“¡Desactívate!”

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Cuando sentimos que la ira nos invade,  para la mayoría de nosotros es tarde para dar marcha atrás, parar ese ataque, analizar los riesgos, minimizar los daños y solos, calmarnos.

Cierto es que a diario no hacemos más que consumir ira, desde que nos levantamos, gracias a los distintos medios de comunicación podemos  hacerlo solos, desde primera hora de la mañana, con una avalancha de noticias que no mantendrán  precisamente nuestra paz interior.

Pero ya no sólo son los telediarios con su concentración de desgracias por segundo, y su fácil relación causa efecto para encontrar el blanco de nuestras iras. Desde hace ya un tiempo esto se ha trasladado a todos los ámbitos, cualquier programa o conversación que se precie en audiencia, al margen del contenido, fútbol, política o relaciones humanas, mantiene a sus espectadores a base de gritos, acusaciones, insultos y demás combustible altamente inflamable.

Defiendo con ahínco la libertad de todos para leer, ver y escuchar  lo que cada uno decida  a su antojo, aunque  antes  realmente creía que esto no afectaba gran cosa a la persona, ahora ya sé que sí. Dudo, no sé si es uno antes así y se ve reflejado en ellos con lo cual el mal de muchos hace el consuelo o es al contrario y es consumir eso sin rebozo lo que nos hace acabarnos mimetizando. Lo que sí tengo claro es que esa retroalimentación no es gratis, ni inocua y menos para quienes la protagonizan, quedando más que patentes los estragos.

Cualquiera de nosotros ha podido comprobar como estando de buen humor y positivo tras una conversación con alguien, nuestro  humor y nuestro interior han tornado hacia un malestar continuo que acabó seguramente en bronca.

Y es que no es cuestión baladí, consumir ira, por cualquiera de los cinco sentidos, es cierto que genera más, que más tarde o más temprano expresarás.

Por eso ser conscientes de lo que esta actividad nos proporciona es fundamental para protegernos de la agresión que el enfado supone contra nosotros mismos y  conseguir mantenernos al margen.

Muchos de nosotros nos miramos en los espejos o en el reflejo de los cristales para ver cosas de nuestra  imagen, nuestro pelo, lo que vestimos, nuestra cara,  sin apenas reparar en nuestro gesto. Sé consciente, cuando la ira nos posee los músculos faciales se tensan, los ojos se inyectan en sangre y parece que fuésemos a  estallar.

Estoy segura de que si nos viésemos en ese momento, para lo que puedes utilizar un espejito o cualquier lugar donde te reflejes y fuésemos conscientes de ese horrible gesto, seríamos capaces de respirar las veces necesarias  -inspirando  en cuatro segundos, manteniendo la respiración dos y exhalando en cinco- para volver a nuestro estado ideal, nuestra paz interior.

Las manifestaciones de la ira o cólera son : mal genio, fastidio, furia, resentimiento, indignación, irritabilidad, violencia, odio, hostilidad, animadversión e  impaciencia.

¡¡DESACTIVATE!!

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