¿Roble o junco?

juncos

Hace bastantes años recuerdo en mi casa, cómo después de debatir hasta la extenuación diferentes temas sin moverme un ápice de mis planteamientos, mi madre y mi tía me resumían esta historia para hacerme entender las implicaciones que tenía ser tan rígida en mis planteamientos y principios.

Lejos de reflexionar sobre ella, confundía la seguridad en mi misma con no dudar de ninguno de mis argumentos o creencias, ni siquiera tamizarlos con las perspectivas y opiniones vertidas por los demás.

De repente con algunas experiencias vitales muchas de estas creencias comenzaron a caer y empecé a cuestionarme cada vez más cosas, juzgaba cada vez menos a los demás, me di cuenta de la enorme energía empleada en mantener cuestiones que ni siquiera yo había vivido pero que, sin embargo, defendía como mi realidad, lo cual me hacía desgastarme en demasía y sufrir más de la cuenta.

Algunos años después empecé a ver todas las oportunidades que ser flexible, sin renunciar a mis valores, significaba, reservar mi caudal para ser más creativa, era capaz de relacionar muchas más cuestiones y muchos de los asuntos que antes me parecían líneas rojas, ahora quedaban soslayados por la propia experiencia y el mayor conocimiento y abundamiento en muchos temas y el enriquecimiento con una variedad increíble de perspectivas antes inimaginables.

No es fácil pasar de roble a junco, a veces incluso es mejor contar con ayuda externa para hacerlo más rápido, pero son tantos los beneficios que serán una de las mejores inversiones de vuestra vida.

Os dejo la metáfora “Roble y junco”

He aquí un lugar remoto, tierra adentro, perdido en el mapa entre ríos caudalosos y montañas que se alzan cielo arriba. Un fragmento del paisaje igual a muchos otros. Nadie parece fijarse en él.

En un punto del camino hay una pequeña edificación que todos han visto miles de veces, igual a muchas otras edificaciones vistas de la misma manera. Dentro, está el motor que extrae agua de un pozo; agua más valiosa que el petróleo en este terreno seco y áspero.

Al lado de la casita, y solitario como ella, había un roble. Grande, fuerte y majestuoso, parecía acompañarla, vigilarla y protegerla. También cerca de la casa, creciendo en el mismo margen de la acequia que salía de ella, había unas matas de junco. Verde, fresco y ondeante, jugaba con el agua que manaba del pozo, centelleando con mil colores.

El roble, tan viejo que había olvidado hasta su edad, y creyéndose el dueño del paisaje, solía increpar al junto.

– ¿Pero cómo se puede ser así, como tú? –le pregunta-. Dejarse doblegar por el viento, inclinándose con el peso de cada insecto que trepa por ti… ¿No tienes personalidad, o qué? Si dejas que todo el mundo te diga “ahora ve hacia allí” o “echa para allá”, nunca harás lo que desees.

El junco, dócil por naturaleza, nunca contestaba. De hecho, no tenía ningún problema en ser flexible. Si el viento giraba a la derecha, le venía bien. Y si al día siguiente lo empujaba a la izquierda, pues también. Cuando el viento dejaba de soplar, el junco volvía a su posición original. Se sentía feliz de jugar con su amigo el viento.

Un día, el cielo se fue volviendo gris. Un grupo de nubes oscuras taparon el sol y se extendieron por todo el horizonte. El viento empezó a soplar con fuerza, cambiando incesantemente de dirección.

– ¡Míralo, el pobre junco! –se reía el roble-. Ya no sabe quién es ni a dónde va.

Y el junco callaba.

El cielo se ennegreció aún más, y la fuerza del viento aumentó. Las hojas del roble batían como las alas de mil palomas asustadas y el junco saltaba de un lado a otro como un látigo. Algunas hojas del roble salieron volando.

-¡Eh! –chilló el roble-, ¡Esas hojas son mías!

Pero el viento no hizo caso y siguió soplando más y más fuerte. Algunas ramas del roble crujieron, se desgajaron y también salieron volando.

– ¿Pero qué haces? –se enfadó el roble-, ¿No ves que me haces daño?

Finalmente, la fuerza del viento fue tal que el tronco mismo se partió y se desplomó sobre la acequia, en las proximidades del junco. Con su último aliento de vida, le dijo:

– ¿Sabes?, amigo, mucho me temo que he aprendido tarde la lección: es mejor ser flexible. De este modo, si alguien te dobla, puedes volver a ser tú mismo.

Hoy, aún existen los juncos, pero del roble sólo queda la base del tronco, seca y muerta.

“Las especies que sobreviven no son las especies más fuertes, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor a los cambios”. atribuída a Darwin está grabada en el mármol del vestíbulo de la Academia de Ciencias de California y figura actualmente en una exposición consagrada a la paleontología en la Ciudad de las Ciencias de París.

Foto: ojodigital.com

4 comentarios en “¿Roble o junco?

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