Reflexión del día/ Daily dose

“El liderazgo se practica no tanto con palabras como con actitud y acciones”

Harold S. Geren

  • ¿Cómo es tu liderazgo?
  • ¿Haces lo que dices?
  • ¿Dices otras cosa diferente a la que haces ?
  • ¿Cómo crees que se tiene la actitud correcta?
  • ¿En qué se parece a la tuya?
  • ¿Cómo puedes a partir de hoy pasar a la acción? 😉

¿Te instalarías el dispositivo?

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Viendo ayer un capítulo de la serie “Black Mirror”, que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.

La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.

Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.

Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:

  • Imagínate que tuvieses la opción de implantártelo, ¿lo harías?
  • ¿A qué tipo de recuerdos accederías? ¿útiles o inútiles?
  • Sabiendo que puedes acceder a ellos pero no cambiar nada, ¿borrarías alguno?, ¿lo harías sin antes verlos de nuevo?, ¿ qué te haría volver a verlos?
  • ¿Para qué verías los que te hacen sufrir?, ¿aprender?, ¿castigarte?, ¿mejorar?, ¿usar la información?

Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título “The entire story of you”

¡No te lo pierdas!

El camino del líder, de yo a nosotros

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Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.

A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.

Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.

Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.

Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.

Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:

  • Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
  • Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
  • Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
  • Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
  • Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
  • Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
  • Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.

La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.

 

 

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

Nervios, sudor y lágrimas

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Hace tiempo que quería escribir sobre esto. En primer lugar, porque la mayoría de nuestras creencias acerca de ello son erróneas, nos bloquean y hacen que perdamos oportunidades de crecer y de tener éxito. En segundo lugar porque algo tan fisológicamente normal, inserto en nuestro ADN desde los anales de nuestra Historia, no puede parecer una debilidad, cuando es todo lo contrario. En tercer lugar, porque cada vez tenemos que ser más los que trabajemos sobre la frase de Mandela: “Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Un hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que se sobrepone a él”.

Nervios, sudor y lágrimas. Emulando el gran discurso de Churchill, quiero reivindicar estas tres cuestiones que a veces se entrelazan entre sí en nuestros cuerpos. Que lejos de significar que sea algo de lo que tengamos que sentir avergonzados, pueden estar diciéndonos lo valientes que somos al sobreponernos a nuestros peores miedos y salir adelante.

No es la primera vez que escucho hablar con desdén de las muestras de esfuerzo y nervios que se manifiestan en el sudor de una persona, el constante movimiento, temblor o lágrimas. Hace tiempo que leí, a Nadal precisamente, que para él el sudor era el brillo de su esfuerzo y me pareció tan genial la frase, que ahora cada vez que lo reconozco en mí misma o en alguien más, veo el resplandor de quien se está superando a sí mismo en algo y  que por ello no sólo merece todos mis respetos sino también mi admiración.

En esta sociedad tan perfectamente artificial que estamos creando, el absurdo llega a tal grado que preferimos a alguien tan atiborrado de tranquilizantes que parezca que tenga horchata en las venas, a alguien que ante una situación a la que no está acostumbrado decide afrontarla con valentía, además de nervios, esperando que la práctica y el entrenamiento le ayuden en el futuro.

Simular esa seguridad, no sólo nos hace menos humanos, sino que además, es ridículo. Todos tenemos miedo. Cada uno de cosas diferentes, de distintas cuestiones que nos causan ansiedad. Bichos, agua, animales, entrevistas de trabajo, hablar en público, bailar… cada uno tenemos lo nuestro. Es cierto que el miedo de los demás, si no lo pensamos con detenimiento, nos puede parecer incluso ridículo pero si lo asemejamos al nuestro, parece que entender a los demás se hace más fácil.

Temblores, aumento de los latidos del corazón, sudor, en las manos, la cara… secarse la boca, en resumen ponerse en marcha automática nuestro sistema nervioso es una reacción natural y ancestral para ayudarnos a sobrevivir. Ahora ya no nos atacan animales en medio de nuestro entorno, pero sin embargo otras cuestiones han suplido estos “peligros” que nos atenazan igualmente.

Si no fuese porque esas opiniones vertidas en contra de quienes, a pesar de estos síntomas, siguen adelante, son tan negativas y no son inocuas, ni siquiera escribiría sobre ellas pero, qué ocurre cuando tú haces esas apreciaciones y alguien a tu lado tiene esos síntomas. Que lejos de ponerse el miedo por montera, dejará de hacer muchas cosas que supondrían salir de su zona de confort, crecería y se superaría a sí mismo y sin embargo deja de hacerlo porque cree que quienes sienten eso no están en condiciones de triunfar.

A partir de ahora, haz que tu miedo te ayude a hacer muchas más cosas, a superar tus límites. Todos lo sentimos, aunque lo exterioricemos en mayor o menor grado. Sobre todo cuando nos enfrentamos a cosas o situaciones nuevas, diferentes. Quienes no se atreven a hacerlo y prefieren seguir siempre haciendo lo mismo, siempre podrán seguir opinando negativamente desde sus obtusas posiciones pero quienes estamos deseando ser y hacer un cambio en el mundo queremos vivir entre nervios, sudor y lágrimas.

