, para reconocer qué está impactando en tu vida y qué motiva esos pensamientos y esas conductas.

De lo de fuera, con tu brecha sin resolver, siempre necesitarás más, nunca será suficiente reconocimiento, dinero, poder, belleza…

No te dejes poseer por nada exterior o siempre serás un esclavo de algo o de alguien.

Te dejo un interesante video que te hará reflexionar ¡seguro!

 

The price of invulnerability: Brené Brown at TEDxKC