¿Hundes tu flota?

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Os imagináis alguno de vosotros, lanzando a un río, estanque o piscina a alguien que no sepa nadar, que queráis mucho y de quien seáis responsable y tranquilamente observéis, sin inmutaros,  desde la orilla, si nada o se hunde.

Supongo que la mayoría de vosotros no lo haríais y menos os cruzaríais de brazos para ver qué ocurre. Seguramente antes le habríais proporcionado alguna de estas cosas: unos manguitos, un flotador, un chaleco salvavidas, unas mínimas instrucciones o entrenamiento para si no nadar, al menos mantenerse a flote, o esperaríais segundos antes de lanzaros a por ella.

Eso no quiere decir que dudes en absoluto de las capacidades y habilidades de esa persona para que, con la adecuada atención y el entrenamiento necesario pueda llegar a ser un Michael Phelps o una Mireia Belmonte en el futuro.

No quiere decir que esa persona no haya destacado ya como deportista teniendo aptitudes y actitud o  haya demostrado su resiliencia o capacidad de esfuerzo en otras ocasiones y otras disciplinas.

No quiere decir que no pueda aprender a nadar en más o menos tiempo o que le cueste más o menos que a los demás. Sólo significa que no lo ha hecho nunca antes.

Quienes quieren que llegues a alguna parte no ponen obstáculos en tu camino, sino que ponen sus habilidades de entrenador a tu servicio para que crezcas y te sientas apoyado. Lo difícil es encontrar personas lo suficientemente seguras como para que quieran que aprendas, florezcas  y les superes.

Es una epidemia en muchas empresas y organizaciones que tras contratar a personas cuyo curriculum es envidiable, con la excusa de la presión  y la rapidez con la que deben trabajar, utilicen la estrategia de exigirles que sepan de entrada qué es lo que tienen que hacer y cómo deben hacerlo por sí mismos. Olvidando cómo empezaron ellos o creyendo que un comienzo difícil es la mejor escuela.

Que las personas aprendan en los comienzos de su vida laboral una lección tan negativa como que todo el mundo tiene que, por sí mismo, animarse y apoyarse y que sólo se juzgan los fallos, es como esperar a que quien no sabe nadar consiga salir por su propios medios del agua, cruzado de brazos, diciéndole “ así no, así no” .

¿Serás o no responsable de que su talento flote o se hunda?

 

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