Anima siempre a quien tengas al lado a atreverse, a superarse.

Todo lo increible que puedes hacer está al otro lado del miedo.

En el mismo bando

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Parejas, hermanos, socios, amigos, compañeros, jefes y empleados, ¿cuántas veces nos descubrimos en una discusión estúpida que comenzó por una trivialidad y se ha convertido en un asunto de estado?

¿Cuántas veces inmersos en esa conversación buscamos y rebuscamos argumentos que nos hagan tener razón, olvidando para qué podría servir semejante debate y cuál podría ser su finalidad ?

¿Qué nos hace obcecarnos,  mimetizarnos con nuestros argumentos y atacar cruelmente cualquier posición en contra?

Acaso no empezamos hablando con quienes queremos, con quienes trabajamos, con quienes vivimos, ¿qué ocurre con esa emoción que es la ira y nos devuelve a estados primarios en los que no somos capaces de ser conscientes de lo que pensamos, y lo que es peor, de lo que decimos.

Ocurre también en la  mayoría de los debates políticos y discusiones, en los que la única opción es hundir al contrario con argumentos que le impacten y le hagan vulnerable, entre quienes lo que deberían hacer, es cooperar desde las distintas posiciones para llegar a un entendimiento cordial  y una mejor solución.

Estos arrebatos iracundos en los que lo único que se expone es el niño que todos llevamos dentro y quienes lo ven desde fuera sólo ven eso, inmadurez  en actitud pueril. Consiguiendo rencores y divergencias que acaban siendo insalvables.

Es cierto que el autocontrol es una capacidad que tienen mayormente los grandes líderes, en los que es habitual, antes de lanzarse contra el otro, mirarse críticamente , hacia dentro y después  hablar y juzgar a los demás.

¿Cuántas veces te has arrepentido de algo que has dicho con la única intención de quedar por encima, de anteponer tu ego al de los demás, te creerte diferente, único, distinto…mejor y has conseguido lo contrario?

¿Cuántas de esas veces atreverte a decir eso que pensaste sólo para hacer daño, te ha compensado? ¿Cuánto te ha durado la emoción de sentirte bien, al dejar mal a alguien?

Y si en lugar de hablar, consigues respirar y convencerte de que en realidad estáis en el mismo bando, ¿o no es cierto que en tu casa estéis todos en el mismo bando? , ¿en el trabajo, o  entre tus amigos?

¿Cuándo pensaremos antes de alterarnos que nos une algo más, querernos, ayudarnos, y que a pesar de que oigamos algo que no deseamos o que no pensamos, estamos en el mismo bando?

A veces la mejor respuesta es el silencio y escuchar, pero no de cualquier manera sino con compasión, con la intención de que esa ira que arde en el cuerpo y la mente de quien quieres, se apague sola, sin acelerantes, ni más leña en ella.

Es  Thich Nhat Hanh quien define esta situación como : “Cuando estás enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno”

Te dejo una selección de un texto suyo para practicarla.

“Escuchar compasivamente alivia el sufrimiento

Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla. Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto.

Hay un Bodhisatva – un Gran Ser o un Despierto ñ que es capaz de escuchar profundamente y con una gran compasión. Se llama Kwan Yin o Avalokitésvara, el Bodhisatva de la Gran Compasión. Todos debemos aprender a escuchar atentamente como hace este Bodhisatva. Así podremos orientar de forma muy concreta a los que acuden a nosotros para pedirnos ayuda para restablecer la comunicación perdida.

 Si escuchas con compasión a una de esas personas, quizá· alivies un poco el sufrimiento que siente; sin embargo, aunque lo hagas con la mejor intención del mundo, no podrás escucharla profundamente hasta que no hayas practicado el arte de escuchar compasivamente.

Si eres capaz de sentarte en silencio y escuchar con compasión a esa persona durante una hora, podrás aliviarla de mucho sufrimiento. Escúchala con un único objetivo: para que pueda desahogarse y sufra menos. Durante todo el tiempo que la escuches, mantén viva tu compasión.

 Mientras lo hagas, has de estar muy concentrado. Debes centrarte en la práctica de escuchar con toda tu atención y todo tu ser: con ojos, oídos, cuerpo y mente. Porque si solo finges estar escuchando sin poner el cien por cien de ti mismo, esa persona lo sabrá y no podrás aliviar su sufrimiento.

Si sabes cómo practicar el respirar conscientemente y puedes mantenerte centrado en el deseo de calmar su sufrimiento, podrás conservar tu compasión mientras la escucha. El escuchar compasivamente es una práctica muy profunda. No escuchas para juzgar o culpar, sino simplemente porque deseas que esa persona sufra menos, sea tu padre, tu hijo o hija o tu pareja. Aprender a escucharla la ayudar de veras a transformar su ira y su sufrimiento.”

 

 

Recuerda que estáis en el mismo bando, ¿no?